¿Cómo mantener inexplotadas las reservas de combustible fósiles? El legado internacional de la iniciativa Yasuní-ITT

Mientras las naciones del mundo se preparan para alcanzar un acuerdo vinculante a fines de este año en París, una de las preocupaciones centrales de sus líderes debería ser cómo enfrentar la certeza que, para evitar los efectos catastróficos del futuro cambio climático, apenas debería extraerse aproximadamente un tercio de las reservas probadas de combustible fósiles. La evidencia científica establece que para mantener el calentamiento global en el límite aceptable de 2 °C para fines de siglo, la humanidad debe mantener inexplotada la mayor parte de las reservas probadas de petróleo, gas natural y carbón mineral.

 [1]

Los países del mundo deben encarar dos decisiones críticas sobre la distribución global de los derechos de emisión de gases invernadero:

1. Cuáles reservas pueden ser explotadas y cuáles deben mantenerse definitivamente bajo tierra.

2. Cuántas emisiones se permiten y en qué países.

La comunidad internacional tiene alguna experiencia en el segundo punto pero no ha explorado el primero. Sin embargo, no es verdad que sea necesario comenzar de cero.

En 2007 el presidente ecuatoriano Rafael Correa propuso ante Naciones Unidas el compromiso de su país para mantener indefinidamente inexplotadas las reservas petroleras del campo ITT [2], en el Parque Nacional Yasuní, si la comunidad internacional contribuía con un monto equivalente al menos a la mitad de los ingresos potenciales que el país podría obtener de la extracción de ese petróleo. Desafortunadamente, en 2013 al no poder concretarse el apoyo internacional el gobierno ecuatoriano decidió abandonar la iniciativa y proceder a la extracción petrolera. Pese a ello, los años de negociación conllevaron la creación de un innovador mecanismo financiero e institucional para mantener inexplotadas las reservas de petróleo que el mundo puede adoptar ahora.

El mecanismo propuesto consistía en la creación de un fondo bajo administración de las Naciones Unidas, manejado por un comité integrado por representantes del gobierno ecuatoriano, la sociedad civil y los contribuyentes. Los fondos provendrían de contribuciones voluntarias internacionales, tanto públicas como privadas.

El Fondo fue concebido como un instrumento orientado a promover desarrollo sustentable genuino, salvaguardando valores ambientales y sociales que incluyeron la protección de las culturas y derechos de las comunidades locales del Parque Yasuní. El capital del Fondo sería invertido exclusivamente en proyectos de energía renovable en el Ecuador, mientras que sus intereses se destinarían a la conservación y a evitar la deforestación del Parque, a las áreas protegidas y los ecosistemas remanentes en el Ecuador, permitiendo a los pueblos no contactados que habitan el Parque (Tagaere y Taromenani) mantenerse en su aislamiento voluntario, a la reforestación con participación de pequeños propietarios, al mejoramiento de la eficiencia energética en el país y, finalmente, a proyectos de desarrollo social sustentable en la cuenca amazónica ecuatoriana, incluyendo proyectos de salud, educación, capacitación, asistencia técnica y creación de empleo en actividades sustentables, como el ecoturismo, la agricultura y la agro-forestación [3].

La Iniciativa Yasuní-ITT fue concebida como un instrumento para promover la transición de un modelo económico basado en la extracción petrolera que no ha logrado una efectiva reducción de la pobreza y la desigualdad social, hacia una nueva estrategia de desarrollo fundamentado en la equidad y sustentabilidad [4].

La Iniciativa Yasuní-ITT pudo haberse anticipado a su tiempo. Aunque los científicos han insistido desde hace muchos años que no podemos quemar la mayoría de las reservas de combustibles fósiles si pretendemos evitar una catástrofe climática planetaria, el mundo no los estaba escuchando. Actualmente, cuando varios líderes mundiales parecen estar adoptando con firmeza la necesidad de actuar frente al cambio climatico y es aceptada la importancia de la participacion de todas las naciones –pobres y ricas- para abordar el problema, surge la oportunidad de retomar el legado de la Iniciativa: una importante contribución a la humanidad por parte de un país que representa sólo el 0,12% del PBI del mundo pero, con seguridad, una mayor incidencia en cuanto a inteligencia climática y coraje para actuar.

