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Democracia nacional populista y sus impactos en la estrategia

La actual corriente de populismos de derecha en occidente dista mucho de los populismos históricos y progresistas del mundo en desarrollo. Éste es intolerante, reaccionario, persecutorio y desatento a las consecuencias. Este ensayo explora las consecuencias geopolíticas de esta tendencia.

 

En una célebre conferencia sobre la política como vocación, Max Weber se refirió a una posibilidad emergente en sistemas políticos modernos, que llamó Democracia Plebiscitaria del Líder (plebiszitären Führerdemokratie). Como nacionalista alemán pero también como un lúcido y objetivo analista, Weber no desestimó esa fórmula porque pensó que el liderazgo carismático podría proveer un balance a la maquinaria impersonal y desalmada del gobierno moderno y por lo tanto acortar la distancia entre el público y las instituciones del estado.

El razonamiento político en el mundo moderno complejo es un desafío incluso para los más hábiles estadistas, hombres y mujeres. Weber sostenía que el juicio político es aprendido a través del propio ejercicio del poder político. Debe ser perfeccionado por medio de la educación política práctica, es decir, a través de una larga experiencia en formular intenciones y evaluar sus posibles resultados. Adherir a un set coherente y estable de objetivos y el razonamiento instrumental hacia esos fines requiere de una forma de objetividad, una frescura que debe ser aprendida. Ésta es una genuina visión estratégica. Weber la llamó “la política de la responsabilidad”.

Weber insistió que en la ausencia de tal educación política, si se les confía a las personas comunes la toma de decisiones políticas o el juzgar los resultados políticos, ellas tienden a responder emocionalmente. Para Weber el aglutinamiento de sus espasmódicos caprichos y deseos puede resultar en una fuerza política peligrosamente desestabilizadora. Un líder responsable asistido por una dosis de carisma sabe cómo encauzar esas emociones manteniendo una mente fría sobre las decisiones y conoce sus probables consecuencias.

Agregaría a esta crítica Weberiana que incluso posiciones calculadas acerca de un tema considerado urgente o importante por el pueblo, cuando se lo aísla de otras cuestiones, produce una administración deficiente. Por ejemplo, un referéndum es un voto directo en el que al total del electorado se le pide que vote sobre una propuesta particular. Esto puede resultar en la adopción de una nueva ley, pero rara vez es parte de una visión estratégica comprensiva.

Pero,  ¿qué ocurre cuando los propios líderes son carismáticos pero ignorantes, irracionales e improvisados, cuando al liderar ellos siguen obstinadas creencias simplistas independientemente de sus consecuencias? En este caso, la desestabilización se agrava.

Mientras el mundo escora hacia el populismo reaccionario y los votantes a veces logran elegir demagogos autoritarios para los más altos puestos en sus tierras, corresponde analizar el impacto de estos nuevos regímenes en la geopolítica.

Acerca de los caminos a través de los cuales los populistas acceden al poder, vale la pena mencionar que en vez de formar nuevos partidos populistas han tenido éxito tanto en infiltrarse como en apropiarse de los partidos conservadores tradicionales (en el Reino Unido y en Estados Unidos) como ha argumentado Jan Werner Mueller.  Esto plantea una importante cuestión. ¿Qué es lo que induce a los grupos a ceder el poder y legitimar esta cesión? En su libro Ruling Oneself Out, Ivan Ermakoff focaliza en dos casos paradigmáticos de ese tipo de renuncia—la aprobación de un proyecto de ley que en un caso otorgaba a Hitler el derecho a enmendar la constitución de Weimar sin supervisión parlamentaria (1933) y en el otro otorgaba poderes constitucionales a favor de Marshal Petain en la Francia de Vichy (1940). Ermakoff reclasifica las abdicaciones como el resultado de un procesos de alineamiento colectivo que en mis estimaciones ha venido sucediendo en Estados Unidos y el Reino Unido por bastante tiempo, al igual que en otros países importantes. En lo que sigue consideraré sólo las consecuencias geopolíticas que ocurren luego de las abdicaciones.

