Según un muestreo casi el 30% de los jóvenes consultados por Opinión Sur Joven tiene dudas sobre el fenómeno del cambio climático. Las bajísimas temperaturas que se están registrando en este crudo invierno en el Cono Sur incrementan el escepticismo La nevada histórica en Buenos Aires luego de casi 90 años no ayuda a esclarecer mucho. Un meteorólogo y una climatóloga explican que esta ola de frío es normal y no refuta las investigaciones vigentes.

9 de julio, día en que se conmemora la Independencia Argentina. El país amanece helado, padeciendo una ola de frío de punta a punta. Nieva en la Patagonia (normal), nieva en la zona cordillerana del centro y norte (normal), nieva en la región de las sierras centrales (normal) y en algunos puntos de la pampa húmeda (normal). Pero, de repente, una catarata de flashes informativos dice a los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires y alrededores que cae una copiosa e incesante nevada y la meteorología sale de toda ordinariedad incluso para aquellos con memoria a largo plazo.

Es que desde 1918 no había semejante nevada en Buenos Aires y alrededores, y pocas veces cayó en la mayor parte del territorio nacional el mismo día (sólo se salvó el Noreste). Chile también padeció intensísimas olas de frío, al igual que Uruguay. Y todo en el mismísimo fin de semana en el que más de 1.200 millones de terrícolas vieron por TV el megaconcierto mundialLive Earth, para concientizar sobre el calentamiento global.

En ese momento, el autor de esta nota se puso a recordar que desde esta misma sección de Opinión Sur Joven se contó, en el artículo de mayo titulado “36 grados en Abril”, que los inviernos iban camino a ser cada vez menos crudos y más cortos. También, vino a su mente que los medios de comunicación masivos explican poco y nada sobre las causas profundas del calentamiento global, y más bien dedican sus espacios a explicar las catastróficas consecuencias del mismo.

Por lo tanto, el joven periodista que escribe estas líneas se le heló el corazón y temió quedarse sin trabajo de un momento a otro. ¿Cómo seguir escribiendo sobre el calentamiento global cuando chicos y grandes, turistas y locales, juegan con los copitos de nieve en plena Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada? ¿Cómo contrarrestar semejante muestra de frío desde estas humildes páginas? Antes de presentar su renuncia indeclinable, fue corriendo a buscar a Eduardo Piacentini, meteorólogo estrella del Servicio Meteorológico Nacional, quien fue nuestra fuente en “36 grados en Abril”

Dudar humano es

Antes que nada, Piacentini explica a Opinión Sur Joven que la nevada en Buenos Aires, si bien “entra en la definición de suceso poco frecuente o raro”, es normal. “Hubo una conjunción de factores que llevaron a la ocurrencia del fenómeno. Igualmente, las irrupciones de aire frío polar se producen entre tres y cuatro veces durante la estación fría para Buenos Aires (mayo-agosto), por lo que hasta ahora se está dentro de lo normal”, asegura.

Sin embargo, ante las sucesivas olas de frío y la nevada histórica, mucha gente dudó del calentamiento global. Según un sondeo realizado por Opinión Sur Joven entre jóvenes argentinos, el 29% reconoció haber puesto en cuestionamiento su posición sobre el cambio climático por el crudo invierno.

Si bien el 71 por ciento no dudó, no es nada despreciable que casi uno de cada tres jóvenes se haya replanteado su convicción sobre el cambio climático. Piacentini cree que es “lógico”. “Dudar es normal, especialmente entre la gente común, desinformada”.

La doctora Inés Camilloni, climatóloga e investigadora la Universidad de Buenos Aires, aclara que las dudas no tienen asidero. “En los últimos 40 años cambió la temperatura, la lluvia y los caudales de los ríos en gran parte del país. Hay evidencias en la Argentina y en todo el mundo. El granizo del año pasado tampoco se puede decir que estuvo vinculado al cambio climático”, explica.

Sin embargo, dentro del 71% de los que no dudaron del calentamiento global por la nevada y el frío polar, también hay visiones inexactas sobre el tema. Incluso, hay quienes lo ven como parte de una teoría conspirativa del capitalismo salvaje, tal como opinió Gioia. Para ella, el “calentamiento global” (al nombrarlo enfatiza el encomillado), “junto con otra sarta de cosas, no es un fenómeno sino sólo una de las maneras de controlar a la población mundial mediante amenazas climáticas”.

