El frágil bit de BRIC

A pesar de la reputación de potencia que tiene Brasil, América Latina necesita aprender de China para asegurar un futuro crecimiento económico

Fotografía: Paulo Whitaker/Reuters

En Sudamérica, el ininterrumpido crecimiento de la cosecha de soja –que se exporta en gran medida a China- está destruyendo la selva tropical y los sistemas agropecuarios tradicionales.

En los últimos treinta años, tanto China como naciones a lo largo de América Latina han buscado apartarse de los modelos económicos que miraban hacia adentro para integrarse en la economía mundial. En 1980, la producción colectiva de América Latina era siete veces mayor que la de China. Ahora, la economía china es mayor que todas las de América Latina juntas.

En el proceso de dejar atrás a América Latina, China arrastró consigo algunas economías de la región, pero las implicancias de más largo plazo podrían ser menos favorables. El ascenso chino ha sido bueno para América Latina en la última década. Las exportaciones de la región a China crecieron nueve veces entre 2000 y 2009 en términos reales, superando ampliamente el crecimiento global de las exportaciones de América Latina. En 2009, las exportaciones de América Latina a China alcanzaron los 41.3 mil millones de dólares, casi el 7 % del total de exportaciones latinoamericanas. El pico de exportaciones a China anterior a la crisis financiera de 2006 fue de 22.3 mil millones de dólares.

Estas tendencias han contribuido a espolear el crecimiento económico en América Latina no solo porque China es un destino de exportación, sino también porque la demanda china restringe la oferta global disponible y sube así el precio que los latinoamericanos reciben de sus exportaciones a otros socios comerciales. Sin embargo, este regalo caído del cielo no ha sido compartido ampliamente. Como señalo en mi nuevo libro escrito con el economista político uruguayo Roberto Porzecanski, The Dragon in the Room: China and the Future of Latin American Industrialisation, cinco países y un puñado de sectores generaron casi el 80 % del total de las exportaciones a China. China está en parte propulsada por el hierro, el cobre, el crudo y la soja de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú. La inversión externa china, que ahora llega a los 30 mil millones de dólares, ha ido en gran medida a esos mismos países y sectores.

No está claro si China será, en un futuro de más largo plazo, una sostenida fuente de demanda por materias primas de América Latina. Incluso si China mantuviese su apetito por materias primas de América Latina, no todas las consecuencias podrían ser positivas. China podría acentuar la sobre dependencia que América Latina tiene respecto a sus exportaciones de materias primas y poner en riesgo la capacidad regional para diversificar su canasta de exportaciones hacia manufacturas y servicios modernos. Esto sin tener en cuenta que podría también causar muy duraderos efectos sociales y ambientales.
Por ejemplo, entre 1995 y 2009 la producción de soja brasilera se cuadruplicó, en parte por el hecho de que alrededor de la mitad del total de exportaciones de soja fue a China. Al mismo tiempo, el empleo en el sector de la soja se redujo a medida que el cultivo se hacía altamente mecanizado. Más aún, la demanda creciente de la soja ha sido asociada a la deforestación de 528.000 kilómetros cuadrados en el Amazonas brasilero. Esta deforestación ha amenazado el sustento de muchos indígenas brasileros y contribuido a acentuar el cambio climático global.

Al hacer nuestra investigación, descubrimos que casi todos los productos de exportación de América Latina y el Caribe están “bajo amenaza” de China. Utilizando información de trabajos anteriores del Banco Asiático de Desarrollo, definimos como amenaza a aquellos productos de los mercados mundiales en los que la cuota de mercado china está creciendo mientras que la de América Latina y el Caribe está ya sea reduciéndose o manteniéndose igual. Vemos que el 92 % de las exportaciones de manufactura de Latinoamérica caen bajo amenaza de China, representando el 39 % del total de exportaciones de la región.

China no debe ser culpada. Estas tendencias son mayormente el resultado de políticas adoptadas por países latinoamericanos. Muchos países adoptaron “terapias de shock” o el “Consenso de Washington”. Sus gobiernos liberalizaron rápidamente los regímenes de comercio e inversión y redujeron la participación del Estado en asuntos económicos, a menudo a través de privatizaciones que en varios casos fracasaron rotundamente.

China ha elegido un abordaje más gradual para integrarse en los mercados globales. A diferencia de América Latina, China se embarcó en un programa de reforma económica orientado a lograr una integración estratégica en la economía mundial siguiendo una política de “doble vía”. Ésta consistía en liberalizar la inversión extranjera y el ingreso de insumos importados para ciertas seleccionadas industrias; mientras apuntalaba esos sectores hasta su maduración cuidaba a otros sectores hasta que estuvieran listos para competir con las importaciones.

América Latina haría bien en aprender lecciones de China, especialmente en el ámbito del desarrollo industrial, e impulsar algunas de sus propias innovaciones. Hay algunas señales alentadoras. El Banco de Desarrollo de Brasil ha comenzado nuevamente a tomarse en serio la industrialización. Chile tiene un fondo de estabilización que separa ciertos ingresos provenientes del cobre y los atesora para cubrir eventuales caídas en la demanda y los precios, mientras libera fondos para realizar una modesta protección del medio ambiente. Las exportaciones a China –y el ejemplo general de China- podrían o no ser una oportunidad para América Latina.

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