Inestabilidad y convulsión en la lucha entre potencias

Las grandes potencias prefieren el conflicto indirecto –a través de sustitutos— al choque frontal, como sucedió en las tragedias de dos guerras mundiales.  Hoy el conflicto es tripartito: Estados Unidos, China y Rusia se disputan sus respectivas cuotas de dominación.  Nada de esto es novedad.  La peculiaridad de nuestra época es la siguiente: en conflictos del pasado, la guerra por sustitutos producía gran inestabilidad en las zonas periféricas.  Hoy, la inestabilidad y la volatilidad cunden en el mismo seno de las potencias centrales, en particular dentro de las que llamábamos democracias consolidadas y avanzadas.  No lo son mas.

La recomposición geopolítica y el paso a una configuración multipolar han sido bien reconocidas como signos de la transición actual.  Pero no existe consenso acerca de la dirección y la meta de esa transición.  Casi todos los observadores y analistas de estrategia (conozco mejor los de Occidente que los de Asia), coinciden en varias importantes apreciaciones.  En primer lugar, sostienen que la hegemonía norteamericana ha dado paso a una concurrencia tripartita entre los Estados Unidos (en retroceso), China (emergente como potencia internacional), y Rusia (resurgente y relativamente belicosa).  La disputa entre estos tres grandes de la geopolítica actual es intensa y visible en tres terrenos: el político, el económico, y el militar.

El declino de Occidente se da en los tres terrenos.  En el terreno político existe un creciente descontento con las instituciones democráticas (crisis de representación) y republicanas (equilibrio entre instituciones independientes).  Los síntomas se ven por doquier: crisis, fragmentación, o desaparición de los partidos tradicionales, surgimiento de movimientos populistas de signo diverso, nueva “rebelión de las masas”, y la tendencia hacia una democracia plebiscitaria con sesgos autoritarios. Hemos entrado en una era de despotismo no ya ilustrado (todo lo contrario) sino “elegido.” En los países de occidente estas corrientes crean volatilidad e inestabilidad y una pérdida significativa de lo que se llamaba “soft power.”

En el terreno económico, la lucha principal es por ocupar la delantera en la aplicación de inteligencia artificial y en la creación de la infraestructura material y educacional necesarias para mantener esa vanguardia.[1]  La ventaja de occidente reside en la investigación innovadora; la ventaja de China reside en la velocidad de aplicación de las nuevas tecnologías. [2]  China aprovecha su retraso tecnológico inicial para dar un salto adelante, sin el lastre de procedimientos anticuados que valían para una época anterior, como sucede en occidente.  Por ejemplo, el sistema de pago digital que utilizan los usuarios chinos es superior al que usamos en los Estados Unidos. [3] En la retaguardia de esta concurrencia se encuentra Europa (cada vez mas dividida), seguida por Rusia.  Por otra parte, el poder financiero global de los Estados Unidos es un arma de doble filo, por la impresionante concentración de  activos, que no es verdadera creación de valor y que genera una desigualdad y marginalidad tales que provocan una reacción popular contra el capitalismo, como ya parecen reconocerlo algunos de sus principales gestores y beneficiados.[4]

En el terreno militar, la superioridad física, material y logística  de los Estados Unidos se mantiene pero esa misma superioridad tiene grandes dificultades de aplicación en teatros donde lo que cuenta es la guerra asimétrica, ya sea no-convencional (terrorismo y subversión), como convencional (superioridad China en guerra costera en su periferia regional, con alguna proyección internacional).  Rusia ha avanzado mucho en la modernización de su fuerza militar pero se encuentra limitada por su menor dinamismo y peso económico, no así en áreas de guerra asimétrica convencional (cibernética) y no convencional (intervención militar limitada y solapada en su periferia y en otros continentes).

En los años venideros, la tensión y los conflictos estratégicos entre esta tres grandes potencias han de aumentar, por causas tanto internas como externas.  Para evitar choques directos, el enfrentamiento será a través de actores interpósitos en países y regiones mas débiles y por lo tanto disponibles a una intervención cada vez mayor de las potencias externas.  Este conflicto con “proxies” (sustitutos) se expresa ya hoy en inversiones directas, construcción de bases, desarrollo de infraestructura, e indirectas (infiltración política  –sobre todo en Oceanía– y dependencia económico-financiera).  Ejemplo: los Estados Unidos proclaman (con su torpeza habitual) la resurrección de la doctrina Monroe en América Latina, mientras China establece lazos económicos estrechos con varios países y bases “científico-militares” en otros, y mientras Rusia no tiene escrúpulos en enviar tropas y especialistas de seguridad en la región.  El caso africano es de gran interés, ya que allí las inversiones chinas son cuantiosas en obras de infraestructura y en el aumento de la extracción de recursos naturales, mientras los Estados Unidos se especializan en bases militares y operaciones de seguridad, con lo que lograrán sólo ser los guardianes o “policías de barrio” de las inversiones chinas.

