Emprendimientos inclusivos: asociando equidad con excelencia

Aunque toque enfrentar no pocos desafíos, es posible establecer promisorios emprendimientos productivos que beneficien a comunidades pobres en base a una apropiada estructura de propiedad, un bien seleccionado socio estratégico, una gestión de excelencia y moderna ingeniería de negocios. Los emprendimientos inclusivos hacen parte de una búsqueda de nuevas formas de estructurar las actividades económicas; representan un tipo de actor productivo que aspira a conjugar equidad con efectividad y responsabilidad
La crisis global ha empeorado la desigualdad y pobreza en el mundo; se mantienen las penurias que afectan a gran parte de la población y se reproducen situaciones que condujeron a la crisis. A pesar de varios meritorios esfuerzos, no se ha logrado aún enrumbar la trayectoria sistémica hacia un desarrollo sustentable. Pero cada vez con mayor peso van emergiendo voces, análisis y propuestas estratégicas en procura de nuevos rumbos. Es el momento de robustecer ese proceso concibiendo instrumentos y estructuras socioeconómicas que ayuden a materializar en el plano de lo concreto las soluciones de nuevo cuño. Los emprendimientos inclusivos hacen parte de esa búsqueda de nuevas formas de estructurar las actividades económicas; representan un tipo de actor productivo que aspira a conjugar equidad con efectividad y responsabilidad.

1. Estrategias para abatir desigualdad y pobreza

Antes que nada dejemos en claro que la desigualdad y pobreza pueden ser abatidas; pero no se lo logra con un “programa especial” segregado de las regulaciones que orientan el rumbo y la forma sistémica de funcionar. Por el contrario, será necesario integrar ese objetivo en todos los aspectos y niveles de la política y práctica socioeconómica; desde la normativa macroeconómica pasando por los comportamientos mesoeconómicos (en particular de quienes lideren cadenas de valor y tramas productivas), incluyendo un efectivo apoyo a la base de la pirámide social y un trabajo permanente sobre valores sociales y actitudes individuales (1).

(i) Soluciones a través de proveer mejores servicios sociales

Algunas soluciones para abatir desigualdad y pobreza pasan por proveer a los sectores de la base de la pirámide social mejores servicios de educación, salud, seguridad, vivienda, etc. Esto puede lograrse con una más apropiada y efectiva asignación del gasto público junto con firmes cambios en el sistema tributario para quitarle la alta regresividad que suele caracterizarlos en nuestros países del hemisferio sur. Es igualmente importante asegurar la estabilidad monetaria porque es sabido que las situaciones inflacionarias provocan gruesas transferencias de ingresos entre sectores y personas, castigando a los más vulnerables y agravando la desigualdad.

En situaciones de emergencia social se acude a subsidiar a las familias carenciadas para cubrir de alguna forma sus más elementales necesidades básicas. Los subsidios evidencian el fracaso del sistema económico para incluir productivamente a esa inmensa masa poblacional. Y, aunque necesarios para salir al cruce de la crítica situación de las familias carenciadas, de mantenerse por largos períodos terminan afectando la cultura de trabajo y facilitando el establecimiento de un clientelismo nefasto para el funcionamiento democrático. Ese tipo de subsidios no debieran plantearse a perpetuidad sino como una transición desde la emergencia hacia soluciones más sustentables.

(ii) Soluciones orientadas a generar empleos e ingresos vía crecimiento económico

Otras soluciones, que no reemplazan a las anteriores, se orientan a generar empleos e ingresos para los sectores de la base de la pirámide social. Las políticas convencionales (y no por convencionales menos importantes) procuran que la generación de empleos e ingresos se produzca a partir y como efecto del crecimiento de la economía como un todo. El crecimiento de algunos actores y sectores económicos genera efectos multiplicadores que se irradian a través de las redes y tramas productivas en las que operan. Con ese impulso se favorecen proveedores, distribuidores, comercializadores, talleres que agregan valor al producto final, Todos ellos, de una forma u otra, participan con justicia o marginalmente de los resultados obtenidos, crecen en alguna proporción bajo el influjo de la expansión económica.

Quiere decir que la expansión económica de “algún modo” y en “algún grado” se derrama hacia el conjunto de la economía. El problema es que esos “modos y grados” no se distribuyen en forma homogénea sino que suelen ser en general modestos o inexistentes para los sectores de la base de la pirámide social. De ahí que desde no hace mucho tiempo se plantee el desafío de “extender” de forma concertada los efectos multiplicadores del crecimiento económico a los sectores rezagados de la sociedad; para lograrlo, se procura remover una serie de restricciones que obstaculizan, desvían o esterilizan esos efectos benéficos. El eje de este enfoque pasa por lo que denominamos responsabilidad mesoeconómica de empresas líderes de cadenas productivas y la promoción de lo que se identifica como negocios inclusivos.

