Inseguridad: propuesta para remover factores que generan violencias

La estructura y el funcionamiento de la sociedad contemporánea genera violencias de distinto orden (sistémica, cultural, criminal) que requieren ser abordadas con un enfoque comprehensivo y, en su seno, tratamientos diferenciados de intervención. Uno de los ejes para abatir inseguridad es terminar con la inequidad social lo cual incluye movilizar productiva y dignamente a toda la población en edad de trabajar: ocupación plena, efectividad socioeconómica, ingresos justos, valores solidarios, responsabilidad. Es posible lograrlo, es necesario hacerlo. Aquí una propuesta con poderosos mecanismos de inclusión. La forma como está estructurada y funciona la sociedad contemporánea genera una diversidad de violencias que cuando golpean sorprenden y atemorizan sin que muchas veces se reconozca su origen. En otros artículos hemos distinguido entre violencia sistémica, violencia cultural y violencia criminal [[[Encarando la inseguridad->http://opinionsur.org.ar/Encarando-la-inseguridad].]] y señalamos que están interrelacionadas aunque vale diferenciar la especificidad de cada una. Es que para encarar la diversidad de violencias que se superponen en una coyuntura es necesario establecer un abordaje comprehensivo y tratamientos diferenciados de intervención.

Este enfoque comprehensivo no implica simultaneidad ni tampoco condicionar una acción a la existencia de otras. Muchas veces la convergencia de acciones, en el tiempo y en el territorio, genera importantes sinergias pero no es sencillo lograrlo. Por otra parte, también ocurre que algunas intervenciones estratégicas iniciales suelen conformar mejores condiciones para que los demás componentes de una estrategia comprehensiva puedan desplegarse con efectividad. En estas líneas se presenta una de esas acciones estratégicas que puede adoptarse en las actuales circunstancias para abatir desocupación, desigualdad e inseguridad.

Violencias e inseguridad

El conjunto de violencias genera situaciones de inseguridad, un fenómeno real que algunos sectores magnifican porque les resulta funcional a sus intereses, sea con propósitos electorales o para desviar la atención de aspectos críticos del rumbo y la forma de funcionar prevalecientes que perjudica a muchos y favorece a pocos. En particular, quienes lucran y obtienen privilegios con el desaforado proceso de concentración de la riqueza encuentran que generando permanente miedo logran retraer a las personas desviando y esterilizando buena parte de la energía social que podría transformar el orden establecido. Les tiene sin cuidado los tremendos efectos que la concentración produce sobre la desigualdad, el deterioro ambiental, la pobreza y la propia sustentabilidad de la marcha colectiva. De todos modos las violencias existen y es imprescindible encararlas apropiadamente.

Circunstancias que generan inseguridad

La inseguridad (real o sentida) no surge de la nada sino de circunstancias muy concretas ligadas a las relaciones que se establecen entre seres humanos . [[El tipoTambién existen catástrofes naturales como terremotos, huracanes, tsunamis, que generan violencias de la naturaleza, frente a las cuales sólo cabe anticipar medidas y formas de reaccionar para aminorar sus consecuencias, en especial sobre los grupos más vulnerables y expuestos.]] de relaciones que predomine en una sociedad incidirá de manera directa tanto sobre las violencias y la inseguridad real como sobre la sensación de inseguridad.

Uno de los más importantes factores, por cierto no el único, es el económico y en particular la situación ocupacional. Esto es, si existiese una alta desocupación y si los ingresos de los ocupados (monetarios y no monetarios [[Ingresos no monetarios se refieren al grado de acceso de la población a servicios esenciales como son educación, salud, seguridad social, saneamiento ambiental, esparcimiento, entre otros]] no les permitiesen acceder a un nivel de vida digno, se estarían configurando circunstancias que facilitan la emergencia de violencias.

