Conflictos, violencias e inseguridad

¿Cuál es el origen, las causas de la inseguridad? La inseguridad aparece asociada con una diversidad de violencias que surgen de conflictos mal resueltos o no resueltos. Así, para enfrentar apropiadamente la inseguridad habrá que encarar con efectividad los más serios conflictos que existen en toda sociedad de modo que, en el transcurso de su resolución, se logre abatir la violencia criminal, sistémica e ideológica-cultural. En las sociedades contemporáneas la inseguridad es percibida como una amenaza que aumenta con el tiempo. Se discute si la inseguridad realmente crece como lo destaca una buena parte de los medios y aprovechan intereses políticos generalmente de oposición o si lo que aumenta es la sensación de inseguridad promovida por esos intereses políticos, los medios que les son afines, otros medios sensacionalistas que focalizan su cobertura en hechos violentos y una muy expandida industria de seguridad privada. Cada parte presenta argumentos, estadísticas y episodios para sustentar su perspectiva. Este es un tema que amerita ser debidamente esclarecido para no incurrir en errores de percepción; sin embargo, no es el objeto de estas líneas.

En este artículo nos interesa explorar el origen, las causas de la inseguridad que, en la mayoría de los casos viene asociada con la violencia; en verdad con las violencias ya que hay una gran diversidad de tipos de violencia. Por su parte, las violencias surgen en general de conflictos no resueltos o mal resueltos con frecuencia por abusos de poder de una de las partes.

La reacción individual frente a la inseguridad: protegernos

La reacción individual más generalizada al sentir inseguridad es procurar protegernos. Esto puede incluir una diversidad de medidas que van desde adoptar conductas preventivas (no circular desaprensivamente por zonas consideradas peligrosas, no hacer ostentación de productos valiosos o dinero en efectivo, etc) hasta construir muros –materiales o inmateriales- para aislarnos de contextos que consideramos amenazantes (residir en barrios cerrados, contratar guardias privadas, frecuentar sólo zonas custodiadas de la ciudad, evitar conocer personas desconocidas, etc). Estas medidas limitan nuestra forma de vivir y de relacionarnos con los demás; creemos obtener así más seguridad por más que las violencias que originan la inseguridad siempre pueden encontrar formas de sobrepasar la protección que adoptamos. Es que no existirá protección suficiente para eliminar la inseguridad si no se encaran las distintas violencias que la generan (no sólo la violencia criminal contra las personas) y, por tanto, mientras no se resuelvan apropiadamente los diversos conflictos que llevan a episodios de violencia.

Tipos de violencia

Si bien todas las violencias surgen en un mismo contexto económico y sociocultural, cada tipo de violencia presenta características singulares que la diferencia. Existen muy diversas formas de clasificar las violencias según sea la perspectiva desde donde se las considere. Este artículo propone distinguir (i) una violencia criminal que practican grupos organizados o individuos aislados contra personas y sus pertenencias, (ii) una violencia sistémica que emerge de la propia forma de funcionar de la sociedad y (iii) una violencia ideológica o cultural que ejercen aquellos que detentan hegemonía económica y social. Como se señaló, estas violencias emergen de conflictos que han sido mal resueltos o no resueltos. Además, cuando estallan situaciones de violencia las autoridades despliegan acciones de contención que, pasado un límite, conforman un cuarto tipo de violencia: la violencia represiva.

Violencia criminal

La violencia criminal contra personas y sus pertenencias se manifiesta como robos, asaltos, secuestros, asesinatos, tráfico de drogas, de armas y de personas, entre otras varias modalidades. Su existencia es directa y visible, involucra uno o varios agresores y una o varias víctimas de esa agresión; esto a diferencia de la violencia sistémica y la cultural cuyos efectos resultan devastadores para enormes segmentos poblacionales y son perpetradas a través de sutiles mecanismos y procedimientos.

Una importante gran diferenciación dentro de la violencia criminal es entre los delitos cometidos por el crimen organizado y aquellos ejecutados por individuos con o sin cómplices. Las operaciones del crimen organizado presentan gravísimos problemas ya que por su envergadura y poder económico logran complicidades en el aparato del Estado, entidades financieras [[[Nos han robado hasta la primavera->http://opinionsur.org.ar/wp/nos-han-robado-hasta-la-primavera/ y dentro de las propias fuerzas represoras. No es sencillo abatir esas organizaciones delictivas pero cuanto más tiempo se demore en enfrentarlos, más se consolidarán.

