El mundo cambia vertiginosamente. Ni la mejor novela de ciencia ficción pudo imaginar que sucedería lo que hoy finalmente sucede. Se imaginaron viajes al espacio, hombres voladores, extraterrestres pacificadores, extraterrestres conquistadores, robots que harían todo por nosotros, robots que dominarían el mundo, máquinas del tiempo, teletransportación, cintas deslizantes, perros biónicos… pero nadie, ni Asimov ni Bradbury, imaginaron Internet. Sin embargo, ese invento revolucionó al planeta.

Y como en toda revolución, aparecen ganadores y perdedores. Muchos se benefician de las nuevas tecnologías: comunicarse en instantes con otros lugares del planeta, trabajar desde cualquier punto sin necesidad de estar en una oficina, posibilidad casi ilimitada de trasladar archivos, textos, imágenes, videos, sonido… el panorama que se abre es infinito. Pero otros se ven afectados: músicos, diseñadores, fotógrafos, periodistas, escritores, directores cinematográficos, creadores de software, entre otros temen perder sus ingresos o no poder dedicarse profesionalmente a la actividad que los apasiona: como cada vez es más barato reproducir y copiar, la gente deja de comprar sus productos.

¿Cuál es la solución para esto? Coincidimos en que queremos que músicos, programadores y otros puedan dedicarse de lleno a producir contenidos. ¿Es la única opción perseguir a los piratas para evitar que sigan copiando? ¿No habrá otra forma de resolver el asunto?

En Opinión Sur Joven lanzamos una serie de dos notas que cuentan casos de empresarios o productores que intentaron ir por un camino distinto; que cambiaron el modelo de negocio y en lugar de vender el producto lo regalan. ¿Pero dónde está la ganancia, entonces? Para saberlo, deberás leer los artículos. Pero en conclusión, la idea es que ante nuevas realidades es necesario re-pensar la forma en que hacemos dinero. Te invitamos a conocerlas.