Encarando estrangulamientos de sector externo

Al crecer, los países no centrales sufren recurrentes estrangulamientos del sector externo (se requieren más divisas de las que están disponibles). Las causas son diversas como diversas son las estructuras económicas, sociales y políticas de cada país. ¿Cómo y porqué se producen esos estrangulamientos? ¿Es posible resolverlos? Existe una gama de opciones de políticas públicas para encararlos: están las medidas de emergencia que, según su perfil, logran amenguar o agigantar sus negativos efectos; las que más importan son las medidas transformadoras de las dinámicas que generan los estrangulamientos.

No son pocos los países que al crecer suelen sufrir estrangulamientos de sector externo. Sin embargo, la diversidad de causas que los generan varía según como se haya estructurado su sistema económico, la dinámica de funcionamiento de su matriz productiva y de sus cadenas de valor, la naturaleza oligopólica de sus mercados, la concentración de la riqueza, la fuga de capitales, el nivel de endeudamiento soberano, el papel que juega su sistema financiero, el perfil del consumo (quiénes, dónde y qué consumen), la composición de las exportaciones y de las importaciones, entre otros factores. Este vector de características no surge de la nada sino que es el resultado del rumbo y forma de funcionar que sucesivas correlaciones de fuerzas sociales y políticas implantaron en los países. ¿Pueden cambiar esas correlaciones de fuerzas? Aunque complejo y sujeto a una diversidad de acciones y circunstancias, es posible transformar el poder de ciertas minorías para imponer sus intereses por sobre el bienestar general y el cuidado ambiental. Sumándonos a otros autores, hemos abordado en textos anteriores esta cuestión. Estas líneas se centran en analizar diversas formas de intervenir, opciones de políticas públicas de emergencia o transformadoras, al encarar estrangulamientos de sector externo.

En general, cuando la economía de países emergentes crece aumenta la necesidad de contar con más divisas, dólares, euros, yenes u otras monedas. El estrangulamiento de sector externo sucede cuando no hay divisas suficientes para atender la demanda interna que las requiere. Si ese déficit es circunstancial, se lo cubre con deuda que se repaga con las divisas que logran generarse en los años que siguen. Si en cambio el déficit es permanente y se agranda con el paso del tiempo, la provisión de divisas a través de préstamos lleva al sobre endeudamiento de países o empresas. De superarse la capacidad de repago, nos son impuestos gravosos sometimientos: condicionantes de políticas públicas que castigan a los vulnerables y mayores amortizaciones e intereses que drenan gran parte del ahorro nacional; se genera inestabilidad social y económica con pérdida de soberanía decisional.

Esta problemática, como muchas otras de orden económico y social, no puede resolverse en el mismo instante que se producen sus desastrosos efectos. Generado el estrangulamiento del sector externo solo es posible adoptar medidas de emergencia: unas aminorarán el impacto social y económico, otras lo agigantarán.  La solución de fondo pasa por prevenir su ocurrencia con medidas que transformen la dinámica que provoca las recurrentes crisis de sector externo.

Impactos de un estrangulamiento del sector externo

El primer cimbronazo de una crisis de sector externo se expresa a nivel del tipo de cambio con fuertes tensiones devaluatorias difíciles de revertir en la inmediatez de los acontecimientos. El resultado suele ser una fuerte o moderada devaluación que dispara efectos sobre la economía y la sociedad en su conjunto. Sin embargo, los peores efectos recaen sobre actores vulnerables que no tienen capacidad para ajustarse al rápido cambio de circunstancias.

La devaluación impacta a los precios internos: suben casi todos los precios (golpe inflacionario). Por de pronto se encarecen los precios de los productos importados; si se trata de bienes de consumo se expresan en las góndolas de quienes los venden, mientras que el aumento del precio de los insumos importados impactan la estructura de costos de las empresas que los utilizan y de ahí y en la medida que cada productor pueda trasladar esos mayores precios de insumos a los productos que elaboran, el impacto inflacionario se desliza hacia casi todo el sistema productivo. Esto es, sufren un impacto directo los productores que utilizan insumos importados y un impacto indirecto los demás productores y comercializadores del sistema económico que procuran ajustarse al súbito movimiento de precios.

Pero no se detiene ahí el impacto de la devaluación ya que quienes exportan y reciben con la devaluación mayor cantidad de moneda local por cada dólar exportado, procuran obtener los mismos montos por las unidades que venden al mercado interno. Si fuesen capaces de colocar mayores volúmenes fuera del país (algo incierto porque inciden variables que predominan en mercados internacionales y ellos no controlan), pueden afectar el abastecimiento del mercado interno. Esto es grave pero aún más si se estuviese afectando el precio de bienes de consumo popular (harinas, aceites y otros). En estos casos habrá gobiernos de extracción neoliberal que no intervendrán y otros que procurarán amenguar esos impactos estableciendo retenciones a las exportaciones por el diferencial entre precios internos y externos de un mismo producto o, alternativamente, cupos exportables de modo de asegurar el abastecimiento del mercado interno. Ambos tipos de intervenciones son de emergencia y no resuelvan la base estructural del estrangulamiento externo aunque tienen muy diferentes impactos socioeconómicos. Sin  la intervención mediadora del Estado las mayorías sufrirán las peores consecuencias.

Por otra parte y en ausencia de apropiadas regulaciones, como no todos los actores económicos detentan el mismo poder de mercado, los poderosos ajustan más y más rápido sus precios que el resto. Se instala así un nuevo ciclo de pugna distributiva donde quienes pueden abusar de los demás lo hacen. Se trastocan los precios relativos produciendo una diversidad de efectos al interior del sistema económico, incluyendo una violenta redistribución de ingresos a favor de los actores más poderosos en detrimento de los consumidores, las pequeñas empresas y, muy especialmente, de los trabajadores que no logran ajustar sus salarios al proceso inflacionario. Vale explicitar que los procesos inflacionarios no nacen de las devaluaciones pero crecen con ellas; las pugnas distributivas se multiplican impulsando aún más las expectativas inflacionarias.

Donde exista un poder sindical fuerte con movimientos sociales capaces de expresarse con vigor en las calles, será posible preservar el poder adquisitivo de los salarios. Caso contrario primará  una redistribución regresiva de los ingresos a favor de sectores que logran lucrar con el cambio de situación como son los grandes exportadores, el capital financiero y los rentistas que puedan ajustar el precio en divisas de sus activos. Cierran la brecha externa sin abordar sus causas sino a través de recesión, castigo salarial y tarifas impagables de servicios públicos.

Raíces estructurales del estrangulamiento del sector externo

Una causal de los estrangulamientos de sector externo se encuentra en el tipo no balanceado de matriz productiva del país. Hay una suerte de dualismo donde, por un lado, un segmento minoritario de poderosos actores exportan bienes de bajo valor agregado (exportadores de cereales, productos mineros y otras materias primas, casi siempre empresas subsidiarias de grandes conglomerados internacionales) y, por otro lado, amplios segmentos de productores nacionales volcados principalmente al mercado interno que para funcionar requieren en mayor o menor medida insumos importados (como sectores industriales, comercio, servicios, mediana agricultura, agricultura familiar, pequeños y micro productores no registrados). El problema es que incluso ciertos sectores exportadores (automotores, industria química y comunicaciones, entre otros) son altamente intensivos en insumos importados y en su crecimiento ejercen cada vez mayor presión importadora.

Con ese perfil de matriz productiva las situaciones de recurrentes estrangulamientos de sector externo son casi inevitables salvo que se actúe, como más adelante se señala, para transformar la estructura y el funcionamiento de la matriz productiva nacional.

Otra causal que indirectamente incide en la generación de estrangulamientos de sector externo es la naturaleza oligopólica de casi todas las cadenas de valor. El mayor poder que detentan las empresas que lideran esas cadenas les permite concentrar en su propio beneficio los resultados generados por el conjunto de actores que participan de cada cadena de valor perjudicando tanto a sus encadenamientos productivos como a los consumidores. Así, el proceso de concentración de la riqueza, los ingresos y el poder decisional, se refuerza ciclo tras ciclo. Esta concentración del ahorro nacional generalmente lleva a que una buena parte drene hacia el exterior (fuga de capitales con complicidad de entidades financieras) y, además, que se practique impunemente la evasión o elusión impositiva (esterilización del ahorro interno como fuente de financiamiento genuino a actividades privadas y públicas).

El proceso concentrador impide desarrollar sistemas productivos balanceados: las inversiones no se aplican a lo largo de toda la cadena de valor (capitalizando pequeñas y medianas empresas que no tienden a fugar sus capitales) sino básicamente sirven para expandir y reforzar aún más a las empresas líderes. Prima así la discrecionalidad y falta de racionalidad sistémica del flujo de inversiones. Las empresas líderes invierten o fugan los capitales que acumulan sin considerar los efectos secundarios no deseados por el país. Si esos capitales en lugar de fugarse y evadir el pago de impuestos se invirtiesen dentro del país siguiendo criterios y regulaciones para bajar la intensidad importadora y aumentar la exportadora de la producción nacional, se reduciría el riesgo de caer en estrangulamientos de sector externo.

Por su parte, el sistema financiero que intermedia en la asignación del ahorro nacional tiende a privilegiar colocaciones especulativas más que inversiones en la economía real contribuyendo a desbalancear la matriz productiva con una macrocefalia financiera. Al haberse reducido casi todas las regulaciones que limitaban los movimientos de capitales, la acumulación financiera se torna en un peligroso factor desestabilizador porque en días (o segundos) pueden desaparecer enormes capitales que desquician el sector externo.

Otro elemento que incide sobre el estrangulamiento externo es el perfil de consumo que prima en los sectores medios, volcados por una publicidad engañosa y sesgada hacia un consumismo insustancial. Ese tipo de consumo suele tener componentes importados que, sin regulaciones que protejan la producción nacional, no hacen sino agudizar la escasez de divisas.

Ya se indicó que estas y otras raíces estructurales de los estrangulamientos del sector externo no existen por casualidad ni inevitablemente. Por el contrario, resultan de decisiones políticas (de actuar o no actuar) impuestas por actores poderosos tanto nacionales como del ámbito global. De ahí que para superar los problemas externos, más allá de las nuevas medidas sociales y económicas que se adopten, se requerirá de un necesario sustento político que refuerce el rol orientador y mediador del Estado.

 En procura de superar los estrangulamientos externos

Los frentes de actuación para superar recurrentes estrangulamientos del sector externo son múltiples y diversos; las fuerzas transformadoras escogerán aquellos que las circunstancias de cada situación y su propia capacidad y comprensión así lo aconsejen. No existe una medida que por sí sola logre evitar estrangulamientos externos, ni sirve amontonar medidas descoordinadas. Tampoco se trata de mejorar la gestión de un sistema cuyo mismo funcionamiento continúa reproduciendo los desequilibrios externos.

Para transformar la dinámica que genera los estrangulamientos de sector externo será necesario encarar desafíos más amplios, entre otros los siguientes.

Frenar el drenaje y esterilización del ahorro nacional. Es decir, (i) retenerlo en el país cortando la evasión; (ii) que el ahorro deje de ser mayormente apropiado por una minoría que lo desvía del desarrollo; (iii) que la aplicación del ahorro nacional se oriente en base a una perspectiva sistémica y no en función del solo lucro individual que ignora los negativos efectos secundarios que provoca; (iv) el sistema financiero no puede decidir discrecionalmente sobre la orientación del crédito y del financiamiento de inversiones como si fuese dueño de depósitos que administra (pertenecen a depositantes); su papel más significativo es canalizar la parte del ahorro nacional que le es confiado hacia la economía real y no la especulativa. En definitiva, los recursos que gestionan el Estado y el sistema financiero debieran asegurar una asignación del ahorro nacional que ayude a desmontar la dinámica generadora de los estrangulamientos.

Esto implica encarar la transformación de la matriz productiva que predomina en nuestros países. Es decir, promover una matriz productiva que baje la incidencia de actividades intensivas en importaciones y favorezca aquellas capaces de generar divisas maximizando el uso de trabajo e insumos nacionales. Habrá entonces que orientar inversiones hacia exportaciones con valor agregado y a producir en el país lo que innecesariamente se importa reservando las divisas para cubrir lo que no convenga o no se pueda producir internamente. En esta perspectiva es clave  desarrollar ciencia y tecnología en el propio país de forma de ejercer soberanía del conocimiento ajustada a las necesidades e intereses nacionales.

