Organismos internacionales, fundaciones o donantes individuales de todas partes del mundo lanzan fondos y proyectos para financiar organizaciones sociales de los países más pobres del planeta. Sin embargo, los altos requerimientos y las limitaciones sobre qué financian y qué no, hacen que muchos no puedan acceder. ¿Por qué esto termina excluyendo a los más necesitados? ¿Por qué la Argentina no puede acceder a muchos de estos programas?

Cooperación internacional es una expresión rara. A mí, personalmente, me remite a dos acepciones. La primera, es a gente rica –gente bien- ayudando a los pobres del África (o de la Argentina, para el caso es lo mismo). La segunda acepción me remite a burocracia: hombres de traje y corbata que cobran millones de dólares y que hacen auditorias para decidir si le dan tres pesos a un país con el 70% de la gente bajo la línea de pobreza. Hasta acá mis prejuicios. De todas maneras sé que en el fondo no es tan así y que cualquier generalización puede ser arbitraria.

Por cooperación internacional se entiende –libre de prejuicios- toda aquella ayuda que provenga del exterior de un país. Ya sea de una fuente oficial (un gobierno extranjero, por ejemplo), un fondo privado (una fundación internacional privada) o desembolsos hechos por individuos: desde un estadounidense con ganas de ayudar a América Latina, hasta un argentino viviendo afuera…

Últimamente, los gurúes insisten en que los recursos humanos también pueden ser considerados como tal. Si una persona dona su tiempo fuera de su lugar de residencia, es decir en otro país como pasante o voluntario en alguna organización, también se lo considera como una forma cooperación. Esto sin embargo es un poco discutido por los organismos multilaterales de crédito que son más propicios a ver en ese rubro solamente a la ayuda financiera, administrativa o a la transferencia técnica de recursos a un gobierno u ONG.

Ahora bien, ¿sirve o no sirve la cooperación internacional? ¿Hasta que punto se ayuda a quien realmente lo necesita y hasta donde se trata de un mecanismo de los que más tienen para lavar culpas?

Por supuesto que sirve, aunque existen dificultades que la limitan. Tal vez sea un mecanismo para lavar culpas, pero en la medida que ayude a resolver problemas que aparecen en los lugares más necesitados, vale aprovecharlo. La gran pregunta es cómo acceder a las oportunidades que brinda la cooperación. Y la respuesta no es fácil. Opinión Sur Joven consultó sobre este tema a Guillermo Correa, coordinador ejecutivo de la Red Argentina para la Cooperación Internacional (RACI), una organización conformada por las principales organizaciones de la sociedad civil de la Argentina (OSCs) de la Argentina, cuyo objetivo principal es “fortalecer el acceso a la Cooperación Internacional a través de la articulación interinstitucional para contribuir a la transformación social de la Argentina”. Acá podés ver quiénes la conforman.

Guillermo aclara que ser beneficiario de los fondos que provienen de la Cooperación Internacional no es para cualquiera. “Las fuentes de financiamiento de una ONG pueden ser una empresa, el gobierno, individuos… la cooperación internacional es muy tentadora cuando se ven los montos que ofrece pero es una inversión a largo plazo. Es por esto que si alguien está interesado en crear una ONG, no le recomendaría trabajar ya con la Cooperación si no que se debe pensarla como una inversión a largo plazo”, opina.

¿Pero por qué no hacerlo ahora? ¿No disponen de fondos disponibles para ayudar ya? El problema es que hay muchas agrupaciones que quieren beneficiarse a través de esos programas, entonces las trabas para acceder son cada vez mayores. “Ingresar en el circuito de la cooperación lleva tiempo: hay que tener credenciales, se debe armar un buen proyecto, hay que reunir cuestiones de accountability, revisión de cuentas y otros temas administrativos”, explica Guillermo. A esto hay que sumarle las dificultades metodológicas de cada proyecto -en particular con su correspondiente marco lógico-. “Por eso creo que no hay que pensar en los beneficios de la cooperación en un corto plazo, no recomiendo ésta fuente de financiamiento como la primera y la única, pero sí como una inversión y un aprendizaje; porque los códigos de la cooperación tienen sus propias particularidades”.

Puntos en contra

En realidad no sólo la cooperación -sino también muchos planes de financiamiento, como los gubernamentales o de empresas- presentan problemas similares. Acá enumeramos algunas frases que aparecen en las bases de muchos planes.

1) “No financiamos programas en marcha”. ¿Qué significa esto? Sólo te vamos a dar plata para que generes un programa nuevo. Si tenés un comedor escolar que alimenta 300.000 chicos por día, pero ya está funcionando, no nos importa. Queremos que hagas algo nuevo.

2) “No se financia estructura”. Como sólo vamos a financiar programas nuevos, damos por supuesto que ya tenés oficina y empleados administrativos. Por lo tanto, no los vamos a financiar nosotros. Sólo vamos a pagar sueldos específicos para este programa o gastos de consultoría. “¿Pero es imposible que lleve adelante mi programa sin pagarle a Fernando, que es nuestro coordinador operativo?”, dicen en la ONG. Claro, ése no es problema del donante.

