Concentración de la riqueza: supernova especulativa (circuitos financieros primarios y secundarios, extensión de la concentración a la economía real y reaseguros en tierras y otros recursos estratégicos)

El proceso de concentración se consolida en los principales circuitos financieros pero también se filtra en todos los espacios subordinados en los que pueda incrementar la extracción de valor. Ante esa tremenda dinámica, ¿qué perspectivas existen para nuestros países?

El orden concentrador avanza inmisericorde mientras destruye el medio ambiente, fragmenta sociedades, quiebra solidaridades, desvaloriza la vida mercantilizándola, ignora la dignidad y el respeto por los otros.  En esta fase de la concentración, los grupos poderosos han establecido espacios financieros de reproducción de su capital basados en la especulación y la obtención de exorbitantes tasas de ganancia. No generan riqueza movilizando factores productivos para crear productos que satisfagan necesidades fundamentales de la sociedad. Aplican sus recursos en productos financieros que ellos mismos desarrollan y gestionan de modo de apropiar valores que otros produjeron.

En ese contexto de apropiación concentrada de valores socialmente producidos, las grandes mayorías poblacionales resultan víctimas perdedoras de la trayectoria impuesta. Si procuran resistir la agresión, se convierten en estorbos disfuncionales para la intención hegemónica, lo cual es reprimido con modalidades duras o blandas. Indignidad supina, una vez esquilmadas las mayorías devienen una carga social de la que es necesario desprenderse.

La dinámica concentradora

La concentración de la riqueza y del consecuente poder decisional se expande sin pausa. Su inherente dinámica lleva a controlar más y más espacios de apropiación de valor, a desarrollar nuevas y diversas modalidades de intervención. Esos espacios incluyen, entre otros, circuitos financieros primarios y secundarios de captación de valor, además una selectiva proyección para hacerse de estratégicos activos y resortes de la economía real y, ante la eventualidad de cambios traumáticos, la adopción de reaseguros en tierras y otros recursos naturales. Todo ello acompañado de una imposición política, informativa e interpretativa de la realidad que procura restringir o anular la resistencia a la concentración de la riqueza. El propósito es hacer prevalecer intereses minoritarios sometiendo a las mayorías a través de colonizar sus mentes de modo de moldear subjetividades a favor de la hegemonía de los grupos concentrados.

Circuitos financieros primarios y secundarios

Los circuitos financieros conforman el núcleo principal de la concentración económica; aunque mayormente centrados en los países afluentes, son circuitos de alcance global. El volumen de las transacciones en estos mercados es enorme: hace unos pocos años se estimaba que eran al menos 35 veces mayor que el Producto Bruto mundial[i], algo inaudito, de alto riesgo y extrema volatilidad por el impacto global que causará cuando esa supernova[ii] especulativa alcance fase terminal por explosión social e implosión ambiental.

El circuito financiero primario está controlado por un puñado de poderosos actores. Grandes bancos internacionales y grupos concentrados de Estados Unidos, Europa y Japón, lideran este sistema de acumulación a través de infinidad de transacciones especulativas con productos que imponen en mercados menos regulados y gran opacidad. Así obtienen enormes ganancias con un crítico factor adicional: tienen la capacidad de transferir a terceros los riesgos inherentes a esas apuestas especulativas.

Es que su accionar suele derivar en gravísimas crisis de alcance sistémico pero, en lugar de cambiar su forma de operar, fuerzan a los gobiernos a rescatarlos con fondos públicos de los contribuyentes. Ocurre que al expandirse la especulación mucho más allá del crecimiento de los ingresos públicos y personales (afectando la capacidad de repago de las deudas contraídas) se generan las temidas burbujas de altísima volatilidad e imparable decaimiento.

El capital financiero aplica sus recursos en derivados, futuros, opciones, swaps, entre otras colocaciones, supuestamente para administrar riesgos aunque, en verdad, el resultado es una impiadosa extracción de valor de realidades sociales que sustentan esos instrumentos. Más aún, con la revolución tecnológica de las comunicaciones se facilitan transferencias de montos siderales con una movilidad y flexibilidad infinitamente mayor que las que poseen los factores productivos. El capital financiero tiene así abiertas anchas avenidas de oportunidades a las que ningún otro actor económico puede acceder.

También existen circuitos financieros secundarios que expanden los espacios de concentración hacia mercados menores. Para materializar su codicia sin límites, el poder concentrado utiliza complicidades locales en poblaciones donde crece incesantemente la desigualdad y la pobreza. Esos grupos imponen políticas públicas que les favorecen; desregulan el movimiento de sus capitales que facilita la entrada y salida de capitales golondrina (reina el libertinaje financiero); provocan el sobre endeudamiento soberano, uno de los más críticos factores de sometimiento y pérdida de soberanía nacional; impulsan una regresiva estructura tributaria que descarga los costos de extracción de valor sobre los sectores más vulnerables de cada comunidad; apoyan un endeble control de la evasión y elusión de impuestos lo que les facilita fugar sus capitales a  guaridas fiscales; logran un trato laxo y permisivo a sus empresas exportadoras de materias primas y recursos naturales.

El endeudamiento del Estado (deuda soberana) es impulsado por ávidos acreedores en busca de lucrativas colocaciones. Cuanto más vulnerable es la situación de un país, más onerosas son las tasas y condiciones que se les impone a los préstamos que solicita. Son muy pocos los casos de países sobre endeudados que logran salir del pantano que los desangra. Si caen en cesación de pagos son inmisericordemente perseguidos en jurisdicciones con normativas y jueces que los favorecen. En ese contexto operan los tenebrosos fondos buitres que adquieren a precio vil deuda impaga para luego litigar a los países hasta forzarlos a entregar valores exorbitantes.

Expansión a la economía real y reaseguros

Los capitales concentrados expanden sus límites de viabilidad y de existencia penetrando en cuanto nicho aún no hubiesen invadido a lo largo y ancho del mundo, incluyendo mercados emergentes y aún sociedades empobrecidas. Sus recursos y el poder que detentan para incidir sobre las políticas públicas les permiten apropiarse de estratégicos y muy lucrativos activos de la economía real. Cuentan para ello con complicidades locales en críticos sectores del sistema económico, la política, los medios, la justicia y ciertas usinas de pensamiento estratégico que les ofrecen cobertura ideológica.

La presencia del capital concentrado junto con sus cómplices locales genera en las economías penetradas mercados oligopólicos en los que su posición de preeminencia les posibilita abusar de precios y condiciones comerciales ante proveedores y consumidores. De esta forma logran perpetuar la apropiación de valor consolidando y expandiendo su poder e influencia.

Otros casos de flagrante expropiación de valor se materializan cuando el capital concentrado toma control de los monopolios que prestan servicios públicos esenciales, como electricidad, gas y agua. Su poder sobre laxos Estados les posibilita aplicar tarifas más que compensatorias en relación a la calidad y la sustentabilidad infraestructural de los servicios prestados.

Algunos segmentos del capital concentrado buscan reasegurarse contra eventuales cambios traumáticos de su posición de poder comprando o apropiándose de tierras y otros estratégicos recursos naturales. Un caso paradigmático es la compra de tierras por parte de billonarios en latitudes como Nueva Zelanda y Patagonia, bien distantes de los principales centros financieros.

Una buena parte de esos activos quedan congelados a modo de seguros no financieros aunque, codicia sin fin, pueden cambiar de función si la situación de contexto les favoreciese, como ser por un crecimiento de demanda internacional o la puesta en valor de sus propiedades cuando el Estado pudiera proveerles infraestructura productiva sin costo (como ser caminos, puertos, riego, entre otros).

Perspectivas para nuestros países

Esta situación global altamente especulativa condiciona las perspectivas que enfrentan nuestros países pero no condena a fatalismos que esterilicen la capacidad soberana de trabajar mejores soluciones. Hoy el proceso concentrador se desenvuelve en el seno de la lucha entre Estados Unidos y China por el liderazgo global, con una diversidad de pugnas comerciales, otros actores emergentes, fuerte aumento de desigualdades y castigo a multitudes que permanecen o caen en la pobreza. Lo más grave es que se mercantiliza la vida, los sistemas económicos ya no sirven a las personas en sus derechos y dignidad sino a consumidores; no existe interés donde no se generen ganancias.

