El precio del descontrol

La tendencia del capitalismo es hacia la concentración. En su fase mas tardía, esa concentración es fundamentalmente financiera, lo que provoca la distorsión de toda la economía, que se vuelve oligárquica y rentística. La desigualdad resultante termina por minar el sistema, para cuyo salvataje las elites acuden a soluciones cada vez mas absurdas e injustas. Sólo una respuesta democrática, popular, y masiva lograra frenar esa nefasta tendencia.Con el colapso de los socialismos de estado hace mas de veinte años, y el auge del neo-liberalismo posterior, se instaló en el mundo –y no sólo entre las elites—una ideología del descontrol, con las siguientes características: desconfianza hacia el estado, desprecio del sector público, revalorización del egoísmo privado, confianza ciega en el “mercado libre,” hegemonía del discurso económico por sobre todo otro discurso político y social, canalización del talento y la ambición hacia metas de lucro exclusivo, predominio entusiasta del manejo financiero como “producto” principal de la economía. Esta ideología fue elaborada y transmitida desde usinas de opinión (think tanks) a través de los medios masivos de comunicación. La muy mentada globalización fue interpretada principalmente como el derecho incontestable del gran capital a moverse con libertad sin respetar fronteras, y a una velocidad muy superior a la movilidad de los trabajadores de las diversas sociedades. Toda oposición a ese estado de cosas fue desconsiderada como resabio de un modo de pensar y de actuar fracasados y supuestamente condenados por la historia.

Esta ideología del descontrol encubría graves tendencias en la economía política mundial (léase geopolítica), con serias consecuencias sociales y políticas. Pasaré revista a estas tendencias y consecuencias en los renglones que siguen. Seré muy breve.

La consecuencia geopolítica principal ha sido el traslado de la economía productiva de bienes reales de Occidente hacia el Oriente. El crecimiento económico de los grandes países asiáticos has sido impresionante. Se basa en el traspaso de tecnología y en la explotación de mano de obra barata. Es un proceso de acumulación primitiva que el Occidente conoció hace doscientos anos. Como en Occidente otrora, el Oriente hoy pasara a nuevas etapas de desarrollo, de movilidad social colectiva e individual, y de modernización de la sociedad. A mayor desarrollo, mayor ingerencia en la política mundial, incluyendo el poderío bélico. Entretanto, en Occidente se aceleró la desindustrialización y aumentó el peso del sector servicios. La llamada economía postindustrial, promovida como un futuro de gran bienestar, en realidad disimula una realidad económica y social muy distinta, y en muchos sentidos lamentable: mayor desigualdad (el coeficiente Gini se ha disparado en todos los países, pero sobre todo en los EE.UU.), compresión de la clase media, descenso social de los trabajadores, decadencia de la educación y de la infraestructura. Durante veinte años se engañó a la mayoría con el espejismo del consumo endeudado. Al final de este periplo, la burbuja explotó y dejó al descubierto una mayora expuesta a la mas dura intemperie: hipotecas insostenibles, educación carísima, escasa cobertura de salud, y servicios degradados. El descenso social, una vez manifiesto, deja a las masas en estado de miedo, rabia, y confusión. Estos son los ingredientes de ideologías sintomáticas de corte autoritario: en suma, la busca de chivos expiatorios parta esquivar la dolorosa verdad de un engaño masivo. Sucedió en los años treinta, y esta sucediendo otra vez. Es cierto que la historia no se repite, pero sí rima.

El capitalismo tardío se caracteriza por el predominio del sector financiero. Este sector es altamente concentrado, con tendencia a aumentar la concentración. No “produce” otra cosa que fórmulas para extraer rentas de los otros sectores de la economía. En otras épocas, el concepto de “renta” en economía se refería a la propiedad de la tierra. Hoy, en la fase tardía del capitalismo financiero, “renta” es un termino que se puede aplicar a todos los sectores importantes de la economía. Es la tesis que sostiene Joseph Stiglitz (premio Nobel) en su libro mas reciente, titulado The Price of Inequality. Stiglitz argumenta que, en condiciones teóricas de un mercado perfectamente libre, la tendencia seria una disminución de la tasa de beneficios hacia cero. Con esta tesis, Stiglitz se acerca mucho a la predicción de Marx en El Capital. Para postergar la tendencia y evitar el derrumbe de todo el edificio capitalista, las empresas se defienden promoviendo una tendencia inversa, hacia el monopolio, que les permite manipular precios y mantener una tasa de ganancia aceptable. Utilizan también todo un arsenal de asimetrías e imperfecciones del mercado (información desigual, manipulación de tasas de interés tipo LIBOR, insider trading, etc.). Las encuestas sociológicas demuestran que hoy la cultura de Wall Street y de la Citi en Londres acepta el truco y el engaño como elementos indispensables del “éxito” de los operadores económicos . En la base de todos estos “trucos” esta el aumento de la concentración y la desigualdad. Esta situación, a su vez, genera inestabilidad y crisis, con la posible consecuencia de una crisis financiera global. Cuando los deudores y victimas del sistema financiero agotan sus recursos y entran en quiebra, su bancarrota puede trasmitirse rápidamente a los bancos, compañías de seguros, y fondos de inversión. En este caso, el sector financiero acude al argumento de que si se hunde, arrastraría a toda la economía (“somos demasiado grandes para fracasar”). Por ende, acude al estado, es decir a los fondos de los contribuyentes, a que lo salve con emisión de dinero, inyección de capitales, y ayuda pública directa. En suma, quienes acapararon ganancias a través de la renta se abocan, in extremis, a la socialización de sus pérdidas. En ese momento el carácter parasitario del sector financiero se muestra –como el rey de la fabula—desnudo. El capitalismo tardío, que en su ideología tanto vilipendia al estado, debe acudir precisamente a él en caso de salvataje. Con ese fin ubica a sus agentes en las instituciones del estado. Es por ello que el gran economista John Kenneth Galbraith sostenía que en países como los Estados Unidos, el único “socialismo” aceptable es el socialismo para ricos.

Dada esta situación grave y lamentable, el razonamiento económico nos lleva a concluir que los sectores altamente concentrados y rentísticos de la economía deberían –en nombre de un capitalismo mas sano y viable—ser desconcentrados a través de la regulación y de la nacionalización. El sector bancario, en particular, se ha vuelto rapaz y en muchos casos ha capturado al estado. La solución racional seria su nacionalización lisa y llana como un servicio público a favor de pequeñas y medianas empresas y de otros sectores productivos de la economía. Pero ¿cómo lograr una política seria por parte de un estado “capturado” por los mismos grupos que deberían ser regulados? La respuesta es clara: sólo puede lograrse a través de la concientización y la movilización democrática. El capitalismo tardío (financiero y rentístico) trata de asustarnos con el cuco de un derrumbe del sistema si no los ayudamos (como contribuyentes) y con el espectro de la lucha de clases. Frente a tales sustos la respuesta debe ser clara y contundente: No temamos al derrumbe de este sistema, y – sí; nuestra sociedad necesita de una nueva dosis saludable de lucha de clases. El conflicto es la sal de la vida. Sin conflicto social solo habrá “crisis sistémicas,” y nunca una sociedad mejor.

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