Los siguientes son sólo algunos ejemplos de intervenciones de las principales potencias a través de sustitutos en conflictos regionales.  El lector de esta nota puede repasar las siguientes referencias:

Venezuela:  “Operación Apagón, ”  Intervención norteamericana según Rusia. 

https://www.theguardian.com/world/2019/apr/23/operation-blackout-is-underway-russia-blames-us-for-venezuela-power-crisis

Siria: acusaciones mutuas de Estados Unidos y Rusia.  Ver https://www.newsweek.com/whats-happening-syria-everything-you-need-know-proxy-war-us-russia-iran-turkey-829412

https://www.bbc.com/news/world-us-canada-34685183

Acusaciones mutuas de Estados Unidos y China por ataques cibernéticos.  Ver https://www.cfr.org/blog/attribution-proxies-and-us-china-cybersecurity-agreement

Estado del conflicto a través de sustitutos en Asia.  Ver https://knowledge.wharton.upenn.edu/article/u-s-china-proxy-wars-mean-asias-balancing-act/

Intervención china indirecta en Australia.  Ver https://thediplomat.com/2017/06/what-is-chinas-meddling-in-australia-actually-buying/

Conflicto por sustitutos en África y su evolución.  Ver https://www.thenation.com/article/americas-proxy-wars-africa/

https://en.wikipedia.org/wiki/Chinese_People%27s_Liberation_Army_Support_Base_in_Djibouti

En el caso de América Latina, y en particular Venezuela, la negociación política interna esta cada vez mas condicionada por la negociación entre potencias externas.  Es probable que la intervención rusa en Venezuela este dirigida a intercambiar injerencias –una especie de quid pro quo en el tablero geopolítico: manos libres para los Estados Unidos en “su” hemisferio (Doctrina Monroe), a cambio de levantar o al menos suavizar sanciones vinculadas a la periferia rusa, y en particular Ucrania.  Tanto en Ucrania como en Venezuela, se negocian áreas de dominación regional, disfrazadas de sendos procesos de “transición” política, detrás de la cual se negocian cuantiosos intereses económicos (petróleo y materias primas).  Es de suponer que similares tensiones y negociaciones se den entre Estados Unidos y China en el área del mar del sur de China, y a la larga, en la península de Corea.

Pero debemos subrayar que en todos estos conflictos regionales a través de actores sucedáneos no existen protocolos de intervención, razón por la cual la probabilidad de errores de cálculo aumenta como así también aumenta la propensión a usar la fuerza militar.  Cuando esto ocurre, el conflicto se descontrola.  Toda guerra se gatilla por un error de cálculo.  Es mucho mas fácil iniciar una guerra que controlarla, como lo atestiguan las intervenciones en Medio Oriente, que han desembocado en guerras interminables y en crisis humanitarias de gran proporción. El mundo multipolar es inestable, sin perspectivas ni garantías de equilibrio y con un inmenso costo social.  El nuestro es un mundo en el que el “nation busting(destrucción de la nación) tiende a reemplazar al “nation building(construcción de la nación) del que se tanto se hablaba hasta hace poco.  A la larga, este descontrol desvía y malgasta cuantiosos esfuerzos y recursos materiales y humanos que deberían utilizarse en forma internacional y concertada para hacer frente a los desafíos planetarios cada vez mas urgentes. [5] La tragedia de los comunes adquiere una dimensión cada vez mayor.

La “tragedia de los comunes” es una paradoja de la acción colectiva muy bien estudiada y hasta modelada matemáticamente.  Su primera formulación fue en forma de parábola que apareció por primera vez en un folleto escrito en 1833 por el matemático  William Foster. La parábola se refería a un grupo de pastores que utilizaban una misma zona de pastos. Un pastor pensó que podía añadir una oveja más a las que pacían en los pastos comunes, ya que el impacto de un solo animal apenas afectaría a la capacidad de recuperación del suelo. Los demás pastores pensaron también, individualmente, que podían ganar una oveja más sin que los pastos se deteriorasen. Pero la suma del deterioro imperceptible causado por cada animal arruinó los pastos, y tanto los animales como los pastores murieron de hambre.