Podemos comenzar ya a mantener el petróleo bajo tierra. Somos conscientes de esta necesidad ineludible y disponemos de los instrumentos, incluyendo el mecanismo diseñado para Yasuní-ITT. Toca ser responsables ante futuras generaciones de enfrentar este desafío compartiendo esfuerzos según las diferentes capacidades. Esta fue la esencia misma de la Iniciativa.

Si el mundo debiera renunciar a la extracción de una parte importante de las reservas conocidas de petróleo, habría que privilegiar conservar los depósitos cuya explotación pudiera implicar mayores costos ambientales y sociales en términos de biodiversidad, comunidades indígenas y patrimonio internacional. También correspondería priorizar la conservación de los lugares cuyos beneficios globales sean los óptimos en términos de mitigación y adaptación al cambio climático, y preservación de la biodiversidad. Es decir, aquellas reservas bajo áreas de gran valor biológico y cultural en países en desarrollo.

Afortunadamente –o tal vez desafortunadamente- no es difícil encontrar candidatos. A medio camino alrededor del mundo por la línea ecuatorial, otro país megadiverso, la República Democrática del Congo, soporta la presión para explotar el petróleo recientemente descubierto bajo el Parque Nacional Virunga. Las similitudes entre Virunga y Yasuní son suficientes para afirmar con confianza que el marco institucional del Yasuní puede aplicarse y que el esfuerzo vale la pena.

Tanto Virunga como Yasuní son hábitats de bosques tropicales con una biodiversidad única, con reservas de petróleo en su subsuelo, en países en desarrollo (La República Democrática del Congo es uno de los países más pobres del mundo). [5] Ambos son parques nacionales y ambos han sido reconocidos por UNESCO, Virunga como patrimonio de la humanidad y Yasuní como reserva de la biósfera. Ambos han recibido la denominación de “áreas importantes para aves y biodiversidad” por Birdlife International y son Áreas protegidas de la Categoría II UICN. Ambos parques se ubican en regiones denominadas prioritarias para la conservación por WWF (la cuenca del Congo y la Amazonía, respectivamente). Virunga ha sido declarado como un humedal de importancia internacional por la convención Ramsar sobre los humedales y además alberga a 200 de los 700 gorilas de montaña remanentes en el mundo, una especie gravemente amenazada [6] . El Parque Yasuní es la reserva biológica más importante en la Amazonía, y posiblemente el lugar de mayor biodiversidad del hemisferio occidental.Bass, [7] El Yasuní además alberga a los dos últimos grupos indígenas en el Ecuador que todavía sobreviven en aislamiento voluntario, manteniendo su cultura basada en la recolección, caza y agricultura semi-nómada, y también es el hogar de 3.000 indígenas contactados de las nacionalidades Huaorani y Kichwa. En Virunga, aproximadamente 50.000 personas dependen económicamente de la pesca y su comercio.

Hace cuatro años la empresa petrolera inglesa SOCO comenzó la exploración en el lado sur del Parque Virunga y en junio de 2014, como consecuencia de una campaña liderada por WWF, SOCO declaró que cesará la prospección sísmica en el área, aunque no es claro su compromiso de retirase de Virunga. SOCO ha denominado a su actual posición un “paréntesis” y ha convenido en no continuar sin el acuerdo de UNESCO y del gobierno de la República Democrática del Congo. Existe la preocupación que los límites del parque se modifiquen para permitir la explotación del petróleo.

El caso del Parque Nacional Virunga es una oportunidad para un desarrollo incluyente y sustentable, con participación local y la conservación de su patrimonio natural, abriendo además un camino necesario para la humanidad que podría de esta forma comenzar a mantener inexplotadas –tal cual convendría que fuese- sus reservas de energías fósiles. Sin embargo Virunga todavía necesita continuar su lucha para preservar su integridad.

