Competitividad inclusiva

Una competitividad inclusiva que haga parte de un desarrollo sustentable requiere de un esfuerzo combinado de políticas públicas de apoyo al aparato productivo nacional que sean a la vez de naturaleza redistributiva, incluyendo la integración de pequeños emprendedores en cadenas de valor donde se compense con justicia su esfuerzo productivo.El sistema económico es uno de los varios mecanismos con que cuenta una sociedad para materializar el rumbo de desarrollo escogido; no es, no debiera ser, el timonel ni el propósito del accionar social. El bienestar y la felicidad de los pueblos, en las diversas formas que cada nación o comunidad los define, son-debieran ser los que orientan la trayectoria del desarrollo definiendo en función de ello como se aplica la energía social, productiva y espiritual para satisfacer anhelos y necesidades. En esta perspectiva, el sistema económico, al igual que los demás sistemas (educativo, judicial, político, de seguridad, científico y tecnológico, entre varios otros), debe subordinarse al logro del bien común.

Esta orientación del sistema económico hacia el bien común es del todo compatible con la búsqueda de efectividad en el esfuerzo productivo. Toda iniciativa productiva puede mejorar su capacidad de resolver anhelos y necesidades desplegando su creatividad y aprendiendo de cómo se ejecutan otros esfuerzos mejor organizados. Esta es un área donde las nociones de competitividad, colaboración y emulación pueden conjugarse.

La experiencia histórica, agigantada con la crisis global contemporánea, muestra que una competencia librada al salvajismo codicioso y al ninguneo de los otros estrangula potencialidades, enerva el rumbo sistémico, conduce inevitablemente a la concentración de la riqueza, los ingresos y las decisiones y, en consecuencia, a problemas y castigos que de ahí se derivan. Por el contrario, una constructiva colaboración y emulación que involucre en esfuerzos y resultados a todos quienes directa o indirectamente participan del proceso productivo, constituye un factor imprescindible para encarar el bien común.

Diversos fundamentalismos económicos sostienen que la motivación para producir y mejorar resultados flaquearía de adoptar una forma de funcionar no regida por el interés individual y la libre competencia de mercado. Sin embargo, hemos aprendido (i) que esa libertad de accionar es válida sólo para algunos y conduce a un libertinaje económico promotor de codicia, egoísmo, indiferencia al sufrimiento de los demás, alienación y pérdida de sentido existencial; (ii) que esto es así porque el mercado perfecto sólo existe como referencia conceptual y que la realidad se expresa en mercados con diferentes niveles de imperfección (la norma es la imperfección); (iii) que con esa estructura de los mercados se esteriliza buena parte de la capacidad productiva nacional ya que cuando actores más poderosos concentran los resultados del esfuerzo colectivo abusando de otros más vulnerables niegan o despojan a estos últimos de su capacidad de formación de capital y por tanto de desarrollarse plenamente; (iv) que lo que verdaderamente está en juego y necesita ser definido en cada fase histórica es qué tipo de país, de sociedad y de individuos deseamos promover y a partir de ahí, entonces sí, como se logra ajustar la estructura del sistema económico y su forma de funcionar para avanzar con ese rumbo.

Por su parte y en otro extremo, la concentración de decisiones en manos de iluminados que se consideran más ilustrados que los demás lleva a otros fundamentalismos y males. Es que no hay sustituto conocido para la acción responsable del conjunto social; una acción capaz de generar espacios para que millones de voluntades cuiden de sí, de sus familias y comunidades en el contexto de trayectorias de desarrollo sustentable. Esta conjunción de múltiples iniciativas e intereses asociada con el logro del bien común requiere de políticas públicas capaces de hacer de la dinámica económica un sostén del rumbo escogido. De ahí lo crítico que resulta contar con liderazgos comprometidos con las necesidades y anhelos de todos los actores y no con los privilegios de unos pocos; liderazgos escogidos en democracias plenas sin las trampas de representación que hoy afectan su credibilidad [[[Las trampas democráticas : resolverlas profundizando la democracia->http://opinionsur.org.ar/wp/las-trampas-democraticas-resolverlas-profundizando-la-democracia/.

Competitividad e inclusión en un mundo globalizado

Las actividades económicas alcanzan mayor efectividad a partir de escalas productivas que permitan mejorar capacidad de gestión y acceso a mercados, lo cual no implica ni puede reducirse a promover empresas gigantescas que absorban o sometan en su marcha a otras empresas grandes, medianas y chicas. Por el contrario, el objetivo es optimizar el accionar de conjuntos de actores de diferentes tamaños, habilidades y conocimientos. Ya no son empresas aisladas quienes compiten en los mercados globales sino sistemas productivos integrados en clusters y cadenas de valor con la intervención de diversas empresas, sus trabajadores, el Estado nacional, los gobiernos locales, las instituciones crediticias, el sistema educativo, la ciencia y la tecnología, la Justicia, los medios de comunicación, entre otros.

En muchos casos, las cadenas de valor se estructuran y funcionan de tal forma que los resultados se concentran abrumadoramente en las empresas que las lideran; esto sucede porque el poder de negociación de los diferentes actores es muy desigual. En estos casos el Estado a través de políticas públicas y regulaciones puede promover la convergencia de los intereses de las empresas líderes con los del resto de su cadena de valor y de la sociedad en su conjunto. Sin embargo, con frecuencia el Estado suele estar controlado o condicionado por el poder económico con la anuencia de parte del sistema político, los medios y el sistema judicial. De este modo, no sorprende que para superar esta dinámica concentradora sea también necesario actuar en simultáneo a nivel político y mediático al tiempo de revisar con seriedad la forma como opera la justicia nacional y local.

