Este mes tendrá lugar la Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sustentable, la cita más importante en diez años en la que los gobiernos del mundo definirán objetivos y políticas comunes sobre el medio ambiente. O morirán en el intento.

Copenhague. Cancún. Durban. Son los nombres de las tres últimas COP (conferencias mundiales sobre cambio climático), tres grandes decepciones para muchos, o tres avances ínfimos para la opinión de otros pocos. Pero como si fuera un paneo por un mapamundi, siguen saltando nombres de ciudades icónicas del planeta para recordarnos que hay una nueva cumbre mundial que se dedicará a discutir medio ambiente. Y esta vez, le toca a Río.

Del 20 al 22 de junio, Río de Janeiro hospedará a la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable, conocida marketineramente como Río+20 debido a que ocurre dos décadas después de la reunión del mismo grupo en 1992 en la misma ciudad. Si bien contó con menos prensa que sus primas hermanas de la COP (sobre todo la de Copenhague), en la segunda ciudad más poblada de Brasil y futura sede olímpica en 2016 se desarrollará el encuentro intergubernamental sobre medio ambiente más ambicioso de los últimos 20 años.

Es que Río+20 está a una escala superior de las COP (siglas que derivan de su significado en inglés: Conference of the Parties), las cuales no están bajo la órbita de la ONU, se rigen por un marco legal propio y atañen solamente al cambio climático derivado del calentamiento global. En cambio, el acontecimiento de fin de junio trata muchos más temas relacionados al ambiente y está convocada específicamente por la Secretaría General de la ONU.

La expectativa, en medio de la tormenta financiera global, no es mucha. Si bien lo que se pudiera llegar a definir en Río+20 influirá en la vida cotidiana de los 7 mil millones de habitantes de la Tierra, la cumbre no figura en la agenda de los grandes medios masivos. La hecatombe del capitalismo post-Lehman Brothers deja poco espacio para pensar en ecología.

Con todo, Río se alista para recibir a miles de delegados de dos centenares de países. Por ejemplo, el comité organizador brasileño dedicado a la (gigantesca) logística necesaria ya reservó un mínimo de 500 habitaciones de hoteles para los periodistas que arribarán para cubrir la conferencia, que tendrá lugar en la periférica área de Barra da Tijuca, al oeste del centro carioca.

Incluso, se habla de la visita de varios jefes de Estado y de Gobierno, aunque la única verdaderamente confirmada es la presidenta local, Dilma Rousseff. Y quienes dirán presencia, como siempre, son las organizaciones del tercer sector, que realizarán varias conferencias paralelas, la más destacada de ellas, la Cumbre de los Pueblos.

Un largo camino desde Estocolmo

“Esta conferencia es un animal distinto de la de los convenios conocidos como la COP. Ante todo es de la ONU, que la convocó en 2009. La primera cumbre de este tipo fue en Estocolmo en 1972, luego vino Río en el ’92 y Johannesburgo en 2002”, explica en diálogo con Opinión Sur Joven el embajador Raúl Estrada Oyuela, quien fue representante de la Argentina para Negociaciones Ambientales Internacionales y actual presidente de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente.

Según señala, la COP “es un convenio separado, con presupuesto propio en la que Naciones Unidas oficia servicios de secretaría, en la logística, pero la COP cuenta con propio estatuto y marco normativo y refiere únicamente al clima. En Río entra todo lo demás relacionado al ambiente”. En su opinión, ambos procesos en paralelo “se complementan”, ya que las cumbres sobre desarrollo sustentable de ONU son “una buena oportunidad para que haya visión de todos los problemas, más allá del clima, y analizar temas como la desertificación, los mares, etc.”, y trae como ejemplo la importante convención firmada en la reunión del ’92 sobre biodiversidad.

La convocatoria de la ONU a Río es ambiciosa: invita a los Estados, la sociedad civil y los ciudadanos a “sentar las bases de un mundo de prosperidad, paz y sustentabilidad”, incluyendo tres temas en el orden del día: el fortalecimiento de los compromisos políticos en favor del desarrollo sustentable; el balance de los avances y las dificultades vinculados a su implementación; y la búsqueda de respuestas a los nuevos desafíos emergentes.

