Corrupción entronizada (todos los tipos de corrupción)

La corrupción se ha desarrollado en casi todas las dimensiones del funcionamiento económico, social, político, mediático, judicial y hasta religioso. Se ha convertido en un fenómeno sistémico y como tal necesita ser encarado y resueltas sus consecuencias. Acciones puntuales sobre hechos específicos no son capaces de contener la expansión y reproducción de la corrupción. Más aún, voluntaria o involuntariamente, respuestas parciales  pudieran servir para desviar la atención de los principales ámbitos de corrupción, como ser la corrupción que cometen ciertos grandes grupos económicos, la corrupción ligada al crimen organizado y la corrupción vinculada con el manejo de los recursos públicos.

 

La corrupción es un mal que existe desde tiempos remotos pero se ha expandido de tal forma que en la actualidad hace parte del funcionamiento sistémico de casi todos los países. Hay quienes restringen el alcance de la corrupción a la cometida por políticos y funcionarios públicos (lucran con coimas y tráfico de influencias) y a la que resulta de la venalidad de jueces, reguladores o fuerzas de seguridad corrompidos por organizaciones criminales (principalmente narcotráfico, trata de personas y venta de armamentos). A estos tipos de corrupción es necesario sumar otros que suelen ser ocultados o incluso condonados.

Una primera cuestión a encarar es develar por qué se destacan ciertos tipos de corrupción y se disimulan otros. Las respuestas pueden ser diversas e incluyen ignorancia, negligencia y, lo más grave, el poder económico, político y mediático que detentan ciertos sectores corruptos que les permite desviar la atención de sus conductas ilegales o ilegítimas y lograr impunidad.

La corrupción que más preocupa no es la ocasional (lamentable de todos modos) sino aquella que se instala, se consolida y se reproduce indefinidamente, llegando a controlar críticos resortes de la vida democrática. Lo que jamás debe perderse de vista es que se trata de una lucha de poderes entre quienes lucran con la corrupción y quienes se ven castigados por ella; siempre hay víctimas y victimarios. Cuando la corrupción impregna a toda la sociedad y se torna sistémica, sólo una gran concertación de fuerzas políticas y sociales no infiltradas por la corrupción será capaz de hacerle frente eliminando los diversos mecanismos que utiliza.

 Abordaje de la corrupción

Un fenómeno sistémico debe encararse acorde con su naturaleza y envergadura, concentrando recursos y energías en los principales ámbitos de corrupción, como son la corrupción que cometen ciertos grandes grupos económicos, la corrupción ligada al crimen organizado y la corrupción vinculada con el manejo de los recursos públicos. Un aspecto crítico de este abordaje es sostener una batalla cultural para transformar valores e ideologías que dan cobertura social a los corruptos y restarles bases de sustentación que hoy usurpan. Al desenmascarar los sistemas de corrupción es imprescindible esclarecer las consecuencias que genera la corrupción explicitando a quienes victimiza ya que, al operar en las sombras y contar con diversas coberturas, logran escamotear o limitar la comprensión de lo destructivo de su accionar.

Un ámbito enorme de corrupción es el de grandes grupos económicos e instituciones financieras que imponen su poder para apropiarse de valores (activos o ingresos) que ellos no han generado; para lograrlo utilizan una diversidad de mecanismos de extracción de valor. Su accionar provoca la creciente concentración de riqueza que caracteriza la economía contemporánea con su contra cara de mayor desigualdad y pobreza.

Pero aquí no termina el impacto producido por la corrupción de grandes grupos económicos y entidades financieras; además de apropiarse de valores que no generan, realizan todo tipo de maniobras de evasión o elusión de impuestos con lo cual afectan los ingresos públicos y reducen grandemente la capacidad del Estado de financiar infraestructura social y productiva (educación, salud, seguridad social, saneamiento ambiental, comunicaciones, obras públicas, medidas de fomento, entre otros críticos rubros).

