Inversión variable clave, aunque no cualquier tipo de inversión

Se afirma que la inversión es una variable clave en todo proceso de desarrollo pero, cuidado, no cualquier tipo de inversión. Hay inversiones que contribuyen al desarrollo que se persigue y otras que lo perjudican o que no inciden sobre la marcha escogida. De ahí que no corresponda hablar de la inversión a secas sino adentrarse en ese heterogéneo universo y discernir qué inversión se hace y quién la realiza. Son dos críticas cuestiones íntimamente relacionadas.

En el actual proceso concentrador de la riqueza importa discernir cómo y dónde se genera la inversión; quienes son sus dueños; cómo se la utiliza; por qué debiera aceptarse el lucro y la codicia como principal motivación para invertir; cuáles son sus impactos sociales y ambientales; y,  muy importante, por qué generan inestabilidad sistémica.

Las principales decisiones de inversión las toman los dueños del capital surgido del proceso de concentración; prima un desaforado afán de acumular poder y riqueza que les lleva a procurar maximizar y darle sustentabilidad a sus ganancias. Estiman que en el sistema capitalista un actor que no siguiese ese principio terminaría desplazado por competidores más hábiles y agresivos. El otro gran inversor es el Estado cuyas inversiones varían en sentido y magnitud según sean las fuerzas sociales que lo controlan. El resto de actores económicos con capacidad de invertir se subordinan a quienes ejercen como timoneles de la economía global y nacional. Enormes mayorías que no disponen de capital para invertir aportan al proceso productivo su trabajo y creatividad, factores claves aunque no bien compensados en el desarrollo de todas las naciones.

Vale explicitar que los inversores invierten recursos propios a los que suelen sumar otros que no son propios. Cuanto más poderosos los actores mayor la posibilidad de apalancar su inversión con recursos de terceros, sean préstamos con intereses y plazos de reembolso, aportes de otros inversores asociados en compartir riesgos y resultados, subsidios públicos no reembolsables, o servicios e infraestructuras aportados por el Estado. Estos actores inciden además sobre las políticas públicas para favorecerse con ellas. Operan así con enormes ventajas; imponen precios y condiciones a proveedores y consumidores, tienen menores costos financieros, capacidad de evadir o eludir el pleno pago de impuestos, posibilidad de adquirir competidores y promisorios emprendimientos emergentes, fugar capitales. Todo esto les permite obtener suculentas tasas de ganancia que ciclo tras ciclo favorece la acumulación de enormes excedentes deviniendo así principales decisores sobre qué, dónde, cuándo y cuánto invertir o desinvertir.

¿Es esto inevitable? ¿No hay opciones? 

Por cierto existen otros cursos de acción orientados a transformar la dinámica concentradora a partir de la política; es decir, con intervenciones exógenas a los mercados. Esto implica dar paso a otra racionalidad económica y muy distintos timoneles sostenidos por coaliciones sociales cada vez más esclarecidas y organizadas para liberar las democracias que fueron capturadas. Establecer nuevos rumbos y formas de funcionar es un complejo pero ineludible desafío; esas transformaciones son imprescindibles cuando el propósito es asegurar el bienestar general y el cuidado ambiental. Por cierto no puede esperarse que quienes detentan privilegios los resignen graciosamente. El quiebre del orden neoliberal nunca está exento de resistencias, cimbronazos y pugnas para direccionar el cambio. Mucho se ha escrito y debatido sobre estas cuestiones.

Otro tipo de inversión, cómo generarla y posibles resultados

Transformar la dinámica concentradora exige establecer comprehensivas políticas que, entre otras importantes decisiones, regule y oriente el flujo de inversiones. Para ello será necesario accionar en frentes tan diversos como el flujo actual de inversiones que formatea la estructura y funcionamiento de la matriz productiva nacional, la dinámica que predomina en las cadenas de valor, y la habilitación de nuevos espacios y canales de inversión.  