3) “Presentame el marco lógico”. En general, las planillas y formularios a llenar son muy extensas, específicas y técnicas. Encima las convocatorias se abren y se cierran en pocos días. No cualquiera puede completarlos en ese tiempo, con lo cual para poder aplicar seriamente hay que tener una estructura capacitada que se encargue de la elaboración de esos proyectos. Pero luego, la cooperación internacional no financia estructura, con lo cual las organizaciones no tendrán forma de pagar esos sueldos.

Guillermo Correa, con más cintura política, ratifica esta apreciación. “Se requiere que el dinero se dirija por completo a la manutención del costo del proceso puntual y no al mantenimiento de la ONG. Todos quieren financiar un proyecto exitoso, destinado directamente a la comunidad, que sea transformador… pero el problema es que muy pocos financian gastos de estructura… Esto tiene que llegar a un equilibrio, se debe buscar la forma de sostener el costo mínimo de una ONG; sino vamos a tender a desaparecer”.

-¿No se los puede convencer de que hay que cambiar las bases de las presentaciones?

Sí, hay que generar espacios de discusión y hacerles entender con números sobre la mesa que alguien tiene que ayudar a sostener estructura. En el 2001 hubo una explosión de sociedades civiles y es lógico que hoy tengamos que hacer una restricción por la falta de fondos. Pero un poco de porcentaje del presupuesto del proyecto debería volver: con transparencia, con rendición de cuentas… pero hay que hacer que una parte de los fondos financien estructura, porque sino se vuelve insostenible.

¿Ricos o pobres?

La Argentina tiene un problema adicional. Nuestro PBI crece al 9% anual, pero –aunque nuestros números mejoren- pero todavía estamos muy lejos del primer mundo. Nuestros índices de pobreza son alarmantes y existen problemas estructurales que son muy difíciles de resolver. Pero la cooperación internacional necesita números concretos y las estadísticas dicen que la Argentina no está tan mal. Vale recordar que la estadística es la ciencia que dice que si somos dos, y uno tiene dos pollos y el otro ninguno, tenemos un pollo cada uno.

Guillermo Correa analiza: “Paradójicamente, durante la década del 90 Argentina era dadora de Cooperación Internacional. Esto cambió con la crisis del 2001 e hizo que volviera a recalificar en las listas como un país receptor. Pero como la cooperación internacional es inversamente proporcional al desarrollo de la economía (y Argentina está creciendo por encima del promedio regional), prefieren colaborar más en países de Centroamérica o África”.

-¿También sobre esto hay que convencerlos a los donantes?

-Primero hay que trabajar para modificar los criterios del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Humano (PNUD). Hay que empezar a buscar nuevos índices que muestren más fidedignamente lo que pasa dentro de la sociedad. La Argentina es un país muy grande, con niveles de desarrollos económicos muy diversos, con regiones muy diferentes.

…Lograr que contemplen índices de distribución del ingreso, por ejemplo.

Entre otros. Muchos que vienen a comitivas me dicen ‘si la Capital Federal es Argentina… Obviamente que nos vamos a Perú, a Nicaragua o Haití’. Pero yo trato de convencerlos de que viajen 20 minutos al conurbano bonaerense: ahí van a ver que existen problemas de falta de seguridad, de contaminación, de falta de educación, etc., que son tan extremos como los de un país de Centro América. La Capital Federal no es representativa de un país de 40 millones de habitantes, que a su vez es extenso y diverso.

A lo largo de esta nota esbocé algunas críticas a la cooperación internacional. No son críticas hechas desde afuera, sino que el propio Opinión Sur Joven se sostiene en parte gracias a ella.

Pero muchas veces hemos visto y narrado experiencias de proyectos maravillosos que por distintos motivos no pueden acceder a un financiamiento de este tipo: sea porque no tienen la estructura administrativa para plantearlo, porque carecen de los conocimientos para desarrollar una presentación -hace falta al menos estudios universitarios y buen inglés para aplicar-; o porque los programas no se aplican a la Argentina, que en PBI y PBI per cápita tiene muy buenos índices, pese a que sus índices de pobreza son alarmantes. O porque aplicar a esos proyectos implica correrse del foco de la organización.

Por eso, esta nota no apunta a decir que la cooperación es mala, sino todo lo contrario. Queremos más y mejor cooperación, para que ésta pueda cumplir verdaderamente sus fines: hacer de éste un mundo más justo y equitativo.

+Info

Un sitio interesante:

Organismos, representaciones, fundaciones y agencias extranjerasque cooperan con la Argentina

Publicaciones:

“Social Theory of International Politics”, de Alexander Went. Un libro que trata sobre los comportamientos de los estados en la política internacional

“Power and Independence: World Politics in Transition”, de Robert Keohane y Joseph Nye. Trata sobre la generación de los procesos de cooperación.