Un circo de tres pistas

Tenga cuidado lector: el siguiente análisis no será emitido en Davos. Un circo de tres pistas es un circo con representaciones simultáneas en tres pistas. Ha llegado a significar algo salvaje, confuso, cautivante o entretenido. También es peligroso. Por lo tanto, es una imagen apropiada para ilustrar el mundo de hoy.

 

Me gustaría representar el actual panorama geopolítico del mundo como un circo de tres pistas. La razón de utilizar un circo como una metáfora es que cada vez más tanto la política nacional como la internacional son arenas para espectáculos.

Algunos de estos espectáculos son organizados por las potencias consolidadas y las instituciones multilaterales. Como Max Weber una vez escribió la política moderna a veces asume el carácter de deporte. Otros espectáculos son organizados como sorpresas por actores no estatales y extra-institucionales. De estos últimos, las irrupciones terroristas son, tristemente, las más espectaculares. Es como si todos demandaran atención, muchas veces a costa de la verdad, decencia y el respeto por el bien comun.

Hace varias décadas, el sociólogo Guy Debord publicó un libro titulado La société du spectacle[1]. Fue una acusación premonitoria de nuestra cultura consumista saturada de imágenes: un conjunto de fenómenos determinados por el capitalismo como ser la publicidad, televisión, cine y celebridad. Hoy deberíamos agregar redes sociales a la mezcla. Uno de los principales postulados de Debord es que no existe tal cosa como medios de comunicación neutrales; por el contrario, todas las noticias son shows orquestados. Internet estimuló extraordinariamente esta condición humana, y su carácter aparentemente democrático—y algunos dirían anárquico—sólo ha generalizado la habilidad para manipular y engañar. Más aún, los medios de comunicación son omnipresentes y muy difíciles de eludir.

Las voces de una investigación seria y un discurso racional se ubicaron en un segundo plano en este carnaval de imágenes y tuits. Como en la Edad Media, estas prácticas han buscado refugio en algunos—pero de ninguna manera todos los—“monasterios” modernos: algunos círculos de lectura, comunidades científicas, fundaciones, institutos de investigación y definitivamente no en la mayoría de los llamados “think tanks” (usina de ideas) donde se aduce investigación sesgada en apoyo a “conclusiones” preestablecidas.

El gran espectáculo constituye la pista más grande y más visible del circo. Las promocionadas fiestas de tecnologías, la actuación de equipos nacionales compitiendo en eventos deportivos internacionales, las declaraciones grandilocuentes de líderes, el desplazamiento de tropas, el culto a los héroes, las (usualmente insustanciales) declaraciones de las celebridades, las amenazas de guerra, ataques terroristas y las demostraciones de fuerza contraterroristas y el flujo constante de sufrimiento humano exhibido en las pantallas, son características mediatizadas de nuestro ambiente cotidiano, sazonadas con un aluvión de anuncios que propaga tanto los venenos como sus antídotos. En los círculos académicos, la mayoría de estas payasadas, vistas desde una perspectiva competitiva, son llamadas “poder blando”. Mucho después del Dr. Goebbels, ellos son los nuevos ardides de una propaganda refinada.

La segunda pista—una que atrae menos espectadores—exhibe la geopolítica tradicional. Es el ámbito de la competencia entre el poder grande y el chico, en la cual estado-naciones y los bloques de naciones—las permanentes y las ocasionales alianzas—disputan su posición en el mapa.

Luego del final de la guerra fría, y por cerca de dos décadas, la globalización—bajo la protección de la única superpotencia remanente—parecía haber condenado la geopolítica tradicional al tacho de basura de la historia. Pero esto no iba a ser así. Pese a que trajo muchos beneficios, la globalización no los ha distribuido equitativamente, ni al interior de, ni entre países. Hoy, el resultado es resentimiento en expansión y reacción violenta.

Cada vez más, la reacción contra la globalización toma la forma de nativismo, nacionalismo, proteccionismo, un acercamiento transnacional oportunista a las relaciones internacionales, a la polarización dentro, y exacerbada tensión entre, naciones. Como resultado, la geopolítica ha recobrado prominencia tanto en círculos eruditos como en espacios de chateo más populares, oscilando desde la opinión experta de los periódicos hasta las áreas de conexión de las redes sociales. La segunda pista del circo es bastante activa y sus espectadores están un poco más alertas y conocedores del tema en disputa, pese a que nadie sabe qué hacer o cómo terminarán los juegos de poder.

Actualmente, las tendencias son las siguientes. Existe una pérdida significativa de poder y prestigio por parte de Estados Unidos[2], una parálisis en una Unión Europea disfuncional[3] y el alza en influencia e interferencia por parte de China y Rusia. India está llegando sólo un paso detrás. Otras potencias menos significativas, tanto Irán o Turquía dentro de las mayores cuanto Corea del Norte, Paquistán o Israel entre las enanas armadas nuclearmente, tienen sus voces e intereses considerados. Estados débiles aún tienen influencia. Incluso estados completamente débiles pueden causar estragos si dan cabida a movimientos violentos y conforman redes. En todo el mundo, la democracia está en retroceso y el espacio cívico se está replegando[4].

