Impotencia sexual, frigidez, eyaculación precoz. Nombres con los que se designan a distintas disfunciones sexuales de la época que atañen tanto a hombres como a mujeres. ¿Cuál es la causa de los problemas sexuales? ¿Qué nos ofrece el mercado para paliarlos? ¿Qué tenemos para ofrecer de nosotros mismos? A continuación, se intentará analizar qué de lo que se ofrece como solución resuelve algo y qué solamente encubre el problema.

Nicolás, de 26 años, expresa el motivo de su consulta: “Vine porque no puedo coger sin Viagra”. Lucía, su novia, tiene todas las cualidades que él siempre buscó en una chica para casarse: es inteligente, trabajadora, divertida y sería la madre perfecta para sus hijos. “Pero anda todo mal con ella en la cama”, dice.

Al principio de la relación tenían buen sexo, pero ella casi nunca llegaba al orgasmo porque él acababa antes. Hasta que recurrió al consumo de Viagra y su erección comenzó a durar lo suficiente como para esperar a que su novia tuviera un orgasmo. Desde hace un año, cada vez que van a hacer el amor él se toma una pastillita de Viagra.

Pero en el último tiempo empezó a tener miedo de que el consumo de esa droga le cause problemas físicos. Entonces, muchas veces evita el encuentro sexual. Nicolás afirma: “Ahora no sé qué hacer, porque antes sentía que acababa muy rápido y por eso empecé con el Viagra; ahora no lo tomo y soy un impotente sexual”. ¿Qué es lo que quiere obtener Nicolás consumiendo Viagra?

Lo que lo calienta a él / lo que la calienta a ella

Según la teoría del psicoanálisis, la mujer busca ser ese objeto que provoque el deseo del hombre. Así siente satisfacción, ya que si el hombre con el que está es impotente, ella no gozará porque su deseo es el deseo de que el hombre la desee. Lo que busca una mujer es ser amada por él, ser especial entre todas las demás, ser una excepción a la masa que pasaron por esas mismas sábanas. Entonces, ¿qué sucede si a su chico no se le para o acaba en seguida?

El: “Te juro que es la primera vez que me pasa”; “Me gustás tanto que me puse nervioso”; “Lo que pasa es que estoy muy cansado”…

Ella: “No te preocupes, yo disfruto igual”; “podemos hacer otras cosas, no tenemos que hacer el amor siempre”; “tranquilo, cuando menos lo pienses va a volver”…

Primero, se ponen palabras para transitar el momento con la menor incomodidad posible. Algunas son más verdaderas y otras (la mayoría) son puro bla bla que inventan justificaciones para tal situación.

Al mismo tiempo, muchas veces cuando el pene del hombre cae y no se mantiene erguido, la mujer cae con él. Su deseo es el deseo de que el hombre la desee, y si el deseo no aparece en el hombre, ella puede sentirse responsable. Y surgen preguntas como “¿Le gustaré lo suficiente?”; “¿Me habrá dejado de amar?”; “¡Tiene a otra!”.

Diferente es el caso de los hombres. La mayoría de ellos se puede calentar igual o más con una prostituta que con una mujer a la que ama. Para ellos el amor y el goce sexual pueden ir por caminos diferentes. Como sostiene Sigmund Freud, muchas veces para poder gozar de una mujer deben poder “faltarle un poco el respeto”.

Algo de esto le sucede a Nicolás. A pesar de estar con su supuesta amada ideal, no puede mantener una satisfacción sexual suficiente para él ni para ella. Entonces, recurre al Viagra. Y el problema se acentúa aún más cuando deja de consumirlo, haciendo que su deseo sexual sea reemplazado por angustia. Es ahí cuando comienza a evitar el encuentro.

Nicolás siente amor por una mujer que cumple con sus ideales pero con la cual no puede gozar. Él la eligió como pareja porque es “perfecta para ser la madre de sus hijos”. En algún punto, tiene características similares a las de su propia madre, su objeto de amor más original.

En su inconciente, Lucía representa lo que es una mamá; tener relaciones sexuales con ella significaría violar prohibiciones incestuosas. Se defiende ante el cumplimiento de dicha fantasía incestuosa con la inhibición de su función sexual. Si no goza sexualmente con ella, no habría pecado alguno.

De todos modos, también conocemos a muchas mujeres que no pueden llegar al orgasmo con aquellos hombres de los cuales se enamoran, por lo tanto la división entre el goce y el amor no es sólo algo que puede aquejar a un hombre.

En este sentido vale aclarar que, como hablamos de posiciones subjetivas, de maneras de gozar y no de géneros, estas características se pueden encontrar tanto en mujeres como en hombres (heterosexuales, metrosexuales, homosexuales, etc., etc.), independientemente de la anatomía que los constituya.

Coger con garantías o arriesgarse al amor

El sociólogo Zigmunt Bauman opina que el acto sexual se enlaza al modo de vida productiva actual donde el consumidor vive una vida “liviana” y veloz, descartando aquellos objetos que pueden ser reemplazados por otros más novedosos y procuradores de placer inmediato.

“La purificación del sexo permite que la práctica sexual se adapte a esos patrones tan avanzados de compra/alquiler. El sexo puro es considerado como cierta forma de garantía confiable de reembolso económico, y los compañeros de un encuentro puramente sexual pueden sentirse seguros, sabiendo que la ausencia de ataduras compensa la molesta fragilidad de su compromiso”.

