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El engaño y el ocultamiento en el neoliberalismo

¿Podrían mantenerse en el poder gobiernos que explicitasen que sus políticas y actos ejecutivos defienden intereses minoritarios y no el bienestar general y el cuidado del medio ambiente?  Si no acudiesen al engaño y al ocultamiento no habría represas que pudieran contener el clamor popular de transformar una situación que lastima y somete a inmensas mayorías. Las engañifas son necesarias al neoliberalismo y a otros regímenes de gobierno para funcionar y reproducirse en el tiempo.

 

El contexto

Gobiernos neoliberales practican duros ajustes generando creciente desempleo y pérdida de poder adquisitivo de los ingresos de sectores medios y populares: los salarios, changas y jubilaciones van a la baja mientras aumentan los precios de productos básicos como son los alimentos, medicamentos y las tarifas de servicios esenciales (gas, electricidad, transporte, agua, entre otros). El resultado es una acelerada concentración de la riqueza en manos de una poderosa minoría que controla las políticas públicas con la complicidad de algunos sectores de la política, los medios y la justicia. La contracara de esa concentración es el aumento de la desigualdad, la pobreza y la indigencia junto con una creciente pérdida de derechos ciudadanos; a ello se suma la represión de la consecuente protesta social.

Las políticas neoliberales contraen dramáticamente la demanda efectiva haciendo colapsar el mercado interno mientras aumenta el endeudamiento externo y el de amplios sectores poblacionales que no llegan con sus ingresos a sustentarse. La situación se complica aún más para las empresas nacionales, especialmente pequeñas y medianas, cuando se abre sin resguardos la entrada de productos importados de países con ventajas competitivas[1]. Lo que se produce es una asfixia de la producción nacional, por el triple impacto de la caída del mercado interno, la suba de costos de producción y el desplazamiento de compras hacia los productos importados.

En ese contexto, para justificar el rumbo que se impone se utilizan modelos económicos presentados como verdades indiscutibles cuando en verdad son construcciones ideológicas que sustentan sesgadas interpretaciones, elaboraciones teóricas que sirven a determinados intereses. Cuando datos de la realidad contradicen sus postulados y conclusiones, los sectores favorecidos utilizan una diversidad de modalidades para ocultar lo que sucede y engañar a quienes resultan perjudicados. Planteamos un par de casos concretos de engañifa para ilustrar esta afirmación.

Engañifa sobre las importaciones

Basados en estadísticas que muestran una avalancha de importaciones y el cierre de enorme cantidad de emprendimientos productivos que no logran subsistir, las pequeñas y medianas empresas piden al gobierno que tomen medidas para contener las importaciones. Ante esos reclamos, funcionarios de gobierno niegan la realidad y a su vez presentan estadísticas que muestran que las importaciones bajaron en lugar de crecer. Vaya sorpresa e hipocresía.

¿Qué es lo que ocurre? Al considerar el valor de las importaciones se constata que el 56% de los rubros cayeron el último año y el 44% restante subieron; esta estadística es utilizada por los funcionarios de gobierno. Sin embargo, cuando las importaciones se miden por las cantidades físicas que ingresaron, se evidencia que el 82% de los rubros crecieron, algunos muy significativamente. Lo que ocurrió es que los precios de las importaciones bajaron, por un lado para poder entrar agresivamente en una nueva plaza comercial y, adicionalmente, porque el resto del mundo está sobre ofertado (más producción de la que pueden colocar con los precios habituales) y para “sacarse” esa sobre oferta reduce los precios de venta de sus productos. A esto habría que sumarle las importaciones no registradas e ilegales que entran como contrabando favorecidas por pobres controles aduaneros y la corrupción.

La realidad muestra que a la caída del consumo interno y el furibundo aumento del costo de insumos energéticos que ya de por sí comprometen la viabilidad de productores locales, se suma además el desplazamiento de la producción nacional por el alud de productos que se importan. Ese triple estrangulamiento lleva a dramáticos retrocesos productivos, cierre de empresas, despidos y suspensiones de trabajadores, reducción y pérdida de ingresos, caída de la recaudación impositiva, todo ello acentuando espirales regresivas de achicamiento de la economía y el bienestar general.  Una situación que el gobierno querrá seguir ocultando, ciclo tras ciclo, insistiendo y renovando engaños y desinformando a la población.