Los sistemas económicos encuentran difícil abatir por sí solos la desocupación y la subocupación. Esto causa un gravísimo daño para millones de seres humanos que no pueden cubrir sus necesidades básicas; un cruento, absurdo y fenomenal derroche del potencial de desarrollo de nuestros países. Son muchas y diversas las razones que explican esta situación ya casi estructural en todo el mundo. A su vez, las soluciones son de diversa naturaleza, según sean las circunstancias de cada realidad. Sin embargo, un común denominador de los sistemas económicos contemporáneos es la vigencia de una dinámica (y una subyacente lógica) que lleva a la concentración de activos y de ingresos. Los actores económicos ajustan su accionar al criterio de maximizar beneficios sin considerar en su plenitud las consecuencias e impactos de sus conductas sobre las demás personas y sobre el medio ambiente. Quienes concentran la riqueza siguen acumulando a muy altas tasas mientras que el resto, la inmensa mayoría de la población, se estanca, retrocede o avanza a un ritmo infinitamente menor; crece sin cesar la brecha de desigualdad.

La lógica subyacente (“lo mejor para mí, para el resto no sé”) explica por qué grandes empresas que lideran cadenas productivas o de comercialización utilizan su mayor poder de mercado para sumar al valor que de por sí generan, otros valores que extraen de proveedores, trabajadores y consumidores [[[Abusos de poder de mercado->ttp://opinionsur.org.ar/Abusos-de-poder-de-mercado].]]. Por su parte, las medianas empresas trasladan el abuso que sufren hacia abajo, hacia la base más vulnerable del aparato productivo conformado por pequeñas empresas, micro emprendimientos, incluyendo sub ocupados y desocupados.

Abatir la desocupación y subocupación exige revertir esa lógica trabajando a nivel macro, meso y micro económico para que cada actor económico pueda disponer del valor que genera sin que otros que no lo han generado terminen apropiándolo en su propio y exclusivo provecho. El Estado juega aquí un crítico papel en varios frentes como es (i) establecer y asegurar la aplicación de regulaciones y controles necesarios para evitar abusos de poder de mercado de actores más fuertes sobre otros más vulnerables, sean estos proveedores, trabajadores o consumidores; (ii) adoptar mecanismos de redistribución de ingresos, principalmente a través de una política tributaria de carácter progresivo y de una política inclusiva de gasto público que atienda los requerimientos sociales, productivos y ambientales de la sociedad, cuidando muy especialmente a los sectores menos favorecidos.

Pero existe otro nivel donde converge la acción de los privados, del sector público (nacional y local) y del variado universo de organizaciones comunitarias. Es el espacio territorial concreto, específico, singular. En este espacio se inscribe la propuesta que sigue: el establecimiento de un sistema de apoyo eficaz y con la envergadura necesaria para movilizar productivamente a todos los sectores poblacionales sin exclusiones.

Una propuesta

Se trata de respaldar a micro, pequeños y medianos productores, existentes o que se constituyan, con un muy efectivo sistema de apoyo de alcance masivo que los acompañe en los aspectos estratégicos que fuesen requeridos: estructuración de emprendimientos, inserción en promisorias cadenas de valor, moderna gestión, identificación de socios estratégicos, capacitación y entrenamiento, financiamiento operativo, inversores, desarrollo tecnológico, comercialización, regulaciones. La iniciativa apunta a abatir al mismo tiempo desocupación, vulnerabilidad, pérdida por apropiación de valor generado y desigualdad social, factores generadores de violencias e inseguridad.

Vale explicitar que las políticas redistributivas existentes son importantes y deben mantenerse pero harían bien en incluir un fuerte componente de democratización del proceso productivo. Esto es, promover iniciativas que integren a desocupados y sectores de bajos ingresos en muy efectivos emprendimientos productivos, en lo posible de tamaño medio lo que implica adoptar alguna modalidad asociativa. Si se limitase la asignación del gasto público a sólo cubrir servicios asistenciales (por cierto necesarios) podríamos quedar siempre corriendo por detrás del proceso de concentración, compensando inequidades que genera pero sin transformarlo. Para desarmar el proceso de concentración es imprescindible también actuar sobre la forma como se generan y retienen activos e ingresos.

Mecanismos transformadores

Esta propuesta incluye una trilogía de mecanismos transformadores: el liderazgo de grupos y organizaciones de diverso índole para establecer emprendimientos inclusivos, las desarrolladoras especializadas que los promueven y asisten, y los fideicomisos inclusivos que los financian. Es una iniciativa que hace parte, y al mismo tiempo alienta, nuevos rumbos y formas de funcionar orientados a lograr plena inclusión de toda la población.