Como los privilegios que detentan no pueden ser defendidos abiertamente, los grupos hegemónicos esgrimen una diversidad de argumentaciones para justificar la legitimidad de sus intereses, entre ellas, una particular visión acerca de “la” competitividad. Se la presenta como si existiese un solo tipo posible de competitividad cuando, en verdad, pueden promoverse competitividades de muy diferente naturaleza. Desde aquella que reduce la competitividad a la capacidad de una empresa de imponerse a otras para maximizar en su propio provecho resultados y cuotas de mercado, hasta concepciones que asocian la competitividad con la fuerza de un sistema productivo para participar exitosamente en mercados domésticos e internacionales logrando resultados que se comparten con justicia entre todos los actores que los produjeron. Esta última acepción es la que llamamos competitividad inclusiva, una competitividad sistémica que exige complementar esfuerzos, coordinar acciones, alinear intereses, cohesionando a los diversos actores a través de un proyecto común que desarrolla sinergias y garantiza una distribución justa de resultados.

Concentración y disfuncionalidades

Se indicó que en una cadena de valor hay grandes empresas que lideran y muchas otras medianas y chicas que acompañan aportando valor con su esfuerzo productivo; también lo hace el Estado nacional y los gobiernos locales responsables de orientar el desarrollo del conjunto social, regular el funcionamiento económico, acondicionar el territorio con infraestructura social y productiva, desarrollar la ciencia y la tecnología, velar por la seguridad, proveer justicia. En verdad, en el curso del proceso productivo se articulan todos los actores existentes en una sociedad ya sea como productores, consumidores, promotores o reguladores.

Estos actores y sus intereses están presentes y pugnan por espacios de participación y de resultados al interior de las cadenas de valor. Quedó expresado que el poder de decisión y los ingresos tienden a concentrarse en las empresas líderes ya que por su envergadura y su estratégica posición tienen la capacidad de retener para sí gran parte del valor generado en la cadena: establecen precios, escogen proveedores, definen la estrategia comercial, condiciones de pago, exigencias de calidad, presentación y entrega. Con ello logran acrecentar su acumulación de capital en parte a expensas de los otros integrantes de la cadena de valor que lideran. Las empresas medianas, especialmente si cumplen un rol estratégico en el desarrollo de la cadena de valor, pueden defender ciertas cuotas de acumulación aunque encarando permanentes desafíos de ser reemplazadas por otras más eficientes o dispuestas a sacrificar rentabilidades. Quienes por la vulnerabilidad que les agobia ven seriamente restringida su formación de capital y, por ende la posibilidad de desarrollarse en el contexto de un régimen de reproducción ampliada, son los pequeños emprendedores. El puñado de emprendedores que logra superar sus circunstancias no hace sino confirmar las enormes dificultades que enfrentan los centenares de miles que no lo logran.

Hacia una competitividad inclusiva

Una competitividad inclusiva que haga parte de un desarrollo sustentable requiere de un esfuerzo combinado de políticas públicas de apoyo al aparato productivo nacional que sean a la vez de naturaleza redistributiva, incluyendo la integración de pequeños emprendedores en cadenas de valor donde se compense con justicia su esfuerzo productivo. Para ello se dispone de una extensa batería de instrumentos, unos de envergadura macroeconómica como es el gasto público en infraestructura social y productiva, la reforma del sistema impositivo para implantar mayor progresividad, democratizar el acceso al crédito y al mercado de capitales así como otros, igualmente críticos, de alcance mesoeconómico (el espacio de las redes y las tramas productivas) como promover que el sistema científico y tecnológico apoye más directamente a pequeños y medianos emprendedores, otorgar facilidades crediticias e impositivas a cadenas de valor que faciliten la formación de capital de sus pequeños y medianos integrantes, priorizar en las licitaciones públicas a consorcios de empresas que utilicen intensivamente como subcontratistas a pequeños emprendedores, ajustar regulaciones fiscales y de funcionamiento a las circunstancias en las que se desenvuelven la pequeña y mediana producción.

Mención especial merece una innovadora iniciativa promocional que es establecer un cierto número de desarrolladoras de emprendimientos inclusivos [[ Ver su descripción en [Desarrolladoras de emprendimientos inclusivos->http://opinionsur.org.ar/wp/desarrolladoras-de-emprendimientos-inclusivos/. Su racionalidad se fundamenta en que es crítico elevar el umbral de operación de pequeños emprendedores ya que su reducida escala condiciona fuertemente su viabilidad (difícil gestión, nula o baja capitalización, tecnologías atrasadas, pobre acceso a información y oportunidades, etc). Si bien un segmento de los pequeños emprendedores seguirá operando a reducida escala, otra parte puede integrarse en nuevos emprendimientos inclusivos que utilizan moderna ingeniería organizativa tales como sistemas de franquicias, los consorcios de exportación, comercializadoras sectoriales, agroindustrias locomotoras, conglomerados (holdings) de cooperativas, centrales de servicios, entre otras. Estas organizaciones productivas necesitan ser respaldadas con medidas promocionales para poder desarrollar modelos efectivos de gestión e integrarse en promisorias cadenas de valor. Un sistema de desarrolladoras de emprendimientos inclusivos que cubra las distintas regiones de un país constituye una efectiva forma de hacerlo.

También puede considerarse otro tipo especializado de desarrolladoras orientadas a integrar en una misma cadena de valor a pequeños y medianos actores de países vecinos como son, entre otros, los del Mercosur en América del Sur y los de la Southern African Development Community (SADEC) en el sur de África, que apuntarían a aprovechar complementariedades y oportunidades más allá de las fronteras nacionales [[Ver una corta presentación en [Desarrolladoras de oportunidades internacionales->http://opinionsur.org.ar/wp/desarrolladoras-de-oportunidades-internacionales/ .

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