Las perspectivas de nuestros países para liberarse de la dominación del capital concentrado, y con ello preservar su idiosincrasia, valores, cultura, forma de vivir, pasa básicamente por la política. Es decir, cómo conformar coaliciones sociales movilizadas en torno a lograr soberanía nacional en decisiones fundamentales: qué rumbo seguir (nuevas utopías referenciales) y una más justa, equitativa y sustentable forma de funcionar.

Los mercados contemporáneos no tienen nada de democráticos y sus “señales” no son otra cosa que instrumentos de los grupos poderosos por preservar y ampliar sus privilegios. Casi todos los desarrollos tecnológicos son apropiados por esos grupos y adaptados para seguir reproduciendo el orden económico y social que les favorece.

En ese contexto y con esos condicionantes, toca identificar otras diferentes políticas para abrir nuevas perspectivas de desarrollo. Es claro que no existe un recetario único e inamovible para todos sino que las medidas específicas variarán según circunstancias y posibilidades de cada situación. Sin embargo es posible enunciar un conjunto de orientaciones generales, entre otras las siguientes:

  • Subordinar la economía a una política nacional orientada a servir el bienestar general y el cuidado ambiental. Esto implicará realizar cambios sustantivos en todas las variables económicas y culturales que vinieron sustentando el orden concentrador.
  • Un cambio esencial hace al financiamiento del desarrollo. En lugar de extraer recursos de quienes menos tienen o acudir irresponsablemente al endeudamiento externo habrá que concentrarse en lograr una plena utilización del ahorro interno. Hoy buena parte de ese ahorro nacional es apropiado por el capital concentrado que lo esteriliza fugándolo a guaridas fiscales. Una transformación de esa envergadura implicará adoptar no una sino un conjunto de medidas complementarias. Por de pronto establecer una estructura tributaria progresiva que grave más a quienes poseen mayor riqueza e ingresos que a los que menos tienen como hoy sucede. Junto con ello tocará luchar con mayor firmeza contra la evasión y la elusión impositiva de quienes de otro modo serían mayores contribuyentes (grandes corporaciones y personas afluentes). Además será necesario establecer regulaciones que cierren vías de fuga de capitales no declarados y, junto con esto, promover un mercado de capitales fondeado con recursos provenientes de los sistemas de seguridad social y seguros que requieren aplicaciones de mediano y largo plazo.
  • De este modo será factible robustecer el mercado interno mejorando la distribución del ingreso y promoviendo la producción local. Habrá que cuidar el salario real, el empleo registrado, el gasto público en prestaciones jubilatorias, educación, salud, saneamiento ambiental, subsidios a toda emergencia social, direccionar compras del sector público hacia proveedores nacionales, en particular pymes.
  • Un cambio de la mayor importancia es democratizar la acumulación de los excedentes generados en el sistema económico. No tiene sentido procurar reducir la actual concentración de capitales sin transformar fuentes y canales de acumulación. Esto exige actuar a varios niveles simultáneamente. Por un lado transformando la forma como se distribuye dentro de cada cadena de valor los resultados que la entera cadena produce. No es algo sencillo porque siempre prevalece el poder que detentan las empresas que lideran cadenas de valor de establecer precios y condiciones comerciales a proveedores y consumidores. Aquí es fundamental el papel mediador del Estado para facilitar precios y condiciones justas para todos los participantes y, de ese modo, acercarse cada vez más a una desconcentración de los resultados económicos.
  • Por otro lado, toca alentar la formación de capital en la base del aparato productivo para lo cual será necesario dar paso a emprendimientos productivos de naturaleza asociativa, cooperativas de primer y segundo grado (producción y comercialización), franquicias populares, agroindustrias locomotoras que procesan productos de la agricultura familiar, centros de acopio, transporte y supermercados comunitarios, consorcios de pequeños exportadores. Esto requiere establecer comprehensivos sistemas de apoyo, incluyendo desarrolladorasde esos emprendimientos y fideicomisos especializados en aportar inversiones y fondeo a entidades financieras que provean créditos de capital de trabajo.