No son pocos los proyectos innovadores que emergen en nuestros países. Esos proyectos han ido abriendo espacios por donde una nueva economía social puede desarrollarse. Sin embargo, hay una enorme brecha no resuelta entre la magnitud de los esfuerzos requeridos para materializarlos y los magros apoyos disponibles; de ahí que sean pocas las iniciativas capaces de superar la fase experimental y que, en cambio, muchos esfuerzos queden a nivel demostrativo, perdidos entre otros acontecimientos que nos son impuestos como prioritarios o relevantes. Pero, alerta, esas experiencias pioneras, innovadoras, valiosas en más de un sentido, están disponibles para ser replicadas o utilizadas como referencias e inspiración si se contase con un apropiado sistema de apoyo. Hoy se requiere dar un gran salto de escala para que esa experiencia acumulada pueda proyectarse hasta adquirir significación macroeconómica. Esto es, movilizar no sólo a grupos reducidos sino a cientos de miles de trabajadores para que logren incorporarse a la actividad productiva sobre bases de equidad, efectividad y responsabilidad.

Para materializar ese salto de escala se requieren nuevos instrumentos de apoyo y un decidido involucramiento público y privado. Es que habrá que expandir la actividad de miles de emprendimientos existentes y crear otros tantos, todos ellos capaces de operar de manera sustentable en la realidad de nuestros países y de la economía mundial.

Este esfuerzo para masivamente incorporar en emprendimientos productivos a la población sub y desocupada requiere que cada emprendimiento tenga una escala apropiada, excelencia de gestión, adecuada tecnología, distribuir resultados con justicia entre quienes participan, lograr una favorable inserción en cadenas de valor, acceder a diversos mercados para diversificar riesgos y, en especial, ejercer responsabilidad ambiental, tributaria y de solidaridad plena con sus comunidades.

El desafío es cómo lograrlo, cuestión que tiene forzosamente muchas respuestas y opciones ya que las realidades y los momentos son siempre singulares. Esta propuesta queda abierta por diseño y convicción a una diversidad de modalidades de actuación. De ahí que nos centremos en mecanismos transformadores y no en fórmulas organizativas determinadas. De todos modos y para ejemplificar como operaría en el plano de lo concreto, se mencionan algunas de las ingenierías organizativas que podrían utilizarse.
Se propone establecer en todas y cada una de las regiones que conforman un país, la trilogía de mecanismos transformadores:

(i) Promoción de emprendimientos inclusivos

Los emprendimientos inclusivos pueden adoptar múltiples formas y modalidades organizativas incluyendo cooperativas de base y holdings cooperativos, consorcios de comercialización interna y de exportación, franquicias populares, agroindustrias locomotoras, empresas de trabajadores, centrales de servicios, entre otras. Lo que cuenta es que el emprendimiento inclusivo logre alcanzar una adecuada escala de operación, se inserte en una promisoria cadena de valor, adopte efectivas formas de gestión, distribuya con justicia los resultados entre quienes participan y asegure una apropiada tasa de reinversión de utilidades. Una más amplia caracterización del concepto de emprendimiento inclusivo y del contexto en que se origina puede verse en [Emprendimientos inclusivos para abatir pobreza y desigualdad->http://opinionsur.org.ar/Desarrolladoras-de-emprendimientos?var_recherche=emprendimientos%20inclusivos%20para%20abatir%20pobreza].

Muy diversos actores pueden promover su emergencia; desde organizaciones de desarrollo, autoridades locales, universidades e institutos tecnológicos, grupos de empresas, movimientos populares, entre muchos otros. Promover que aparezcan colectivos de personas interesadas en hacer parte y gestionar un emprendimiento inclusivo es una fase crítica de esta iniciativa, que se facilitaría si se contase con los dos siguientes componentes de esta trilogía de mecanismos transformadores.

