Sirve para matar las plagas que atentan contra la soja transgénica y es fundamental para el desarrollo de esta plantación. Sin embargo, científicos advierten que puede generar malformaciones en los fetos y aumenta el riesgo de contraer cáncer. Sólo en la Argentina se tiran al suelo 220 millones de litros de este herbicida.

Cuando uno googlea glifosato, 472.000 resultados de búsqueda aparecen en pantalla. Bastante para una palabra que representa poco y nada en el imaginario colectivo.

Entre los que alguna vez la escucharon o leyeron, la relacionan con algún icida (¿será herbi, será pesti, o tal vez insecti?) de la soja, ese “oro verde” que desata polémicas, batallas y que en su mayoría termina como alimento de cerdos, aves y vacas, y en su minoría, como una insípida milanesa en nuestro plato.

El glifosato es un herbicida que se usa para la soja Roundup Ready, en su nombre técnico, o transgénica, en su versión más popular. Ya el uso de los agroquímicos (herbicidas, pesticidas, insecticidas, fertilizantes, etc) viene levantando polvareda desde los años 70´, pero el glifosato en particular viene sumando detractores desde mediados de los ’90. Se lo acusa de ser dañino para el medio ambiente y para los seres humanos, a pesar de la ferviente defensa que realiza de él su padre y creador, la todopoderosa gigante agroquímica Monsanto.

En los años más recientes, el tema fue tomando fuerza de la mano del denominado boom de la producción sojera en la Argentina, Brasil y Estados Unidos, ya que el “yuyito” (según lo calificó la presidenta Cristina Kirchner en medio del duro conflicto con los productores rurales) multiplicó exponencialmente su valor de venta de la mano del aumento de la demanda de China y la India, entre otros factores.

¿Es un mito el daño que provoca este herbicida? ¿Delirium tremens de unos pocos ecologistas o una verdad científica que busca ser ocultada por intereses económicos? A continuación, y en esta primera parte de un informe especial de dos artículos,Opinión Sur Joven busca dilucidar las dudas y aportar un poco de claridad a un tema grave, que merece la atención de todos.

El experimento

Primero empezaron las denuncias: se habían detectado ciertas anomalías en animales y seres humanos que habitaban las regiones que eran “bañadas” en glifosato. Así, comenzaron a hacerse algunos estudios que buscaron establecer si esto era una casualidad o una causalidad.

Desde 2006 hasta la fecha, uno de los iconos mundiales de estos informes es el francés Gilles-Eric Seralini, especialista en biología molecular, docente de la Universidad de Caen (Francia). A nivel local, la Universidad Nacional de Mar del Plata venía insistiendo desde 2007 con el tema.

Pero recién fue este año que cobró mayor notoriedad pública en la Argentina, ayudado tal vez por la disputa política entre el sector agropecuario y el Gobierno, cuando se dio a conocer el estudio experimental (y especialmente sus conclusiones) que llevó a cabo el doctor Andrés Carrasco, director del Laboratorio de Embriología Molecular de la Facultad de Medicina de la UBA e investigador principal del Conicet.

En entrevista con Opinión Sur Joven que lo visitó en su propio campo de batalla (su laboratorio en el edificio de la Facultad), Carrasco explicó que realizó experimentos con embriones expuestos al glifosato y que los resultados lo llevaron a creer que el herbicida provoca –tanto en animales como en personas- alteraciones en la gestación que derivarán en malformaciones y hasta en la interrupción espontánea del embarazo. Estas conclusiones desataron una ofensiva mediática sobre él y a favor de la soja trans que puso el tema en la agenda pública al menos por unos días.

Pero vayamos por partes. Carrasco contó que sus pruebas fueron de dos formas: por un lado, cultivando los embriones en diluciones de glifosato; por el otro, inyectando directamente el herbicida en una de las células del embrión. “En este tipo de experimentos los cuatro modelos disponibles en embriología son ratones, aves, peces o anfibios. Nosotros usamos acá el anfibio con la certeza de que el desarrollo de todos los vertebrados es altamente conservado, lo que significa que es en principio extrapolable con los seres humanos”, sostuvo.

“La primera observación fueron las alteraciones del desarrollo que tenían algunas características muy significativas. Los dos tipos de ensayos llegan a la misma conclusión, y si dos experimentos diferentes dan los mismos resultados es que hay que empezar a creer”, sostuvo.

