Por Tatiana Stani.

Miles de jóvenes esperan cada fin de semana para ir junto a sus amigos a “bailar”. Pero este concepto, que parece tan común y sin riesgo alguno, invita a la reflexión sobre ¿Qué pasa dentro de los boliches? ¿Es un espacio pensado para la distracción o sólo cumple con los intereses de sus dueños? ¿Es un lugar seguro? Finalmente, luego de todas estas dudas, pensamos en esta nota cómo los adolescentes viven sus noches y son el blanco perfecto para el debate.

Una discoteca entre flashes, humo..y los que bailan.

La juventud remonta a energía, vigor, frescura; incluso hasta podría trasladarnos a los primeros tiempos en la existencia de “algo”. ¿Algo como qué o quién?

Llegamos a la noche. Si hay una franja etaria que vive y disfruta mientras duerme el sol, son aquellos ex niños y niñas que ven en lo nocturno un terreno en el que “mandan”.

El conflicto surge cuando los intereses chocan, se contraponen.

Y vemos que las ganas de divertirse y pasar un buen momento entre amigos (y porqué no, nuevos conocidos) se transforma en el espacio para limitar su capacidad de decidir, reaccionar e incluso ser responsables de su accionar. Ellos y ellas saben elegir qué quieren y cómo; pero también  que no deberían ser colaboradores de un sistema político ventajista que se aprovecha de su energía y vitalidad para catalogarlos como los “responsables del disturbio y delito nocturno”. No lo son.

De este debate surgen testimonios tales como: “Los jóvenes no toman conciencia a la hora de consumir bebidas alcohólicas”, “La juventud desenfrenada y violenta tras consumo de tóxicos en la noche”, “En alcohol y drogas invierte la juventud actual”, “Hoy ya no es igual, para disfrutar la noche hay que terminar ebrio, del otro lado”, entre otras opiniones cada vez más condenatorias a una juventud que pide ayuda y sus representantes (incluso algunos que ellos mismos pudieron haber votado en las urnas) sólo los señalen y su preocupación por su seguridad no se demuestre.

Tiempo antes de cada elección, el tópico “jóvenes y alcohol” vuelve a resonar. Me gustaría que de alguna forma cambie el “cliché”, ese lugar común donde la sociedad se sitúa para dialogar sobre la juventud y se los corra del lugar de generadores de disturbios y delitos. Porque sin dudas son meros receptores de un sistema nocturno que los aleja intencionalmente de la “joda sana” y los lleva al consumo desmedido y violento. ¿Acaso el bajo costo de los tragos, y de no ser así sus “promociones” no marca la iniciativa de bares y boliches de que los compren? ¿Qué sigan ofreciendo tragos aún pasadas altas horas de la noche no los invita a quedarse bebiendo incluso cuando su cuerpo posiblemente ya no quiera hacerlo? Hoy son meras preguntas, pero si el foco de la discusión les diera a estos chicos el beneficio de la duda estaríamos pensando en ello también.

Hagamos un breve experimento: ¿Qué pasaría si en un boliche pondríamos una planta de interior a que descanse una noche tan sólo? Es probable que primero nos suene raro porque en esos lugares sólo hay espacio para el humo, luces y barras…sobre todo barras. Pero si hay tantas vidas jóvenes que entran y salen cada noche porqué no una planta.

Creo que le costaría mucho no intoxicarse (incluso sin regarla con alcohol). Y si aún sin consumir “el tóxico preferido por los jóvenes” la planta desearía estar fuera del boliche, pensemos que puede no estar siendo sano para nadie.

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