(ii) Desarrolladoras de emprendimientos inclusivos

Estas desarrolladoras son unidades especialmente conformadas para asistir en el establecimiento de emprendimientos inclusivos. Pueden estructurarse como entes privados o mixtos, bien relacionadas con la comunidad científica y tecnológica. Es conducida con alto nivel profesional por un reducido equipo con experiencia en el mundo de los negocios y habilidad para trabajar en contextos pluriculturales. Su trabajo consiste en identificar promisorias oportunidades económicas y organizar la forma de aprovecharlas con la mira puesta en favorecer a comunidades de baja renta.

La Desarrolladora estudia la potencialidad local, explora nichos de mercados en busca de oportunidades que puedan ser aprovechadas por los emprendimientos inclusivos y elabora formas para establecerlos. Su objetivo es integrar pequeños productores dispersos en una eficiente organización económica de porte medio.
Una más completa caracterización de las desarrolladoras, de cómo se establecen, financian y gestionan, puede consultarse en Desarrolladoras de emprendimientos inclusivos.

(iii) Fideicomisos inclusivos

Para completar un efectivo sistema de apoyo a emprendimientos inclusivos es crítico contar con una fuente de inversión especialmente dedicado al sector. Esta fuente podría adoptar la figura de un fideicomiso habilitado para recibir aportes de capitales públicos y privados que colocaría en emprendimientos inclusivos bajo distintas modalidades de inversión (acciones, participaciones, entre otras). Sus inversiones se mantendrían en los emprendimientos seleccionados hasta que se hubiesen consolidado y pudiesen re-comprar el aporte recibido. Para efectos de este artículo denominamos al fideicomiso como FIDEIPYME.

El FIDEIPYME se financiaría con una contribución de, por ejemplo, entre 0,1 y 0,5 % de las ganancias corporativas según sea el tamaño del contribuyente. Esa contribución se aprobaría por ley nacional y no sería un impuesto sino una inversión solidaria en FIDEIPYME por la cual recibirían cuota partes del fideicomiso, quedando exentos sus resultados del pago de impuestos. Cada cuota parte no podría ser redimida antes de tres años de efectuada al cabo de los cuales el inversor podrá decidir mantenerla o ser reembolsado por el monto del capital aportado con más la proporción correspondiente de las ganancias obtenidas por FIDEIPYME en ese período. La inversión en el fideicomiso figuraría en el balance de cada contribuyente como una inversión financiera.

El FIDEIPYME crearía capítulos territoriales a través de los cuales aprobaría las inversiones en las pymes escogidas. Utilizaría criterios de inversión consistentes con la necesidad de transformar y dar mayor sustentabilidad a la matriz productiva nacional y de cada región. En cada caso se evaluaría la viabilidad socioeconómica y ambiental de la inversión solicitada procediendo luego a aprobarla o rechazarla. Las solicitudes de inversión se presentarían acompañadas por la desarrolladora de la respectiva región que ayudaría a estructurar la inversión y un apropiado plan de negocios. Una inversión de FIDEIPYME reforzaría la credibilidad de quienes la reciben frente a terceros facilitando el acceso al crédito de entidades financieras públicas y privadas.

Cada capítulo del FIDEIPYME establecería prioridades para su accionar junto con desarrolladoras, institutos de tecnología industrial y agropecuaria, universidades y otras instituciones de desarrollo conocedoras de la potencialidad productiva local y de la demanda de los mercados.

FIDEIPYME estaría gestionado por un Directorio conformado por representantes del sector público y privado con las cualidades necesarias para gestionar este tipo de iniciativa.

Una reflexión final

Como se señaló, la extendida desocupación y subocupación que prima en muchos países es un importante factor generador de violencias que dan paso a situaciones de inseguridad. Involucran a grandes segmentos de nuestras sociedades, de ahí que las respuestas deban ser consistentes con la envergadura del desafío de lograr plena ocupación para todos.

El sistema de apoyo planteado constituye una forma de actuación pública-privada que procura resolver inconsistencias propias de los programas tradicionales de generación de empleos e ingresos dignos: cómo asegurar dentro de iniciativas de gran envergadura que, al mismo tiempo, se actúe con el realismo y efectividad que las actividades productivas exigen, se favorezca prioritariamente a los sectores más desfavorecidos, se conformen actores social y ambientalmente responsables y que la iniciativa, lejos de reducirse a un hecho burocrático (público o privado), se sustente en liderazgos locales de excelencia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *