Empresas sociales en China: desconcentrar el crecimiento

El acelerado crecimiento de China de las últimas décadas se dio en un contexto de enormes migraciones rural-urbanas y de un fuerte proceso de diferenciación social que no tenía precedentes en el país. El Gobierno procura corregir este sesgo aplicando una serie de medidas que permita desconcentrar el esfuerzo productivo y con ello lograr una mejor distribución del ingreso nacional, incluyendo promover la conformación de empresas sociales. Este artículo propone una forma, entre varias posibles, de concebir, estructurar y gestionar empresas sociales en China.
Es conocido el vertiginoso crecimiento logrado por China en las últimas décadas. Este crecimiento se logró a través de aplicar profundas reformas en el sistema económico manteniendo el timón de la economía en manos del Estado. Se utilizó la inversión pública para capitalizar sectores estratégicos como infraestructura vial, energía, puertos, aeropuertos, comunicaciones, transporte, entre otros. Al mismo tiempo se otorgaron tratamientos preferenciales a ciertos sectores considerados prioritarios, tal el caso de las industrias de base tecnológica, las manufacturas exportables, el turismo, la producción de alimentos y el sector inmobiliario. Esto fue acompañado por una política monetaria que aseguró una baja inflación y una favorable política de tipos de cambio.

Este acelerado crecimiento dio paso a un importante reposicionamiento de China en el escenario geopolítico y económico global al tiempo que generó una fuerte corriente de inversión privada internacional atraída por la dinamización del enorme mercado interno. Tan vertiginoso crecimiento se dio en un contexto de fuerte migración de zonas rurales hacia las ciudades donde se concentra la inversión y por ende las nuevas oportunidades laborales junto con, al mismo tiempo, un proceso de diferenciación social que no tenía precedente en el país.

La desigualdad de ingresos y sus resultados sobre los niveles de vida de muy diversos segmentos poblacionales llevó, ya hace un tiempo, a la conducción política del país a tomar medidas compensatorias. El primer esfuerzo se dio a través de un mecanismo bien conocido en China cual es la redistribución de ingresos vía servicios sociales que favorezcan a muy amplios sectores poblacionales, como son escuelas, universidades, hospitales, el sistema de seguridad social, saneamiento ambiental y también ciertas muy específicas medidas que llevan adelante las Áreas de Recursos Humanos y Empleo de los gobiernos municipales para facilitar el acceso a empleos de sectores vulnerables.

Por cierto la generación de empleo en sectores dinámicos como construcción, turismo y manufacturas que son intensivos en mano de obra, fue y sigue siendo muy considerable; sin embargo, esa contribución no resultó suficiente para absorber con buenos ingresos a las enormes corrientes migratorias que siguen confluyendo sobre las ciudades. Es en ese contexto de desafíos que el Gobierno de China promueve y facilita la emergencia de pequeñas empresas y de trabajadores por cuenta propia de modo que, en un mismo acto económico, se materialice una mayor producción generada desconcentradamente y una mejor distribución de los ingresos.

De todos modos, aun contando con el apoyo del sector público, los sectores emergentes de pequeños productores encuentran serias restricciones para lograr ingresos que les permitan acceder a niveles de vida comparables con los de los sectores más favorecidos por el crecimiento económico. Es que la pequeña escala representa una dura restricción cuando se ingresa en mercados donde otros actores de mayor envergadura operan con muy superiores niveles de productividad, descolocando a los pequeños productores en competitividad y capacidad de acceder a senderos sustentables de crecimiento. Los esfuerzos por promover la pequeña producción corren así el riesgo de no lograr el objetivo de impedir que la desigualdad se reproduzca y acreciente a través del tiempo, lo que conlleva peligrosas implicaciones en términos de cohesión social y estabilidad política.

Sin embargo, esto no es un resultado inevitable en un proceso de crecimiento acelerado donde el timón de la economía está en manos del Estado. De existir la decisión política, es posible introducir un conjunto de nuevas medidas que, sin afectar la dinámica de crecimiento, permita desconcentrar con éxito el esfuerzo productivo y los consecuentes resultados económicos. Es que existen modernas ingenierías organizativas que permiten articular pequeños productores hasta hoy dispersos en emprendimientos productivos de tamaño medio insertos en promisorias cadenas de valor y con una capacidad de gestión que les posibilita acceder a mejores oportunidades en los mercados interno y externo. En este contexto se ubica el esfuerzo para promover empresas sociales.

La noción de empresa social

No existe una sino varias formas de concebir, estructurar y gestionar empresas sociales. En general se concibe a una empresa social como un emprendimiento productivo (de bienes o servicios) conformado mayoritariamente por personas hasta el momento de bajos ingresos o desocupadas. Pero lejos de constituirse en un geto de familias pobres y vulnerables, una empresa social aspira a convertirse, después de un tiempo inicial de maduración, en una unidad económica sustentable.

De ahí que el primer crucial desafío para una nueva empresa social sea reunir actores diferentes pero que se complementan funcionalmente: (a) pequeños productores que se integran en la empresa social; (b) socios estratégicos que sepan operar la empresa social y agreguen valor con conocimientos tecnológicos, contactos y acceso a mercados; y (c) socios promotores con capacidad de aportar financiamiento, facilitar la inserción de la empresa social en promisorias cadenas de valor y asegurar una equitativa distribución de resultados.

La empresa social constituye una efectiva forma de encarar al mismo tiempo objetivos sociales y económicos.