Habrá que parar la concentración de la riqueza democratizando el sistema económico. No sirven las economías que pretenden dirigir el destino de sus pueblos y funcionan excluyendo de sus beneficios a inmensas mayorías. La economía no puede avanzar defendiendo los intereses que hoy la controlan sino que, en democracias plenas, debe subordinarse al logro del bienestar general y el cuidado ambiental. Aquellos engañosos cantos de sirena que proponen que sólo las grandes mayorías deben ser siempre las que tienen que sacrificarse para lograr un mejor futuro no pueden tolerarse más; las enormes fortunas de personas y corporaciones son quienes más debieran llamarse a resolver lo causado por su propia forma de operar.

Para transformar la realidad concentradora será necesario desmontar uno a uno todos los motores que impulsan la concentración y distribuir con equidad el valor generado en las cadenas de valor entre quienes participan, empresas líderes, medianas y pequeñas, incluyendo una base de emprendimientos asociativos que puede promoverse con desarrolladoras y fideicomisos especializados.

La democratización del sistema económico no se logra sin democratizar el poder decisional. Esto refiere a profundas transformaciones en los medios, la justicia, el sistema educativo y de salud, un financiamiento de la política que impida que los más poderosos sean de hecho quienes digiten candidatos y representantes. En algunos países este esfuerzo por liberar sus capturadas democracias puede realizarse en el contexto institucional existente y, en otros, será necesario ajustar instituciones a nuevos derechos sociales, económicos y ambientales. La democratización del poder decisional depende de la organización y la fuerza relativa que detenten los diferentes actores para lograr controlar los recursos, políticas públicas, iniciativas y capacidad regulatoria del Estado. Con un agregado: las correlaciones de fuerzas no se transforman en base a esfuerzos ocasionales sino profundizándolos en el tiempo para evitar gravosos retrocesos.

Es fundamental un Estado que plantee un nuevo rumbo y forma de funcionar del país; que, sin asfixiar la creatividad social ni resignar efectividades, oriente estratégicamente los esfuerzos de todos los actores hacia el bienestar general y el cuidado ambiental. Un Estado que regule aquello que afecta la marcha del conjunto social, la desaforada especulación financiera, los movimientos desestabilizadores de capitales golondrina; que reduzca la presión impositiva a medida que se detenga la evasión y la fuga de capitales expandiendo con equidad la base de contribuyentes; que establezca estructuras impositivas progresivas; que ejerza prudencia en el endeudamiento; que aplique el gasto público con equidad social y efectividad económica eliminando prebendas y privilegios a sectores afluentes; que priorice a las pequeñas y medianas empresas en particular aquellas de base asociativa; que impulse sistemas inclusivos de educación y de salud abiertos a una permanente búsqueda de mejoramiento.

¿Qué conclusiones extraemos?

Por de pronto que los recurrentes estrangulamientos de sector externo que asfixian el desarrollo no son un mal inevitable; se producen porque existe una dinámica económica que los genera y esa dinámica, que involucra aspectos propios del sector externo y también otros que aparentan estar alejados, puede alterarse. Al hacerlo se afectarán poderosos intereses por lo que habrá que asegurar que las fuerzas transformadoras dispongan del talento y de la fuerza necesaria para enfrentarlos exitosamente.

En estos tiempos donde el engaño y la mentira conforman la argamasa que el neoliberalismo utiliza para colonizar mentes y moldear subjetividades, no es superfluo reiterar ciertas verdades. La economía existente que genera casi inevitablemente los recurrentes estrangulamientos del sector externo, es apenas un tipo de economía de las múltiples que pueden concebirse; fue desarrollándose bajo el influjo de actores prominentes que buscaron preservar sus intereses. El resto, esto es, las grandes mayorías poblacionales poco inciden sobre las decisiones estratégicas, a menos que puedan avanzar en esclarecimiento y organización para transformar.

Por último algo históricamente incontrastable. Un estrangulamiento de sector externo no puede resolverse con el arsenal neoliberal de devaluaciones, endeudamiento soberano, brutales tasas de interés, desregulación del movimiento de capitales, apertura importadora, cierre de fábricas, pérdida de empleos, dura caída de ingresos de trabajadores y jubilados, recesión. Por ahí no hay solución sino dolorosos retrocesos y una mayor concentración, resultado esperable del tipo de  funcionamiento que predomina. Con ese conocimiento toca correr los velos de ocultamiento con los que hemos sido y con frecuencia seguimos siendo sometidos. De esto tratan estas líneas.

 

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