Dada la inestabilidad laboral a la que se ven sometidos muchos jóvenes, a veces es difícil costearse las vacaciones. Frente a este problema algunos encontraron la solución: trabajar en el mismo lugar de veraneo. ¿Cómo se animaron a empezar? ¿Cuánto ganan y con cuánto esfuerzo? ¿Cuáles son los rubros más apropiados? Claves para compatibilizar placer y negocios.

Punta del diablo Uruguay. El joven periodista estaba en la playa, tirado, cual morsa transatlántica que se halla justo en el período de hibernación (por favor, que ningún zoólogo me venga con que las morsas no hibernan, o críticas sin importancia). El sol pegaba perpendicularmente y las gotas de sudor caían desde la frente y viajaban por los lugares más recónditos de su cuerpo. A su alrededor, música de Bob Marley y un grupito de mujeres de veintipico -una más buena que la otra- jugando al beach voley y bailando Halo Hawaii. Nada podía interrumpir su paz y tranquilidad. Hasta que de repente se levantó sobresaltado: “¡Me olvidé de hacer una nota para Opinión Sur Joven !”. Y así surgieron las siguientes líneas en las que el cronista se vio obligado a: “Trabajar en vacaciones”.

Hacer la mochila

Hablar de jóvenes como unidad es a veces un poco difícil. Particularmente cuando hablamos de trabajo. En la Argentina sólo el 51% de los varones y el 30,74% de las mujeres de entre 20 y 24 años trabaja (aunque sea haciendo changas). Entre los 25 y los 30 el número crece a 73,70% y 52,20%, respectivamente. [1]

De los que no laburan, algunos no lo hacen porque no quieren -están terminando sus estudios, o prefieren vivir a sus viejos- y otros porque no consiguen; y de los que consiguen, a veces se complica tener algo estable, que pague vacaciones y aguinaldo como marca la ley.

Entonces, a la hora de irse de vacaciones, la cosa se complica: ¿de dónde sacar la guita para hacerlo? Muchos le encontraron la vuelta: ¿por qué no intentar trabajar en vacaciones? Algunos están sin trabajo y se lanzaron; muchos hacen changas durante el año y se mudan a distintos puntos para costear las vacaciones; otros se animaron a renunciar a sus empleos para lanzarse con algo propio en algún lugar top; por último, hay quienes lo hacen como modo de vida. Aquí nos cuentan sus experiencias.

Vanesa tiene 22 años. Estudia educación y durante el año se desempeña como auxiliar docente en escuelas primarias o jardines. Además, también tiene otros ingresos: confecciona y vende ropa en la feria artesanal de Plaza Serrano (Argentina).

Dado que su principal trabajo -en las escuelas- no continúa en verano, aprovechó para tomarse unos días e irse a las playas uruguayas. Para compensar los gastos del viaje decidió armar collares y venderlos en la playa. Y el negocio no le salió nada mal. Vendió un promedio de 20 collares por día a 100 pesos uruguayos cada uno ($15 argentinos o 5US$), lo que da unos 100 dólares diarios. Nada mal, para costear las vacaciones y encima traerse unos manguitos a casa.

¿Pero puede considerarse eso realmente vacaciones? Ella dice que sí. “Es todo al mismo tiempo. Yo disfruto vendiendo, camino, me tiro a tomar sol, me meto al mar, agarro las cosas de nuevo, me fumo un pucho, vuelvo…”.

Claro que las vacaciones pueden resultar un poco frustrantes si uno no lo toma con soda. De esto surge la regla N°1 que impusieron Joni Sosa y sus amigos, que crearon un nuevo parador en la playa “La Viuda”: “El que se estresa se pega un baño”.

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El Chiringuito

Joni tiene 27 años y junto a cuatro amigos veraneó en 2006 en Punta del Diablo. El es de Montevideo y en general trabajó siempre en el sector gastronómico. Habían ido en marzo, y pese a que no había tanta gente -porque ya la temporada está en baja- vieron el potencial de la zona. Así, se les ocurrió poner juntos algún tipo de emprendimiento en la localidad. “Es una concesión con el gobierno de Rocha [2] -explica Joni- y el proceso fue muy engorroso. Tuvimos la idea en marzo del año pasado, se empezó a cristalizar todo en agosto, cuando empezamos a decir ‘¿Vamos? Sí. Vamos’. Ahí empezamos a averiguar, una licitación con la intendencia, que fue muy complicada, máximo cuando teníamos que hacer todo desde Montevideo. Fue engorroso, pero salió”.

— ¿Qué tuvieron que hacer una vez que llegaron? ¿El puestito éste ya estaba?
— Esto que se licitó era arena. Se licitó para extender la playa de Punta del Diablo. Acá no había nada. Vinimos el 18 de diciembre, y en 10 días -laburando 14 horas por día- levantamos esto. El haberlo hecho nosotros con nuestras manos le da otra magia. Además de toda la onda que tiene, le pone dosis extra saber quién puso cada tabla.

El trabajo en vacaciones puede resultar estresante. Tal vez eso explica el cartel que dice “el que se estresa se pega un baño”. El Chiringuito -así se llama el parador- abre a las 10 de la mañana y cierra a las 10 de la noche (NdR: al menos en teoría, son esos horarios, porque yo siempre los vi abrir a las 12), y lógicamente esto cansa. Más estando en la playa: “La Viuda es una playa que tiene viento siempre, entonces te cansas del viento, de la sal y de estar parado. Pero tenés millones de lados positivos, como esto (de poder ir al mar en cualquier momento)”, dice Joni.

