Toda actividad humana genera algún tipo de contaminación en el medio ambiente. Ese presupuesto, por más doloroso que resulte, es irrefutable. Las actividades industriales son más perjudiciales que nuestra rutina diaria, como la combustión que sale del tubo de escape del auto. Ahora, si se habla de minería, todos los ambientalistas coinciden en un coro de denuncia: es la más perjudicial de las actividades, por lejos.

La minería es necesaria para suministrar varios bienes a los seres humanos, pero no es sustentable en el tiempo, porque está basada en la extracción de recursos no renovables. Un país puede estar 100, 200 ó 1000 años plantando algodón si se toman los cuidados necesarios; pero no puede estar ese tiempo exportando oro de modo intensivo, por una sencilla razón: el metal en algún momento se acabará.

“En el mundo real, decir que la minería es insustentable es en realidad quedarse muy cortos, (porque) sus impactos exceden largamente lo que la gente consideraría normalmente como insustentable”, sostienen en el libro Minería. Impactos sociales y ambientales (una selección de artículos publicados en el boletín electrónico del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales).

¿Por qué? Según ellos esta actividad es responsable por la pérdida del sustento de millones de personas. “Está en las raíces de numerosas guerras civiles, dictaduras e intervenciones armadas extranjeras; es responsable por la violación generalizada de derechos humanos; es responsable por el envenenamiento de personas y del medio ambiente; es una de las causas directas y subyacentes más importantes de la deforestación y la degradación de los bosques”.

Después de semejante prólogo, mejor consultarle a un especialista para que explique por qué la minería es el diablo de la industria basada en recursos naturales.

No más pica y casco

En otros tiempos, la minería era sinónimo de trabajar en galerías subterráneas horadando las montañas, con obreros portando una pica y casco con linterna, sumergiéndose en las profundidades de la Tierra. Pero ya no. Si bien aún existen minas subterráneas, como las de oro de Witwatersrand, en Sudáfrica (la más profunda del mundo) o las de El Teniente, en Chile (la más grande del mundo), “hoy la tendencia es dinamitar montañas enteras para obtener el metal”, comenta aOpinión Sur Joven el especialista en minería y medio ambiente Norberto Costa, un “multimilitante” contra esta actividad: participa en cinco organizaciones ambientalistas, entre ellas la Asamblea Socio Ambiental del Noroeste Argentino (ASANOA) y la Red Nacional de Acción Ecológica (RENACE). Costa explica que el modelo de negocios de las mineras cambio radicalmente. Dado que a nosotros nos precedieron cientos de años de extracciones, para obtener el oro necesario para hacer un anillo hoy se deben dinamitar más de 20 toneladas de roca.

Con este panorama, la minería que se impone es otra: la “megaminería química metalífera”, que tiene básicamente el siguiente proceso: en cada yacimiento se producen dos voladuras diarias cada día del año; luego las rocas partidas con las explosiones son cargadas y transportadas hacia las “trituradoras mecánicas” que las convierten en pequeñas partículas. De ese producto se separa el metal o metales buscados del material estéril, para lo que se usan distintos métodos (lixiviación o flotación); pero en todos se utilizan sustancias químicas tóxicas (cianuro, ácido sulfúrico, etc.) y muchísima agua (un promedio de 1000 litros por segundo).

Luego de apartar los metales que interesan, quedan desechos sólidos y líquidos. “Los sólidos van a parar a las escombreras, que son enormes pilas de roca triturada que quedan al aire libre y expuestas para siempre al viento, rocío, nieve o lluvias, y que producirán drenajes ácidos por cientos de años”, explica Costa y agrega: “Los desechos líquidos van a parar a enormes lagunas artificiales o al aire libre. El problema es que contienen ‘sopas químicas’ y restos de metales pesados que permanecerán eternamente produciendo drenajes hacia las napas subterráneas”.

Por si fuera poco, las explosiones diarias liberan a la atmósfera gases nitrosos propios de las voladuras y enormes cantidades de polvos mineros (con arsénico) en suspensión que envenenarán los cursos de agua, arruinarán los cultivos, matarán a los animales y enfermarán a los hombres y mujeres que los respiran. “A esto debemos sumarle la alteración del paisaje –observa Costa- porque ‘desaparecen’ montañas y quedan enormes cráteres, como el open pit (cráter de mina) deLa Alumbrera (en la provincia de Catamarca), que tiene más de 2 kilómetros de diámetro y 800 metros de profundidad”.