Luego de considerar las diversas políticas que usualmente resultan de una nueva administración nacional populista, es difícil discernir una estrategia coherente. A lo sumo esas políticas llevan a un nuevo orden volátil. La política exterior “a la antigua” como Zbigniew Brzezinski[1] lo anunciaba. ¿Por qué una conclusión tan aleccionadora?

Con todos sus pros y contras, la globalización ha hecho al mundo mucho más interdependiente que antes. La compresión sin precedentes del espacio y tiempo, de los mercados, la comunicación interpersonal, la difusión y el desarrollo tecnológico, las migraciones masivas y el veloz impacto de todos estos fenómenos sobre el clima y el medioambiente, hoy forman una verdadera “world-wide web” (red mundial), yendo mucho más allá de Internet. En consecuencia, una verdadera visión estratégica requiere conocer y conectar estas dimensiones y propone un camino que priorice los mejores beneficios de la globalización para la humanidad y mitigue sus numerosas disfunciones.

Pero el populismo, y su doble el nacionalismo, no conectan los puntos. A través de sus líderes son más proclives a explotar una serie de cuestiones individuales inconexas. El foco puesto en una única cuestión distrae al público con múltiples solicitudes separadas y evita que el individuo desarrolle una visión ecológica que aborde la complejidad. Iniciativas inconexas—generalmente no más específicas que slogans y llamados impulsivos—son abordadas en serie o simultáneamente, sin formular nexos entre ellas ni anticipando sus efectos secundarios ni (para usar el antiguo lenguaje de la sociología) sus probables funciones latentes (Merton).

En la arena internacional, el populismo nacionalista es una forma de hacer fuertes a las naciones individualmente, pero sólo en apariencia, con bombos y platillos en vez de con sustancia, y peligroso en el caso de las superpotencias. Como resultado aumentan los riesgos de una guerra, o más precisamente, se multiplican. A continuación van algunos ejemplos.

En tanto las naciones desean proteger sus intereses en comercio y seguridad, ellas pueden tanto proseguir por la vía de organizar alianzas y pactos comerciales (más probable hoy a nivel regional que global). O por el contrario, pueden elegir “ser firmes”, esto es, dándole la espalda a las otras naciones. La última es una situación de suma cero  o peor, de pérdida para ambas partes. En términos de Pareto, la situación geopolítica requiere de la astucia del zorro y no del rugido del león. Bajo el populismo nacionalista, las naciones obtendrán exactamente lo opuesto—la postura errada en el momento equivocado.

Cerrar las fronteras de manera irreflexiva puede resultar popular en tanto reafirmación de “soberanía” pero las probables consecuencias de esa acción son la disrupción de las cadenas de distribución, mayores precios para los consumidores locales y mayores costos laborales, los cuales dada la dinámica del capitalismo llevarán a un más acelerado reemplazo de los trabajadores por robots. Para citar al famoso inversor Seth Klarman “aunque pueda ser popular, la razón por la que Estados Unidos abandonó hace mucho tiempo las políticas de comercio proteccionistas fue no sólo porque ellas no sirven sino que realmente dejan a la sociedad mucho peor”.

Aunque China es aún menos poderosa que Estados Unidos, su tamaño económico y su ambición, combinados con el tamaño de su población, la convierte en la única otra posible superpotencia. Su expansión adicional es inevitable (salvo por una guerra total). Hasta ahora muchas personas en occidente estuvieron preocupadas por si en su expansión China mantendría un sistema político autoritario no liberal, en vez de seguir el ejemplo de occidente. Pero conforme occidente mismo se va corriendo hacia un marcado autoritarismo y mucho de su proclamado “poder blando” se disipa, el prestigio compensatorio de China como una pragmática potencia “entusiasta” y verticalista aumentará.

