Falta de empleo, saqueos, cacerolas. A pesar del fantasma de la crisis que sufrió la Argentina en 2001, los jóvenes que fueron atravesados por sus consecuencias hablan de “hacer historia”. ¿Cómo la vivieron? ¿Qué les dejó a nivel personal?

La palabra crisis viene del griego y significa “separación”. Llevándolo a un sistema, la crisis es un equilibrio que se rompe, una unidad que se quiebra.

Los últimos meses de 2001 significaron un antes y un después para la Argentina. El país inició el nuevo milenio cargado de dudas y miedo. Para muchos jóvenes fue la primera gran crisis de la que fueron concientes y no estuvieron ajenos a sus consecuencias. La mayoría tiene un recuerdo del día a día, de los cambios constantes y del clima de incertidumbre que se vivía.

Es innegable cómo las crisis a nivel político, económico y social repercuten en lo personal. Estos momentos de inestabilidad hacen pensar en qué medida las decisiones de esta nueva generación son afectadas por el miedo a repetir el pasado.

¿Sólo un recuerdo?

Pablo tiene 29 años, es de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y trabaja en un centro comercial. Él cuenta cómo vivió esos días de diciembre: “Tenía 19 años y estaba cursando el CBC (Ciclo Básico Común del ingreso a la Universidad de Buenos Aires) en ese momento. Rotaba entre varios trabajos en negro”. Era común que, frente a la inestabilidad económica, los empleos no abundaran, “no había mucha oferta laboral. Después de la devaluación, los precios iban en aumento, y esto afectó a todos por igual”, afirma.

El testimonio de Pablo es representativo de aquellos jóvenes que una vez terminado el secundario se lanzaban a la búsqueda de lo que la sociedad prometía; aunque, en cambio, se encontraron con un caos que dominaba al país. “Existía la sensación de que iba a ocurrir algún cambio importante”, dice el joven. La inestabilidad y el miedo a una mutación de escenario, desconocido y frente al cual no estaban preparados, acompañaron a muchos chicos como él.

Otros todavía estaban en el colegio secundario cuando sucedió la crisis económica: “Tenía 15 años y me empezaba a preocupar la realidad social del país”, cuenta Glenda), 25, de San Antonio de Areco (Provincia de Buenos Aires). “En ese momento, la crisis y sus eventos más significativos me generaron mucho temor e inseguridad. No sabía qué podía pasar al día siguiente”. Los adolescentes por más que no trabajaban eran testigos de lo que pasaba en el país, del miedo constante, y de la “locura” que se vivía día tras día.

El colegio, nos cuenta Glenda, era un escenario más donde se veía el contraste que generaba un sistema insostenible: “Recuerdo que en la escuela, la profesora de geografía nos había hablado maravillas de Domingo Cavallo, el ex ministro de Economía que durante la crisis económica implementó el “corralito” (medida que restringía el retiro de dinero en efectivo de cuentas bancarias), unos días antes de que todo se venga abajo…”.

El pasado ¿pisado?

Sería muy difícil encontrar a jóvenes que no recuerden alguno de los hechos que se dieron a fines del 2001, fue una época que dejó una gran huella en ellos. Por un lado, es positivo ya que basta recordar las palabras del poeta y filósofo español Jorge Santayana (1863-1952) «Quien olvida su historia está condenado a repetirla». Pero, por otro, si el pasado vuelve a modo de fantasma que acecha, tiene una lectura muy diferente. En este sentido la historia no educa sino asusta y atemoriza a la sociedad.

Hay un dicho argentino que se asemeja a las palabras de Santayana pero que hace hincapié en este segundo sentido: “El que se quema con leche ve una vaca y llora”. Es apropiado en cuanto refleja el miedo al pasado, a lo que una vez significó un estado de debilidad y susceptibilidad.

Las crisis que en la actualidad se está dando a nivel mundial parece querer revivir un estado nada gustoso para los argentinos ni para cualquier país que recuerde tiempos similares.

El quiebre, sea económico o político, genera un pesimismo frente a los sistemas: “Ya no hay capacidad de programación o proyección a futuro”, opina Glenda, convencida de los efectos negativos generados por un sistema económico que se vale del pánico social para su funcionamiento.

Federico, 19, oriundo de San Luis, era muy chico cuando sucedió la crisis, pero no se deja de ser conciente de los aspectos negativos y las repercusiones que tuvo en la vida social, y se muestra positivo frente a esos momentos: “Obvio que hay períodos de inseguridad, pero a veces nos hacen pensar”. Esa visión la lleva a la práctica, y aunque reconoce los peligros que pueden aparecer, se muestra seguro y decidido: “Yo sé lo que quiero hacer -dice Federico- ya tengo encaminados mis proyectos, pero riesgos creo que tenemos todos, ya sean laborales o personales”.

Aun con una postura optimista, Federico admite que el estado de crisis se volvió un escenario común para los jóvenes argentinos “ya sea por problemas locales o de otros países, donde sus consecuencias repercuten muchas veces en todo el mundo o países más vulnerables”. “Si bien ahora hay cierta estabilidad el peligro de crisis siempre esta al acecho”, agrega.

Salir a flote

“Crisis significa oportunidad -dice Pablo-, no hay que dramatizar, cuando se llega a este punto es hora de usar las herramientas disponibles para realizar los cambios necesarios.” Cuando los momentos de crisis son inevitables lo mejor que puede hacerse es tomar todo lo que hay a favor y seguir adelante aunque sean tiempos adversos.

“Si la solución de hoy es un problema mañana, significa que estamos atrayendo una futura crisis. Aprovechemos esos momentos para cambiar los paradigmas y establecer qué es lo mejor para todos.” Las palabras de Pablo, si bien muestran que es consciente del aprovechamiento que se puede hacer en tiempo de crisis, es necesario que este apunte a un bienestar general de manera que la incertidumbre no siga marcando a nuevas generaciones. Y en el caso de que lo siga siendo, que se reduzca en lo mayor posible.

“Lo que no mata hace más fuerte”

La historia educa y tiene su propia pedagogía. El hombre tiene la suerte de valerse de una hermosa herramienta dada por naturaleza: la memoria. La mejor manera de aprender a veces no significa distanciarse de los hechos y analizarlos de manera objetiva, pero tampoco vivir atados al pasado y dejar que determine nuestro presente y futuro.

Los acontecimientos hay que tomarlos como lo que son: sucesos desembocados por una sociedad, y la responsabilidad cae sobre ella.

El problema está en que muchas veces la sociedad no es consciente de la importancia de su participación activa. La historia forma a las personas, pero las personas pueden hacer historia.

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Algunos links más para recordar:

Memorias del saqueo, película de Pino Solanas

Reinventar la Argentina, ensayos compilados por Daniel Dessein

Poeta y filósofo español Jorge Santayana

«Corralito» y mucho más, un resúmen de las medidas económicas implementadas en esos años