(iii) Responsabilidad mesoeconómica y negocios inclusivos

Si los empresarios no asumiesen como propia la responsabilidad de ayudar a generar empleo genuino y limitasen su aporte social a pagar impuestos y participar de proyectos filantrópicos, será muy difícil abatir la desigualdad y la pobreza; es poco probable que el sector público y las organizaciones de la sociedad civil por sí sólos puedan lograrlo. Esto no significa transformar al empresario en una organización de desarrollo pero sí reconocer lo que es: un actor que incide sobre el desarrollo. La responsabilidad primaria, pero no exclusiva, del empresario es asegurar la viabilidad económica de su empresa. Sin embargo, sus decisiones empresariales impactan sobre su entorno mesoeconómico, es decir, sobre el funcionamiento y los resultados de otras empresas y otros actores económicos; en definitiva, sobre la generación de más y mejor empleo genuino.

De hecho se dan múltiples situaciones en la trayectoria de las empresas donde al encarar una particular decisión se pueden considerar diferentes alternativas entre las que optar, todas las cuales pueden darle a la empresa similares resultados pero cuyos impactos fuera de la propia empresa pueden ser muy diferentes. Si a la empresa no le importase lo que sucediese fuera de su estricto ámbito inmediato de actuación, podría escoger una opción basándose en un análisis de rentabilidad centrado sólo en su interés de corto plazo y despreciando el impacto indirecto de sus acciones. Pero si la empresa tomara conciencia que sus opciones en materia de decisiones empresariales (tecnológicas, comerciales, organizacionales, etc) tuvieran –como tienen- efectos colaterales diferenciales en su mercado y comunidad, entonces podrían integrar a su análisis decisional esos efectos indirectos para intentar agregarles mayor racionalidad e impacto mesoeconómico. Vale aclarar que no se trata de sumarle un nuevo rubro de costos al cálculo empresarial (al menos no significativo), sino de generar nuevos beneficios al contexto en el que operan lo que, directa o indirectamente, a mediano o largo plazo, terminan favoreciendo a la propia empresa, a su trama productiva y a su comunidad.

Es este un crucial frente de trabajo para dar paso a una economía social y economicamente más sustentable. Esta concepción parte de reconocer que el problema de la desigualdad, la pobreza, la desocupación no es patrimonio exclusivo de los afectados y de los gobiernos de turno: es co-responsabilidad de los organizadores de la producción. Por tanto, las soluciones a tan complejo problema involucran tanto a los diferentes niveles de gobierno como al universo de empresarios, emprendedores y los propios sub o desocupados.

(iv) Nuevos criterios estratégicos para abatir desigualdad y pobreza

De lo anterior surge un nuevo conjunto de criterios básicos para orientar los esfuerzos por abatir desigualdad y pobreza: (i) el apoyo a los rezagados y vulnerables no puede limitarse a cubrir su subsistencia durante emergencias; lo que requieren son condiciones para poder movilizarse productivamente; (ii) el sector público cumple el crítico rol de poner en vigencia adecuadas políticas macroeconómicas que aseguren la plena movilización de los factores productivos disponibles, facilitando la formación de capital en los segmentos poblacionales de la base de la pirámide social y así su mejor integración al sistema productivo nacional; es el responsable de establecer un buen marco regulatorio que ofrezca seguridad y equidad a las iniciativas productivas; (iii) los empresarios pueden y deben asumir un rol aún más crítico en la creación de empleo genuino ampliando su ámbito de responsabilidad para considerar el impacto de sus propias decisiones empresariales en otros actores de su entorno mesoeconómico. De esta forma, la creación de empleo genuino no resulta tan sólo un objetivo macroeconómico y, por tanto, responsabilidad exclusiva del sector público; tampoco la creación de empleo es sólo el resultado microeconómico del esfuerzo de cada empresa individual o de las organizaciones de la sociedad civil: todo ello cuenta y cuenta mucho, pero a esto debe ahora sumársele la responsabilidad mesoeconómica de las empresas, en particular de aquellas que líderan cadenas productivas.

La visión mesoeconómica otorga más realismo y viabilidad a la co-responsabilidad empresarial porque no se trata de sobrecargar el plantel de trabajadores de una empresa determinada, sino de movilizar el poder económico que ejercen en su cadena de valor para ayudar a generar más y mejores empleos. De este modo, proveedores, distribuidores, contratistas que agregan valor al producto final, podrían beneficiarse del conocimiento, los contactos, el acceso a mercados y la capacidad de gestión de las empresas de mayor envergadura.

