En Buenos Aires es cada vez más difícil preservar los espacios públicos. Frente a esto, hace años se tomó la decisión de enrejarlos y cerrarlos de noche. ¿Es esta la mejor solución? ¿Hasta qué punto se los cuida y en qué medida esto priva a los ciudadanos de usar esos espacios? ¿Qué pasó con la gente de la calle que vivía en las plazas hasta que las enrejaron? Preguntas sin respuesta de un problema sin solución.

Hace ya mucho tiempo, una salida de verano que disfrutaba era salir a caminar por la noche -cuando el sofocante calor calmaba-, ir hasta el Parque Rivadavia, comprar un helado y tomarlo en las hamacas de la plaza. Y ahí me podía quedar un rato. Hoy eso es imposible. Por un lado, porque podría no resultar muy seguro; aunque tal vez estaría dispuesta a correr ese riesgo. Pero el mayor obstáculo es que ahora el parque está enrejado y cerrado a la noche.

¿Por qué tuvieron que tomar una medida tan drástica? Hago esta pregunta y surge un intrincado abanico de voces y opiniones encontradas. Dice mi vecina, la señora Rosa: “Las plazas están tan lindas ahora. Hubo que poner rejas, pero vale la pena porque están más cuidadas y seguras”. Es cierto: se invirtió mucho en reformarlas y quedaron muy bien en su mayoría. Pero el problema es que para protegerlas, se restringe la libertad de usar el espacio. Y eso algo que no tiene precio. Es como alguien que no se pone nunca las zapatillas nuevas para evitar que se arruinen.

Privatizar lo público

Lamentablemente, hay un problema de falta de cuidado de espacios públicos en la sociedad. Es necesario recuperar la cultura de respeto y no concebirlo como una tierra de nadie disponible para el usufructo personal.

Durante las campañas políticas, son los partidos, los que no dan el ejemplo y empapelan la ciudad con afiches en zonas prohibidas. Las autoridades son las primeras que no deberían violar las normas y hacerlas cumplir.

Las campañas de cuidado del espacio, pueden ser más beneficiosas que las rejas, si logran su objetivo. Seguramente es difícil porque es una cultura muy arraigada en la sociedad. El problema es que las rejas promueven una privación que se va instalando. Se adoptó el camino más corto: es más fácil sacarle el juguete al nene que enseñarle cómo usarlo correctamente.

Es paradójico –aunque ya no tanto- que en esta época un espacio público ya no sea tan público y tenga ciertos horarios de visita. ¿Somos todos responsables por esto? ¿No sabemos o no queremos cuidar nuestros espacios públicos? ¿Son las rejas una buena solución? ¿Qué problemas o consecuencias trae? ¿Son las plazas un lugar de cultivo de la inseguridad que parece crecer?

En diciembre pasado un árbol se cayó encima de una nena en Plaza Almagro y casi la mata. Las rejas no sirvieron para evitar esto. Rejas adentro, los peligros siguen estando y el mayor control del espacio en este caso no sirvió para controlar como se debía.

Otros habitantes de nuestra ciudad que también han sido perjudicados por el enrejado son quienes dormían en las plazas. Hoy se les quitó ese lugar, pero los problemas habitacionales siguen sin resolverse: así cada vez se ve más gente durmiendo en puertas de edificios públicos o privados, puentes o vías. Claramente, las plazas no son el lugar óptimo de residencia para la gente en situación de calle; el problema es que el cierre de estos espacios nocturnos, no conllevó la apertura de otros lugares para que ellos duerman.

Un poco de historia

Una nota publicada en La Nación en abril de 2007 detallaba el avance de las rejas: “Dentro de pocos meses, se habrán colocado en torno de los espacios verdes porteños más de 21 kilómetros de rejas. Diseminados en más de 60 parques, plazas, plazoletas, jardines y patios, el número no impacta. Pero colocados en línea, esos 21.000 metros de hierro alcanzarían para cercar casi toda la avenida General Paz, que mide 24 km. Para comprender la magnitud de las verjas instaladas por distintos gobiernos en los últimos once años, vale decir que esos 21 km equivalen a un tercio del perímetro de la ciudad, calculado en 60,5 kilómetros, y que con ellos podría construirse un enrejado que atravesara la Capital y la partiera en dos”

Las rejas en los parques y plazas de la ciudad empezaron con Jorge Domínguez, último intendente de la Ciudad de Buenos Aires, en la época menemista. En junio de 1996, él inauguró un cerco de 500 metros que rodeó al Rosedal de Palermo; el argumento era que había que embellecer el pulmón verde de la ciudad tan maltratado sobre todo en los festejos primaverales.