(i) Genera empleo e ingresos para segmentos poblacionales que, por una razón u otra, quedaron rezagados; en este sentido contribuye tanto al crecimiento del PBI como a mejor la distribución del ingreso.
(ii) Complementa grandes inversiones del sector público proveyendo un canal para financiar con recursos del Estado efectivas actividades económicas que procuran ser sustentables. Una exitosa empresa social puede eventualmente transformarse en un nodo de inversión local con efectos multiplicadores para con el resto de la comunidad.
(iii) Una empresa social también sirve como un buen espacio integrador de la diversidad de culturas y actitudes de quienes participan de ella (familias de bajos ingresos, quien la gerencia y el gobierno local).

Gestión de la empresa social

Un crítico desafío es adaptar formas modernas de gestión a la idiosincrasia, necesidades y objetivos de cada comunidad de modo de preservar su identidad, valores, tradiciones, sus perspectivas sobre lo económico y el medio ambiente. Se trata de desarrollar una forma de gestión que logre superar la tremenda restricción que la pequeña escala impone a cualquier emprendimiento productivo. Mayor escala facilita acceder a un umbral superior de oportunidades. Es que además de acceder a mercados más allá de lo local, un emprendimiento mediano puede contar con áreas diferenciadas de gestión, como administración, ventas, desarrollo de productos, capacitación, finanzas, relaciones externas. Ya no se trataría de una persona o familia aislada, obligada a hacer un poco de todo, limitada en cuanto a alcance y efectividad.

Son varias y diversas las modalidades disponibles para gestionar una empresa social. No sería conveniente reducir esa diversidad a una única fórmula planteada como la más válida, correcta o apropiada. Sin embargo, cualquier modalidad de gestión que fuese escogida debiera (i) combinar exitosamente las habilidades de los pequeños productores para desempeñarse en la empresa social con la efectiva gestión integral de esa empresa que es una unidad económica de tamaño medio, y (ii) encarar con justicia y efectividad temas críticos como son la estructura de propiedad de la empresa social, los niveles e instancias de participación y toma de decisiones, la distribución equitativa de resultados y la eventual utilización de la empresa social como nodo de acumulación de excedentes económicos y, en ese sentido, brazo de inversión de la comunidad.

Cómo estructurar una empresa social

El tipo de empresa social que proponemos integra un gerente/operador, un conjunto de pequeños productores y la comunidad como un todo representada por el gobierno local. Todos ellos participan de la propiedad de la empresa social.

(i) El gerente/operador

Quien gerencia la empresa social es seleccionado por el gobierno local y las familias participantes; debe tener experiencia de gestión y conocimiento del sector específico de que se trate. Si algún miembro de la comunidad reuniese esas cualidades sería el escogido/a pero, si no lo hubiese, se seleccionaría alguien externo que supiese operar y agregar valor a la empresa social. En este caso se exigirían dos requisitos adicionales. El primero es que el gerente/operador supiese trabajar en un espacio multicultural y, el segundo, que se comprometiese a entrenar a quienes dentro de la comunidad pudieran más adelante ejercer la gestión de la empresa social.

(ii) El conjunto de pequeños productores

Los pequeños productores que hiciesen parte de la empresa social tienen (i) el derecho de recibir de la empresa social entrenamiento, los equipos e instrumentos necesarios para realizar con efectividad su trabajo y una justa participación en los resultados, y (ii) obligaciones contractuales que cumplir, como respetar normas y estándares que la empresa social establece.

(iii) La propiedad de la empresa social

La empresa social es co-propiedad de los pequeños productores, del gerente/operador y del gobierno local. Es necesario definir caso por caso el porcentaje de propiedad de cada actor participante de acuerdo al valor social y económico que cada quien aporte. Otros actores pueden ser invitados a participar si ellos también agregasen valor a la empresa social a través de reforzar su base económica, facilitar el acceso a mercados o aportando conocimiento estratégico adicional.

Efectos multiplicadores

Una empresa social presenta dos niveles de inclusión: (i) un primer nivel conformado por los pequeños productores participantes, y (ii) toda una serie de otros pequeños productores (empresas familiares) que le provee bienes o servicios a la empresa social. Estas familias que no hacen parte de la empresa social se aseguran ingresos y una demanda estable por sus servicios a los que de otro modo no lograrían acceder.

La empresa social como eventual nodo de acumulación e inversión

De ser exitosa, la empresa social puede convertirse en un nodo de acumulación e inversión; sus excedentes podrían ser aplicados a otras iniciativas productivas de la comunidad, sea en la misma o en otra cadena de valor, viabilizando proyectos que hoy no logran materializarse por falta de iniciativa y de capital semilla.

El desafío cultural

Cuando comunidades deciden encarar actividades económicas de mayor proyección a las que vienen realizando, les toca adoptar nuevas formas de trabajar y de conectarse con el mundo exterior. Este contacto de culturas diferentes, con un transfondo histórico de confrontaciones e inequidades, junto con la existencia de una diversidad de intereses, necesidades y hasta emociones, presenta desafíos y tensiones que deben ser encaradas con propiedad.

La perspectiva de pequeños productores rurales o urbanos en la que las funciones ejecutivas son asumidas por una persona o una familia en condiciones de extrema escasez de todo tipo de recursos, no es la misma que la de una organización económica de mayor tamaño donde se imponen la división especializada de funciones y otros criterios de gestión. Comunidades, pequeños productores, gerentes/operadores que se seleccionen y los propios gobiernos locales, pueden tener diferentes valores, actitudes y reacciones frente al éxito, el esfuerzo compartido y la adversidad. Es algo difícil, pleno de tensiones, tratar de hacer converger personas y organizaciones tan diversas alrededor de un objetivo común, como es en este caso establecer y gestionar exitosamente una empresa social. Pero habrá que hacerlo; trabajando con habilidad y transparencia para generar confianza y entendimientos, para superar desencuentros entre quienes buscan sumar esfuerzos. En última instancia, una empresa social puede resultar un excelente vehículo para que diferentes actores transformen su diversidad cultural y de intereses en un valioso activo socioeconómico.

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