El Campeonato Mundial de la Corrupción

La corrupción, es decir la trama de prácticas ilícitas que ligan el sistema económico con el político, tiene muchas caras y modelos distintos  pero en todos los casos con efectos nefastos que conviene enumerar y analizar:  desigualdad, fragilidad institucional, ingobernabilidad, rebelión e inseguridad global.  Las redes sociales y las nuevas tecnologías de comunicación exhiben el fenómeno pero no lo corrigen.  Desembocan así en una caricatura de la transparencia que podemos denominar pornografía del poder.

 

Las editoriales y comentarios de la prensa mundial están repletos de noticias y opiniones sobre múltiples denuncias de corrupción, en particular en estos últimos días con las revelaciones de cuentas ocultas o encubiertas en Panamá, cuyos titulares son empresas fantasmas armadas por abogados con el propósito explícito de ocultar a los verdaderos beneficiarios.  En algunos casos éstos están al descubierto pero, en su mayoría, se trata de sociedades de responsabilidad limitada que nacen y mueren con gran velocidad, y cambian de dirección de uno a otro paraíso fiscal.  En otros casos se trata de cuentas a nombre de testaferros que actúan como agentes de personajes conocidos en altas esferas de gobiernos, organismos internacionales, federaciones deportivas y célebres artistas y campeones.

El estudio jurídico Mossak-Fonseca cuyas fichas (un millón y medio) han sido robadas y reveladas (en una operación cuya dimensión supera enormemente a las primeras revelaciones de Wikileaks por el célebre prófugo Julian Assange y está en la misma liga que las revelaciones en materia de espionaje del célebre prófugo Edward Snowden) es sólo parte de un sistema que abarca varios cientos de otros estudios en países grandes y pequeños, respetables o no, avanzados y subdesarrollados, en todos los continentes, grandes poderes emergentes (China), antiguas y adustas repúblicas como Suiza o Liechtenstein, o mas jóvenes repúblicas bananeras.  El lavado de dinero es una industria internacional, con división de tareas, de larga data y tradición.  La misión de esta especialidad jurídica es facilitar la circulación anónima de grandes sumas de dinero acumuladas en forma explícita o ilícita, o simplemente de haberes que buscan evitar o evadir impuestos, pasando de un lugar con rigor impositivo a un lugar con poco control, o directamente atractivo para capitales golondrinas.  Con la creciente desigualdad de ingresos y riqueza en todas las latitudes, el volumen de fondos que pasan por esta ruta de circulación ha alcanzado cifras siderales.  Es el paroxismo del ancien régime mundial en el que nos encontramos.  A este campeonato mundial de la corrupción sólo le falta que lo organice la súper corrupta FIFA (Fédération Internationale de Football Association).

Para un sociólogo los datos revelados son una rica fuente de información sobre cada “país real” frente al “país legal.”  La novedad es que como tantas dimensiones de la vida social de hoy día, estas prácticas se han globalizado.  Su revelación y difusión (función lateral de la misma globalización) desenmascaran las pretensiones de la elites dirigentes sin hacer mayor distingo entre gobiernos y partidos, izquierdas y derechas, sistemas establecidos y mercados emergentes.  En muchos casos, la corrupción hasta desciende por la escala social, se vuelve capilar, y afecta a muchas clases y estamentos de la sociedad.

