Economía para la gente, el planeta y el futuro

Una economía sólida sustenta una buena regulación y una buena regulación sustenta una economía sólida.

Somos economistas que pensamos que la economía tiene que estar al servicio de la gente, el planeta y el futuro.

Las reglas son importantes en una economía tanto como lo son en los deportes. Cuando los apostadores manipulan el juego, los jugadores desacatan las reglas, o si en el campo de juego no hay competentes referees, el resultado es una farsa y no una competencia justa.

No obstante algunos sostienen que las regulaciones son siempre malas para la economía. Ellos creen que “liberar” a los negocios de las reglas que protegen la salud pública, mantener competitivos a los mercados y asegurar la solvencia financiera es la ruta hacia la prosperidad. Esta oposición ideológica a la regulación, epitomizada por el rechazo de la Ley Glass-Steagall[1], desmanteló el cortafuegos que existía entre la banca comercial y la de inversión, y abrió la puerta a la avaricia y el comportamiento temerario que culminó en nuestra actual crisis económica.

Algunos sostienen que la regulación “destruye empleos”. Nos cuentan que las empresas tomarían más empleados si no tuvieran que preocuparse acerca de cosas como la seguridad en el lugar de trabajo, salarios dignos, agua y aire sin contaminación o los estándares transparentes de contabilidad. Están totalmente equivocados. Las buenas regulaciones no disuaden inversiones. Las buenas regulaciones no desincentivan la creación de puestos de trabajo. Por el contrario, buenas regulaciones constituyen un ingrediente necesario en cualquier economía saludable.

Han sido los mercados financieros no regulados los que destruyeron millones de empleos, tan cierto como la contaminación no regulada que mata personas.

Algunos sostienen que deberíamos tratar a las corporaciones como si fueran personas, permitiendo que los grandes negocios y bancos financien las campañas políticas y dándoles rienda suelta a los lobistas. Ya hemos probado permitir que los políticos y los directores de empresas se vigilen a sí mismos. El veredicto está a la vista: hemos pagado el precio en vidas robadas, salud dañada, rescates masivos y empleos que desaparecieron. Resulta que el “todo vale” significa que todo vale para aquellos que pueden pagar por ello. Necesitamos reglan justas y transparentes que gobiernen nuestro sistema político y que sean firmemente aplicadas.

Una economía sólida sustenta una buena regulación y una buena regulación sustenta una economía sólida.

Demandamos regulaciones para prevenir que grandes bancos hagan de nuestro sistema financiero nacional un casino de juego a cara o cruz.

Hacemos un llamamiento para regulaciones que salvaguarden la solvencia de las familias trabajadoras, la salud de la gente y el medioambiente natural como la herencia común para las generaciones presentes y futuras.

Demandamos regulaciones que pongan el peso de la prueba sobre las corporaciones para probar que es seguro introducir nuevos químicos en nuestros aire y agua, y nuevos instrumentos financieros en nuestros mercados de capitales, de la misma manera que los fabricantes de remedios y alimentos deben hacer bajo las leyes de la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos.

Extendemos nuestro apoyo al objetivo de construir una economía donde los negocios, los bancos y los políticos deban rendir cuentas ante el pueblo, el planeta y el futuro.

[1] . N.T.: La Ley Glass-Steagall es el nombre bajo el que se conoce generalmente la Ley ‘Banking Act’ de los Estados Unidos (Pub. L. No. 73-66, 48 Stat. 162), que entró en vigor el 16 de junio de 1933 y fue la ley que estableció la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC) y que introdujo reformas bancarias, para controlar la especulación; entre sus características destaca la separación entre la banca de depósito y la banca de inversión. Esta ley fue promulgada por la Administración Franklin D. Roosevelt para evitar que se volviera a producir una situación como la crisis de 1929. Fuertemente criticada desde mediados de los años 70, fue finalmente derogada el 12 de noviembre de 1999 por la Financial Services Modernization Act, más conocida como Ley Gramm-Leach-Bliley, justo a tiempo para permitir la constitución de Citigroup. https://es.wikipedia.org/wiki/Ley_Glass-Steagall

 

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