Otros como Iván, opinan que el fenómeno del frío polar y la nieve “confirman y dan más certeza” sobre su convicción del cambio climático. “Una solución real al problema probablemente implique profundos cambios en todas las áreas de la vida humana”, asegura.

Por su parte, Magalí dice que la nevada, “aunque haya sido re linda de ver, es una prueba concreta de lo mal que está todo debido al calentamiento”. Algo similar considera Micaela, ya que para ella esto “corrobora” la noción de que el calor global “es causante de los desfasajes climáticos”. “Igual, mi opinión antes y después de la ola de frío es exactamente la misma”, agrega.

Pablo, sin derrochar palabras de militancia medioambiental y haciendo gala de su profesión de ingeniero, lo define así: “La nevada y el frío polar no modificó en nada mi pensamiento, porque como ya dijo alguna vez sabiamente Panigassi [1] , `una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa´”.

La culpa la tienen los gases

Emulando a Pablo, la doctora Camilloni quiere separar las cosas y aclara: “Esto –por la nevada- es algo que ocurrió hace mucho tiempo y puede volver a ocurrir en el futuro, pero no tiene vinculación justamente con el cambio climático, sino con que el clima es un sistema vinculado con muchas otras cosas, es extremadamente complejo, y tiene variaciones y oscilaciones. Lo que pasó entra dentro de esas oscilaciones. Es un fenómeno extraordinario pero normal”.

Por su parte, Piacentini enumera los factores principales de por qué ocurrió la nevada: muy baja temperatura sobre el suelo, muy bajo nivel de condensación en la nube (o sea, la base de las nubes estaban entre 80 y 100 metros del suelo), situación de calma (el viento en niveles próximos al suelo era mínimo) y temperaturas máximas que sólo llegaron ese día a los cinco grados, por lo que la ciudad no perdió frío ni tuvo tiempo de entibiarse. “Esto ocurrió una vez, es un caso aislado en un proceso más general. No confundir: una golondrina no hace el verano”, grafica.

Además, el meteorólogo amigo de Opinión Sur Joven – Eduardo Piacentini- recuerda algo esencial para los que aún no entendieron la madre del problema: “Los fenómenos meteorológicos a escalas locales no afectan el proceso de calentamiento del planeta, el cual es producto del aumento de los gases de efecto invernadero, en particular el dióxido de carbono, metano y otros producidos por la quema de combustibles fósiles”. (Para entender más sobre este tema, acceder a las notas “Cambio climático, cuando ya nada será igual”“Biodiesel, la alternativa verde que está de moda”, de febrero y marzo respectivamente).

Camilloni ratifica esta noción, y asegura que mientras se sigan emitiendo gases en la atmósfera -que permanecen allí por mucho tiempo- la Tierra arderá cada vez más. Si lo uno no varía, lo otro tampoco lo hará.

Para aquel 29% que manifestó su legítima duda, los científicos tienen una explicación especial. Inés Camilloni pide se que tengan en cuenta que “todo el tema del cambio climático se sustenta en evidencia científica, no es una cuestión de fe, de si creo o no creo o si soy optimista o no. Las evidencias están, y fueran validadas internacionalmente. El problema radica en que la gente no sabe de qué se trata”.

Piacentini, por su lado, alerta a los incrédulos lo siguiente: “La pérdida continua de masa de los glaciares continentales, la mayor frecuencia de tormentas severas, tornados, ciclones tropicales, inundaciones, desertificación y otros tantos fenómenos, son todos productos del calentamiento global”.

Evidentemente, por más dudas lógicas que puedan haber surgido, la ciencia y la realidad van de la mano, afirmando que el calentamiento global es un hecho innegable. Madonna, Phil Collins, Shakira y Bon Jovi pueden estar tranquilos: no cantaron alrededor del mundo el sábado 7 de julio sin razón, a pesar de que la Buenos Aires teñida de blanco pudo confundir un poco a algún desprevenido.

Y este periodista puede estar tranquilo también, que no va a perder el trabajo. La concientización medioambiental, evidentemente, todavía tiene un largo trecho por recorrer.

[1] Panigassi es un personaje de una comedia televisiva argentina muy popular en 1998 y 1999 llamada “Gasoleros”. Panigassi, quien se ufanaba de su sentido común y de su sabiduría aprendida en la calle y por los golpes de la vida, utilizaba muchas frases para sostener y decorar sus explicaciones. Entre ellas, la más famosa fue “una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa”.