Negocios vs. cuidado del medio ambiente parecía ser una de las discusiones del siglo XXI. Sin embargo, cada vez más expertos aseguran que es posible combinarlos. Incluso algunos señalan la existencia de empresas que deben reparar el planeta para ser sustentables

El mundo gira y no para. En cada minuto se produce y la economía se expande, en un mundo donde tanto la gente como los políticos ya no hablan de ideología sino de cómo conseguir dinero en forma más rápida.

Sin embargo, y como se viene mostrando desde esta sección deOpinión Sur Joven, el desarrollo humano vino acompañado del deterioro del medio ambiente, tendencia que se acentuó escandalosamente desde mediados del siglo pasado.

Por eso mismo, desde hace ya un par de décadas florece un dilema: crecer económicamente o destruir el planeta. Desde sectores interesados en la rentabilidad inmediata se fustiga el cuidado de las prácticas industriales, invocando la necesidad de generar más puestos de trabajo y desarrollo. Y engordar sus cuentas bancarias, claro.

Sin embargo, hay gestionadores de negocios con conciencia ambiental. O que, por lo menos, se dan cuenta que hacerse rico sin arruinar la Tierra también puede ser rentable. La idea central es no frenar o moderar el ritmo de progreso material, sino reorganizar el modo en que se lo obtiene, ya que si a las mismas fuerzas que crearon el problema ecológico se les da otra dirección, pueden contribuir a solucionarlo.

Así es como va ganando fuerza de a poco una nueva manera de ganar dinero: los negocios ecosustentables o ecoamigables.

Dinero y ecología, de la mano

“Un proyecto ecosustentable produce y genera rentabilidad, sin degradar el medio ambiente”, define Eduardo Remolins, economista y especialista en este tema. Y explica: “Una de las formas en que se pueden moldear la lógica del mercado y el desarrollo es promoviendo negocios cuya propia lógica económica sea eco-amigable, o en otras palabras, que para producir beneficios económicos, produzcan beneficios ecológicos”.

De este modo no es necesario acotar o limitar la actividad económica, sino que mientras más de estos negocios existan, mejor para el ambiente. “Generar empresas que degradan el ecosistema es ‘self-defeating’, o en criollo, pan para hoy, hambre para mañana”, asegura Remolins, teniendo en cuenta el largo plazo y que, en este caso, la enfermedad saldrá más cara que el remedio.

Para Humberto Sigal, bioquímico y ex vicepresidente de la Comisión de Medio Ambiente de la Universidad Maimónides, es mejor hablar de actividades, de procesos, porque “es un concepto más general”. Según su visión, “es una idealización decir que una actividad ecosustentable no altera el medio ambiente. No es posible hacerlo en términos absolutos, pero sí podemos minimizar las consecuencias y maximizar la reparación de los impactos”.

Concretar un negocio o actividad de este tipo no requiere de tantas luces como un inexperto puede suponer. “Lo primero que se debe averiguar es qué tecnologías ambientalmente amigables (limpias) están disponibles para el negocio que quiero hacer. Y a partir de esa premisa, desarrollar el proyecto”, comenta Sigal.

Pero también es un hecho que las tecnologías limpias son más costosas que las convencionales. Ahí encontramos uno de los puntos clave del dilema “ecosistema-economía”. Sin embargo, tener un proceso de producción ecoamigable también puede ser rentable. “Desde el punto de vista de la empresa, una tecnología limpia le ahorrará los costos de tratamiento de residuos, que puede ser muy importantes. En algún punto se producirá el equilibrio en el que se equiparen los costos, y hay que recordar que, a medida que se difundan más, las tecnologías limpias irán abaratándose”, dice Sigal.

Además, desde el punto de vista empresarial, muchas veces se enfoca solamente en el gasto que debe realizar una planta de tratamiento, por dar un ejemplo. Pero el Estado debe también computar el costo a afrontar las consecuencias de la contaminación, que si bien no es algo fácil de estimar, sí es necesario. Un proyecto ecosustentable puede no sólo favorecer al ecosistema y evitar daños a terceros, sino también ahorrarle dinero al Estado en lo que se refiere especialmente a la reparación de daños. ¿Cuál es el costo de afrontar los gastos en salud o higiene pública que puede generar un negocio que perjudica el ecosistema?

