El grupo de países más poderosos del mundo se reunió en julio en Japón y acordó reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la mitad para el año 2050. Sin embargo, para los ambientalistas esta meta es ridícula e insuficiente.Opinión Sur Joven dialogó con representantes de Oxfam International(WWF), que explicaron su postura. ¿Por qué fue un fracaso la iniciativa contra el cambio climático de más alto nivel de los últimos tiempos?

Escaso, ridículo, fracaso, patético, insuficiente. Fueron algunos de los adjetivos que las organizaciones medioambientales más importantes del mundo le dieron a la resolución sobre la lucha contra el cambio climático de la cumbre del G-8, integrado por los siete países más industrializados del mundo (EE.UU., Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Canádá e Italia) y Rusia.

El 9 de julio último los países acordaron “instar a reducir a la mitad las emisiones de dióxido de carbono para el año 2050”. La particularidad –e impacto mediático- del acuerdo tiene dos patas: que fue un convenio multilateral y contó con la siempre renuente firma de Estados Unidos; y que del consenso también participó el G-5.

¿Qué es el G-5? Es el grupo de países emergentes más importantes del mundo, integrado por China, India, Brasil, México y Sudáfrica, cuya industria es cada vez más fuerte.

Según trascendió en la prensa, los del G-5 pidieron que haya una “responsabilidad compartida equitativa” –una forma políticamente correcta de pedir que paguen los platos rotos quienes más ayudaron a romperlos- y que los ocho Estados más poderosos fijen objetivos más cercanos, como recortar las emisiones en un 25% para 2020 respecto a sus niveles de 1990.

Con mucho revuelo mediático, los jefes de Estado y Gobierno culminaron la cumbre, plantaron unos arbolitos que se plasmaron en una foto que dio la vuelta al mundo, y se manifestaron gustosos del gran acuerdo alcanzado. Pero las críticas no tardaron en llover.

Un horizonte lejano

Al día siguiente de finalizada la cumbre, el World Wildlife Fund (WWF), una gigante ONG con más de cinco millones de miembros alrededor del mundo y sedes en más de 100 países, dijo que le parecía “patético que el G-8 siga eludiendo su responsabilidad histórica”, al haber acordado una meta no vinculante en el recorte de gases.

Oxfam International, una confederación de ONGs de todo el mundo que lucha para erradicar la pobreza y alcanzar el comercio justo, señaló que “con el ritmo actual de calentamiento global, el mundo estará cocido en 2050 y el G-8 habrá sido olvidado hace tiempo”.

El epicentro de las críticas es el largoplacismo en el que se recostaron las potencias; y su talón de Aquiles, la urgencia que plantea la situación climática actual.

Opinión Sur Joven dialogó con representantes de estas dos organizaciones –Oxfam International(WWF), que explicaron por qué los acuerdos del G8 les parecieron un fracaso.

“Estirar hasta 2050 la reducción de los gases es esperar demasiado tiempo, dado que el proceso ya se hace sentir cada vez con mayor intensidad. Es un escenario muy preocupante”, dice Juan Casavelos, coordinador del Proyecto de Cambio Climático en la Antártida de la Fundación Vida Silvestre (filial argentina del WWF). “Para el 2030 se podría conseguir una reducción de las emisiones de gases en un 80%. Algo posible, de acuerdo a lo que aseguraron ya los investigadores del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de las Naciones Unidas”, agrega.

El pedido de las ONGs es que la temperatura global no exceda los dos grados centígrados en relación a los niveles preindustriales. “Ya llevamos un aumento promedio de 0,8, y mirá todos los problemas que trajo”, dice Casavelos, y explica que el incremento promedio no significa que en otros lugares del planeta la temperatura no se haya disparado más. En la Antártida, por ejemplo, en los últimos 50 años subió 6 grados.(Ver artículo de Opinión Sur Joven sobre el tema

Louis Belanger, oficial de medios de la sede de Oxfam en Washington, opina: “El G8 debería haber tomado pasos urgentes para reducir sus emisiones año por año y hasta 2015 como máximo. La gente debe tener en cuenta que el impacto de las emisiones de carbón se sentirán por décadas, y es la población más pobre del mundo la que lo sentirá peor; sólo si actuamos ahora las consecuencias serán reducidas”, alerta.