En abril de 1998, la administración de Fernando De La Rúa puso 400 metros de empalizada a la parte trasera del Parque Thays. Con otros 130 metros, rodeó la plazoleta Julio Cortázar, epicentro de Palermo Soho, e instaló 300 metros más alrededor del piletón de yatemodelismo de Recoleta (que fue enrejado por segunda vez durante la gestión de Aníbal Ibarra, que también terminó por completo el trabajo en el parque Thays).

Entre la crisis del 2001 y principios del 2007, la inversión en rejas para cercar parques y plazas alcanzó a 1.800.015 pesos. La actual gestión porteña, encabezada por Mauricio Macri, hizo una bandera de campaña política en esto de recuperar los espacios verdes para la ciudadanía. Algo que parece poco probable si la decisión implica continuar con esta política de enrejamiento de plazas y monumentos. Según ciertos anuncios, a mediados de este año comenzará un ambicioso plan de obra para recuperar la antigua fisonomía de las 8 hectáreas que comprenden al Parque Lezama, en San Telmo. Se invertirán más de 20 millones de pesos durante 18 meses de obras, que incluyen la colocación de rejas y cámaras de seguridad, lo cual vuelve sobre la idea de la privación de la libertad.

En la calle

La ministra de Desarrollo Social porteña, María Eugenia Vidal, estima que 1.400 es la cantidad de personas que duermen en la calle, el doble que hace tres años. Según Médicos del Mundo, la cifra asciende a 10.000. «Es uno de los problemas graves desde el punto de vista social, porque la situación de calle aumenta la vulnerabilidad y profundiza la exclusión”, asegura Vidal en una entrevista con Clarín. Y agrega: “En 2006 había 700 personas sin techo, pero que el último conteo, en 2009, detectamos 1.400. La principal causa es que en los últimos años creció la pobreza a nivel nacional, y no hubo suficientes políticas sociales y económicas inclusivas. Mucha gente del interior y de países limítrofes vino a la Ciudad para buscar trabajo y un futuro. Cuando eso se frustra, muchos terminan en la calle”.

Para enfrentar la situación la Ciudad ofrece 1100 camas en paradores propios y otros de ONG con las que tiene convenios.“Incrementamos un 40% la capacidad de atención en refugios, paradores y hogares, y el plan es aumentar de 1.100 a 1.400 camas -dice Vidal-. Y ya duplicamos la cantidad de profesionales del programa Buenos Aires Presente que recorren la Ciudad: ahora son 140. Pero muchas personas viven en la calle hace años y no aceptan los recursos que les ofrecemos. A veces por problemas psiquiátricos o porque no quieren aceptar normas básicas de convivencia, como que les digan a qué hora ir a dormir».

Pese a la descripción de Vidal, el tema sigue siendo tremendo. El cierre de las plazas ha llevado a que quienes dormían allí, lo hagan en otros espacios públicos de la ciudad.

No se busca con esta nota llegar a una conclusión determinante. Estos temas muchas veces son subjetivos. Pero esta “solución” que parecen estar tomando nuestros gobernantes, y que cada vez parece estar más instalada, da una muestra de cómo somos. Espero que algún día ciertas conductas cambien en la sociedad y en los gobiernos, y que en algún momento entendamos que de todos también significa mío, y podamos volver a tener plazas abiertas a toda hora.

O por lo menos, que se consulte a los vecinos cómo se quiere hacer uso de estos espacios. En algunos barrios esto se ha hecho a la inversa, pues frente al posible enrejamiento ciertos vecinos han salido a protestar y a comprometerse en el cuidado de lo público.

Ilustración: Barbara Dana

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Algunos artículos de interés:

Una de cada cuatro plazas está enrejada, abril 2007, Diario La Nación

Se duplicó la cantidad de gente que vive en la calle en Capital, enero 2010, Diario Clarín

Custodios de las plazas, junio 2008, Diario La Nación