Todo bajo el paraguas de dos ejes temáticos, íntimamente ligados, como la economía ecológica (green economy) con vistas a la sustentabilidad y la erradicación de la pobreza, y la creación de un marco institucional para el desarrollo.

Estrada Oyuela agrega que la ONU estableció a su Comisión de Desarrollo Sustentable como la encargada de organizar Río+20, que tuvo una “preparación menos cuidadosa” que podría condicionar los resultados a obtener, ya que “hasta ahora no hay acuerdo ni de los temas que se van a tratar”.

“Hay dos cosas que menciona la resolución de la Asamblea General de ONU al convocarla que son controversiales: uno es el término de economía verde, que no se sabe lo que quiere decir bien, y no está determinado bien a qué refiere, ya que es una expresión que se utilizó en el G20 en 2010. Hay renuencia a entrar en un campo que no se sabe bien a donde va”, afirma el diplomático.

El segundo punto controversial es las instituciones de ONU: “Esta conferencia en general suele crear organismos, la del ‘72 creó el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) y Habitat, la del ‘92 creó la comisión de Desarrollo Sustentable. Para esta conferencia los europeos querían convertir a PNUMA en un organismo separado de ONU, con facultades para mandar en el mundo en materia ambiental, lo que trae polémica”.

Una previa difícil

A fines de abril y comienzos de mayo, se reunieron en la sede de la ONU en Nueva York delegados de todos los países en la última de las reuniones preparatorias de cara a la cumbre. Comenzaron con un texto de 20 páginas y concluyeron con uno de 200. Según informa Linkages, el servicio de información del Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible (IISD), las negociaciones concluyeron con un preacuerdo en 21 párrafos, un pequeño porcentaje de los 400 finalmente esbozados. El causante sería la división entre las posturas, principalmente, entre los dos bloques más concisos: el G77+China (que aglutina a más de un centenar de países en vías de desarrollo) y a la Unión Europea más Noruega y Suiza.

Las diferencias mayores entre estos dos polos fueron manifiestas en los resultados a afirmar en la declaración final, en qué principios de Río especificar en la misma y en la participación de los países en desarrollo en el proceso decisorio global.

Otro punto es si el concepto de green economy debe tener una perspectiva de mercado o si profundizarla e ir hacia la erradicación de la pobreza. El G77+China quiere que ese ítem sea uno más de otros aportes sin basarse únicamente en soluciones capitalistas, y no apoya la postura europea de impulsar la responsabilidad social y ambiental del sector privado.

En esas negociaciones, las fracturas fueron evidentes no solo entre Norte y Sur, sino dentro de los grupos. Los países desarrollados exhibieron sus propias diferencias relacionadas con la intervención estatal y los marcos regulatorios. La UE, Suiza, Noruega y Corea se alinearon, como suelen hacer, confrontando en este punto con Estados Unidos, Canadá y Australia.

Para Estrada Oyuela, en la cumbre “no va a pasar mucho, seguramente una declaración de buenas intenciones y objetivos para el desarrollo sostenible. Para peor se negocia en paquete y nadie cede nada hasta que no esté la visión general”.

El Palacio de Itamaraty, sede de la poderosa diplomacia brasileña y conocida como un estado dentro del Estado, puede ser una de las esperanzas de la conferencia. “Brasil empujó mucho la reunión, por prestigio y por interés diplomático. De hecho, gran parte de los gastos de la reunión los paga Brasilia”, grafica el diplomático. Tal vez ese empuje coadyuve en beneficio del resultado el próximo 22 de junio a la noche, en el clásico cierre de última hora con máxima tensión.

Al concluir las negociaciones previas en Nueva York, un delegado de un país importante dijo, según reporta Linkages, que “todavía hay esperanza de que el proceso de Río pueda ser recordado por dos o tres muy específicas decisiones en su texto final, como una moratoria en subsidios a la pesca, mayor compromiso para sustentabilidad empresaria y alguna definición en las metas de desarrollo sostenible”. Y así Río+20 no pase a engrosar la lista de las ciudades de las oportunidades perdidas.

Más info: Portal oficial de Rio+20

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