Ceguera, fin de ciclo, los nuevos rumbos

La dominación neoliberal va aproximándose a su límite de reproducción. Tanto se ha destruido con la impiadosa concentración de la riqueza y de las decisiones que los pueblos del mundo y el propio Planeta no aguantan más. La desigualdad, la pobreza, la indigencia, la destrucción ambiental llevan a la implosión del modelo de sociedad y de mundo que se nos ha impuesto. Los muros que lo sostienen se resquebrajan: frustración y furia popular, miles de millones de personas castigadas y arrinconadas sin futuro, migraciones desesperadas que no cesarán de intentar acceder a países centrales sin el desarrollo de sus lugares de origen, fragmentación de enteras sociedades, profundos replanteos geopolíticos, multiplicación del armamentismo, la contaminación del medio ambiente y el cambio climático desatando crecientes advertencias respecto a que con el Planeta no se juega. Y ese listado apenas si araña los efectos auto infligidos por la humanidad desconcertada. Es incalculable lo que se ha derruido en materia cultural, de información fidedigna sobre lo que sucede y sus consecuencias, la captura de casi todas las democracias existentes, el vaciamiento espiritual y su reemplazo por el endiosamiento del lucro, la codicia sin fin, la huida alienada hacia adicciones, el atontamiento de espectáculos y frivolidades, el consumismo sin sentido e irresponsable.

En ese contexto que anuncia un fin de ciclo se juegan los nuevos rumbos que primarán. Como siempre ocurre, cuando se agrieta un modelo que amenaza desplomarse aparecen nuevos canallas, estafadores del dolor popular. No se sale simplemente con piloto automático de un mundo cargado de inequidades, injusticias, abusos de todo orden. Lo nuevo es objeto de tensiones, de luchas portadoras de esperanzas mezcladas con extendidas mezquindades. Por haber sufrido tanto no nos llega de regalo un mundo mejor; no hay tal cosa. Habrá que erguirse, crecer en comprensión y esclarecimiento y reforzar organizaciones capaces de liberar nuestras capturadas democracias. Entre tantos otros frentes de actuación, tocará revisar en profundidad los valores que han sostenido el sometimiento, desmontar uno a uno todos los motores que llevaron a entronizar la concentración, limpiarnos de fundamentalismos y voces hegemónicas que contrabandean intereses de unos pocos. Debemos permitirnos imaginar, pensar y moldear las sociedades que anhelamos, procesos abiertos, colectivos, en permanente construcción y transformación. Hace a desbloquear los sentires y las capacidades que nos han inmovilizado. No es tarea sencilla pero, eso sí, llega plena de significación y de sentido.

Cordial saludo,

 

Los Editores

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