Por Emilia Viacava

¿Sirven las leyes proteccionistas para cambiar la situación jurídica de los animales? En esta nota te contamos por qué la lucha por los derechos de los animales no humanos debe tomar otro rumbo.

Desde que se lanzó la nueva cátedra de Derecho Animal en la Facultad de Derecho de la UBA, una ola de de periodistas y diversos medios se lanzaron a proclamar la noticia como la “buena nueva” que llegó a la facultad para quedarse, significando un supuesto avance para la cuestión  animal. ¿Habrán pensado en la situación de las víctimas no humanas cuando lo hacían?

Esta nueva cátedra, que se dictará a partir del próximo ciclo lectivo y cuyos docentes son abogados miembros del CPCA, lejos de ser abolicionista en cuanto a darle fin a la esclavitud que sufren los animales no humanos hoy en día, promueve la regulación de su situación a través de la ley, es decir combatir el “maltrato” que reciben las víctimas del uso, pero sin cuestionarse la utilización por sí misma. Así lo afirma una de las docentes de la cátedra, Susana Dascalaky cuando sostiene que entre los problemas más frecuentes en Argentina,  están “el cautiverio de los animales en los zoológicos y circos, la fauna urbana que continuamente es víctima de crueldad -sobre todo perros y gatos- y la toma de conciencia de que hay que denunciar para que el maltrato termine”.

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Hay que aprender a leer entre líneas: cuando se refiere a la toma de conciencia de que la denuncia es la forma de terminar con el sufrimiento de los animales,  se está refiriendo a hacer uso de la famosa ley 14.346, que si bien sirve para “proteger” a los animales –unos pocos de ellos, no todos- los sigue considerando objetos de uso, como se puede ver en un inciso de la misma que regula que un animal sea empleado en el trabajo, pero que no exceda de forma “notoria” sus fuerzas. O que prohíba el causarles “torturas o sufrimientos innecesarios” a los individuos de ciertas especies que son de nuestra preferencia, como los perros, los gatos y los caballos. Cabe preguntarse a qué llamamos “sufrimiento innecesario” y si existe un sufrimiento necesario llegado el caso de que pudiéramos hacer valer el principio de igual consideración entre humanos y no humanos.

Este tipo de leyes proteccionistas existen desde hace más de 200 años en todo el mundo y resulta evidente que la situación de los demás animales no ha mejorado en absoluto, ya que siempre que se comparen los intereses de los humanos y no humanos entre sí, los del segundo grupo serán considerados como de menor importancia incluso cuando los intereses de los humanos sean insignificantes en relación con los de los otros animales. Un ejemplo de este enfoque puede observarse cuando catalogamos de “sufrimiento necesario” el hecho de que una vaca sea separada de su hijo al nacer para que el interés trivial del humano en tomarse su leche sea considerado como de mayor importancia que el del animal no humano que es víctima esclava de la industria láctea en este caso. Lo mismo ocurre en otras instancias de la vida cotidiana, en la cual los demás animales son utilizados como objetos para satisfacer múltiples fines y hábitos humanos tales como el entretenimiento, la alimentación- ya sea a través de sus cuerpos o sus secreciones-, la vestimenta y la experimentación. En estos casos, ¿cómo hacemos regir la ley de protección mencionada más arriba? ¿Qué vara utilizamos para medir el “sufrimiento innecesario” en cada caso? Y con qué lo comparamos, ¿con el interés trivial del humano en satisfacer dichos hábitos fácilmente reemplazables por otros? Nos damos cuenta así de que respondiendo a cada una de estas preguntas y utilizando a la ley como medida de emancipación en esta situación, nos encontramos perdidos. O mejor dicho, los demás animales se encuentran perdidos. Porque lo que verdaderamente debemos cuestionar si queremos la liberación de las víctimas oprimidas no humanas, es su uso, no su trato, y eso conlleva a que la única vía posible para reconocerles sus derechos es simplemente aboliendo su condición actual de propiedad de los humanos.

En el sistema jurídico actual mundial todos los animales no humanos son considerados propiedades de los humanos, o, de encontrarse libres, en estado de naturaleza, como “cosas” susceptibles de ser apropiadas por el ser humano. Esta discriminación invisible y arbitraria, llamada especismo, conlleva que se infravaloren los intereses de todos aquellos sujetos que no pertenecen al grupo de preferencia, que es la especie Homo Sapiens en este caso, y que dichos intereses (interés en continuar con vida, interés en vivir en libertad, interés en alejarse del dolor) puedan ser frustrados de uno u otro modo por el propietario de la cosa, más o menos regulado por la legislación proteccionista que se encuentre vigente en cada país.

Es por eso que me pregunto si realmente puede ser considerado un avance el hecho de que la nueva cátedra de Derecho Animal contenga tanto contenido proteccionista y bienestarista en vez de generar una educación y formación de profesionales que sean conscientes de que el único derecho que debemos garantizarles a los animales no humanos es el de no ser propiedad de otros. Esa misma es la definición de esclavitud – ser medio para un fin de otro- y nos encontramos con que esta misma esclavitud está vigente en pleno siglo XXI, avalada por una sociedad especista que los utiliza a diario como objetos, y, como no era para menos, legitimada por todos los regímenes jurídicos que existen a nivel mundial.

La lucha por los derechos de los animales no se trata de hacer más cómoda y regulable la esclavitud de los animales objetos, sino el reconocer a esos otros animales como sujetos de derecho, es decir, sujetos con la garantía a no ser utilizados como propiedad de otros.

AtiScudCQAEicF9Y es por esto que, inmersos en la sociedad especista en la que nos encontramos, puedo sostener que la ley no es el medio para cambiar su situación actual, sino una educación y militancia profundas, que busquen la concientización y la solución del problema de raíz. Ninguna ley servirá hasta que no contemos con una sociedad dispuesta a acompañar la transformación que conlleva dejar de utilizar a los demás animales como objetos tanto en alimentación, como en la vestimenta y en el entretenimiento. Todas las leyes que regulen su esclavitud , de las cuales el ejemplo estrella en Argentina es la Ley 14.346, sólo sirven para salvar a algunas de las víctimas, pero por sobre todo, para trabar la liberación de todas las demás que son las que quedan atrapadas detrás de los muros de mataderos, criaderos, tambos, zoos y los más diversos centros de explotación especista. Más de 200 años de bienestarismo en las escuelas del Derecho y en los sistemas jurídicos nos demuestran que esto no ha servido para la liberación de los animales no humanos. Enfoquemos nuestras fuerzas en una teoría que realmente les de la entidad de sujetos que se merecen y en una educación que combata y cuestione el especismo en todas sus formas.