De Dos a Tres: Dos tipos de guerra fría

De cómo el conflicto tripartito entre EEUU, Rusia y China fomenta el desorden geopolítico en el resto del planeta. El conflicto entre dos es muy distinto al conflicto entre tres.  Este último estimula el cambio periódico de alianzas y promueve la intervención de otros poderes que aunque menores son capaces de desestabilizar las relaciones aun mas.

La primera Guerra Fría, entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, fue una relación diádica de enemistad (el matrimonio  entre dos personas es, por el contrario, una relación diádica de unión fuerte, con mayor intensidad tanto de amor como de celos y eventualmente de odio también).  En esa Guerra Fría, la posibilidad de destrucción mutua llevó a una convivencia tensa, sin confrontación frontal y con desplazamiento de la violencia hacia otros países de menor poder.

La introducción de una tercera potencia cambia radicalmente la situación.  En la actualidad, estamos viviendo el surgimiento de una Guerra Fría triádica entre los EEUU, Rusia, y China.

¿En qué se diferencian una díada y una tríada?  Para responder a esta pregunta vale referirnos a la obra del gran sociólogo alemán Georg Simmel[1].  La relación entre tres –tanto de amistad como de enemistad—diluye la intensidad de una díada, y al mismo tiempo aumenta el número de alianzas y combinaciones posibles, con mayor volatilidad del conjunto.  El gran cambio estructural se da en el paso de dos a tres, y el ulterior incremento en el número de actores no altera  la importancia del salto inicial (por ejemplo la eventual adición de la India al club de grandes potencias). Se trata de un atributo puramente formal, que se aplica tanto a las relaciones interpersonales como al equilibrio o desequilibrio geopolítico entre potencias. Ayer la buena relación entre EEUU y China dejaba a Rusia de lado.  Hoy, el acercamiento entre Rusia y China deja a los EEUU de lado.  Potencias menores aumentan la inestabilidad.  Irán está cerca de Rusia y ésta frustra la estrategia norteamericana en Medio Oriente, en particular en la guerra civil siria.  Por su parte, Arabia Saudita e Israel se unen para frenar a Irán y utilizan a Yemen como campo de batalla sustituto.  Turquía compra armas a Rusia mientras se mantiene en la OTAN y usa a la Unión Europea de rehén.  América Latina se acerca a Europa, a pesar de que tanto Mercosur como la Unión Europea están debilitados, esta última por varias cuñas hábilmente introducidas por Rusia y China por separado.  Gran Bretaña se separa de Europa para caer en una relación mas estrecha pero abusiva con los EEUU.  En lugar de un nuevo orden mundial estamos frente a un caleidoscopio de lazos móviles y conflictos múltiples.  El dominio otrora incontestable del poder norteamericano hoy se enfrenta a nuevos desafíos que no sabe cómo manejar.

En una tríada, es difícil mantener un equilibrio equidistante entre los tres polos.  Existe siempre la posibilidad de una alianza de dos contra el tercero, y esas alianzas tienden a cambiar de un momento a otro.  Como consecuencia, el orden internacional es frágil y volátil.  Ya en la época de la primera guerra fría, el presidente Nixon jugó “la carta china” con su viaje al celeste imperio y con el establecimiento de relaciones entre los dos países.  Entre otros objetivos, esa alianza incipiente puso una cuña entre la URSS y la República Popular de Mao Zedong.  Fue un esbozo de relación triádica, que eventualmente floreció en el futuro.  Hoy, con la novedad de una China-potencia, se está dando un distanciamiento mayor y una creciente hostilidad entre los Estados Unidos y China.  Al mismo tiempo, el presidente ruso Vladimir Putin juega él ahora “la carta china” para aumentar su poder y aislar a los norteamericanos.  Es un juego tríadico simétrico e inverso a la antigua movida de Nixon.  Es a mi juicio una consecuencia no deseada de la torpe política exterior del señor Trump, con consecuencias que irán mas allá de su confusa administración. 

El nuevo furor norteamericano contra China (una supuesta amenaza muy exagerada) no es patrimonio exclusivo de Trump y su partido (el otrora Grand Old Party de Lincoln y Eisenhower irreconocible hoy), sino que cunde también entre los demócratas, que son presa del nuevo jingoísmo.  Este nuevo consenso en contra de China, sumado a actitudes contradictorias respecto de Rusia, no augura nada bueno para un posible orden internacional.  Por añadidura, en los países de occidente existe una gran des-conexión entre la dinámica política interna y la dinámica geopolítica. Los populismos que hoy cunden en varios países no contribuyen para nada a la estabilidad de un orden internacional. Esto conduce a un impasse estratégico de alarmantes dimensiones.  El disenso interno en estas sociedades[2], el disenso externo entre antiguos aliados, y la disgregación de bloques,  opacan toda visión estratégica coherente. Caen las viejas alianzas de la primera guerra fría mientras surgen alianzas volátiles y oportunistas en la era de la tríada.

