¿Qué le pasa a un hijo adoptivo cuando se encuentra con sus padres biológicos? Un embarazo, la decisión de adoptar, el conflicto por la identidad, las preguntas, la decisión de enfrentarse con el pasado. Todo, resumido en esta historia.

El test le dio positivo. Dos rayitas le indicaron que por nueve meses iba a gestar a un bebé. Y su cuerpo se transformó, su cintura perdió sus curvas habituales y sus senos se convirtieron en fuente de alimento. Caderas anchas, panza en estado de expansión. Pies hinchados y zapatos apretados. Supongo que se debe haber sentido grande y pesada.

Tuvo contracciones, sintió dolor y en el noveno mes empujó.“¡Pujá! ¡Pujá! ¡Respirá! ¡Volvé a pujar!”, le repetían .Y ella pujó, pujó, respiró y a las 7 am estaban apareciendo los primeros indicios de un bebé. “La felicito, tiene una beba hermosa”, le dijo la enfermera. Pero ella sabía que en ese instante parir y partir se fusionaban en un mismo momento.

Cuestionario Abierto

(Las preguntas abiertas son particularmente útiles cuando no tenemos información sobre las posibles respuestas de las personas o cuando esta información es insuficiente)

“¿Ascendencia? No sé. Tal vez alemana, italiana, española, rusa o tal vez quien dice, iraní. ¿A quien sos parecida? No lo sé. ¿Cómo te habrías llamado? Menos aún. ¿Tuvo otros hijos? Puede ser. ¿Por qué no te pudieron tener? Tampoco lo sé. ¿Imaginás cómo hubiese sido tu vida? …[¿?]…”.

Tantos no ses hacen que muchas veces aquellos que fueron dados en adopción tengan la intención de conocer sus orígenes biológicos, independientemente de que la relación con sus padres adoptivos sea buena. Puede ser también que esa intención nunca aparezca. Pero si esas preguntas, con el tiempo, siguen dando vueltas, es probable que en algún momento necesiten ser contestadas. Y una vez, mañana de domingo por medio, esas preguntas pidieron sus respuestas. Y ocurrió así:

Teléfono X Teléfono:

-Hola, se encontraría María por favor
-Ella no vive acá, yo soy el hermano. ¿Quién la busca?
-En realidad me contacto desde Buenos Aires porque necesitaría su número telefónico, me gustaría hablar directamente con ella. Es un tema muy personal.
Como si presintiera algo, el repitió:
-Ella no vive acá. ¿Pero qué es tan importante que no me podés decir a mí? ¿Quién habla? Su voz tembló.
-La verdad que es un tema personal. Me gustaría hablarlo con ella, pero si necesita saber también, le puedo contar. Nací en el 83, en un sanatorio de Santa Fe y fui dada en adopción desde chica. Comencé a averiguar por mis orígenes biológicos y todos los datos me llevan a su familia. Y por eso me gustaría hablar con su hermana.
– ¿A quién buscas?- el repitió como si no hubiese entendido nada.
-A tu hermana.
Del otro lado hubo silencio. (Y más silencio. Doblemente silencio). Hasta que el sólo dijo esto:
-Llamame hoy a las 9 de la noche.
Ambos colgaron.

Para las 9 de la noche faltaban exactamente 8 horas. Y en ese lapso de tiempo, como un flash, presenció toda su vida: su mamá, su papá, su hermano, su infancia, sus amigos. Pasado. Presente. Pasado y presente. Presente. Demasiado presente. Las agujas del reloj marcaron las 21. Tomó coraje, y marcó. Del otro lado un teléfono sonó y él atendió. Esta vez parecía un hombre de voz calma, sencillo. Le pidió disculpas por no haber podido atenderla horas antes y a través de una catarata de preguntas, sin intenciones de ocultar nada, quiso saber de ella, cómo había sido su vida, dónde vivía, cómo se había decidido a buscarlos, si era rubia, si tenía hermanos; y él también quiso contar su historia. Sin vueltas, y después de una charla de dos personas que parecían tener la confianza de aquellos que se conocen desde hace años, dijo que iba a ayudarla, iba a organizar un encuentro con su hermana.

-Cuando viajes a Santa Fe llamame, yo voy a hablar con ella y voy a organizar un encuentro. Vas a ser bien recibida. Siempre quisimos conocerte.
-Quedamos así. Ambos colgaron. (Alivio)

Después de haber imaginado tantas veces ese momento, de pensar que tal vez del otro lado no tenían las inquietudes que ella había sentido durante años, que un “no” en este caso era más fácil de decir que un “sí”… todo fluyó tan rápido y de manera sencilla, que cuando se dio cuenta, estaba frente a la mujer que le dio la vida.