Conocemos los sistemas mas notorios de corrupción (Afganistán, Uzbequistan, Nigeria, Zimbabue y Rusia para citar algunos) y la rebelión contra la cleptocracia en otros casos (la primavera árabe en Marruecos, Argelia, Túnez y Egipto).  Pero somos menos conscientes de la corrupción en países mejor organizados (Europa, Estados Unidos, Reino Unido).  En realidad, prácticas que son ilegales en algunos países son lícitas en otros, que en comparación simulan ser mas “transparentes” y dan lecciones de moral. ¿Qué diferencia existe entre la corrupción ilegal en un país como Brasil y la influencia perfectamente lícita de grandes sumas de dinero en las campañas electorales de los Estados Unidos?  ¿Cuál es la distinción entre privilegio personal, consolidación de poder familiar, establecimiento de una virtual dinastía y acciones filantrópicas en la Fundación Clinton?  ¿Cómo operan los famosos PACS (comités de acción política) en la selección de políticos norteamericanos? ¿Por qué un asalariado como el que escribe estas líneas debe pagar mas del 40% de sus ingresos en impuestos mientras un gran (y honesto) multi-billonario como Warren Buffet paga sólo el 17%, mucho menos que su secretaria, como él mismo admitió (y para honra suya denunció)?  Quien quiera conocer los distintos “modelos” de corrupción y su incidencia sobre la seguridad global puede consultar la investigación de Sarah Chayes que abarca desde los “gobiernos limpios”, pasando por los que no lo son y llega hasta el Vaticano. (Sarah Chayes, Thieves of State, Norton 2015).

En este panorama, digno del tango Cambalache, uno tiene la impresión de que “no se salva nadie”, lo cual no es cierto pero no por ello menos difundido, con un efecto perverso sobre la opinión pública.  La lista de los involucrados llenaría una guía telefónica.  Así, con el descrédito de las distintas clases políticas cunde un cinismo social y un oportunismo político que aprovechan otros aspirantes al poder y al privilegio, demagogos populacheros, jueces inquisitoriales, periodistas en busca de sensación, o “salvadores de la patria” de triste recuerdo en países que sufrieron el flagelo autoritario y militar en otras épocas.  Los escándalos que resaltan los medios y sus peripecias, dignas de una fotonovela, tienen el mismo efecto que el exhibicionismo pornográfico. Cabe por lo tanto hablar de una verdadera pornografía del poder.  Pero al igual que la pornografía original, el efecto sobre la conciencia popular es enervante en un principio y cansador a la larga por medio de la saturación.  Es el caso estudiado otrora (1903) por el gran sociólogo alemán Georg Simmel en la sicología social de una gran metrópolis: el sobre-estímulo genera una actitud de indiferencia que él denominaba blasé (aburrimiento y resignación).

Plus ça change, plus c’est la même chose (cambiar todo para que nada cambie).  Para muestra basta un botón y aquí lo tengo. En los últimos meses, Brasil fue sacudido en sus cimientos por una serie de escándalos de corrupción cuya magnitud excede el volumen de fechorías en otros países proclives al escándalo, como es el caso de Italia –país en el que me ha tocado vivir durante el capítulo político que siguió al periodo de las denuncias y juicios por corrupción.  Conviene por lo tanto sacar algunas conclusiones y aprender algunas lecciones del caso italiano tan notorio y ya sedimentado.

En 1992 en Italia se levantó la tapa que cubría una serie de prácticas escandalosas entre políticos y hombres de negocios, prácticas que se ejercían regularmente en las cuatro décadas que siguieron al fin de la Segunda Guerra Mundial, durante la larga hegemonía de un solo partido –la democracia cristiana.  Los magistrados de Milán indagaron y sentenciaron a un número abultado de ejecutivos y funcionarios, vinculados entre si y con la Mafia.  Nadie fue inmune a la indagación y a la sanción judicial.  Varios personajes involucrados en corrupción fueron a la cárcel.  Otros se suicidaron, entre ellos el magnate simpático, fraudulento y regatista internacional Raúl Gardini.

