Crisis social y ambiental de imprevisible estallido

En un mundo de conflictos abiertos y encubiertos, más allá del terrorismo alarma el tic tac de una tremenda bomba de tiempo de alcance global e imprevisible estallido. Al traspasar inusitados límites, la desaforada especulación financiera erigida en ordenador del sistema económico y geopolítico contemporáneo genera muy inestables espacios socioeconómicos y ambientales. El desmesurado lucro de poderosas minorías castiga a enormes mayorías, destruye el medio ambiente y multiplica peligrosísimas burbujas especulativas. Bulle el rencor social. ¿Qué sucederá con la humanidad? ¿Tronará el escarmiento? ¿Prevalecerá la venganza o la reconstrucción? ¿Sabrá la esperanza erguirse por sobre la furia? Un magma de fuerzas sociales busca encauzarse, mientras poco aportan cobardes liderazgos.    

Los ricos y poderosos viven en un ilusorio mundo creyendo que sus privilegios y su poder serán eternos. Craso error que la historia de la humanidad demuestra una y mil veces. Hoy la tremenda concentración de la riqueza y del poder decisional, impulsada por una codicia sin límite y una forma de funcionar que amenaza la salud planetaria, lleva a una creciente destrucción ambiental y a una enorme desigualdad social, lo cual acrecienta las ya graves condiciones de inestabilidad sistémica.

Se aproxima un gran estallido global o una serie de estallidos regionales. Detonantes no faltan: pueden ser sociales, políticos, ambientales o, lo más probable, una combinación de todos ellos. Las consecuencias y virulencia de esos estallidos son imprevisibles, así como la direccionalidad resultante ya que se forjará al fragor de contiendas entre quienes luchan por un mundo mejor y los oportunistas de siempre, traficantes del dolor, una caterva de amanuenses del privilegio y de agazapados traidores.

¿Será esto inevitable?

Si la trayectoria global se mantuviese en el presente rumbo, si la forma de funcionar de países y sociedades siguiese tal como ha sido impuesta por minorías que se han apropiado del timón económico y moldeado subjetividades en favor de sus intereses, entonces lo más probable es que nos enfrentaremos con ese dramático devenir aunque sean diversas las peculiaridades que resulten de cada conjunto de circunstancias.

En cambio, si los movimientos sociales y políticos supiesen desmontar los mecanismos que utiliza el privilegio para apropiarse del valor que la sociedad entera genera, si fuese posible transformar la correlación de fuerzas para hacernos del timón del propio destino y cuidar responsablemente del planeta, entonces otros principios y valores podrán sostener mejores trayectorias, y otras perspectivas y políticas públicas sabrán materializarlas.

En ese nuevo orden global y nacional habrá que desplazar a la codicia sin fin, el egoísmo a ultranza, la desbocada alienación, la soberbia de creer que lo que cada quien logra es puro mérito propio y no el resultado de varios factores de contexto incluyendo los privilegios heredados, que la pobreza y la indigencia es culpa de los pobres e indigentes por vagos y desorientados y no el resultado casi inevitable de la sumisión y el sometimiento.

Nuevas trayectorias

Vale explicitar que no habrá recetario alguno que reemplace la activación del propio albedrío, solidario y cuidadoso del planeta que nos cobija. Aunque atemorice avanzar hacia lo desconocido habrá que hacerlo creando nuevas formas de funcionar, escogiendo mejores rumbos, innovando con opciones transformadoras que se deberán ajustar según sucedan cambios de circunstancias. Tocará enfrentar el nihilismo y la desorientación que nos han inoculado.

La opción es dramática: o seguimos derrapando hacia más salvajismo y más destrucción ambiental o escogemos nuevas trayectorias que vayan construyendo sistemas solidarios y firme cuidado del planeta. Aunque no sea posible avizorar que regímenes reemplazarán al capitalismo concentrador, sabemos que será necesario desmontar aquello que lo sustenta y nos ha llevado a vivir en democracias capturadas: muy especialmente los mecanismos de sometimiento económico y cultural que ya existen o los nuevos que pudieran emerger. Al hacerlo irán surgiendo nuevas formas de producción y trabajo así como otros patrones de acumulación y de inversión.

¡Que no nos inhiba la falta de una carta ideal de navegación! Con aporte de todos podrán perfilarse otras de mucha mayor significación social y ambiental; emergerán de realidades concretas, del talento y anhelo colectivo, de sucesivas olas de innovación que seguirán a las iniciales.

Vale insistir que así como vamos nos dirigimos a una situación de extrema turbulencia y descontrol sistémico. ¿Sabrá la humanidad evitar tenebrosos desenlaces? Frente a tanto dolor y resentimiento, ¿podremos erguirnos por sobre la furia y la venganza para encarar la reconstrucción?

Un magma de fuerzas sociales busca encauzarse en más potentes y justicieras estructuras. Será necesario contar con buenos timoneles que no surgirán de las artimañas electorales que hoy prevalecen en el mundo. Nada aportan cobardes liderazgos y menos aún aquellos que representan al privilegio.

Son tremendos los desafíos que ponen a prueba la determinación social y el coraje por adentrarse en lo que aún no existe; será el futuro, nuestro futuro colectivo.

nuevas trayectorias que vayan construyendo sistemas solidarios y firme cuidado del planeta. Aunque no sea posible avizorar que regímenes reemplazarán al capitalismo concentrador, sabemos que será necesario desmontar aquello que lo sustenta y nos ha llevado a vivir en democracias capturadas: muy especialmente los mecanismos de sometimiento económico y cultural que ya existen o los nuevos que pudieran emerger. Al hacerlo irán surgiendo nuevas formas de producción y trabajo así como otros patrones de acumulación y de inversión.

¡Que no nos inhiba la falta de una carta ideal de navegación! Con aporte de todos podrán perfilarse otras de mucha mayor significación social y ambiental; emergerán de realidades concretas, del talento y anhelo colectivo, de sucesivas olas de innovación que seguirán a las iniciales.

Vale insistir que así como vamos nos dirigimos a una situación de extrema turbulencia y descontrol sistémico. ¿Sabrá la humanidad evitar tenebrosos desenlaces? Frente a tanto dolor y resentimiento, ¿podremos erguirnos por sobre la furia y la venganza para encarar la reconstrucción?

Un magma de fuerzas sociales busca encauzarse en más potentes y justicieras estructuras. Será necesario contar con buenos timoneles que no surgirán de las artimañas electorales que hoy prevalecen en el mundo. Nada aportan cobardes liderazgos y menos aún aquellos que representan al privilegio.

Son tremendos los desafíos que ponen a prueba la determinación social y el coraje por adentrarse en lo que aún no existe; será el futuro, nuestro futuro colectivo.

 

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