Tal vez es culpa de los medios, que pusieron fija una lupa sobre el Estado. Tal vez, es culpa de las sociedades, que fueron madurando. Sea cómo fuere, la corrupción es uno de los males que más afecta la credibilidad de la política y que desvirtúa el rol de lo público. Dos politólogos y una filósofa analizan el problema.

[La represa de Yacyretá] lleva cuatro décadas en construcción. El monto previsto originalmente se multiplicó con el paso de los años y nunca hubo una rendición de gastos. Por eso, fue bautizada en la Argentina como “el monumento a la corrupción”. Este, como tantos otros casos, es parte de la realidad local y mundial, que da cuenta de la creciente visibilidad que adquiere el tema de la corrupción en las sociedades modernas.

En un artículo escrito por Alejandro Estévez en 2005 [1]], se analiza de forma amplia este fenómeno que afecta la calidad institucional de los estados. El autor propone abordar el problema desde una visión integral, dando el primer paso en este sentido al buscar una definición que permita delimitar el área de estudio y la búsqueda de sus posibles soluciones.

¿Qué entendemos por corrupción?

La Real Academia Española define a la corrupción como: “La acción y efecto de corromper. En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”.

Consultado por Opinión Sur Joven, el politólogo Alejandro Estévez, explica que si bien existen muchas definiciones, para él la corrupción es un acto en que “un individuo se aprovecha de un orden colectivo para un beneficio privado”. “La corrupción no es un hecho ingenuo, sino algo organizado y estable. Tiene que haber condiciones que la favorezcan, como la opacidad que caracteriza a muchos estados latinoamericanos. Existe una relación inversamente proporcional entre los niveles de transparencia y los de corrupción. En Argentina estamos en un nivel intermedio: lejos de países muy transparentes como Alemania, pero también de otros más opacos como Paraguay”, opina.

“La política puede armonizar intereses privados para un bien público, pero cuando hay corrupción este principio se pervierte”, agrega Diana Maffía , legisladora de la ciudad de Buenos Aires por la Coalición Cívica y doctora en filosofía.

La transparencia, ¿un bien económico?

Algunas opiniones sobre el origen de la corrupción están relacionadas a un determinado contexto como la falta de desarrollo económico, las características de una cultura o a cuestiones estructurales como la propia naturaleza humana. Ninguna prevalece sobre la otra, e incluso, pueden llegar a complementarse.

Generalmente se utiliza como unidad de medida, al grado de desarrollo económico. “Latinoamérica está mejor que otros continentes como África, pero peor que otros como Europa, porque cuanto más pobre es un país más corrupción hay por la falta de información y control”, afirma Diana Maffia.

Pero no todos concuerdan con este diagnóstico. “Argentina tiene altos parámetros de corrupción según mediciones de organismos especializados en el tema como Transparencia Internacional. Sin embargo, se contradicen los indicadores de salud, educación, trabajo, etc. que son buenos, con el alto nivel de corrupción existente en el país”, opina Sergio Berenzstein, doctor en Ciencia Política y director de la consultora política Poliarquía. Chile, Uruguay y Costa Rica son algunos de los países con los índices de corrupción más bajos de la región.

El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) es una herramienta metodológica utilizada por Transparencia Internacional para medir, entre empresarios y analistas de cada país, el grado de corrupción en el mundo. El puntaje otorgado tiene un rango de variabilidad de 0 (altamente corrupto) a 10 (altamente transparente). Sobre un total de 179 estados relevados en 2007, el primer lugar (9,4) es compartido por Nueva Zelanda, Dinamarca y Finlandia. En América, los cinco primeros son Canadá en el puesto 9; Estados Unidos, en el 20; Chile, en el 22; Barbados, en el 23 y Uruguay, en el 25. Argentina ocupa el lugar 105 (2,9 puntos), por debajo de Tanzania, Jamaica o Bostwana.

Cabe aclarar que estos números hacen referencia a lapercepción de los encuestados y no a la realidad del país. Por eso, si bien los números parecen darle la razón a Berenzstein, también ocultan otras variables más complejas y menos visibles: “En algunos lugares del mundo tienen un doble discurso para la corrupción –asegura Estévez-. Por un lado es combatida en los países desarrollados, pero tienen una política que contempla los denominados ‘pagos de engrase’ o sobornos con los países en vías de desarrollo: para que funcione la maquinaria, a veces hay que ‘engrasar’ algunos engranajes”. También existen otras formas de corrupción más institucionalizadas. Un ejemplo es lo que sucede en Suiza, que recibe fondos sin preguntar sobre su origen: si bien el dinero no se genera ahí, alienta este tipo de prácticas al no controlarlas. En otros lugares como Asia se encubre el soborno a través de la cultura del regalo; en vez de dar dinero, se estila hacer regalos costosos a las personas elegidas para sobornar.

