En Honduras se produjo un golpe de Estado que terminó (al menos momentáneamente) con el Gobierno del Presidente Manuel Zelaya. El golpe no fue un capricho de un general desvelado, sino que se dio como consecuencia de que Zelaya no respetó un fallo de la Corte Suprema de Justicia de su país. Lejos de justificar que las Fuerzas Armadas secuestren y expulsen a un presidente, la situación obliga a revisar cuáles fueron las causas que llevaron a ese desenlace.

En la Argentina se vivieron en junio las elecciones más virulentas de los últimos 30 años. No sólo los entredichos verbales entre los candidatos fueron furiosos, sino que fue una de las campañas con menos propuestas concretas de los últimos años. Esto, por supuesto, lleva como máximos responsables a quienes hoy están en el Gobierno (dada la responsabilidad institucional que ostentan), pero no están exentos de culpa los líderes de la oposición que –en su mayoría- no se muestran dispuestos a ningún tipo de diálogo ni concesión, no sólo con sus adversarios sino también entre ellos mismos.

Son situaciones muy diferentes, pero tienen un punto de contacto. A ambas situaciones se llega por la dificultad de los líderes de ponerse de acuerdo en cosas mínimas. DesdeOpinión Sur Joven bregamos porque nuestras sociedades, las de toda Latinoamérica, puedan avanzar a través del diálogo sincero entre todos los actores que hacen a la vida política y social. Los países del mundo que lograron desarrollarse y pacificarse lo hicieron a través de consensos y acuerdos, que no implican ceder en los valores y principios que cada uno defiende, sino en intentar avanzar lo más posible en esos ideales sin avasallar y humillar al otro. Pareciera que en algunos países de la región, la opción es ir por todo o nada. Cuando en realidad, la vida no es eso. La vida siempre conlleva una negociación.