En América del Sur sólo Paraguay reconoce diplomáticamente a Taiwán como país. Si bien muchos lo consideran como parte de la República Popular China, los taiwaneses se erigen como un país democrático y liberal. Una colaboradora de Opinión Sur Joven que vivió en la isla cuenta las diferencias entre chinos y taiwaneses.

Ilustración: Guadalupe Giani

Esta vez la ciudad visitada es Taipei; el país, Taiwán, la otra cara de la moneda Oriental en la que la República Popular China ha tenido y tiene hegemonía. El mundo piensa en el gigante continental y se olvida de la pequeña isla que se revela como un lugar tranquilo, lleno de cultura, historia y tradición. Un país que con disimulo lucha por ser reconocido.

Para ponernos en órbita

En 1544 los portugueses descubrieron la isla y la llamaron «Formosa», que quiere decir «isla bonita». En el siglo XVII holandeses, españoles, seguidos luego de las dinastías Ming y Ching chinas se asentaron, se disputaron y gobernaron el lugar. Más tarde, en 1895 Japón la adquirió como colonia devolviéndola a China en 1945. Cuatro años después, Chiang Kai-shek se enfrentó con los comunistas del continente trasladando el gobierno a la isla y fundando a Taiwán o a la República China (que no es lo mismo que la República Popular China, que es la que todos conocen como China continental, la gran masa de tierra cuya capital es Pekín).

Desde hace años China continental reclama derechos sobre la isla alegando que es una de sus provincias con gobierno autónomo. Los Taiwaneses, por otro lado, están en desacuerdo y se erigen ante la comunidad internacional como un país democrático y liberal. En estos últimos años las relaciones con China han ido mejorando y se espera que haya un intercambio más fluido entre ambos países. En América del Sur sólo Paraguay reconoce diplomáticamente a Taiwán como un país, por eso no es poco frecuente ver en las calles de Taipei a muchos paraguayos dando vueltas, quienes obtienen becas de estudio y otros beneficios.

Gente en Formosa

Hay un gran contraste entre los chinos y los taiwaneses. En las grandes ciudades chinas las personas no son muy cordiales, se caracterizan por ser bastante individualistas y tienden a pensar demasiado en el dinero. La cortesía no es moneda corriente en las calles de Pekín o Shenzhen, pero sí en Taipei donde al consultarle a algún extraño acerca de una dirección cualquiera, el informante es capaz no sólo de explicarnos detalladamente cómo llegar a destino, sino también de acompañarnos hasta allí para asegurarse de que lleguemos. Siempre están con una sonrisa y muy dispuestos a dialogar con extraños. Quizá se deba a que en toda la isla hay 22 millones de personas, mientras que en China, sólo en Pekín existe esa cantidad de habitantes. Taipei da la sensación de ser una ciudad muy tranquila y amena. Las personas se mueven a un ritmo mucho más calmo que el de las ciudades chinas y parecen disfrutar de otra manera lo que los rodea.

Una de las perlas de esta cortesía es la actitud de los vehículos en la calle. Es sorprendente cómo dejan pasar a los peatones donde no hay semáforos. En el subte, contrariamente a lo que ocurre en China, los hombres ceden sus asientos a las mujeres y todos se apresuran a hacerle lugar a las embarazadas y a los ancianos. Son menos personas, movilizarse no es tan caótico, las distancias son bastante accesibles y no se hace nada pesado pasear por la ciudad.

En Taipei existe una comunidad extranjera con gente de países como la Argentina, Brasil, España, Italia, Rusia, Guatemala (otro país que reconoce a Taiwán), Japón, Corea, Francia y Filipinas. Desde el año pasado comenzaron a abrir sus puertas a los chinos, por lo que varios del continente viajan y se mezclan en la ciudad. Como la capital es de dimensiones relativamente pequeñas es frecuente que los extranjeros se encuentren en sus calles y se junten a comer en algún puesto de comida local o en un restaurant de comida extranjera.

Algo que sí comparte con China es la seguridad. Si bien hay robos callejeros de vez en cuando (nunca violentos), la gente puede andar y vivir con total despreocupación.