Además, como si lo anterior no fuese suficiente castigo para nuestros países, esos grandes grupos económicos e instituciones financieras fugan los capitales así logrados a otras jurisdicciones más laxas en controles y regímenes impositivos. Al transferir al exterior los capitales mal habidos lo que resulta es una esterilización de una buena parte del ahorro nacional impidiendo que esos recursos en manos de quienes los produjeron puedan canalizarse hacia nuevas inversiones dentro del país y así generar más y mejores empleos.

La corrupción realizada por grandes grupos económicos y entidades financieras es la mayor de las varias que azotan y debilitan a nuestros países. Aunque se la oculta, es de tal magnitud que a su lado palidece la corrupción provocada por el crimen organizado y por los políticos y funcionarios deshonestos. Un indicador de la proporción que representa cada tipo de corrupción se encuentra al considerar los recursos que fluyen a las guaridas fiscales: “sólo un 3% del total es atribuible a la corrupción política -lo que no es poco, y mucho menos desde un punto de vista cualitativo-, en tanto que un tercio se debe al crimen organizado y entre un 60 y un 65% a las maniobras ilícitas de particulares y grandes empresas.” Fuente

Esto no excluye ni disimula la imperiosa necesidad de accionar con toda firmeza contra el crimen organizado y cualquier manejo ilegal de los recursos públicos. Lo que se está señalando es que si ignorásemos la corrupción económica y financiera estaríamos desconociendo la mayor fuente existente de corrupción.

De todos modos, la acción para encarar una corrupción que ha devenido sistémica necesita ser desplegada simultáneamente en los principales ámbitos de corrupción ya que operan entrelazados reforzándose unos a otros. Así, por ejemplo, quienes acumularon poder económico a partir de la corrupción inciden fuertemente sobre las políticas públicas, las regulaciones y quienes tienen el mandato de identificar su accionar ilegal y reprimirlos. De igual forma, las organizaciones delictivas establecen acuerdos de impunidad con sectores de la justicia, los medios, la política y las propias fuerzas de seguridad.

Son muy diversos los focos de corrupción lo que provoca desconcierto, inseguridad, frustración que golpean el ánimo ciudadano. Entre otros, pueden destacarse grandes grupos financieros dedicados a especular y a apropiar patrimonios de terceros; grandes comercializadores que imponen precios extorsivos a ambas puntas (cuando compran y cuando venden); empresas que lideran cadenas productivas y realizan abusos de poder de mercado sobre los demás participantes; actores que por poder y conexiones imponen políticas públicas para lucrar con ellas; empresarios y corporaciones que pagan coimas para apropiarse de contratos millonarios; sectores de la justicia (jueces, fiscales, síndicos) que lucran cobrando coimas para favorecer a una de las partes en los juicios donde intervienen; crimen organizado dedicado al narcotráfico, trata de personas, mafias extorsivas y sus cómplices en fuerzas de seguridad, funcionarios y jueces venales; sindicalistas devenidos millonarios; medios de comunicación que lucran con su poder mediático; corrupción en los deportes (FIFA, venta de jugadores, arreglo de partidos); acuerdos ilegítimos entre médicos y laboratorios; abogados que son comprados para traicionar a sus clientes.

Medidas que pueden adoptarse

Existe una gran variedad de medidas disponibles para que un Estado pueda encarar la corrupción sistémica y, sin embargo, pocas son adoptadas. Esto puede deberse a que las coaliciones políticas que acceden a gobernarnos no desean, no se atreven o no tienen la capacidad para adoptar decisiones que tocan fuertes intereses. El mayor desafío en la lucha contra la corrupción sistémica es lograr en regímenes democráticos que los gobiernos de turno detenten el poder requerido para hacerle frente. Es que los esfuerzos por erradicar la extendida corrupción no son sólo de naturaleza judicial o policial sino que requieren ser estructurados y coordinados por una firme determinación política que cuente con un amplio sustento social y económico.