Si estalla una guerra, es probable que la próxima sea por parte de una coalición volátil contra Irán.  Conducirá a un nuevo error en la percepción de “profundidad estratégica” por parte de los Estados Unidos (es decir: una victoria inicial, seguida de un empantanamiento sin fin).  Conducirá a una carrera armamentista nuclear en medio oriente, con bombas atómicas en manos de Irán, Arabia Saudita y hasta de los emiratos árabes.  Rusia aprovechará la situación para ganar posiciones en su periferia y actuar (falsamente) como mediador en un conflicto con Irán, mientras China otorgará a Rusia un apoyo pasivo en la retaguardia.  Los aliados europeos de los EEUU brillarán por su ausencia.  Inglaterra, una vez afuera de la Unión Europea, contará muy poco.  En extremo oriente, la tensión continuará entre China y los países de su periferia como Vietnam, pero el problema mayor seguirá siendo Corea.  China esta a punto de recuperar el dominio sobre su periferia marítima, en detrimento del poder norteamericano en el Pacífico. La pseudo diplomacia de Trump no disminuirá en un ápice el programa nuclear de Corea del Norte, y eso llevará a Japón a cambiar de tesitura pacifista y prepararse para lo peor, aun con armas atómicas si lo considerase necesario.

En esta relación triangular ¿qué oportunidades y obstáculos se presentan para los muchos otros países que tienen menos poder?  ¿Podrán establecer nuevos bloques para tener influencia en el conflicto triádico, por ejemplo como mediadores, árbitros, u otras formas de jugadores externos?[3]  O, por el contrario, ¿quedarán fragmentados, a merced de intereses y apetencias de las tres potencias principales, o en el peor de los casos, serán terreno de violencias o peones de un tablero en el que las potencias principales se enfrentarán de manera indirecta pero desastrosa para esas sociedades? 

¿Qué estrategias deberían distintos países en África, Europa, América, Asia y Oceanía encarar para no ser pasto de luchas hegemónicas?  ¿Podrán actuar con astucia e independencia o serán meros bancos de ensayo de conflictos mayores?[4] ¿Se independizarán de un poder hegemónico para caer en la esfera de influencia de otra potencia? Finalmente, y tomando como ejemplo la guerra civil en Somalia, ¿caerán algunas potencias medianas en la tentación de pelearse ellas también en forma indirecta, apoyando distintas facciones en otros países desgarrados por conflictos internos?[5]  En resumen: el conflicto tripartito entre EEUU, Rusia y China fomenta el desorden geopolítico en el resto del planeta.

Frente a este desorden, hay todavía algunos atisbos de iniciativas geopolíticas sanas y racionales, pero están condicionadas por la situación política interna de los países participantes.  La promesa de un acuerdo de bloques entre  Mercosur y La Unión Europea enfrenta obstáculos difíciles de superar, entre ellos la volatilidad interna de distintos países y el surgimiento de un nacional-populismo reacio a toda política de conjunto que sea positiva y de largo plazo.  La proliferación de nacionalismos no conduce a un nuevo orden internacional: es un sentimiento falso basado en un oxímoron (¿una “internacional nacionalista?”).  El populismo, de cualquier signo, es eficaz en la oposición pero ineficaz para cualquier proyección estratégica seria y de largo alcance. Mucho me temo que la recomposición de un verdadero orden global sea sólo posible, como en el pasado, en un futuro proceso de reconstrucción que se iniciará después de una gran guerra.


[1] The Sociology of Georg Simmel, translated, edited, with an introduction by Kurt H. Wolff,  Glencoe: The Free Press, 1958, pp.136-36, 145-169.

[2] Podemos afirmar que la democracia plebiscitaria en occidente fomenta el nacionalismo autoritario y conduce a conflictos internacionales.

[3] Hay algunos países especializados en este rol positivo de mediación, como es el caso de Noruega.

[4] La situación no es nueva.  El caso histórico mas trágico de “banco de ensayo” fue la destrucción de Guernica por la aviación de las potencias fascistas en vísperas de la segunda Guerra mundial.

[5] En Somalia, los Emiratos Árabes Unidos por un lado y Qatar por el otro apoyan facciones enemigas, mientras el infortunado país se desgarra.

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