Cuestionario Mixto

[Considera en su construcción tanto preguntas cerradas como abiertas]

“¿Ascendencia? Un parte italiana; la otra parte, todavía no lo sé. ¿A quién sos parecida? Aún no lo sé. ¿Cómo te hubieras llamado?Florencia. ¿Tuvo otros hijos? cuatro hijos; tres mujeres y un varón. ¿Por qué no te pudieron tener? Era muy joven, tenía una hija de cinco años y estaba en una muy mala situación económica. Era soltera, sin padres y no tuvo más opciones. ¿Imaginás cómo hubiese sido tu vida? No lo sé. Seguramente distinta.”

Azules. Casi turquesas. De ese color eran sus ojos chiquitos. Era bajita, delgada, rubia, parecía tímida. En un café de una estación de servicio, se vieron por segunda vez. Mucho no se reconocieron, no había demasiadas similitudes físicas.

Rostro X Rostro:

-¿Cómo estás?, dijo una.
-Bien (pausa) ¿Y vos cómo estás?
-Bien, dijo la otra

Palabras rompehielo. Entre tantas cosas que había pensado decir, surgieron sólo esas. Y entre tantas preguntas que había pensado, no surgió ni una. Entonces decidió que lo mejor era decir un simple Contame. Y ella entonces empezó a fluir: le explicó la razón por la cual tuvo que darla en adopción, le dijo que nunca había querido hacerlo, le habló de sus otros hijos y le contó acerca del hombre que habría sido su padre. Mucho no había que decir; en el momento en que se enteró que estaba embarazada, no se supo más nada de él. Hasta tiempo después, que supo donde vivía y que había formado otra familia. Le dijo que siempre había querido saber de ella pero que no podía por respeto a sus padres adoptivos y que ya nunca más iba a sentir el vacío que la había acompañado hasta ese día, un día de primavera, en Santa Fe, a las 9 de la mañana.

Y ya inquieta, hasta casi como una queja, le preguntó reiteradas veces por qué había tardado tanto en decidirse a conocerla. E inmediatamente después de ese interrogante, vino la gran pregunta sin respuesta: ¿Cómo seguimos ahora?

Cuestionario Proust

(Serie de preguntas sobre la personalidad. Da una idea aproximada de lo que somos y anhelamos)

Es muy difícil manejar las expectativas del otro. Especialmente en situaciones donde se provocan y se juegan muchos sentimientos. La adopción es un gran acto de amor, de quien da y de quien recibe. Tener conciencia plena desde chicos de algo tan fuerte como la adopción, aceptarlo y entenderlo, cambia la cabeza de cualquiera.

Muchos no creen necesario o no entienden las razones por las cuales una persona que fue dada en adopción desea indagar sobre sus orígenes biológicos, especialmente cuando sus padres son seres maravillosos.

No se trata de buscar una familia. No se trata de reproches hacia los padres biológicos y hasta me animaría a decir de buscar tantas explicaciones de por qué se recurrió a la adopción. Es común que las palabras sobren. Coincido plenamente en que el amor es tan o más fuerte que un lazo sanguíneo. Pero también es verdad que no nos trajo en pañales una gaviota de Paris.

Aprendí que el cuerpo también necesita contar, necesita saber. Como señaló el sociólogo David Le Breton en alguna oportunidad, “el cuerpo es aquello en lo cual el pensamiento se sumerge o debe sumergirse para alcanzar lo impensado, la vida. No es que el cuerpo piense, sino que obstinado, terco, fuerza a pensar lo que escapa al pensamiento, la vida”.

Asimiliar la historia de uno, con la mente, el cuerpo, la piel, la mirada, el tacto, el olfato, cambia. Y mucho. Porque aún cuando buscar no signifique siempre encontrar, el sólo hecho de comenzar a indagar activamente sobre algo tan complejo como la propia historia, ya es construir identidad. Ser nosotros mismos para poder crear y entregar. Sujetarse de una vez firmemente al suelo para ir a otro lugar.

“¿Ascendencia? Sigo creyendo firmemente que soy alemana, como mi abuelo materno. ¿A quién sos parecida? Dadas las circunstancias, me animaría a decir que a mí misma. ¿Cómo te llamas? Dolores. ¿Tenés hermanos? Un hermano ¿Quiénes son tus padres? Diego y Titina ¿Imaginás cómo hubiese sido tu vida?No lo sé, seguramente distinta. Lo que no quiero imaginar es cómo hubiese sido mi vida sin los padres, hermanos, amigos, abuelos, primos, tíos, compañeros, perros, gatos, gente y no gente divina que tuve y que tengo.”

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