¿Encontrarán refugio la razón, la sensatez, y la justicia?

Un espectro recorre el mundo.  El neo fascismo se ha apoderado de varios gobiernos y también de la imaginación de muchos.  El último en caer en ese estado es Brasil. Es urgente repasar un pasado no muy lejano en que esto sucedió y apreciar los recursos de resistencia y la historia de la eventual recuperación de la cultura y de la civilización.  Entretanto, hoy como ayer, los medios de opinión nos quieren hacer creer otra cosa.

 

Al recorrer mi biblioteca me doy cuenta que estamos al borde de una catástrofe social y cultural.  Me detengo en algunos volúmenes.  Así, veo que la historiadora Dolores Pla  publicó varios estudios sobre el exilio de los republicanos españoles en América Latina, después del triunfo de Franco en la guerra civil.  Leo que América Latina ocupó el segundo lugar de importancia, después de Francia, en recibir el exilio republicano.  Todos los países latinoamericanos recibieron algunos de esos exiliados, pero ellos se concentraron principalmente en México (18.000), Argentina (10.000), Venezuela (5.000),  y también en la República Dominicana, Chile, Colombia, y Puerto Rico.  Por distintas razones  –sobre todo ideológicas y políticas— no gozaron del mismo recibimiento en todos ellos.  La mejor recepción e integración del exilio español fue sin duda la de México, pero también en la Argentina pudieron aquellos españoles establecerse y no volver a emigrar, a pesar de la presión de las derechas y de la Iglesia Católica.  Y como siempre, no encontraron apoyo moral (sólo ocasional y oportunista)en los gestores económicos, cuya única preocupación fue la ganancia[1].

Los exiliados españoles llegan a America Latina

La contribución de ese exilio al desarrollo material e intelectual de América Latina fue muy valioso.  Fue el aporte que hicieron algunos de los hombres y mujeres mejor preparados de la España de las primeras décadas del siglo veinte: intelectuales y científicos, junto a trabajadores calificados aceleraron la modernización de las sociedades que los recibieron.

Algo similar –pero en mayor escala– sucedió con el exilio alemán en los Estados Unidos después del ascenso al poder del Nacional Socialismo.  ¿Recuerdan estas películas de la era dorada de Hollywood?: La novia de Frankenstein, Robin de los bosques, Ninotchka, Perdición, Casablanca… En todas ellas intervinieron actores, directores o músicos que se establecieron en Los Ángeles huyendo del régimen nazi y de la persecución a las judíos que se desató en Europa antes y durante la Segunda Guerra Mundial. La meca del cine fue, por tanto, un refugio y el lugar en donde pudieron desarrollar libremente su enorme talento.  Otros refugios fueron las universidades y centros de investigación en Gran Bretaña y Estados Unidos.  Entre los físicos exiliados estaban Albert Einstein, Edward Teller and Hans Bethe, junto a  Enrico Fermi y Leo Szilard.  Entre los arquitectos estaban Walter Gropius y Mies van der Rohe; entre los sicoanalistas,  Bruno Bettelheim, Karen Horney y Erich Fromm; entre los músicos, Erich Leinsdorf;  entre los  filósofos, Hannah Arendt, Leo Strauss, y Herbert Marcuse; entre los escritores, Thomas Mann y Bertolt Brecht.

Los exiliados alemanes se hacen ciudadanos norteamericanos

Si este tipo de barbarie y persecución volvieran a producirse, ¿dónde encontrarán refugio los nuevos exiliados?  Es hora de plantearse la pregunta.

¿Porqué repaso esta historia, de la cual he conocido y aprovechado yo mismo sus últimos coletazos? En la Universidad de Brandeis pude estudiar con algunos de los intelectuales mas brillantes que se habían formado en la República de Weimar. En la Argentina recuerdo el aporte de exiliados españoles que fundaron casas editoriales  (Losada, Emecé, Sudamericana) y enriquecieron los colegios y  las salas universitarias.  Entre los exiliados del fascismo italiano se encontraban Rodolfo Mondolfo, Renato Treves, y Gino Germani, junto a tantos mas.

Varios de los países receptores tenían en la época gobiernos de derecha.  Algunos de ellos hasta simpatizaban con los regímenes fascistas europeos.  Pero por desatención o simple decencia, supieron aprovechar el aporte de un mundo en el que la brutalidad y la estupidez desplazaban a los mejores.  Vuelvo a la pregunta: ¿porqué replantear el caso?  La respuesta es clara:  El triunfo de Bolsonaro en Brasil puede provocar, otra vez y ya dentro de América Latina, el exilio de los mejores.  Algunos se quedarán para resistir, pero corriendo gran peligro.  Muchos tal vez se encaminarán hacia los países vecinos:  Uruguay, Argentina, Chile, Perú, Ecuador, etc.  Otros se irán por latitudes mas lejanas.  Lamentablemente, los Estados Unidos han perdido atractivo como refugio, siendo al contrario el país que oficialmente estimula hoy a los peores en varios países donde se ha desatado la persecución. [2] ¿Dónde están los futuros receptores de quienes portan consigo la llama de un mundo mejor?  Y si los hay, ¿sabrán los nuevos receptores aprovechar el aporte del exilio?  El brasileño sería uno más de una larga serie.