— ¿Qué es más: vacaciones o laburo?
— Es una manera de estirar las vacaciones, porque estás con tus amigos con la consigna de pasarla bien. Y acá conocés gente alucinante. Esta es la idea de las vacaciones: playa, conocer gente que esté buena, desestresarte, reconectarte con la naturaleza, estar con amigos… todo eso lo tenemos.

Joni dice que prefiere no declarar su facturación a Opinión Sur Joven , aunque reconoce que “se factura bien” y que podrían tener una mejor recaudación si el lugar fuera un poco más grande y pudiera absorber la demanda de todo lo que pide la gente.

No todo es color de rosas para quienes deciden emprender este camino. Y por cierto, este arte de aceptar que tus vacaciones no sean sólo de relax no es para cualquiera.

40 kilómetros diarios caminan por ejemplo, Pablo Fernández y su mujer. Pablo es artesano, y vive de eso durante todo el año. Su especialidad consiste en el diseño y confección de réplicas en miniaturas de edificios antiguos.

Durante el verano recorre la costa uruguaya con réplicas de los clásicos barcos de pesca artesanal, típicos de las playas de esa zona. “Yo vengo acá desde que tengo diez años, y vi el laburo artesanal de los pescadores. Me parece que todo Rocha es símbolo de pescadores”, opina. Pablo hace esto hace ocho años, y siempre le va muy bien, según cuenta: 15 ó 20 por día a 100 pesos uruguayos cada barquito, le dan una ecuación similar a la de Vanesa: 100 dólares diarios. Claro que para esto Pablo camina sus 40 kilómetros por día, lo que -sólo de escucharlo- cansa a más de uno.

— ¿Es buen negocio vender en la costa?– le preguntó Opinión Sur Joven
— No sé si lo llamaría de esa manera, pero podríamos decir que sí.
— ¿Se disfruta?
— Sí, porque estás haciendo lo que querés, en la playa con el mar y tus tiempos.

Claro que no todos deciden caminar tanto. Algunos porque es más fácil: como el plan es ir de vacaciones, no tiene sentido estar todo el día caminando. Este es el caso de Verónica, de 29. “En realidad yo vengo a la playa a hacer playa. Pero pongo los dos caños con los collares y el que quiere mirar que los mire. Cada tanto me doy una vuelta y los ofrezco, pero no vengo a trabajar sino a disfrutar”.

— …y a compensar gastos de vacaciones.
— Exacto.

Con esta metodología ella tiene picos de ventas para arriba y para abajo: los peores días no vende nada; los mejores hace 1300 pesos uruguayos (70 dólares, aprox). Verónica dice que la primera quincena de enero es la mejor, y que los mejores días de venta estuvieron allí. Ella y otros artesanos y vendedores, aseguran que hay un repunte importante los días de carnaval, que en Uruguay son feriado.

Entre los que eligen no caminar también se encuentran Camila y Evangelina (25 y 26 años, cada una), argentinas, que empezaron pateando la playa como Pablo, hasta que descubrieron que era más eficiente (relación costo/beneficio) quedarse en un lugar. “Yo camino de punta a punta y después pongo un palo fijo porque me di cuenta de que se vende mejor así. A los tipos les gusta que no vayas a molestarlos. En la Argentina estamos acostumbrados a que vengan nos hablen… de hecho extraño que acá en Uruguay no está el vendedor de choclos o el de churros”, dice Evangelina.

Ellas son amigas, vinieron juntas, trabajan en conjunto, pero a la hora de vender cada una hace la suya. “Esto es para matizar los gastos. Te ayuda en el día a día, para quedarte un día más, tal vez”, dice Camila que se acaba de recibir de partera y necesitaba unas vacaciones luego de un arduo año de estudio.

Opciones hay muchas. Desde los artesanos hasta los que se animan a poner un barcito, boliche o kiosco en la temporada alta. Según el relevamiento hecho por el portal turístico portaldeldiablo.com de los 20 lugares disponibles para comer en la zona, sólo ocho están abiertos todo el año. Los otros 12, abren en temporada alta o intermedia.

Por ejemplo el bar “El Ancla” es trabajado por un par de jóvenes, que se animaron a hacer la temporada. El lugar -una cabaña pequeñita- tiene un entrepiso en donde ellos duermen, una vez que cierra el bar.

Consiguieron una pantalla gigante, algunos músicos para tocar en vivo y unas velitas, y el lugar quedó armado. Sumado a eso desarrollaron una carta tradicional y una vegetariana, con productos naturistas.

Ejemplos sobran. Esta es sólo una localidad de un país de Latinoamérica. Pero todos los países tienen lugares más o menos exóticos de veraneo a los que se puede ir a trabajar, a intentar venderles a las personas que están descansando y a uno mismo pasarla bien. Sólo se trata de animarse a emprender. Así lo recomiendan quienes lo hacen.

“Yo diría que está bueno, que te animes, que no te aburrís, que es terapéutico, hablás con la gente. Y es una buena experiencia porque te divertís y no es como un trabajo”, opina Evangelina cuando se le piden consejos para quienes quieren emprender su camino. Con esto coincide Vanesa, la de 100 dólares diarios: “Vengan, porque está todo bueno. Hay que dejar de lado los miedos y venir, porque con esto se pagan las vacaciones, y sobra”.

[1] Fuente: Encuesta Permanente de Hogares del Indec. Año 2002.

[2] Rocha es la intendencia principal que tiene a cargo la gobernación del pueblo Punta del Diablo.