Engañifa para favorecer a los bancos

 Los gobiernos neoliberales utilizan una variedad de instrumentos para favorecer al sistema financiero, desde la caída de regulaciones, la liberación de los movimientos de capital, la condonación de conductas delictivas, el fingir que no han visto actividades ilegales, hasta el sesgado manejo de los clásicos instrumentos de política monetaria, muy particularmente el régimen de tasas de interés y los encajes bancarios.

En esta sección y basados en un excelente y bien documentado artículo de Federico Kucher de reciente publicación, analizamos el caso de la manipulación de los encajes bancarios, la parte de los depósitos que capta un banco del público y debe mantener inmovilizado sin poder prestar ese dinero ni tampoco especular colocándolo en papeles financieros.

En el contexto descrito en los párrafos anteriores, el Banco Central, en su condición de autoridad monetaria, decide reducir los encajes bancarios. El argumento que utiliza para sustentar esa decisión es que esa reducción del encaje permitirá que los bancos mejoren las tasas que pagan a quienes les depositan sus ahorros. Explica el Banco Central que “el encaje actúa como un impuesto a los depósitos bancarios y cuando se reduce hace más atractivo para los bancos tomar depósitos por lo que están dispuestos a ofrecer una mayor tasa de interés para captar plazos fijos”.  Esto es, se favorecerá a pequeños y medianos ahorristas que realizan depósitos en los bancos. Sin embargo, esto no fue lo que sucedió.

Demuestra Kucher que los bancos no mejoraron las tasas que pagan a los ahorristas sino que, procurando como siempre maximizar su lucro, colocaron los recursos que se liberaron al bajar los encajes en actividades financieras de mucha mayor rentabilidad embolsando cifras significativas para engrosar sus patrimonios y rentabilidad.

Por cierto que el manejo de las políticas monetarias no debiera orientarse a asegurar mayor rentabilidad a los bancos sino a contribuir a un desarrollo nacional justo y sustentable. De este modo, la reducción de encajes bancarios en contextos recesivos debiera condicionarse a que los recursos así liberados sean aplicados ya no a la especulación financiera sino al financiamiento de actividades de la economía real.

Gobernar con el engaño y el ocultamiento

No sorprende que gobiernos neoliberales y también de otras orientaciones deban acudir al engaño y al ocultamiento para gobernar. De ese modo logran manipular a ciudadanos que no disponen de información fehaciente sobre lo que sucede en la realidad de su país y del mundo, que no son pocos.

Es que, ¿podrían mantenerse en el poder gobiernos que explicitasen que sus políticas y actos ejecutivos defienden intereses minoritarios y no el bienestar general y el cuidado del medio ambiente? Si acaso lo hiciesen o si se filtrase información sobre la desigualdad que se acelera en todas las latitudes, les sería difícil sino imposible gobernar. Las engañifas les son necesarias para funcionar y reproducirse en el tiempo. De no utilizarlas crecería aún más el esclarecimiento sobre cómo nuestras mentes han sido colonizadas; si no acudiesen al engaño y al ocultamiento no habría represas que pudieran contener el clamor popular de transformar una situación que lastima y somete a inmensas mayorías.

De ahí que la evaluación de un gobierno neoliberal, como de cualquier otro tipo, no debería basarse en sus declamaciones sino en el impacto y en los efectos que genera su accionar.

 

[1] Sea por contar con industrias maduras que en el pasado fueron protegidas y ahora practican una agresiva gestión para apoderarse de mercados emergentes basadas en experiencia productiva y comercial, modernas tecnologías y abundante financiamiento, sea porque mal pagan a sus trabajadores y agreden la naturaleza sin importarles y mucho menos asumir los enormes costos ambientales que generan.

 

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