Me resulta doloroso anticipar este posible desarrollo, pero se me hace urgente pensar que mientras el mundo tarde en digerir y finalmente expulsar la onda fascista que hoy lo invade, no se pierdan ni las personas ni el trabajo de quienes serán indispensables en una futura reconstrucción.

Mientras tanto, como en otras épocas aciagas,  la prensa mas paqueta trata de disimular la situación.  Daré un ejemplo.  He leído recientemente un artículo editorial en el que un distinguido “experto” o pope de opinión en el muy respetado Financial Times sostiene, con un desparpajo admirable, que Donald Trump es una figura histórica del porte de Alejandro Magno, Julio Cesar, y Napoleón Bonaparte. [3] Según este autor, Trump está, como todas aquellas figuras, cambiando el mundo.  Eso sí, el autor de la nota se excusa de la comparación, diciendo que el presidente norteamericano, como aquellas grandes figuras, no es muy simpático, pero eso no importa, porque lo que vale es, hoy como ayer, su aporte a un mundo nuevo y distinto.  Para reforzar tan audaz propuesta, el escritor se ampara en mas de una cita de Hegel.  Sabemos, en efecto, que aquel gran filósofo supuestamente afirmó, en vísperas de la batalla de Jena (ciudad en la que terminó de escribir su obra maestra –La fenomenología del espíritu— ) que Napoleón era “el espíritu del tiempo (Zeitgeist) a caballo.”  El paragón con Trump me parece muy osado.  Yo diría en cambio que hoy tenemos a un caballo que representa al espíritu de los tiempos (con perdón de ese noble animal).  Napoleón fue un militar experto en el cálculo parabólico que impuso en una Europa retrógrada y decadente el Código Civil y el sistema métrico.  Trump es un fullero ignorante que pretende imponer el retroceso y la decadencia norteamericana en lo que queda de un proyecto racional y sensato en el mundo.  En otra referencia apócrifa pero muy difundida a Hegel, cuentan que al final de una de sus clases magistrales (Vorlesungen) en Berlín, un alumno se acercó al maestro y le dijo: “Profesor, su discurso no se condice con los hechos.”  A lo que el gran pensador contestó  “Tanto peor para los hechos” (“Um so schlimmer für die Tatsachen!”).  Esta cita sí se acerca mas al señor Trump.

Citar fuera de contexto las supuestas palabras de autores complejos a quienes no han leído es un ejercicio repetido de muchos comentaristas para quienes el acceso a importantes plataformas de opinión les da permiso para decir cualquier cosa, y además gozar de un sueldo.  Otro de ellos, mas famoso que el autor a quien me refiero, no hace mucho proclamaba, citando también a Hegel, que la historia había llegado a su fin con el triunfo universal y definitivo de la democracia liberal norteamericana.[4]  Hoy puede decir lo contrario con igual desparpajo, sin duda apostando a la amnesia de sus lectores.  Lo importante es mantenerse en el tapete de la opinión pública.

Como antídoto y corrección de la verborragia de nuestros filósofos tardíos, propongo hacer uso de un pensador mas modesto y al alcance de la mano:  Enrique Santos Discépolo, en la letra de su celebrado tango Cambalache.  A diferencia de estos hegelianos de pacotilla, los versos de Discepolín son certeros, y la cita de algunas de sus estrofas es mas segura para caracterizar el espíritu de nuestros tiempos:

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador…
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro
que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón,
los ignorantes nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, Rey de Bastos,
caradura o polizón.

¡Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón!
Cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón…
Mezclao con Stavisky
va Don Bosco y La Mignon,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín…
Igual que en la vidriera
irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia
junto a un calefón.

En su columna del Financial Times, el  Sr. Gideon Rachman ha contribuido, sin saberlo, a la filosofía del cambalache.  Si Trump es Napoleón, entonces Bolsonaro es San Martín.  ¡Dale que va!  Todo es igual;  nada es mejor.  Entretanto, preparemos la resistencia y ayudemos al exilio venidero.

[1] En Argentina, una noble excepción entre los empresarios fue el industrial Torcuato Di Tella, que ayudó a los exiliados del fascismo europeo.

[2] https://www.lavanguardia.com/internacional/20170131/413846509140/celebridades-inmigracion-donald-trump.html 

[3] Gideon Rachman, “Trump embodies the spirit of our age,” Financial Times, 23 de octubre de 2018, 9.

[4] Francis Fukuyama, The End of History and the Last Man, 1992.

 

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