En algunos casos este tipo de iniciativa mesoeconómica para apoyar a pequeños emprendedores surge espontánea sin necesidad de otro respaldo que reglas claras que aseguren que se aplicarán con justicia y equidad. En otros casos, especialmente en regiones o localidades con extendida desocupación, esto no es suficiente y será necesario promover nuevas iniciativas. Es aquí donde se requiere otra batería de instrumentos capaces de promover la movilización productiva de enormes sectores poblacionales rezagados, incluyendo fondos locales de apoyo a la inversión productiva, desarrolladoras de negocios inclusivos, y redes de inversores ángeles social y ambientalmente responsables.

2. Otro paso adelante: los emprendimientos inclusivos

Los negocios inclusivos surgen así con el respaldo de algunas empresas líderes de cadenas productivas que buscan mejorar el impacto de sus decisiones empresariales sobre otros actores de menor envergadura; expresan de ese modo su responsabilidad mesoeconómica.

Otra estratégica área de actuación emprendedora es la de los emprendimientos inclusivos. Esto se refiere a establecer unidades productivas de nuevo cuño que articulen pequeña producción hoy dispersa utilizando moderna ingeniería de negocios disponible en el mercado. Se trata de conformar organizaciones económicas de porte medio que, por su escala y capacidad de gestión, logran acceder a más promisorias oportunidades.

¿Qué estructuras de negocios pueden utilizarse para integrar en una organización de tamaño mediano a pequeños productores de la base de la pirámide (que es lo que le daría el carácter de inclusivo al emprendimiento)? Puede usarse, entre otras muchas modalidades, la fórmula de una franquicia, de una cooperativa, de un consorcio de exportación, de una central de servicios que atiende a una red de productores, de una agroindustria locomotora o supermercado solidario que organiza y canaliza la producción de pequeños agricultores. Se trata de promover, además de un «negocio” inclusivo (bienvenido que exista), un «emprendimiento» inclusivo.

En un emprendimiento inclusivo los pequeños y micro productores participan de su propiedad y de sus resultados sin afectar sino reforzando una efectiva gestión. Para ello suelen asociarse con socios estratégicos que acercan conocimientos y tecnología de excelencia, acceso a contactos, a mercados, a formas modernas de estructurar y gestionar emprendimientos. En la economía contemporánea el valor agregado no financiero (conocimiento, información, pertenencia a redes de relaciones, moderna ingeniería de negocios) pesa tanto o más que el capital financiero. De ahí que no se busque consagrar “guetos” de pobres sino facilitar que los pequeños productores puedan ser parte constitutiva de iniciativas productivas exitosas, dando orígen a un nuevo tipo de actor económico. Se trata de cerrar una inmensa brecha que es económica, de conocimiento y de responsabilidad social y ambiental. He ahí los pilares fundacionales de un emprendimiento inclusivo. A través de un ejemplo presentaremos otras de sus más importantes características.

Un ejemplo vale más que mil palabras

Hace unas semanas fui invitado a presentar la iniciativa de emprendimientos inclusivos ante un calificado grupo de gobiernos locales, organizaciones comunitarias, pequeños productores y universitarios (2). Un grupo de productores indígenas de la sierra ecuatoriana presentó una valiosa experiencia de economía solidaria. Son agricultores que poseen ancestrales conocimientos en materia de alimentos, muchos de ellos desconocidos en los mercados urbanos occidentalizados. Señalaron que esos alimentos tienen un alto valor nutricional y son producidos organicamente. Se venden en ferias y puestos locales en pequeñas comunidades a través de “caseritas”, mujeres que atienden los puntos de venta en forma tradicional: se acercan los eventuales compradores, consideran calidades y regatean precios. En el transcurso del proceso de venta se conversa sobre algunos otros temas no comerciales (hechos locales, situaciones familiares, el clima, etc).

Los representantes indígenas resentían que la población de las ciudades no les comprasen sus productos, frescos, diversos, organicamente producidos, sino que se volcasen a adquirir la oferta de los supermercados urbanos en los que, además, no hay con quien conversar (“uno va, toma los productos, los pone en el carrito, va a la caja, paga y se va; no hay caseritas”).

Reflexionamos sobre la situación planteada intentando identificar una vía de solución. Por un lado, si bien algo se puede influir sobre los consumidores urbanos respecto al perfil nutricional de los alimentos que adquieren, no es sencillo establecer y, peor aún, sostener la lealtad de esos consumidores para con los productos ofrecidos por las comunidades allí representadas. Es que la comodidad de encontrar toda la gama de productos de consumo doméstico en un solo lugar de fácil acceso es un atractivo muy difícil de superar. Las nuevas costumbres, la infraestructura hogareña para conservar alimentos y la aceleración contemporánea tienden a reemplazar las pequeñas compras diarias por compras semanales o quincenales de mayor cuantía.