  • También habrá que actuar sobre el sistema financiero para orientar el ahorro del público (que no es propiedad de los bancos) hacia créditos para actividades de la economía real impidiendo colocaciones puramente especulativas. Con un agregado, que los bancos no prioricen a las grandes empresas sino trabajen con la diversidad de actores económicos existentes. Todo esto es manejable con los instrumentos de política monetaria.
  • Un tercer núcleo de intervención necesita resolver los recurrentes estrangulamientos del sector externo; esto es, las periódicas situaciones de extrema escasez de divisas (mayores gastos que ingresos de divisas) que generan sería inestabilidad cambiaria con efectos desestabilizantes que afectan al conjunto del sistema económico. Para resolver esta crítica restricción será necesario adoptar una serie de medidas complementarias: en especial, transformar la matriz productiva nacional para reducir la dependencia de insumos importados (promoción de industrias no intensivas en importados, sustitución de importaciones por producción nacional), apoyar un amplio esfuerzo exportador y administrar el buen uso de las divisas disponibles. Junto con esto habrá que limitar al máximo el endeudamiento soberano utilizándolo en la medida que fuere indispensable para financiar sectores cuidadosamente seleccionados.
  • En cuanto a la inversión extranjera habrá que orientarla hacia la economía real y que se encuadre en el esfuerzo de transformar la matriz productiva y el funcionamiento de las cadenas de valor. La desnacionalización de empresas no debiera alentarse pero sí, en cambio, acuerdos de participación que agreguen tecnologías no disponibles en el país, acceso a nuevos mercados y robustezcan la integración con países vecinos o de la región.
  • Se impone además diversificar los principales mercados para nuestros productos (hoy Estados Unidos, China, Europa y Japón). Importan en especial nuestras propias regiones, América Latina y África, de modo de incrementar intercambios comerciales, inversiones, cadenas de valor regionales, comercialización conjunta de productos complementarios, fortalecimiento de entidades financieras regionales.
  • Una cuarta área de intervención es poner en orden las cuentas públicas lo cual implica tener balanceados ingresos y gastos públicos o, de ser necesario, mantener un bajo nivel de déficit fiscal. Las políticas neoliberales no suelen profundizar el conocimiento sobre el origen de ese déficit y se orientan básicamente a reducir a rajatabla el gasto público. Con ello producen gravísimos daños a las grandes mayorías que ven reducidos los gastos en jubilaciones, pensiones, educación, salud, saneamiento ambiental; tampoco apuntan a transformar la composición de los ingresos, ni a eliminar la evasión y elusión tributaria de los más ricos ni la consecuente fuga de capitales. Para peor, pretenden cubrir déficit fiscal acudiendo al endeudamiento soberano con lo cual ahondan la vulnerabilidad externa de nuestros países.

Lo señalado es apenas una reseña, parcial e inconclusa, de cómo ejercer soberanía en un adverso y complejo contexto. La cuestión principal es encontrar el basamento que sustente esta opción. Ni olvidemos ni despreciemos que existe en nuestros países una enorme energía social que, esclarecida y organizada en torno a otros valores y propósitos, puede convertirse en catalizador de profundas transformaciones. Una sociedad movilizada sabrá avanzar hacia una nueva utopía referencial centrada en la equidad, la justicia, la solidaridad con los demás, el pleno cuidado ambiental. Por cierto que hay otras perspectivas para nuestros países.

[i] Poco tiempo atrás, Samir Amín señalaba que el volumen de transacciones en estos mercados financieros era más de 2.500 billones de dólares, mientras que el PIB mundial apenas sumaba 70 billones de dólares. Por eso remarcaba que la especulación no era algo inesperado, “vicio adicional” escribía, sino un requisito lógico del sistema concentrador.

[ii] Supernova: estrella en explosión que libera una gran cantidad de energía

 

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