Después del neoliberalismo

El neoliberalismo suele terminar su hegemonía generando encerronas económicas que castigan duramente a los sectores populares y provocan situaciones altamente inestables. Cuando el desenlace deviene crisis, quienes toman el timón con la “papa caliente en sus manos” deben maniobrar en la turbulencia que les dejaron. En ese contexto toca reaccionar sin dejarse atrapar por las presiones y consignas de los mismos grupos que generaron la catástrofe. Aducirán urgencia para responder a la crisis de modo de poder contrabandear la defensa de sus intereses y privilegios. Si no estamos alertas y preparados para enfrentar esas presiones, desaprovecharemos la mejor oportunidad para imponer transformaciones de fondo sobre caliente. Dos ejemplos para ilustrar el caso.

Lo primero que aducirán quienes desencadenaron la crisis es salvar a las entidades financieras. Salvarlas para restaurar el papel que jugaron no tiene sentido, en cambio sí lo tiene salvar al sistema financiero transformando a fondo su estructura y funcionamiento.

Otro tema que aducirán será proseguir con la reducción del déficit fiscal sin tocar a los sectores concentrados de mayores ingresos y pagando a rajatabla los onerosos vencimientos de la tremenda deuda soberana que nos han impuesto. El ordenamiento macroeconómico es muy importante pero no a costa de los sectores medios y populares. Corresponde que los de mayor riqueza e ingresos, aquellos que lucraron desaforadamente durante la fase neoliberal, asuman plenamente el costo del desastre que dejaron. Esto implica desmontar los motores de la concentración sufrida, transformar la estructura impositiva, el gasto público y la orientación del crédito, poniendo en marcha una economía que sirva a todos, cuide del ambiente y sea gestionada con soberanía, justicia y equidad.

Se avecinan cambios importantes que no debieran tomarnos por sorpresa.

Cordial saludo,

 

Los Editores

Deja un comentario