En el Pacífico, en 2017 el peso regional de China se incrementará como resultado del precipitoso retiro estadounidense del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP x sus siglas en inglés). El Senador republicano John McCain describió la decisión del presidente como un “error grave que tendrá consecuencias duraderas para la economía estadounidense y nuestra posición estratégica en la región de Asia-Pacífico. Creará una apertura para que China reescriba las reglas económicas de esta senda en detrimento de los trabajadores estadounidenses. Y enviará una señal preocupante de retirada estadounidense de la región Asia-Pacífico en un momento en que no podemos darnos ese lujo”. Las instituciones lideradas por China han demostrado ser atractivas para un creciente número de países. La mayoría de los aliados de Estados Unidos se han sumado al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura pese a la oposición de Estados Unidos.

En términos estratégicos, la actitud más relajada de China ante la grandilocuencia de Trump sigue una vieja regla geopolítica que se viene aplicando desde el General Sun Tzu al presente y quien mejor la expresó fue Napoleón Bonaparte: Nunca interrumpas a tu enemigo cuando él está cometiendo un error.

En el hemisferio occidental, el propuesto repudio al NAFTA (por sus siglas en inglés, Tratado de Libre Comercio de América del Norte) entre México, Estados Unidos y Canadá es una perfecta ilustración de las consecuencias no intencionadas de políticas “nacionales” unilaterales mal concebidas.

Si sólo tomamos el sector agrícola, la nueva política de cierre de fronteras de los Estados Unidos asestará un golpe en el centro estadounidense, irónicamente uno de los bastiones más populares del apoyo a Trump. En tanto esté involucrada la oferta de alimentos de Estados Unidos y México, los aranceles punitivos harán estragos en las cadenas de distribución. En el mercado de carne vacuna, un tema que estudié para mi análisis del desarrollo argentino[2], terneros criados en pasturas en estados mexicanos son enviados a través de la frontera cuando cumplen un año. Los feedlots de Texas los engordan y luego las plantas empaquetadoras estadounidenses los faenan. Finalmente, cortes de carne son exportados de vuelta hacia las ciudades mexicanas. Éstas y muchas otras cadenas se verían interrumpidas por las políticas proteccionistas.

Si estas políticas proteccionistas fuesen aprobadas, los mexicanos primero sufrirían y luego se adaptarían. Las políticas estadounidenses los forzarían a trabajar en diversificar sus mercados de una vez por todas. Los granjeros estadounidenses tendrán incluso mayores problemas para adaptarse a la situación que también los perjudicaría a ellos. Un viejo proverbio mexicano dice: “Pobre México; tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. El nacionalismo estadounidense haría que México estuviera menos cerca de Estados Unidos. Como resultado, podría si no aproximarse a Dios, seguramente acercarse a nuevos mercados en la Unión Europea, Asia y Rusia.

Una de las disfunciones más lamentables del nuevo proteccionismo estadounidense es el daño que produce a las hasta ahora bien organizadas y con alta performance pequeñas economías. Como Mohamed A. El-Etian ha escrito “la pertenencia a eficaces instituciones internacionales colocó a esos países en las consecuentes discusiones de política global, mientras que sus propias capacidades les permitieron explotar las oportunidades de las cadenas productivas y de distribución transfronterizas. Pero, en momentos donde surge el nacionalismo, estas pequeñas economías abiertas, por mejor administradas que estén, tienden a sufrir”.

El cierre de las fronteras también llevará al deterioro de la colaboración en información e inteligencia transfronteriza, y el inevitable aumento de las “redes negras” del crimen organizado y el terrorismo.

Rehusarse a actuar en la mitigación del cambio climático, y en algunos casos la negación ideológica de ese cambio climático, sólo puede exacerbar el estrés sobre el planeta produciendo masivas migraciones humanas. En cuanto a las tendencias demográficas y el problema de las emisiones de carbono ninguna exposición es más clara que la del fallecido estadístico sueco Hans Rosling.[3]

Una disfunción latente similar podría resultar del fanatismo religioso y el rechazo a promover el control de la natalidad en los países en desarrollo, que es dónde la explosión de población produce migraciones y violentas manifestaciones.