Cultura, presente y tradición

Se dice que en Taiwán están los mejores y más profundos resabios de la cultura China. Tal vez sea una exageración que tiende a desmerecer las reliquias que se suelen encontrar en la China continental. De todos modos, es cierto que la isla es un país con un diálogo más vivo y real con las huellas que han quedado de su historia. La actitud taiwanesa hacia su cultura es la de admiración y orgullo, y la de una constante necesidad de retornar al pasado como forma de legitimar el presente.

Un rasgo distintivo de su tradición viva es el uso de los caracteres chinos, los cuales son los llamados «tradicionales» contra el chino «simplificado», instaurado por Mao (el cual es una transformación del tradicional que le saca su complejidad y permite que sea mucho más fácil escribirlo).

Si bien es verdad que en la actualidad su productividad es amplia y variada: computadoras, pantallas digitales, repuestos, teléfonos celulares y demás artefactos de la vida moderna, es interesante ver de qué manera la sociedad del siglo XXI puede conjugar ese presente con un pasado milenario sin dañar la comunión con el mismo. Sus festejos son explosivos y elocuentes. Bailes y reuniones tradicionales tienen mucha más realidad en Taiwán que en China, donde las festividades no suelen tener (salvo en contadas excepciones del campo) un profundo sentido ritual.

La tradición se ve en las calles, donde muchas veces uno se encuentra con museos, templos y lugares religiosos abiertos al público insertos en medio de las edificaciones de la modernidad. Taiwán posee reliquias y espacios que han sido claves en la historia China y en el desarrollo de la cultura. Gran parte de esa tradición viva se encuentra también cercana al paso de los japoneses por la isla, quienes supieron dejar su impronta no sólo en monumentos y piezas históricas sino también en la mirada que el taiwanés tiene ante el orden y la organización. Contrariamente a lo que sucede en China, Taiwán respeta y admira el desarrollo japonés y siente que debe aprovechar al máximo su legado.

Verde que te quiero verde

Una de las cosas más impactantes de Taiwán es de qué forma se relaciona con la naturaleza. No vamos a negar que hay lugares bastante contaminados, pero esa contaminación es igual a la de todos los lugares del planeta que más o menos despiden gases y tóxicos a la atmósfera. En Taiwán hay una conciencia poderosa acerca de la realidad ambiental, y tanto el gobierno como la gente saben que es de vital importancia mantener un equilibrio coherente (o al menos lo que más se pueda en el mundo actual) con lo que los rodea. Al estar inmersos en el liberalismo, el consumo y el sistema capitalista, los taiwaneses también entienden -como cualquiera que acate tal sistema- que no hay una real escapatoria de lo que se le puede hacer al planeta, pero al menos buscan opciones que los lleven a dañarlo menos, cosa que no hace China, la cual, de las 30 ciudades más contaminadas del mundo, es dueña de 20.

En Taipei, por todos lados hay árboles de distintos tipos, palmeras, arbustos, macetas, plantas, flores. Las casas, los balcones, los departamentos rinden una especie de culto al medio ambiente. La ciudad, siendo tropical, no sólo cuenta con muchos espacios verdes sino también con diversas especies de aves que andan por todos lados entre la gente y en los árboles. En China, por otro lado, esos espacios son artificiales e impuestos.

Pequeña isla

Taiwán es una isla pequeña. Si bien guarda con China ciertas similitudes, es cierto que los taiwaneses se diferencian en el modo en el que encaran la tradición, su relación con el medio ambiente y la cortesía (desde no escupir en la calle, como se suele hacer en China en todo momento y como una especie de tic, hasta dejarle asiento a una embarazada). Tal vez, aunque ambos países compartan una misma raíz cultural, la historia se encargó de alejarlos lentamente y de posicionarlos en lugares casi opuestos. Para un chino es terrible que en toda mi nota me haya referido a Taiwán como «país», pero creo que es lo correcto, lo que debo hacer. No sólo porque Taiwán, históricamente fundó su propia república y se deslindó de lo que en ese momento pretendía ser el comunismo, sino también porque la diferencia la marca su gente. Se verán bastante parecidos, pero no son lo mismo.

Ilustración: Guadalupe Giani

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