Mucho daño, pero mucha plata

La minería es un gran negocio, sobre todo con los precios astronómicos de las materias primas, como el oro y el cobre. Por eso, además de dañar al ecosistema, generan muchos millones de dólares. Pero no sólo el viento de proa de esta coyuntura económica global ayuda a llenar las arcas de las compañías mineras. También hay varias “ayuditas” de parte del aliado menos debido: el Estado.

Una de las razones es que algunos gobiernos, como el argentino, les regalan “leyes a su medida, que les permite llevarse todo dejando migajas”, se queja Costa, argumentando que en el mejor de los casos pagan 3% de regalías “pero con eximición de impuestos y estabilidad fiscal por 30 años”. En el caso argentino, además cuentan con energía eléctrica y gasoil a precios subsidiados, que encima consumen “en cantidades monstruosas”: la minera más grande del país, La Alumbrera, necesita 5 millones de litros de gasoil por mes y consume la energía eléctrica equivalente al 80% del uso total de la provincia de Tucumán (de más de 1 millón de habitantes). Por si fuera poco, La Alumbrera utiliza 100 millones de litros de agua por día, lo que, inevitablemente lleva a preguntarse: ¿Qué beneficio obtiene nuestra sociedad al perder recursos vitales como agua y la energía para que sean consumidos en forma brutal por las mineras?

Esta absorción descomunal de recursos también repercute en la política energética de los países. Por ejemplo en la Argentina, al no alcanzar la energía eléctrica del sistema, el Gobierno anunció un plan nuclear para reflotar centrales atómicas, las cuales, además de ser un peligro -que Chernobyl ya demostró- obligarán a explotar minas de uranio a cielo abierto que consumirán más energía, destruirán más montañas y lixiviarán con ácido sulfúrico. Todo este sacrificio económico y ambiental para una actividad que, encima, dará frutos económicos por no más de 15 o 20 años. Por eso, los militantes anti minas piensan como Costa: “La gestión empresarial de las mineras se enmarca en extraer y llevarse lo más rápido posible y en mayores cantidades los metales que son de su interés; y se enmascaran en prácticas mentirosas de responsabilidad social empresaria, cooptando la voluntad de funcionarios y gobiernos, y promocionando un inexistente desarrollo”.

La resistencia

Los estragos de la minería no pasan desapercibidos por la gente. Menos por los que viven cerca de los yacimientos. Y la resistencia va creciendo. “El ejemplo más fuerte de rebelión ciudadana y oposición a la megaminería se dio en Esquel (Patagonia argentina), donde la población forzó un plebiscito que ganó con más del 80% de los votos, y la compañía Meridian Gold tuvo que paralizar el proyecto. Hoy ese ejemplo está prendiendo en todas las regiones afectadas o las que están cerca de serlo”, comenta entusiasmado Costa.

Existen una infinidad de organizaciones vecinales de autoconvocados, asambleas, ONGs, clubes, etc, que se están pronunciando contra la megaminería química y levantándose contra ella, contrarrestando la presión económica de las empresas y el lobby que ejercen ante las autoridades. Además, están ayudados por la todopoderosa fuerza de Internet. Hay muchísimas cadenas de mails y newsletters que denuncian casos de mineras abusivas y muestran ejemplos de lucha en todo el mundo contra esta actividad.

Para Costa, la solución es abstracta, pero tajante: “El ‘primer mundo’ tiene que bajarse de su loca carrera consumista. Esos países agotaron sus recursos y ahora vienen a saquear nuestros bienes comunes, como hace 500 años, pero es peor, porque ahora vienen por todo”.

¿Te gustó esta nota? Suscribite clickeando acá

+Info

Un artículo para que sepas algo más sobre la minería

Libro Minería. Impactos sociales y ambientales (una selección de artículos publicados en el boletín electrónico del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales).

Minas en explotación en Andalgala Argentina