La crisis sirve a la concentración

Más allá de creer o no creer que exista una confabulación internacional para sostener, reproducir y expandir el proceso de concentración de la riqueza que prevalece en casi todas las economías del mundo, lo que es innegable es que la crisis facilita que la concentración se acelere. Esto es, sea por designio o por la dura lógica del proceso desatado, quienes hoy ostentan los mayores privilegios como poder económico y mediático aprovechan la crisis para robustecer sus posiciones en relación a los demás actores sociales, la inmensa mayoría de la población mundial.El capital financiero que cuando estalló la crisis viera amenazada su preponderancia global, utilizó los poderosos resortes que controla –económicos, políticos, mediáticos, ideológicos- para capear el huracán derivado del desborde especulativo practicado. Esos poderosos actores lograron trasladar los costos de su “salvataje” a los contribuyentes y, en el camino, se apoderaron de algunos eslabones más débiles del sistema financiero emergiendo en el contexto de la crisis aun más concentrados.

Con ese mayor poder de fuego y la crisis global que no cede, tienen el campo abierto para seguir lucrando desaforadamente. Es que hay muchísimas víctimas que fueron puestas de rodillas: algunas poseían activos y se han visto, y todavía se ven, forzados a entregarlos a precio vil; quienes habían conquistado derechos sociales y laborales no logran contener el retroceso ni la indignidad de quienes impulsan ajustes sin desmontar privilegios; países soberanos se tornan –voluntaria o involuntariamente- cómplices de la entrega de buena parte del patrimonio nacional al no poder o querer resistir extorsiones comerciales y financieras.

Ya en artículos anteriores mencionamos los instrumentos utilizados para extraer valor y concentrarlo en pocas manos [[[Diferenciar generación, redistribución y extracción de valor->http://opinionsur.org.ar/wp/diferenciar-generacion-redistribucion-y-extraccion-de-valor/, los recurrentes delitos cometidos por grandes entidades financieras [[[Nos han robado hasta la primavera->http://opinionsur.org.ar/wp/nos-han-robado-hasta-la-primavera/, la génesis, la lógica y las implicaciones del proceso de concentración de la riqueza [[¿[Arde el mundo->http://opinionsur.org.ar/wp/arde-el-mundo-2/ . En ese cuadro, es dramático constatar que el capital financiero puesto a especular no tiene capacidad ni voluntad alguna de autocontrolarse; va siempre por más y hasta donde pueda llegar.

Algunos sesgados por fundamentalismos ideológicos, otros necesitados de adormecer conciencias, sostener apariencias o más frecuentemente por codicia e hipocresía, los especuladores sostienen que es legítima la apropiación de riqueza que ejecutan con ayuda de los efectivos -para sus propósitos- gerentes y profesionales que contratan. Cuando ganan –así lo sostienen- es por mérito propio, no por su capacidad de imponer condiciones a actores más débiles, de evadir impuestos, de acceder a información privilegiada, de moverse por sobre las jurisdicciones nacionales, de contar con bases en guaridas fiscales, de manipular políticos y medios, de financiar usinas de pensamiento estratégico (think tanks) para desarmar con valores e ideologías a quienes se les oponen. Pero cuando pierden o temen perder no tienen por cierto prurito alguno en acudir al Estado para extraerle subsidios o nuevas prerrogativas.

En medio de este torbellino de irresponsabilidades y egoísmo cabe distinguir quienes son impiadosos “buitres” de otros agentes financieros de menor tamaño como pueden ser cajas de crédito, bancos cooperativos, mutuales y bancos vecinales, asociaciones locales de ahorro y préstamo, entre otros, que hacen parte de las propias comunidades a las que sirven. También es cierto que aun en estos segmentos de la actividad financiera pueden cometerse actos de explotación de terceros por lo que apropiadas regulaciones y efectiva supervisión necesitan ser una permanente dimensión de la acción pública en materia financiera. Por el contrario, hoy el capital financiero ha logrado eliminar una parte sustancial de las regulaciones que limitaban y condicionaban su accionar. El libertinaje que consagraron políticamente en legislación y normativa regulatoria ampara sus movimientos y les ofrece niveles de impunidad nunca antes conocidos.