Por un período de varios meses Italia se volvió una república de jueces.  Sin embargo, a pesar de las investigaciones y sanciones, a la larga nada cambió en el sistema de favores y manejos turbios con dinero mal habido. Las coimas se hicieron todavía mas cuantiosas y el panorama político aun mas sombrío.   Apenas dos años después de la operación judicial denominada Mani Pulite (Manos Limpias) dirigida por los jueces, el multimillonario jefe y propietario de un imperio de medios (televisión y periódicos) Silvio Berlusconi entró en la política, prometiendo una nueva época de reformas y estabilidad, y ofreciéndose como alternativa “fuera de sistema” a la vieja y corrupta clase política de posguerra.  Berlusconi fue elegido Primer Ministro de 1994 al 1995, del 2001 al 2006, y del 2008 al 2011.  Su carrera política fue asaz exitosa y prolongada, a pesar de que durante su ejercicio de la primera magistratura estuvo continuamente defendiéndose ante la justicia por cargos varios de corrupción y corrupción agravada.  Como paladín de la derecha neo-liberal, siempre sostuvo que los cargos eran simplemente un ataque político por parte de los jueces de izquierda –algo así como un intento de “golpe en cámara lenta.”  Berlusconi logró hacer elegir al parlamento diputados y senadores afectos y afines que cambiaron la legislación para proteger al primer ministro. Berlusconi finalmente renunció antes presiones cruzadas aunque tardías en el 2012 pero sigue hasta el momento como un gestor de alianzas políticas parlamentarias y al frente de sus negocios (es todavía el hombre mas rico de Italia), sin sufrir condena por delitos probados. (Sobre la gestión de Berlusconi ver Maurizio Viroli, La libertà dei servi, Laterza 2010.)

Muchos ciudadanos italianos apoyaron con su voto a Berlusconi, alegando que sus fechorías no eran peores que otras tantas cometidas por muchos hombres de negocios en Italia y por políticos ambiciosos y codiciosos pero menos hábiles.  Berlusconi fue considerado distinto sólo en el sentido que era mas astuto que los demás, un “vivo” cuyos éxitos en negocios y relaciones amorosas eran, más que delitos, acciones ejemplares para un sector de la población.  Esta actitud es lamentable pero muy difundida, no sólo en Italia sino en otros países entre los que se encuentran en la actualidad los Estados Unidos, en especial con el ascenso espectacular del “Berlusconi norteamericano” Donald Trump, cuya base social no es muy distinta de la que retrató Eric Fromm para el caso de Alemania en su célebre y antiguo libro El Miedo a la Libertad (original 1941, con edición en castellano, traducción y  prefacio de Gino Germani, Paidós).

Entretanto, el país mas importante de América Latina se ve hoy paralizado por un escándalo de corrupción que tiene como epicentro a una institución “campeona” del capitalismo estatal –Petrobras (Petróleos Brasileiros SA), aparentemente utilizada por un gobierno progresista y popular para corregir la desigualdad (una de las mayores del mundo) e incorporar a masas antes marginadas al sistema productivo y de consumo nacional, pero a costa de “calmar a los mercados” (léase los grandes capitalistas y financistas) a través de prebendas y coimas transformadas en pagos paralelos a diputados en un congreso fragmentado.   Como reacción, también aquí se ha instaurado una especie de república de jueces, mientras que políticos y parlamentarios de uno y otro bando intercambian denuncias por corrupción, supuestas fechorías y, para peor, amenazas de destitución del ejecutivo, con golpes y contra-golpes que han frenado la capacidad de gobernar en momentos de crisis económica, de disminución brutal en las exportaciones y del fin del súper-ciclo que alimentaba el crecimiento espectacular de los llamados BRICS. Y esto en plena preparación del país para las Olimpiadas de 2016 que de esta manera amenaza en transformarse en un escaparate del disparate. La situación es tan grave que afecta al lema del pabellón brasileño evocando otras dos proposiciones de acuerdo con el espectro político en pugna: por derecha “Ordem e Progresso para uns poucos,” y por izquierda “Corrupção e Progresso para muitos mais.”  Detrás de esta telenovela diaria u horaria hay una verdadera tragedia, mas griega que tropical, que gira en torno a un impasse fatal: la gobernabilidad de un gran país y la sostenibilidad de los modelos principales de crecimiento y acumulación.  De éstos me ocuparé en una nota ulterior.  Por el momento, para corrección y redención nos queda la conocida imagen de Michelangelo en la Capilla Sixtina:

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