Sí, somos los únicos que no te hablamos de Gran Hermano -aunque en realidad te estemos hablando :-)-. Pero esta foto nos sirve para ilustrar una nota que no tiene nada que ver con el tema. Las encuestas señalan a la inseguridad como una de las mayores preocupaciones de la gente en muchos países de la región. . Y eso abre el debate: ¿Cuáles son las causas de la delincuencia? Esta nota intenta mirar la situación desde la óptica de quienes perdieron la libertad. ¿Se debe reinsertar a los presos? ¿Alguna vez estuvieron afuera? ¿Qué tipo de educación deben recibir? Opina Verónica Sepiurka, especialista en educación en cárceles.

“Para ellos la solución estaría en el hecho de dejar la condición de ser ‘seres fuera de’ y asumir la de ‘seres dentro de’. Sin embargo, los llamados marginados, que no son otros sino los oprimidos, jamás estuvieron fuera de. Siempre estuvieron dentro de. Dentro de la estructura que los transforma en ‘seres para otro’. Su solución, pues, no está en el hecho de ‘integrarse’, de ‘incorporarse’ a esta estructura que los oprime, sino transformarla para que puedan convertirse en ‘seres para sí’.” [1]

Con sólo remitirse a los medios de comunicación se puede decir, empleando una cruel ironía, que las cárceles son el primer hogar de millones de hombres y mujeres pobres. Gracias a Internet, hoy podemos acceder con mayor precisión a la cruda realidad de millones de jóvenes de todo el mundo que caen en prisión. Hay una variada gama de organismos de derechos humanos, organizaciones sociales o medios alternativos que brindan información sobre las injusticias que padecen quienes son apresados.

La estructura socioeconómica parece ser el punto de partida de todas las desigualdades existentes: América Latina es una de las zonas de mayor brecha económica (y por ende social, política y educativa) entre los sectores ricos y los pobres.

Este artículo acota el problema, no para ocultar sus causas profundas, sino por la imposibilidad de tratarlo con la extensión que se merece. En lugar de ello, se adentra en una de sus aristas: la reinserción -que también puede ser llamada simplemente inserción- por medio de la educación. La misma denominación ya plantea el debate.

Educación y Libertad

Verónica Sepiurka es una joven argentina que se dedica a enseñar en lugares destinados al encierro. También lo hizo en asentamientos y villas de emergencia. Es licenciada en Educación Especial en el área de “infracción e inadaptación social” (SIC). Se graduó primero en la Escuela Normal de Especialización de México, luego obtuvo un Master en Criminología y volvió a su país natal para desempeñarse en lo suyo.

Desde su tesis dice: “La readaptación social a partir del trabajo y la educación” Verónica adhiere a la visión del educador brasilero Paulo Freire“Sería conveniente que la educación en el sistema penitenciario esté basada en la idea de la ‘educación liberadora’ por todas las características del interno, aunque esto no sucede en la realidad”. Y agrega: “La educación, enfocada a los sujetos en reclusión, aumenta el automatismo, la memorización y reprime la creatividad, la iniciativa, la reflexión y el cuestionamiento”.

“Yo lograba que los internos aprendan por medio de juegos, de dinámicas; no directamente por medio de la educación tradicionalista, sino de manera didáctica, entretenida”, cuenta aOpinión Sur Joven respecto a su experiencia como educadora. “La institución, sin embargo, no fomenta la posibilidad de otro tipo de educación; si bien por tu formación individual vos podés impartirla. Es decir, no te baja una línea institucional de un tipo de educación que no sea la tradicional”, opina.

El problema, dice Verónica, es que no son muchas las personas que reciben educación dentro del sistema penitenciario o correccionales. “En Argentina, lo que pasa con la educación para privados de libertad es que es un beneficio antes que un incentivo. Es decir, sólo los presos que se portan bien y tienen méritos acceden a la educación. No cualquiera puede ir, debe cumplir ciertos requisitos de conducta y se le hacen estudios de peligrosidad”.

¿Cumple la cárcel con la tarea de integrar a los presos al sistema?-, le preguntó Opinión Sur Joven

La cárcel cumple una función punitiva, no resocializadora. Es ilógico que se trate de readaptar a un sujeto en las condiciones paupérrimas en las que se vive: hacinamiento, sobrepoblación, todo es plata, todo es para el que más tiene. El Código Penal en sí está hecho en perjuicio de la gente pobre, porque en las penas se ponen montos a los que el pobre muchas veces no puede acceder. Entonces sí o sí le queda pagarlo con la cárcel; eso genera una desigualdad tremenda.