Ninguna de estas tendencias es un buen augurio para el manejo del bien común global ni para el destino de la propia humanidad. Por lo tanto, deberemos esperar disturbios en la segunda pista del circo mundial. La fluidez de los alineamientos entre las potencias cada vez más define el sistema internacional, al balancearse Moscú y Beijing entre ellas, tanto como muchos aliados estadounidenses afianzan sus relaciones con Washington.

Si el lector desea explorar más acerca de la situación en esta pista, recomiendo el reciente libro de Stephen King: Grave New World[5].

La tercera pista del circo es un círculo de violencia: terror, insurrección y conflicto armado abierto. Bajo esta carpa, amigo y enemigo frecuentemente intercambian lugares y la distinción entre combatientes y no combatientes se borra en la contabilización de las víctimas[6]. La distinción entre ganadores y vencedores también se vuelve borrosa en muchas guerras que no tienen un fin previsible: Somalia, Yemen, Nigeria, Afganistán, Irak, Siria y Crimea, para citar algunas.

Cualquier reporte geopolítico que llega a mi escritorio semanalmente marca la creciente inestabilidad y el riesgo de funestos enfrentamientos. Por ejemplo, encontramos el representativo reporte del Stratfor Worldview (19 de enero de 2018):

Previsión anual para 2018: El probable logro de Corea del Norte de una viable fuerza de disuasión nuclear dará lugar a la aparición de una nueva y más inestable era de contención. Como un espectador de tejidos bélicos en la región de Asia-Pacífico, China y Rusia se juntarán mientras que Estados Unidos tomará medidas incluso más fuertes sobre Irán—e incluso sobre sus propios socios comerciales.”

Las noticias de la tercera pista del circo mundial intranquilizan. En mi próximo libro Strategic Impasse[7], caracterizo la situación, exclusivamente desde una perspectiva estadounidense, como una de “condenado si lo haces, condenado si no lo haces[8]”. El reporte citado anteriormente ilustra correctamente el impasse. Pese a que no puede descartarse una amenaza de guerra en la Península Coreana, Estados Unidos probablemente tratará de evitar un costoso ataque preventivo contra el programa de armas nucleares del norte que mataría a millones localmente y desplomaría la economía global hacia una recesión incluso peor. En cambio, las partes del conflicto, como predice Stratfor, entrarán en “una inestable era de contención”. Será un precursor de guerras frías en miniatura por doquier en el planeta, con ocasionales pero devastadoras reagudizaciones. Conflictos de este tipo

Con la proliferación de dispositivos nucleares no sólo entre estados sino en breve también entre actores no-estatales, el riego de destrucción masiva se ha incrementado significativamente. A este respecto, la tercera pista del circo geopolítico podría perfectamente convertirse en el quinto círculo del infierno de Dante, donde los iracundos pelean entre ellos en la superficie del río Styx y se da el gorgoteo sombrío debajo de la superficie del agua. Si esto llegara a ocurrir, diríamos con Dante:

 “¡Cuántos creen allá arriba ser grandes reyes,

Que aquí estarán, como cerdos en el barro;

Dejando tras de sí horribles infamias!” (Inferno, Canto VIII).

Seguro que lo podemos hacer mejor.

 

[1] . Guy Debord, La société du spectacle (1967, Paris: Les Éditions Buchet-Chastel).

[2] . La erosión del prestigio estadounidense no es reciente. Resultó seria en las secuelas de la invasión de Irak, y sólo fue atenuada durante los años del gobierno de Obama, en gran parte debido a la retirada y la vacilación. Donald Trump ha exacerbado este declive. Donde Obama lideró desde atrás, Trump produce una retirada desde el frente. Incumpliendo previos compromisos con un orden internacional sujeto a derecho y emparejado con una ideología autoritaria, el presidente norteamericano está dando rienda libre a malintencionados líderes en otras partes a seguir su ejemplo. El nacionalismo repugnante termina siendo una franquicia.

[3] . Éste será el tema de mi próximo artículo en Opinión Sur “Europa Emerita”. Las próximas elecciones en Italia sugieren que su resultado podría desestabilizar la alianza entre Alemania y Francia, refrenar el proceso de reforma de la Unión Europea e incluso arriesgar la sobrevivencia de la moneda única en el Continente. En definitiva, Estados Unidos es tan frágil que cualquier evento significativo como una elección nacional en Italia o una local en Catalunia destruiría su equilibrio e implicaría una nueva crisis del status quo.

[4] .  Consultar http://carnegieendowment.org/2015/11/02/closing-space-challenge-how-are-funders-responding-pub-61808

[5] . Stephen D. King, Grave New World.  The End of Globalization, the Return of History (2017.  New Haven and London: Yale University Press).

[6] . Esto fue previsto con agudeza por el historiador militar israelí Martin Van Creveld en una serie de libros que comenzó con su famoso: The Transformation of War (1991, New York: Free Press).

[7] . Juan E. Corradi, Strategic Impasse.  Social Origins of Geopolitical Decline (2018, New York and London: Routledge).

[8] . El proverbio en inglés reza: “damned if you do, and damned if you don’t”. Un equivalente en español también podría ser “hagas lo que hagas, estás fastidiado”.

 

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