  • A nivel de la matriz productiva el desafío es promover inversiones que sirvan a un desarrollo nacional soberano desalentando aquellas que minen su sustentabilidad y dinámica inclusiva. Dos ejemplos. En contextos de escasez de divisas y recurrentes estrangulamientos de sector externo no es conveniente concentrar inversiones en sectores intensivos en importaciones ya que agudizarán esas tensiones; más bien promover inversiones en sectores exportadores (generan divisas) y en sectores que sustituyan importaciones (ahorran divisas). Otro ejemplo refiere a países con pobres fuentes propias de energía; en ellos no es conveniente concentrar inversiones en sectores intensivos en el uso de energía a menos que, previa o simultáneamente, sea posible aumentar la oferta local de energía.
  • En cuanto a las cadenas de valor, la dinámica interna que prevalece favorece a las empresas líderes que concentran los mayores resultados generados con el esfuerzo del conjunto de integrantes de la cadena. Es imprescindible establecer regulaciones y espacios internos de negociación de precios y condiciones comerciales para que todos los integrantes participen con justicia en los resultados de modo de poder capitalizarse, robustecer y diversificar su capacidad productiva.  
  • Un área que requiere la mayor atención e innovación es la referida a generar nuevos actores productivos de tamaño medio y base popular (capaces de incluir sectores hoy rezagados o desocupados) no guiados por el lucro sino por la solidaridad con las comunidades a las que pertenecen, la necesidad de asegurar puestos de trabajo e ingresos que sostengan el buen vivir familiar, y el cuidado ambiental. Para ello será necesario establecer instrumentos financieros y técnicos especializados en este tipo de emprendimientos. En un principio se requerirá la mediación del Estado ya que es poco probable que ese sistema de apoyo pueda surgir espontáneamente. Si bien existen experiencias pioneras de respaldo a emprendimientos inclusivos que vale aprovechar, su escala es pequeña y las condiciones en las que operan son por demás difíciles. Para asegurar amplia cobertura sectorial y territorial, se plantea conformar fideicomisos especializados en canalizar inversiones a emprendimientos inclusivos y, al mismo tiempo, desarrolladoras que apoyadas en el sistema local de ciencia y tecnología provean asistencia de excelencia para su formación y acompañamiento en fases iniciales.  

En síntesis

Si bien la inversión es una variable clave en el desarrollo nacional no sólo importa su magnitud (cuánto se invierte) sino quienes invierten y en qué se invierte. Si mayormente invirtiesen los grupos concentrados en negocios que les interesan, entonces se estaría reproduciendo ciclo tras ciclo el proceso concentrador. Mientras que algunas de sus inversiones ayudan a dinamizar un desarrollo inclusivo y sustentable, otras pueden atentar contra ese tipo de desarrollo. De ahí la necesidad de regular los actuales flujos de inversión, asegurar equidad en las cadenas de valor y establecer nuevos canales de inversión que permitan promover medianos emprendimientos de base popular. Se trata de redistribuir no sólo ingresos sino también un importante factor que ayuda a generarlos: la inversión.

El propósito no es afectar la capacidad productiva nacional sino robustecerla y reorientarla hacia el bienestar general y el cuidado ambiental, transformación que hace a la sustentabilidad social y ambiental del desarrollo; esto es, eliminar injusticias sociales, destrucción del medio ambiente y recurrentes situaciones de inestabilidad sistémica que jalonan la marcha contemporánea.

Cuando se pregona dejar a los mercados orientar la economía, como si quienes controlan los mercados pudieran llevarnos a mejores destinos, habrá que desenmascarar lo que arteramente se encubre. Si bien los mercados posibilitan adoptar innumerables decisiones, el rumbo a seguir y la forma de funcionar, es decir el contexto en que opera un mercado, debe necesariamente ser establecido y normado por la sociedad en su conjunto. No existe minoría privilegiada ni piloto automático que pueda gestionar con efectividad el accionar de comunidades cruzadas por una diversidad de intereses, necesidades, creencias, anhelos, emociones, perspectivas de lo que hay que hacer. Tan diverso y cambiante conjunto de factores genera tensiones y conflictos que habrá que encarar y saber encauzar. Creer que los mercados por sí solos proveerán soluciones a tan complejas situaciones y, junto con ello, que el más apropiado principio ordenador del funcionar económico sea maximizar ganancias, es algo que no se compadece con la realidad. Vale además explicitar que no existe un solo tipo de mercado sino varios y diversos, con mayor o menor grado de concentración. Dejados a su propia dinámica sin regulaciones exógenas, los mercados serán inevitablemente dominados por los actores más poderosos guiados por el afán de proteger sus intereses, no los de la entera sociedad.   El fundamentalismo de maximizar ganancias lleva a  sólo invertir cuando existen perspectivas favorables y a desinvertir o retraer la inversión cuando la ganancia esperada es estimada baja o negativa; esos actores agigantan retrocesos y ayudan a generar inestabilidad sistémica. En cambio otros actores, en especial pequeños productores, que invierten para obtener resultados compatibles con sostener fuentes de trabajo, cubrir necesidades y cuidar el ambiente, resisten las situaciones desfavorables, no las agudizan. Con una importante salvedad. Aún los pequeños cuando crecen pueden reproducir el comportamiento hegemónico y sumarse a la jauría orientada a proteger sus propios privilegios. El desafío de fondo es mucho mayor. A la par de transformar el contexto en el cual todos operamos, resulta decisivo liberarnos individual y socialmente del sometimiento impuesto a través de la colonización de nuestras mentes y subjetividades. Será un arduo pero inevitable trabajo de reconocer y asumir valores, hábitos y conductas diferentes a los impuestos por el proceso concentrador. Esto hace, ni más ni menos, a una nueva perspectiva del planeta, de la humanidad, del sentido y significación de la vida.     

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