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¿Voces menores?

El Instituto de Menores de Máxima Seguridad Dr. Luis Agote, está ubicado en el barrio de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires. Desde 2002 Los chicos que se encuentran albergados allí editan su propia revista, La vida y la libertad->, que puede leerse por Internet. [2].

En la revista virtual el lector se topa con la palabra cruda, sincera y viva de los chicos, que transmiten miedos, angustias, alegrías y ganas de salir del encierro y no volver nunca más.

En uno de los artículos, Damián S. resume la vida de un joven ladrón de 17 años -“El Frente” Vital-, asesinado por la policía cuando se entregaba, aterrado por los disparos. Luego de comentar la muerte de este menor, el autor se pregunta:

“¿Pero qué podemos hacer…? Si nuestra justicia sigue siendo justa para algunos pocos. Yo no sé si Víctor Vital es un santo, pero en el libro que leí para hacer esta nota era un pibe con conducta y un gran corazón transitando por el camino equivocado. Sabemos que el robar está mal pero cuando vivís en zonas en las cuales están muy pegados los ricos de los pobres es abismal la diferencia. La fortuna ajena parece al alcance de la mano, ahí es donde el hambre y la riqueza van de la mano” [3]

La nota describe el mundo tal como lo ve su autor: partido por la violencia del poder, fragmentado por la injusticia y la incomprensión. Leerla, quizás sea lo más parecido a conocer la mirada de los presos, los que no tienen voz en la sociedad pero que igualmente observan, viven y padecen las vicisitudes del orden existente…y luego son juzgados.

“Entonces, -prosigue Damián- ¿qué nos espera a nosotros? ¿Cómo vamos a reinsertarnos? ¿La sociedad nos va a aceptar a pesar de tener antecedentes? ¿Cómo salir de la mira del gatillo fácil?”

Miguel Ángel A., por su parte, escribe sobre los menores de edad que cumplen reclusión perpetua. En la nota critica el establecimiento de estas duras penas, aclarando que por esa razón “el Estado argentino se encuentra denunciado por violación de derechos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”, ya que el cumplimiento de estas penas por parte de menores “está en abierta contradicción con la Convención de los Derechos del Niño, entre otras normas”. [4]. El artículo escrito por Miguel Ángel cierra apuntando a la sociedad, forzándola a hacerse cargo de lo que le sucede a los jóvenes presos: “¿Pero que sé puede hacer para que estos derechos se cumplan ante una sociedad que permite que sea posible la aplicación de penas anticonstitucionales?”.

En la misma publicación, las distintas inquietudes comparten espacio; los jóvenes del Agote saben de qué se trata la reclusión, la violencia, la falta de posibilidades y el olvido. Saben y lo demuestran.

Sin embargo, el lugar que tienen asignado en la sociedad es el del silencio. Sus quejas y reclamos no son escuchados por los diferentes gobiernos y mucho menos por los medios de comunicación, que aprovechan cada ocasión para estigmatizar, estereotipar y demonizar a los detenidos.

Salida

Los presos son parte de la sociedad. No hay que insertarlos, ni reinsertarlos. Están y son parte, aunque desde determinados sectores se hable de ellos como seres de otro planeta, originarios de un lugar lejano y peligroso, y que deben ser marginados para solucionar el problema.

El mundo ideal sería aquel en el cual todos los potenciales delincuentes estuvieran encerrados. ¿No implicaría esto que todos los pobres entren en la categoría de “peligrosos para el orden”?. Tal vez son esos sectores los que juegan con el significado de las palabras: en general cuando se habla de “reinserción” no se reconoce que los presos no están afuera sino adentro. Que sólo están fuera de un sistema productivo injusto que los relega y posterga a conciencia, pero que aún así son parte de esta sociedad.

Por lo tanto, es necesario conocer la palabra de otro sector: el que desea ser escuchado en un sistema que pareciera sólo tiene asignado para ellos una celda con barrotes.

[1] “Pedagogía del oprimido”, Paulo Freire.

[2] Los internos escriben los artículos y diseñan la publicación con la coordinación de Luciana Mignoli, que dirige el Taller de Periodismo y Comunicación del Agote, desde el cual se dio vida a la revista. Más información en: http://lavaca.org/seccion/actualidad/ , la nota se llama “Páginas de adentro”

[3] ¿Cómo salimos de la mira del gatillo fácil?, Damián S., La vida y la libertad, edición N° 2, 06-11-2006. Publicado en la página anteriormente citada

[4] Perpetuados al encierro, Miguel Angel A., La vida y la libertad, edición N°2, 06-11-2006