Ante la urgencia del desafío para encontrar soluciones nuevas y creativas frente al cambio climático, vale recurrir a herramientas existentes, no solo innovadoras, sino que apuntan con precisión a las causas del cambio climático (la extracción y quema de combustibles fósiles); herramientas que han sido diseñadas para áreas prioritarias del punto de vista global buscando proteger el clima y conservar la biodiversidad sobre bases de equidad y el reconocimiento de responsabilidades compartidas y diferenciadas.

El mecanismo creado para Yasuní-ITT puede ser replicado no solamente en el caso de Virunga sino, además, convertirse en un instrumento de uso más extendido dentro del Convenio Marco de Cambio Climático, mediante la creación de un fondo internacional al cual puedan aplicar los países en desarrollo megadiversos con reservas de combustibles fósiles en áreas biológica y culturalmente sensibles. Este fondo podría ser capitalizado lo suficiente como para financiar la preparación de proyectos y el levantamiento de recursos adicionales; contaría con en equipo central encargado de la coordinación de proyectos, monitoreo, control y evaluación. Organismos multilaterales, como los bancos de desarrollo regionales, el Banco Mundial, UNDP, UNEP, entre otros, podrían actuar como agencias de implementación así como proveer asistencia técnica.

Hoy, contando con estudios científicos que refuerzan el dato que una porción importante de las reservas conocidas deben permanecer bajo tierra para mantener el limite de 2°C, la importancia y pertinencia de un mecanismo semejante no puede ser ignorada. De acuerdo al artículo de McGlade y Ekins [8] donde se evalúa la distribución geográfica de las reservas no utilizables por tipo de combustible, el 42% de las reservas de petróleo de Centro y Sud América deben permanecer bajo tierra, así como el 26% de las de África. Asimismo, McGlade y Ekins estiman que el 56% y el 34% de las reservas de gas y el 73% y 90% de las de carbón de Centro y Sud América y África respectivamente no deben ser utilizadas. [9]

Pero el mundo no necesita esperar hasta que un marco regulatorio se desarrolle en Naciones Unidas. La aplicación del mecanismo Yasuní al caso Virunga puede concebirse como un ejemplo demostrativo hacia la futura consolidación de este instrumento.

Si el espíritu innovador de la Iniciativa Yasuní-ITT se adelantó a su tiempo y el Gobierno de Ecuador no pudo sostenerla al no llegar la comunidad internacional a comprometer su apoyo, tal vez ahora el tiempo favorable haya finalmente llegado.


Una versión resumida en inglés de este artículo fue publicada por The Guardian el 9 de febrero de 2015 – Ver artículo

Notas

[1] Meinshausen, Malte, Meinshausen, Nicolai, Hare, William, Raper, Katja, Knutti, Reto, Frame, David and Allen, Myles (2009). “Greenhouse-gas emission targets for limiting global warming to 2 ° C”. Nature Vol 458/30 Abril 2009 doi:10.1038/nature 08017. McGlade, Christophe and Ekins, Paul. “The geographical distribution of fossil fuels unused when limiting global warming to 2 °C”. Nature 517, 187–190 (08 January 2015), doi:10.1038/nature14016.

[2] 846 millones de barriles de crudo pesado.

[3] Larrea, Carlos and L. Warnars. 2009. Ecuador’s Yasuni-ITT Initiative: Avoiding emissions by keeping petroleum underground. Energy for Sustainable Development Journal.

[4] Ibid.

[5] http://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.MKTP.CD.

[6] www.unesco.org; www.birdlife.org; www.worldwildlife.org;www.ramsar.org;www.virunga.org

[7] Margot, Finer, Matt, Jenkins, Clinton, et al. (2010), Global Conservation Significance of Ecuador’s Yasuní National Park, PloS ONE, Volume 5, Issue 1, January 2010.

[8] McGlade, Christophe and Paul Etkins. The geographical distribution of fossil fuels unused when limiting global warming to 2°C. Nature 517, 187–190 (08 January 2015)

[9] Con Captura y Almacenamiento de CO2 las cifras de reservas no utilizables son: Africa, petróleo 21%, gas 33%, carbón 85%; CSA, petróleo 39%, gas 53%, carbón 73%.

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