La pregunta que abrió un nuevo rumbo de análisis fue si no valdría explorar el establecimiento en la ciudad de un supermercado solidario. Esto es, tomando como base el activo de contar con una comunidad de pequeños productores organizados en una iniciativa de economía solidaria, ver de avanzar de la producción hacia la moderna y más efectiva comercialización de sus productos a través de un supermercado asociado.

Del diálogo surgieron varios puntos para ir perfilando la eventual iniciativa. Por de pronto, el supermercado solidario sería propiedad de (i) los pequeños productores indígenas organizados en torno a la experiencia de economía solidaria, adquiriendo su participación con facilidades asociadas con su condición de proveedores, (ii) municipios y gobierno provincial, (iii) un socio estratégico con experiencia supermercadista. El socio estratégico participante debe agregar valor financiero junto con moderna ingeniería de negocios, efectiva gestión del emprendimiento inclusivo y acceso a financiamiento.

La estructura de propiedad debiera garantizar una efectiva gestión económica, ejerciendo plena responsabilidad societal, social y ambiental. Conducir emprendimientos productivos exige una agilidad operacional que no se compadece con un estado de asambleismo permanente, por lo que deben establecerse apropiadas instancias y modalidades de supervisión de la gestión de modo de conciliar un efectivo seguimiento del conjunto de propietarios con la flexibilidad gerencial requerida para asegurar una efectiva toma de decisiones.

El supermercado solidario integraría la modalidad de contar con “caseritas” en las secciones de productos perecederos (en particular frutas y verduras). Ellas serían el contacto con los clientes hasta cerrar cada compra, aunque el pago se efectuaría en las cajas generales. Para el resto de productos no perecederos se adoptarían los procedimientos habituales de los supermercados.

Los productores indígenas canalizarían su producción al supermercado, ajustando calidades y formas de presentación a los requerimientos de los clientes urbanos. De esta forma tendrían el doble beneficio de colocar su producción a un precio justo y de participar en los resultados del supermercado solidario.

El supermercado constituye un nodo de acumulación; de ser exitoso acumula excedentes que pueden ser asignados a distintos propósitos; algunos de ellos relacionados con la permanente adecuación del establecimiento, otros con la expansión de cobertura abriendo nuevos locales de venta. Pero parte del excedente puede ser aplicado a otros emprendimientos de la misma cadena de valor; por ejemplo, se mencionó la necesidad de filetear y empacar el brócoli que producen, una forma de agregar valor a la producción y lograr mejor compensación. Para ello es necesario establecer una pequeña planta empacadora que quizás podría ser financiada con aportes del supermercado, de los propios productores más algún crédito bancario. Este esquema viabilizaría un promisorio proyecto que hoy no logra materializarse.

Quedó también explicitado que el contacto de culturas diferentes presenta desafíos y tensiones que es necesario encarar con propiedad. La perspectiva de la pequeña producción donde casi todas las funciones ejecutivas son asumidas por una persona o una familia, no es la misma que la de una organización económica de mayor tamaño donde se impone la división especializada de funciones: la naturaleza y criticidad de la programación y coordinación de actividades es bien diferente en un caso y en otro.

De igual modo difieren valores, actitudes, reacciones frente al éxito y la adversidad. Habrá que trabajar para establecer entendimientos y superar desencuentros transformando en un valioso activo la diversidad cultural de los actores que suman sus esfuerzos.

En fin, un ejemplo es un ejemplo y no establece ni consagra teoría alguna; sin embargo da una idea de la potencialidad y desafíos que un emprendimiento inclusivo presenta. Como siempre, el resultado de una experiencia novedosa depende de quién la conduce, cómo es planteada y del grado de efectividad que logra materializar. No ayuda caer en un voluntarismo ingenuo ni descreer de toda innovación guiados por un cínico determinismo. En esencia se trata de tener claro el rumbo y los objetivos, aplicar creatividad, alinear intereses y organizarse para acceder a oportunidades de una manera sustentable.

Pero, ¿quién está en condiciones de promover el establecimiento de emprendimientos inclusivos y cómo podría actuar? Habrá que analizar opciones, definir modalidades de actuación, evaluar ventajas y desventajas de cada una. Este autor propone la conformación de desarrolladoras de emprendimientos inclusivos, tema que amerita ser cubierto en un próximo artículo.

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Notas: 1) Entre muchas otras fuentes que plantean un enfoque comprehensivo, puede consultarse de este autor el libro Un país para todos, Colección Opinión Sur, 2006
2) Encuentro Regional de Gobiernos Locales, organizado por la Fundación Esquel en la ciudad de Riobamba, provincia de Chimborazo, Ecuador, 30 septiembre y 1 de octubre de 2009.
Ver Video

Encuentro regional de gobiernos locales: herramientas para fomentar emprendimientos

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