Según los especialistas, se puede hacer una lista de “amigabilidad” o “sustentabilidad” de los proyectos económicos que cuidan el ecosistema. Al tope están los procesos de producción con residuos cero (o sea, que no largan ningún tipo de efluente gaseoso, sólido ni líquido). Luego vienen aquellos cuyos residuos se pueden reutilizar en el mismo proceso, o reciclar (es decir, usar en otros procesos).

Más atrás, contamos con los que generan residuos que obligadamente hay que tratar por métodos físico-químicos para rebajarles su capacidad contaminante (estas tecnologías de tratamiento se suelen llamar “a salida de caño”). Por último, tenemos los casos “que Dios nos ayude”, en los cuales los residuos no son tratables o conservan capacidad dañina aún después del tratamiento. Lo único que se puede hacer es disponerlos en lugar seguro y controlado, como los residuos de las usinas nucleares.

Desde su rol de gestionador de negocios verdes, Eduardo Remolins se interesa especialmente por los emprendimientos que van un paso más allá: las que requieren de un medio ambiente sano y equilibrado para poder hacer dinero: “No es que no lo agreden, sino que lo necesitan sano y a veces restauran lo que otros degradaron”.

Un ejemplo de este tipo de proyectos es el de Cabañas de la Isla, un emprendimiento ubicado en las islas frente a la ciudad de Rosario. Es un complejo de cabañas que desde hace ocho años ofrece una alternativa turística basada en un ecosistema sano. Está situado entre riachuelos, arroyos, lagunas y playas naturales, con criaderos de peces y un parque recreativo. Su objetivo en sí mismo es no degradar el medio ambiente, ya que se nutren de eso. Viven de un medio ambiente atractivo, y por eso mismo, lo recuperan donde se degradó.

Inclusive, Cabañas de la Isla, promovió en abril jornadas educativas y excursiones dedicadas a estudiantes de escuelas públicas y privadas con el objetivo de generar conciencia ecológica, proponiendo un acercamiento a la naturaleza a través del conocimiento, respeto y el cuidado del ambiente. Teniendo como misión el lema de que “nuestra tierra no la heredamos de nuestros padres sino que se la pedimos prestada a nuestros hijos”.

América Latina, subcontinente ecoamigable

En nuestra región ni siquiera Brasil o México, tienen el grado de desarrollo industrial del primer mundo, pero no hay duda de que su crecimiento va en ascenso. Es importante, entonces que no se repitan los graves pecados ambientales que cometieron los países pioneros, cosa que, por otra parte, las circunstancias históricas no permitirían. El mundo está globalizado y la conciencia ambiental se instala cada vez más.

Frente a esto, es esencial que en nuestro subcontinente se propaguen los negocios ecosustentables, con un rol activo del Estado guiando el proceso. La región tiene una enorme riqueza natural y reservas de recursos, pero que se degradan a gran velocidad. Sin embargo, es señalada por algunos organismos internacionales como “underpoluted” (o sea, sub-contaminada).

“América Latina necesita desarrollarse económica y socialmente y por lo tanto no puede darse el lujo de proteger el medio ambiente al costo de detener el crecimiento. Necesitamos las dos cosas”, enfatiza Remolins.

Por su parte, Sigal también ve que la región es tierra fértil para emprendimientos ecoamigables: “no hay ninguna razón para pensar que esto no sea factible. Pero debe haber una decisión política firme en cuanto a estimular este tipo de desarrollo, y que se establezcan medidas para eso. En Argentina, este rol del Estado está muy en deuda”.

Más allá de explicaciones técnicas, es esencial para nuestras sociedades hacer el esfuerzo para aunar dos objetivos que, si bien los interesados de siempre intentan hacer ver como antagónicos, vemos que pueden ir de la mano: el desarrollo socioeconómico y la protección del medio ambiente.

Tomarlos aisladamente puede ser redituable al corto plazo pero fracasará a la larga. El desafío está en hacer que avancen juntos.

+Info

Love Canal El drama ambiental que fue punto de partida de la preocupación ambiental en los Estados Unidos.

Cabañas de la Isla

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