¿Cuatro Cisnes Blancos o Cuatro Caballos de Color?

¿Cómo calificar las crisis que se superponen?

Hay cuatro crisis que se despliegan frente a nosotros y son causa de consternación.  Tienen una inquietante semejanza con los cuatro primeros sellos del Libro de la Revelación, en la escatología religiosa de occidente.

Según un colega de la Universidad de New York,  el economista Nouriel Roubini (que los periódicos califican de “Dr. Catástrofe”), estamos frente a varias crisis muy serias, o acontecimientos sísmicos que amenazan al orden internacional.  En contraste con los “cisnes negros” que estudió el analista financiero Nassim Nicolas Taleb [1](acontecimientos catastróficos inesperados), Roubini habla de “cisnes blancos” (catástrofes potenciales discernibles)  y advierte: «Este año se ven en el horizonte varios cisnes blancos potencialmente sísmicos. Cualquiera de ellos podría desencadenar graves perturbaciones económicas, financieras, políticas y geopolíticas como no se había hecho desde la crisis de 2008. » (citado en Project Syndicate, Febrero de 2020).  En este artículo propongo revisar los cuatro principales y rebautizarlos: ya no como aves sino como equinos variopintos: nada menos que los cuatro caballos (y sus respectivos jinetes) del Apocalipsis.

Hay cuatro movimientos sísmicos que hoy sacuden al orden internacional.  Son claramente discernibles y muy difíciles de contener o mitigar.  Son los siguientes:

  • Caballo Blanco: la rivalidad estratégica entre falsos profetas.

Percibimos un aumento notable en la rivalidad estratégica entre cinco actores a saber: Los Estados Unidos, en retirada  a regañadientes de su posición otrora dominante en varios continentes; La República Popular China, que traduce su fuerza económica en poderío bélico regional y tecnológico mundial;  Rusia, que avanza en forma oportunista cubriendo los huecos de la retirada norteamericana; La República Islámica de Irán,  que apuesta a un conflicto cada vez mas agudo con los Estados Unidos y es ya un poder regional irreprimible en Medio Oriente; y finalmente Corea del Norte, que ha demostrado su capacidad de manipular a la primer potencia mundial con un “truco y retruco” nuclear. 

Esta rivalidad estratégica se ha traducido en enfrentamientos armados en el cercano oriente que por el momento no han pasado a un conflicto bélico mayor, pero sí contienen el potencial de una escalada incontrolable, sobre todo porque cada uno de estos sistemas se presenta a la humanidad como un falso redentor.

Mas importante que la carrera armamentista convencional (cuya principal función es comercial y no simplemente militar), es la guerra asimétrica.  Esta última está en pleno desarrollo y en nada garantiza la hegemonía norteamericana, ya que el talón de Aquiles de las vapuleadas democracias occidentales es la polarización política y las propias redes de información, que son vulnerables a frecuentes intervenciones extranjeras, cuyo objetivo es sembrar confusión y deslegitimar instituciones.  El resquebrajado bloque de occidente se enfrenta a un serio desafío exógeno (subversión de la democracia por sus rivales).

En este conflicto el contraataque de occidente consiste en beneficiarse del descontento y las fisuras dentro del modelo autoritario y/o totalitario de sus rivales que es demasiado rígido para su propio bien.  Ya está claro que la política y la gobernanza chinas no serán las mismas después del brote de COVID-19. El mito (aunque no la realidad) que el presidente chino Xi y sus aliados han sostenido sobre las virtudes del control centralizado ha sido demolido .  El bloque liderado por China se enfrenta a un serio desafío endógeno (rigidez de su modelo de gobernanza).

En la rivalidad estratégica cada contrincante aprovecha la debilidad del adversario: demasiada apertura por un lado, y demasiada rigidez por el otro.  No sabemos por el momento hacia dónde puede conducir esta guerra asimétrica de “poder blando” ni su relación con la rivalidad de “poder duro” que hemos señalado al inicio de este articulo.

En resumen: Estamos frente a dos tipos distintos y enfrentados de fragilidad geopolítica.  Los sistemas autoritarios y/o totalitarios se movilizan con gran velocidad (ejemplo: la construcción de hospitales de emergencia en China) pero por la misma vía cometen errores insalvables.  Por otro lado, la anomia pos-democrática occidental (el fin del “sueño americano”) impide a ese país el desarrollo de estrategias coherentes.  En ambos lados se percibe un aumento de agresividad y la tendencia a “culpar al otro” por problemas de fondo, y así ninguno los resuelve

  • Caballo Rojo: la guerra no convencional, difusa y total.