En la sociedad moderna, los “comunes” son los bienes públicos, accesibles para todos los miembros, incluidos aquellos que no han contribuido a su producción ni a su conservación.  Es decir, son bienes indivisibles. Hablamos del aire respirable, el agua limpia, las especies vegetales, las fuentes de energía o los recursos pesqueros. En geopolítica hablamos de la seguridad colectiva como un bien público.  Este bien público puede ser provisto o garantizado de varias maneras, unas mas atractivas que otras.  Desde 1945 hasta hace pocos años, los Estados Unidos garantizaron la seguridad colectiva de los países occidentales (medio planeta) a través de organismos multilaterales –tanto económicos como militares—que ellos mismos controlaban.  Lo mismo sucedía con la Unión Soviética en su zona de control (el Pacto de Varsovia).  Entre las dos superpotencias, la llamada distensión (détente) aseguraba un módico elemento de seguridad global.  El precio lo pagaban las regiones periféricas en franjas de disputa.  Hoy la situación ha cambiado.  Los Estados Unidos han afirmado por el discurso y la acción que no están mas dispuestos a proveer este bien público.  Por su parte, China, en plena expansión, está dispuesta a crear una zona de “co-prosperidad” y seguridad a favor suyo en medio planeta.  Pero  China no logra interesar a los Estados Unidos en una colaboración similar o mejor a la que se daba de facto con la URSS en épocas de guerra fría.  

Al retiro de los Estados Unidos de la provisión de bienes públicos mundiales, se añade hoy una variable inquietante, que es la inestabilidad del régimen de Trump.  En efecto, la administración de Washington ha vaciado casi todas las instituciones de un liderazgo serio y racional.  Sus representantes en los organismos de política exterior, de estrategia militar, y de colaboración económica hoy están a cargo de personajes títeres que sólo parecen obedecer a los caprichos de un ejecutivo estrambótico y prepotente.  Este, a su vez, parece que sólo escucha a ideólogos belicosos, como el Sr. Bolton, cuyos antecedentes estratégicos en la invasión de Iraq son conocidos, y cuyos resultados desastrosos son también conocidos.

A simple vista podríamos pensar que los Estados Unidos bajo el régimen de Trump  puede destruir tratados y abusar de recursos de seguridad colectiva sin que se observen efectos importantes (algo así como una postura de cartón sin consecuencias).  Pero la realidad es que el riesgo de una guerra descontrolada hoy es mucho mayor que en la últimas décadas.  Bastará una crisis internacional seria para que esta falencia muestre sus consecuencias trágicas.

En  materia geopolítica, los bienes públicos que se arriesgan en la lucha entre potencias tienen un denominador común: la sostenibilidad de la vida en la Tierra. El medio ambiente está en peor situación ahora que en cualquier otro momento de la historia humana, y lo que domina la oferta de políticas oficiales son posturas contraproducentes. Todo se debe a la actividad humana aunque aún no es demasiado tarde para arreglar el problema.  Pero la actividad humana hoy está, por el lado de las dirigencias, dominada por el corto plazo y la irresponsabilidad belicosa, y por el lado de las masas, está continuamente distraída.


[1] Un buen análisis se encuentra en el libro reciente de Kai-Fu Lee, AI Superpowers.  China, Silicon Valley, and the New World Order,  Boston: Houghton Mifflin Harcourt, 2018.

[2] Según la vieja tesis de Thorstein Veblen, las potencias que llegan tarde tienen ventajas sobre las potencias pioneras.  La razón es simple: no están atadas a una vieja trama institucional y a intereses creados por la antigua innovación.

[3] Un muy buen resumen de estas ventajas se puede leer en el artículo de Martin Wolff, “China wrestles the US in the AI arms race,” Financial Times,  17 April 2019, p.9.

[4] Ver al respecto el articulo de James Galbraith en Project Syndicate: https://www.project-syndicate.org/onpoint?utm_source=Project+Syndicate+Newsletter&utm_campaign=899c32c59f-op_newsletter_2019_19_4&utm_medium=email&utm_term=0_73bad5b7d8-899c32c59f-105714529&mc_cid=899c32c59f&mc_eid=cd3dc585bd

[5] Ver el informe de las Naciones Unidas sobre la crisis de biodiversidad, http://bizrepublic.com/onu-informe-biodiversidad-planeta-en-su-peor-momento/

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