Frente a los miedos, riesgos y dificultades que implica el encuentro con la pareja, las personas acceden a diferentes soluciones según lo que la época les ofrece. A su vez, muchos tienen esas sensaciones de que deben llegar a un ideal de satisfacción y cumplir con un imperativo, con la convicción de que eso es posible y de que los otros sí lo pueden llevar a cabo. Así aparece la idea de que “las otras mujeres sí gozan más que yo”, o que “los otros hombres sí las satisfacen como yo no puedo”. Pero hay que tener presente que medirse a partir de una vara impuesta por el mercado puede llevar al sujeto a no valer nunca lo suficiente.

Arriesgarse a encontrar otra forma de relacionarse con el otro, que no sea sólo mediante la satisfacción sexual, no es algo que cualquiera esta dispuesto a intentar. Sin ir más lejos, Nicolás recurrió al Viagra cuando vio que no podía satisfacer sexualmente a su novia. De esa manera, podría garantizar alcanzar el objetivo de satisfacción y sentirse seguro sin arriesgarse a preguntarse el por qué de sus problemas sexuales. Consumir pastillas para “cumplir” sexualmente es una opción para evitar los riesgos.

Los hombres terminan haciendo múltiples proezas para durar más y cumplir mejor; todo para protegerse de perder ese goce sexual puro y, con él, el equilibrio en su pareja. Sin embargo, como señala Bauman, “cuando el sexo significa un evento fisiológico del cuerpo y la ´sensualidad´ no evoca más que una sensación corporal placentera, el sexo no se libera de sus cargas supernuméricas, superfluas, inútiles y agobiantes. Muy por el contrario, se sobrecarga. Se desborda sin ninguna expectativa que no sea la de simplemente cumplir”.

Apelar a soluciones fáciles y directas para generar satisfacción, sólo distribuye los miedos y reproduce las angustias de diferentes maneras y modalidades. Las personas sienten que nada les falta mientras obtengan la satisfacción sexual. El problema aparece cuando se vence la garantía de la “compra”.

Erich Fromm señala que “el estudio de los problemas sexuales mas frecuentes (frigidez en las mujeres y las formas más o menos serias de impotencia psíquica en los hombres), demuestra que la causa no radica en una falta de conocimiento de la técnica adecuada, sino en las inhibiciones que impiden amar”. El sexo racional, calculado y a prueba de riesgos parecería traer aparejado la pérdida del brillo y del encanto que lo caracteriza tal como le sucedió a Nicolás.

Lo que ofrece el mercado: lo ajeno que se apropia

El Viagra actúa produciendo mayor flujo de irrigación sanguínea al pene y así provoca su erección. Esto permite la consumación del acto sexual, pero no provee una solución sobre las causas de la disfunción sexual. Resuelve el problema artificial y momentáneamente.

Nicolás hace propio un mandato externo que obliga a la satisfacción. Y a la vez, aquello que más lo empuja a gozar es lo que más lo perjudica. Muchas veces lo que uno busca para paliar alguna insatisfacción se vuelve un arma de doble filo. A Nicolás el goce se le volvió en contra. Hay algo allí siniestro, ajeno, que no cuadra más. Algo que le era propio y familiar -como es su pene erecto en el acto sexual- ahora le causa temor y displacer. La intimidad entre Nicolás y su novia desapareció; ese momento íntimo se tornó el más angustiante. Por eso consulta.

Lo que ofrece Nicolás: lo propio

Nicolás comenzó a consumir Viagra por el miedo a la impotencia sexual; como un seguro a prueba de riesgos. Sin embargo, cuando dejó de tomar no pudo tener relaciones sexuales, y ahí sí surgió la impotencia sexual.

Él recurrió al conjunto de respuestas que tenía a su alcance (Viagra) para evitar preguntarse algo sobre lo que deseaba, sobre lo que quería realmente y así jugarse a conseguirlo. Muchos hombres recurren a cuanta solución se les cruza por el camino antes de comenzar a preguntarse qué es lo que dentro de ellos impide su bienestar. En la mayoría de los casos, las disfunciones sexuales son producto de formas de pensar inconcientes, de miedos y angustias no elaboradas. Nicolás se comenzó a hacer preguntas recién cuando le surgió la inhibición sexual. El síntoma de impotencia empezó a aparecer y decidió consultar.

Habilitando un lugar para la palabra, Nicolás pudo empezar a pensar sobre la relación que estaba teniendo con su pareja. Comenzó a preguntarse sobre el por qué de su necesidad imperiosa de satisfacer a su mujer cueste lo que cueste (su salud). Y así fue tolerando la idea de que no todos gozan de la misma manera -y siempre-. Al mismo tiempo apareció la pregunta de si la elección de Lucía como mujer era coherente con su verdadero deseo o tan sólo con un ideal a seguir. Él la amaba, pero ¿la deseaba?.

Poco a poco pudo asumir una posición viril con sus fallas, y arriesgarse a relacionarse con una mujer también con sus fallas. El Viagra ahora ya no es necesario y se dio cuenta de que eso era una falsa solución, que nada tenía que ver con su deseo. Dejó de asumir respuestas prefabricadas y de consumir pastillas. Empezó a enfrentar la pérdida de goce sexual por un tiempo pero para empezar a pensar con quién quiere estar y cómo.

Detrás del consumo de la droga de cualquier otro tipo de “solución”, hay una subjetividad que sufre y se angustia porque, como es humana, desea. Se trata de indagar a qué responden las disfunciones sexuales y acceder a lo que uno tiene para ofrecer, en lugar de devorar lo que facilita el mercado. Se trata de responder a ritmos y deseos propios y no a aquellos que se apropian artificialmente desde afuera.

Ilustración: Lorena Saúl

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“El Viagra también seduce a los jóvenes”, Diario La Nación.