La actual tregua en la guerra comercial entre los Estados Unidos y China es sólo eso: una tregua.  La tendencia de fondo es el desacoplamiento de esos dos países, y de otras regiones económicas también.  El resquebrajamiento del orden global se da en muchos frentes: con China, con la UE, entre el Reino Unido y Europa, y se esboza en otras regiones. Pero este distanciamiento no es pacífico; al contrario, se ve cada vez mas el desarrollo de una larvada guerra cibernética.  Esa es a su vez, parte de una tendencia general a utilizar la política económica, la comunicación, el sistema financiero, la inmigración, y la investigación científica como armas no convencionales. La consecuencia es grave: cada una de estas “armas” desvirtúan procesos e instituciones específicos de su propósito original y las vuelven disfuncionales. 

En caso de una escalada en este conflicto no es difícil imaginar una “descarga” china , no de misiles sino de sus letras del Tesoro norteamericano.  La creciente diversificación de las reservas chinas y eventualmente de otros tenedores de bonos norteamericanos, y el actual “refugio en el oro” pueden producir una crisis de gran envergadura e indicar el principio del fin de la hegemonía del dólar.  En este orden, como en otros, hay una profunda contradicción entre la interpenetración de las cadenas productivas por un lado, y las reacciones nacionalistas contra la globalización por el otro. 

La internacionalización del nacionalismo es un oxímoron fatal. Es una contradicción insoluble.  Los actuales dirigentes en torno a la Casa Blanca y otras sedes de gobierno de distintos países parecen negar o desconocer sus graves consecuencias:  un colapso económico global.   El caballo rojo del Apocalipsis ha empezado a galopar.

  • Caballo negro (la peste): Fragilidad sanitaria y crisis humanitarias.

La actual pandemia de coronavirus es un ejemplo de una tendencia todavía mas general.  En la actual se están desarrollando crisis humanitarias de todo tipo, desde enfermedades viejas y nuevas hasta la hambruna en vastas regiones pobres del planeta. La actual pandemia no es más que un rasguño en la superficie de las enfermedades curables y desatendidas.

A su vez, estas diversas crisis tienen un efecto acelerador sobre el desacoplamiento geopolítico que he indicado. Vemos con claridad una contradicción en el seno de estas crisis como emblema de la situación internacional.  Por un lado las crisis son una expresión de la interpenetración de economías, y poblaciones, y por otro lado, la reacción frente a ellas es cerrar fronteras y acuartelarse en unidades herméticas.  Es una contradicción perversa.  La única solución posible es precisamente la que evitan esas medidas, a saber la coordinación solidaria internacional. La cuarentena de millones de personas ejemplifica la contradicción: cada vez hay mas control social y al mismo tiempo mayor descontrol de las causas de fondo.

  • Fragilidad ecológica y amenaza a la vida entera en el planeta. El caballo pálido significa peligro de muerte.

Sabemos que la negación es un mecanismo de defensa muy disfuncional.  Por doquier, la alarma acerca de una crisis climática ha caído sobre oídos sordos, al menos a nivel de las dirigencias.  Estas prometen repetidas veces prepararse para una emergencia futura que es presente y no futura,  y va afectando ya las cadenas de producción, distribución e información.  En suma:  la negación de   la seriedad del problema ecológico, pasándolo al futuro cuando esta presente en todas partes, no hace mas que agudizar la crisis.  Ya no se trata de si o de  cuando, sino de ahora. La otra cara de la negación es la parálisis, disfrazada de distracción por otras urgencias que no son tales.  El apocalipsis se ha vuelto familiar y cotidiano y no hay cosa peor que tal “normalización.”

Pronto habrá sin duda un despertar de esta negación tan llena de distracciones.  Pero el despertar será rudo.  De los siete sellos del Libro de la Revelación, quedan tres por descubrir.  No me animo a imaginar el resultado. [2]

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[1] Nassim Nicolas Taleb,  The Black Swan.  The Impact of the Highly Improbable, Second Edition, New York: Random House, 2010.

[2] Me refiero al Apocalipsis de San Juan en el Nuevo Testamento Cristiano, que hoy forma parte de la mitologia occidental.

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