“Lo que hicimos se repetía de experimento en experimento. Siempre es el mismo tipo de malformación: los embriones resultan más cortos y eso no es bueno. Y vemos que tiene efectos en los territorios que dan origen al sistema renal y a la estructura cefálica, con microcefalia, y en algunos casos esto es tan pronunciado que terminan no teniendo dos ojos sino uno solo en el medio”, dijo en referencia a los anfibios estudiados.

Pero, ¿por qué el glifosato produce estas consecuencias? Carrasco aseguró que la sospecha principal radica en la falla de alguno de los mecanismos que actúan en la etapa temprana.

“Creemos que es debido a una alteración metabólica de una sustancia que tienen todos los vertebrados y que en condiciones de niveles adecuados es un poderoso regulador de una cantidad de genes, un derivado de la vitamina A: el ácido retinoico. Es una sustancia que ya está presente en el óvulo y que se usa en cremas cosméticas para tratar estrías y arrugas”, señaló.

El equipo de Carrasco considera que un desbalance de este ácido, generada por la exposición al glifosato, convierte a la sustancia en un teratógeno, es decir, un productor de malformaciones en las extremidades, el cerebro, algunos órganos esenciales. Y que incluso puede llevar a pérdidas del embarazo si la exposición al herbicida es muy fuerte en la primera etapa de gestación.

Pero los males del glifosato no acaban en los embriones. También afecta a las personas nacidas que habitan en las zonas donde se lo rocía: “En esos caos se presentan síntomas agudos como problemas de piel, respiratorios, y si eso es permanente en el tiempo es muy probable que explique a la larga el incremento de los casos de cáncer”.

Lluvia tóxica

“El complejo sojero implica que se utilicen 300 millones de litros de agrotóxicos (por cosecha en la Argentina), de los cuales 220 millones son de glifosato. Se trata de 10 litros por hectárea”, advirtió el ingeniero agrónomo, genetista, docente universitario e historiador Alberto Lapolla en entrevista con Opinión Sur Joven.

“El conjunto de estos productos es devastador. Si se usaran sobre una superficie reducida afectaría pero a niveles inferiores. Hoy tenemos 35 millones de hectáreas destinadas a la agricultura y 34 de ellas son utilizadas con fertilizantes o pesticidas, que van a parar a las napas de agua, perjudicándolas. Y de ahí va a parar a los ríos”, indicó.

Una vez que llega a los canales de agua dulce, según Lapolla, los restos de los agrotóxicos generan musgos, líqueles y algas, en detrimento de la vida animal. “Esta es una de las razones de las grandes mortandades de peces: esas algas consumen oxígeno, que le sacan a los peces”, agregó, comentando lo que en nuestro número de febrero informamos ampliadamente enun artículo titulado “Cómo el cambio afecta a los océanos”.

Lapolla dijo que Monsanto miente cuando argumenta que el glifosato se inmoviliza en el suelo, por lo que no contamina las napas. “Se va descomponiendo cuando llueve, porque se disuelve y es transformado en solución líquida. Así es como tenemos contaminado el acuífero guaraní y toda la cuenca del Plata, destruyendo su macroflora y macrofauna”.
-¿Este problema ya está afectando a los seres humanos? –preguntó Opinión Sur Joven
-Sí. Al beber el agua de ríos como el Luján (que atraviesa la pampa húmeda) estoy tomando todos los agrotóxicos y me puede generar cáncer. Basta ver que la Argentina duplicó su tasa de cáncer en los últimos diez años. A los que vivimos en Buenos Aires el glifosato nos viene por tierra, por agua, por aire y por lo que comemos.

Más allá de las opiniones adversas y parciales que puede haber, los científicos exponen una realidad que merece ser vista y escuchada, y que cuenta con la contundencia de los hechos ante un silencio sugestivo de parte de los grandes medios y el Estado. Como muestra un botón: Carrasco lamentó que hasta el día de la fecha no haya un estudio real epidemiológico de lo que está pasando en los lugares donde hay problemas de salud derivados del herbicida. “Nadie toma registro”, sentenció.

En la segunda parte de este informe especial, vamos a ver las razones económicas que llevaron a este uso a mansalva del glifosato y los problemas políticos y las presiones mediáticas que se esconden detrás de este negocio multimillonario de la soja, con consecuencias imprevisibles.

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Un poco más de información:

“Cómo el cambio afecta a los océanos”, un artículo de OSJ

Un informe de Eco Portal sobre el cultivo de la soja

Monsanto