La crisis global con epicentro en los países afluentes pero que se extiende castigando al resto del mundo ha acelerado el proceso de concentración de la riqueza. Movimientos populares y rebeliones políticas quizás algún día logren torcer el rumbo presente. Si “siempre que llovió paró” o, para ser más precisos, cuando la situación de los sectores populares se torne insostenible y se movilicen con efectividad fuerzas transformadoras, ante esa amenaza quienes ejercen el poder económico y mediático aceptarán que hasta ahí esta vez se pudo llegar y tomarán las medidas que posibiliten una reactivación y el retorno al crecimiento económico.

Pero alerta, esa nueva fase de crecimiento arrancará con una realidad dominada por un poder económico fuertemente concentrado con capacidad de seguir condicionando la trayectoria: mantendrán su financiamiento a políticos y profesionales afines con sus intereses, a medios adictos y otros formadores de opinión pública, al pensamiento hegemónico que se verá forzado a renovar formas y categorías analíticas pero sin apartarse de servir al privilegio. Contará también con un sistema jurídico e institucional diseñado para trabar o impedir transformaciones peligrosas; administrará la libertad de expresión para que unos sí y otros no puedan ejercerla plenamente.

¿Cómo evitar que el proceso de concentración siga su curso? Se ha perdido una primera oportunidad para transformar rumbo y forma de funcionar que se dio al estallar la crisis en los países afluentes cuando el privilegio necesitó negociar su salvataje con los estamentos políticos de esos Estados Nacionales. Esa coyuntura no fue aprovechada; quienes provocaron la crisis se salvaron descargando los costos sobre los sectores medios y populares. Son conocidas las estadísticas de desocupación, las pérdidas de derechos sociales y laborales, la violencia ejercida contra esos sectores en España, Grecia, Italia y los demás países europeos. La situación es calamitosa e indignante; mientras que las mayorías son acorraladas y exprimidas, el privilegio sigue adelante con su conspicuo nivel de vida.

Pareciera ahora abrirse una nueva fase de la crisis donde el proceso de ajuste salvaje ya no puede seguir como si nada sucediese; se impone cierto tipo de reactivación. Pero reactivar aunque afloje la soga que oprime el cuello puede significar restaurar el viejo orden, el orden de precrisis, aquel que llevó a la crisis, el que desarmó conquistas y derechos, castigó a pequeñas y medianas empresas nacionales, silenció el pensamiento no hegemónico; el orden que desvalorizó nuestra propia perspectiva y la capacidad de desplegar iniciativas de cambio. En esta fase la elección no puede, no debe ser, restaurar sino transformar los sustentos del proceso concentrador [[De la Colección Opinión Sur [Crisis global: ajuste o transformación->http://opinionsur.org.ar/wp/crisis-global-ajuste-o-transformacion/. El desafío es profundizar el proceso democrático desmontando trampas y manipulaciones para hacerlo pleno; es decir, no más democracia formal para beneficio de unos pocos sino real y sustentable; democracia que asegure derechos, obligaciones y que abra oportunidades para generar riqueza desconcentradamente, distribución justa de ingresos; democracia que priorice valores solidarios, justicia para todos, preservación de nuestro preciado medio ambiente.

Estas tensiones y las opciones que sepamos trabajar se dirimen y resuelven a nivel de la política nacional y de los acuerdos globales, y para eso es imprescindible movilizarse de forma organizada. Los divisionismos, muchas veces inducidos por el poder económico y otras por egos e intereses personales, esterilizan la capacidad popular de transformar. Se impone erguirse por sobre rencillas, focalizarse en lo esencial y acomodar lo accesorio.

Esta marcha que involucra bloques de poderosos intereses, múltiples organizaciones, Estados Nacionales y corporaciones trasnacionales, se sustenta en última instancia en los miles de millones que habitamos este planeta. De ahí la importancia de trabajar sobre propios valores y actitudes; transformarnos nosotros mismos, reemplazar codicia por equidad, egoísmo por respeto a los demás, impiedad por compasión. Nadie queda al margen del desafío, del esfuerzo al que somos convocados si vivir en un mundo mejor hiciese parte de anhelos y propósitos. Lejos de conformar ingenuidades o voluntarismos estos valores se entrelazan con la significación misma de la existencia.

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