Diana Maffia concuerda con Estévez y asegura que éste es un problema mundial. “Recordemos el caso de la empresa sueca Skanska, que le pagó sobornos a funcionarios argentinos para ser beneficiada en la licitación de obra pública. Lo que genera esta falta de control en América Latina es un gasto planificado en el balance de las multinacionales. Los países desarrollados utilizan un doble estándar a la hora de hacer negocios con los países en vías de desarrollo”. Otro ejemplo es el caso de la pastera Botnia, cuya casa central se encuentra en Finlandia, país que figura en el primer lugar del ranking de Transparencia Internacional. El conflicto ambiental entre Argentina y Uruguayfue generado porque la empresa en su país de origen utiliza mecanismos menos contaminantes que los aplicados en la región.

“Este doble parámetro –opina Maffía- se comenzó a utilizar a partir de la década de los ’90, cuando los organismos de crédito internacional, como el Banco Mundial, fomentaron su uso entre las empresas inversoras extranjeras para que pudieran acceder con mayor facilidad a la extracción de los recursos naturales y energéticos de la región. Un gobierno corrupto es el que cede a estos intereses”. Y agrega: “La concentración de la decisión y la falta de controles favorecen la corrupción. Esto lo podemos ver con sobreprecios en la obra pública, por ejemplo”.

Causa y efecto

“La política en Argentina está fundada sobre la corrupción porque para financiarla se requieren muchos recursos económicos y, además, se encuentra alimentada por el clientelismo y la renta de los dirigentes”, afirma Diana Maffía. “Esos dirigentes, y no me refiero a los militantes, son como soldados mercenarios que se venden al mejor postor. No hace falta más que mirar a la mayoría de los sindicalistas para ver esto”, asegura. Estévez concuerda parcialmente: “El clientelismo también es corrupción. Si bien la corrupción tiene varias dimensiones, en Argentina predominan las necesidades materiales. Italia, en cambio, tiene altos niveles para lo que es Europa, pero por una cuestión de valores”, explica.

Existe una doble dimensión de la corrupción: una valorativa, en que la sociedad compra un determinado modelo de éxito o toma como válidas prácticas corruptas. La otra dimensión es la estructural: las grandes corrupciones son organizadas y para eso se sirven de las opacidades existentes en algunos lugares del Estado. “Para cambiar esto hace falta un shock de valores y una reestructuración de las organizaciones” propone Estévez.

¿Y los jóvenes? Desde muy temprano son comprometidos por los dirigentes a través de la militancia rentada mediante becas o con el otorgamiento de subsidios para “hacer caja”. Lo que en un primer momento puede parecer atractivo y estimulante para ellos, resulta ser a largo plazo la legitimación de los que hoy están en el poder.

Es sabido que altos niveles de corrupción política son inversamente proporcionales al progreso de una persona, porque afecta el accionar del Estado e incide en la calidad de vida de todos los que estamos en la sociedad. En este esquema, los jóvenes son los más perjudicados ya que cuentan con menos herramientas para defenderse de la corrupción, y con menor cantidad de contactos y de capital social acumulado. Porque la corrupción es más fértil cuando existen contactos para llevarla a cabo.

+Info

Baragli, Néstor (coordinador) y otros “Resetear la sociedad. Ideas de los jóvenes sobre la corrupción”, (Buenos Aires, Oficina Anticorrupción – PNUD, 2007). Un gran trabajo que recopila información sobre las percepciones de los jóvenes de la Argentina en relación a la corrupción, cuyo eje de trabajo es la educación a través de la formación ética como método de prevención.

Estévez, Alejandro “Reflexiones teóricas sobre la corrupción: Sus dimensiones política, económica y social”, (Buenos Aires, Revista Venezolana de Gerencia Nº 29, 2005). Un interesante artículo académico sobre las dimensiones y los alcances de la corrupción en la sociedad, así como también del estado de la cuestión en la problemática.

UNA PELÍCULA:

“Asesinato en el Senado de la Nación”, (Argentina, drama, 1984). Este film cuenta una historia de corrupción entre terratenientes, políticos y capitales ingleses en el contexto de la denominada “década infame” en la Argentina. La trama culmina con el intento de asesinato del senador Lisandro De la Torre en el Congreso Nacional, cuyo desenlace trágico se cobró la vida de su colega Enzo Bordabere y desató un escándalo nacional.

[1] Ver Alejandro Estévez [“Reflexiones teóricas sobre la corrupción: sus dimensiones política, económica y social”->http://www2.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-99842005000100004&lng=es&nrm=iso