Los delitos ejecutados por individuos emplean diversos niveles de violencia y su aparición responde a una gran diversidad de situaciones. Algunas personas que cometen delitos son de extrema peligrosidad y su recuperación es muy incierta mientras que otras son de menor peligrosidad y podrían recuperarse plenamente de ser asistidas con propiedad. De ahí que no todas las personas que cometen delitos puedan ser encaradas de forma uniforme. Sin embargo, la acción represiva y la aplicación de penas judiciales suele concentrarse en quienes no disponen de recursos para contratar buenos abogados penalistas. Abundan casos de personas privadas de su libertad que permanecen muchos años detenidas sin condena y otras que sin ser culpables acuerdan con la justicia para recibir penas menores.

Frente a la violencia criminal contra personas y sus pertenencias la prevención juega un papel preponderante; así también la presencia disuasiva de fuerzas de seguridad. El complemento de la represión policial es imprescindible mientras se ejerza correctamente dentro de los márgenes y principios que fijan las leyes y reglamentan los protocolos de intervención policial.

Violencia sistémica

La violencia sistémica hace referencia a aquella violencia generada por la propia forma de funcionar que es adoptada o impuesta a una sociedad. Cada forma de funcionamiento social impone condiciones a favor de algunos grupos y en detrimento de otros. Es una violencia encubierta cuya naturaleza se procura disimular para minimizar resistencias de quienes son afectados y proteger los intereses de quienes se ven favorecidos. Sus efectos pueden ser dramáticos para los derechos humanos, políticos o económicos de grandes mayorías sometidas a minorías que lucran con el status quo; también puede suceder que sean ciertas minorías las que vean retaceados sus derechos.

Cuando toman conciencia de lo que sucede, los castigados por la forma de funcionar prevaleciente resisten las condiciones que consideran injustas o ilegítimas a las que son sometidos y procuran transformarlas. De existir vías pacíficas o democráticas para lograr la transformación deseada, los conflictos inherentes a la dinámica institucional que se quiere remover se resuelven sin violencia: se abate la violencia sistémica y se evita la resistencia violenta. En cambio, si las vías democráticas de transformación estuviesen bloqueadas por trampas y mecanismos que el privilegio controla [[[Las trampas democráticas: resolverlas profundizando la democracia->http://opinionsur.org.ar/wp/las-trampas-democraticas-resolverlas-profundizando-la-democracia/, tarde o temprano aparece un punto de no tolerancia respecto a la lógica hegemónica que castiga y somete. Ahí surgen episodios de resistencia social que pueden involucrar distintos grados y formas de violencia utilizadas para encarar la violencia sistémica.

Cuando la violencia social se agrega a la sistémica expandiéndose más allá de episodios esporádicos, la sociedad enfrenta una mayor inseguridad. Esto afecta a quienes padecen el status quo pero también a quienes se favorecen con el orden prevaleciente. Los que detentan privilegios cuentan con un mejor nivel de protección pero no pueden evadir las consecuencias de ser parte de una sociedad con mayores grados de violencia. De todos modos como comprenden que la acción transformadora amenaza sus intereses, procuran bloquear con todos los medios que disponen a quienes buscan remover sus privilegios. Así, los sectores que procuran transformar una forma de funcionar que concentra en pocas manos el poder económico, político y mediático deben enfrentar no sólo la violencia sistémica sino también la violencia represiva y cultural, como se analiza más adelante.

Veamos un ejemplo (y los hay por cientos) para ilustrar lo planteado como violencia sistémica. Es el caso de la recurrente y extendida evasión o elusión impositiva –no de episodios aislados que pueden encarase desde la órbita penal económica- que practican grandes corporaciones casi con impunidad asegurada gracias al libertinaje financiero contemporáneo que funciona con la complicidad de reguladores y guaridas fiscales que todo el mundo conoce y los países centrales acogen. Esta evasión de carácter sistémico se materializa a través de distintos mecanismos de extracción de valor [[[Diferenciar generación, redistribución y extracción de valor->http://opinionsur.org.ar/wp/diferenciar-generacion-redistribucion-y-extraccion-de-valor/, uno de ellos la subfacturación de exportaciones que utiliza triangulaciones con subsidiarias basadas en paraísos fiscales o jurisdicciones con laxas regulaciones y controles. Son numerosas las corporaciones que, digamos, venden por 100 a sus subsidiarias lo que vale 150 en el mercado internacional evitando así pagar impuestos (o reduciendo significativamente su monto) en el país productor. Es un mecanismo sutil, obviamente no transparentado en declaraciones impositivas ni frente a la opinión pública, sino bien camuflado para no ser descubierto (casi nunca lo es). Sus efectos y la violencia que ejercen son, entre otros, los siguientes:

– Enorme y permanente evasión fiscal por la que el Estado del país productor dispone de menos recursos para financiar servicios sociales e infraestructura productiva o, si desease no afectar el nivel de prestación de servicios, debería aumentar su endeudamiento o recargar impositivamente a otros sectores que no son responsables de la evasión. La violencia sistémica recae sobre enormes sectores de ingresos bajos y medios al no recibir los beneficios del gasto público que fue privado de financiamiento, sobre los contribuyentes que cumplen con la ley y no evaden, y sobre el país todo ante una mayor presión para acrecentar su endeudamiento soberano.
– Fuga al exterior de un importante segmento de ahorro nacional que compromete la capacidad nacional de invertir en su desarrollo y ejerce violencia sobre cadenas productivas, proveedores de insumos y quienes quedan desocupados o subocupados.
– Al evadir el pago de impuestos, las corporaciones que lo practican obtienen una mayor tasa de ganancia que las que asumen plenamente su responsabilidad fiscal con lo cual se produce una mayor acumulación de poder económico justamente en actores que violentan la soberanía impositiva, practican competencia desleal y desvalorizan dentro del mundo de los negocios la responsabilidad corporativa. Ese mayor poder económico se proyecta sobre el control de medios y la política.
– Para materializar el recurrente delito de evasión cuentan con la complicidad de funcionarios y profesionales locales que se integran a circuitos ilegales y pasan a engrosar los sectores que defienden políticas públicas afines a los intereses de las corporaciones a las que sirven.

Violencia ideológica-cultural

La violencia ideológica, mejor llamada violencia cultural, se expresa a través de valores y actitudes impuestos por sectores hegemónicos sobre el resto de la sociedad. Quienes son sometidos a esa violencia cultural la sufren aunque no necesariamente comprenden la magnitud del daño que provoca en sus identidades, intereses y capacidad de reacción.

La violencia cultural complementa y procura apañar la violencia sistémica a través de ideas, símbolos, expresiones, normativas, mensajes mediáticos, contenidos educativos, que valorizan la forma prevaleciente de funcionar, los supuestos méritos de quienes ejercen el poder económico y mediático, el status quo resultante. Al mismo tiempo, la violencia cultural desvaloriza valores, conductas y actitudes de amplias mayorías poblacionales que son consideradas subalternas en términos culturales y laborales. Imponiendo ideas y discursos se procura legitimar el orden establecido y ocultar las verdaderas relaciones de poder que existen.

De este modo la violencia cultural hace prevalecer el individualismo sobre los intereses y la trayectoria del conjunto social, enaltece el lucro como motivación para emprender actividades económicas en lugar de considerar a empresas y mercado como mecanismos para satisfacer necesidades humanas, defiende democracias manipuladas en lugar de las democracias plenas, encubre la explotación del medio ambiente en lugar de promover su cuidado y preservación.

¿Cómo encarar la inseguridad?

Este es tema de un próximo artículo pero vale adelantar algunos criterios generales que, a la vez, sirven de conclusión a estas líneas. Se indicó que la inseguridad, sentida o real, no responde a un único tipo de violencia sino a diversas violencias de muy diferente naturaleza. Caeríamos en una muy peligrosa simplificación si reducimos las causas de la inseguridad a la sola existencia de violencia criminal contra personas y sus pertenencias que, como se señaló, es la que más se percibe porque quedan explicitados agresores y víctimas. En cambio, hay otras violencias que sobre condicionan y se superponen con la violencia criminal que son la violencia sistémica derivada de la propia forma de funcionar de una sociedad y la cultural que legitima la violencia sistémica. Es esa compleja interacción de violencias las que conforman las situaciones de inseguridad.

En definitiva, cada vez más personas con experiencia en esta temática se distancian del inefectivo enfoque hegemónico utilizado para abordar la inseguridad. Se resalta en cambio la necesidad de identificar las causas subyacentes de la inseguridad, comenzando en un primer nivel por diferenciar los distintos tipos de violencia que crean inseguridad y avanzando, en un segundo nivel, sobre graves conflictos mal o no resueltos que es de donde surgen las violencias que castigan a las sociedades contemporáneas. Obviamente que la inseguridad no es un hecho inexplicable surgido intempestivamente y sin razón alguna; es un hecho traumático cuya génesis está asociada a como se establecen las relaciones económicas y culturales entre personas y organizaciones de cada país nuestro y del mundo en su conjunto.

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