Otro ejemplo extremo—pero en el actual clima político no tan descabellado—es el religioso, moralista y hasta paranoico rechazo a las vacunas, que podría llevar a plagas y pestilencias. Brevemente, el camino al infierno está plagado de políticas de causas fundamentales, que son las políticas más “populares” en nuestro desafortunado mundo.

Incluso más preocupantes que los ejemplos mencionados anteriormente es el endurecimiento de una mal concebida Realpolitik entre los líderes nacional populistas, que es un culto a la fuerza y fervor mesiánicos apenas disfrazados. Una convergencia en estilo e ideas entre los recientemente elegidos populistas y los ya establecidos dictadores no es un buen augurio para el estado de derecho, la diplomacia efectiva ni los derechos humanos. Las alianzas entre los dictadores no perduran y tarde o temprano sucumben ante el recurso a la fuerza contra los otros. La relación entre Hitler y Stalin—probablemente los dos peores canallas de la historia moderna—es un elocuente caso para mencionar. Hay buenas y malas alianzas. El populismo nacionalista tiende a elegir las malas, precisamente porque está comprometido con objetivos absolutistas.

Por otro lado, una potencial consecuencia positiva no intencionada de una “entente cordiale” entre los presidentes Putin y Trump podría muy bien implicar la reintegración—por rebote—de la hasta ahora tambaleante Unión Europea, si ambas, Alemania y Francia, sobreviven a la arremetida del populismo nacionalista en sus respectivos ciclos políticos en 2017. Si lo logran, los líderes de la Eurozona podrían perfectamente repensar su estrategia. Una opción sería construir una unión más flexible con una “geometría variable”, favorecida por algunos miembros de la actual clase dirigente alemana. La alternativa sería una Europa más cercana, favorecida por algunos políticos en Francia, Italia y Alemania. Cualquier camino que se elija, las instituciones europeas serán las que detentarán el poder para hacer que suceda, especialmente los recursos económicos sobre los cuales los inversores han vuelto a apostar. La nueva estrategia de desarrollo favorecería mayor igualdad, mayor inclusión, la reparación de las redes de contención y el correlativo abandono del fallido modelo de crecimiento basado en el crédito, aumentando el precio de los activos y la estancada productividad. Ese modelo ha alcanzado sus límites. Todo lo que queda de él es generalizada inequidad, alto desempleo, una población joven marginada sin empleo ni activos y el populismo en ascenso.

En tanto el triunfo del populismo nacionalista en Inglaterra y Estados Unidos hace que estas dos naciones sean la sede de incluso mayores inequidades debido a las políticas restrictivas en comercio y migraciones, el revival de una Europa reformada haciendo uso de su aún sólida red de contención social podría muy bien cambiar el balance geopolítico en su favor. Si llegara a pasar, sería la consecuencia no intencionada más afortunada del triunfo de la extrema derecha en el mundo anglosajón. Si por el contrario, Europa sigue la tendencia nacionalista, con candidatos antieuropeos accediendo al poder en Francia y en los Países Bajos, entonces el conjunto de occidente se fragmentará, debilitará y encaminará hacia una serie de conflictos superpuestos posiblemente violentos.

[1] . N.T. Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad internacional con Carter e informal asesor con Obama, conocido por su postura antisoviética, favorece la salida diplomática a los conflictos basada en la cooperación internacional, opuesto a la guerra de Irak de Bush, promoviendo libertad y democracia para Europa pero no para el sudeste asiático.

[2] . Juan Corradi, The Fitful Republic, Boulder: Westview Press, 1985.

[3] https://www.theguardian.com/globaldevelopment/video/2013/may/17/population-climate-change-hans-rosling-video?CMP=share_btn_link

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