Por otro lado, según su postura los países más ricos del mundo, que integran el G-8, deberían haberse comprometido a reasignar fondos para que los pobres puedan financiar formas para sobrellevar mejor y adaptarse mejor a los impactos del flagelo del calentamiento global. Belinger dijo que Oxfam estima que son necesarios 50 mil millones de dólares al año para ello, e insiste que esto debería ser financiado por el mundo desarrollado.

Internas abiertas

Las divisiones al interior del G-8 tienen un rol clave en el fracaso rotundo para salvar al planeta en el mediano plazo de la hoguera que derrite polos y lo sacude con huracanes. Belinger y Casavelos coinciden en que hay dos bloques. Por un lado los europeos, con Alemania y el Reino Unido a la cabeza, y por el otro Estados Unidos, Japón y Canadá, con gobiernos más conservadores.

Pero también se plantea un mapa heterogéneo al interior de los “bloques”. “En la Unión Europea hay países como Alemania o los escandinavos, con políticas muy activas y altos niveles de reducciones, y otros más indiferentes; mientras que en Estados Unidos su gobierno federal no asume ningún compromiso en referencia a este tema, pero sí losgobiernos de algunos estados”, dice Casavelos. En un reciente número de OSJ se contó el caso de Colorado, en Estados Unidos.

Tampoco el mundo en desarrollo es un paraíso homogéneo: el énfasis con calor tropical que pone el gobierno brasileño para los biocombustibles y la importancia que da al cambio climático (reflejada también en su Congreso, cuya bancada más grande es la del bloque de legisladores ambientalistas), choca con el bajo perfil que muestra en esta lucha China, el segundo emisor mundial de CO2.

Pero, si las potencias tuvieran la voluntad política necesaria, ¿cuáles serían las iniciativas globales más apropiadas a adoptar?

Casavelos considera que se necesita un “shock de medidas”: “Se debería promover la eficiencia energética, por un lado y por otro la energía renovable, la eólica, la solar, y otras fuentes como biocombustibles de segunda generación. Además, habría que acompañar con políticas para mejorar el sistema de transporte y las formas de agricultura, para evitar la pérdida de bosque, y utilizar prácticas agrícolas que emitan menos gases y eviten la desertificación”, explica. [1].

Según el representante de Vida Silvestre, “la ventana de tiempo que hay para actuar es extremadamente pequeña, no más de 10 años”, y recordó el Informe Stern para la Economía del Cambio Climático, elaborado y publicado en 2006 a pedido del gobierno británico. Dice el estudio: “Para que las medidas para paliar el cambio climático sólo impliquen un gasto del 1% del PIB mundial, deberían ser tomadas en un lapso de 10 años”; en cambio, si se postergan, podrían llegar a costar “un 20% del PIB mundial”.

“Por eso no podemos esperar al 2050 de ningún modo. Cada año que pasa no es un año calendario, es mucho más; la ventana de tiempo se reduce. En esto, cada día cuenta”, finalizó Casavelos. Mientras, los arbolitos plantados por los capos del mundo en Toyako, Japón, seguirán sintiéndose entre burlados y confundidos por lo que dicen y hacen quienes los plantaron.

+Info

World Wildlife Fund (WWF), una organización cuya misión es la conservación de la naturaleza. La ONG Vida Silvestre es representante en la Argentina de la WWF.

Oxfam International es una confederación de 13 organizaciones que trabajan conjuntamente con socios y colaboradores en todo el mundo para erradicar la pobreza y la injusticia.

En este link te contamos qué es el G8

Informe Stern para la Economía del Cambio Climático

[1] Para más información sobre desertificacióndeforestación ver las ediciones de Opinión Sur Joven de julionoviembre)