Debe señalarse que existe una Convención de las Naciones Unidas sobre la Corrupción (CNUCC) centrada en la corrupción y manejo delictivo de recursos públicos, tráfico de influencias, abuso de funciones, enriquecimiento ilícito, encubrimiento, obstrucción de la justicia, blanqueo de capitales y recuperación de activos producto de la corrupción. Otros aspectos considerados refieren a la financiación de partidos políticos, medidas para reforzar la integridad y evitar toda oportunidad de corrupción en el poder judicial y el ministerio público, buenas prácticas comerciales entre las empresas y en las relaciones contractuales de las empresas con el Estado.  Para ver el texto completo

Medidas importantes contra la corrupción sistémica incluyen, entre muchas otras, las siguientes:

  • Gravar activos, rentas y transacciones financieras de modo de eliminar o, cuando menos reducir significativamente las exorbitantes tasas de ganancias que obtienen extrayendo valores generados por otros.
  • Desmontar mecanismos de evasión impositiva y fuga de capitales; como ejemplo el caso de establecer precios de transferencia (vigentes en los mercados internacionales) para las exportaciones de modo de eliminar triangulaciones utilizadas para sub-facturar y lograr transferir al exterior ganancias no declaradas.
  • Actuar internacionalmente para eliminar las jurisdicciones que facilitan la evasión y fuga de capitales (las tristemente célebres guaridas fiscales), así como para impedir la acción de fondos buitres sobre países soberanos.
  • Medidas para prevenir el blanqueo de dinero (CNUCC)
  • Lograr acuerdos al interior de las diferentes cadenas de valor de modo de transformar la apropiación que practican los actores más poderosos en perjuicio de los otros actores participantes.
  • Mantener negociaciones colectivas de salarios y condiciones de trabajo para asegurar apropiados niveles de bienestar de los sectores de trabajadores y eliminar la informalidad laboral.
  • Transparencia en las licitaciones públicas; información sobre licitaciones y adjudicación de contratos (CNUCC)
  • Medidas respecto a funcionarios públicos nacionales, extranjeros y de organizaciones internacionales para evitar sobornos, malversación, peculado, apropiación indebida de bienes, tráfico de influencias, abuso de funciones, enriquecimiento ilícito (CNUCC).
  • Medidas contra el crimen organizado eliminando la connivencia establecida con sectores de la política, la justicia, los medios, las entidades financieras y las fuerzas de seguridad. Investigación, denuncia y sanción a toda la cadena de complicidades.
  • Concientización ciudadana sobre las tremendas consecuencias de la corrupción sistémica y promoción de valores que no banalicen ni condonen los actos de corrupción.
  • Atención a las víctimas de la corrupción que quedan a la deriva sin protección.
  • Medidas para reforzar la integridad y evitar toda oportunidad de corrupción entre los miembros del poder judicial y del ministerio público (CNUCC)

Heterogeneidad y esperanza

Algunas críticas reflexiones son necesarias al cerrar estas líneas. La primera llama la atención sobre la correlación que generalmente existe entre corrupción y destrucción de la naturaleza. Quienes no tienen compasión ni solidaridad para con los otros habitantes del mundo y actúan cegados por su egoísmo y codicia sin fin, muy probablemente no les interesa cuidar del planeta y la maravillosa naturaleza que nos incluye y cobija.

Una segunda necesaria reflexión es que todos los grupos y segmentos sociales están lejos de ser homogéneos sino que son por esencia universos heterogéneos. Esto es, que en la justicia, los medios, las fuerzas de seguridad, los sindicatos, las empresas, los políticos, los funcionarios públicos, las diferentes religiones, en todos los ámbitos del funcionamiento social y económico donde la corrupción aparece entronizada encontramos mayorías que actúan con dignidad, respeto y lo más honestamente que pueden dado el contexto en que se desenvuelven.

Esta heterogeneidad de personalidades y conductas es el sustento de la esperanza que este orden presente de cosas puede ser transformado; que es posible que la corrupción deje de ser sistémica y que hay espacios fértiles para convocarnos a trabajar por democracias más plenas en justicia, equidad, cuidado del otro y del planeta.

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