La intuición da un tipo de conocimiento diferente al producido por la razón. Pertenece tanto a mujeres como a hombres y puede surgir en distintos ámbitos de la vida. ¿Pero cuál es su origen? Creer en algo aún cuando no pueden darse razones apropiadas.

El hombre conoce la realidad de forma mediata, es decir, no tiene un conocimiento directo sobre ella, tiene que ir deduciendo de a poco las cosas a través de un análisis detenido. Es decir, parte de nociones más evidentes para llegar a otras no tan obvias, todo mediante una herramienta natural: el razonamiento.

La intuición nos da un tipo de conocimiento diferente al producido por la razón. Aún cuando la primera no se vale de pruebas ni tiene una forma lógica, muchas veces está en lo cierto. Es un tipo de conocimiento inmediato, carente de razones y explicaciones. Entonces… ¿cómo es posible que el hombre desarrolle este tipo de conocimiento?

Razón vs. Intuición

El conocimiento inmediato, en este caso, no reemplaza o invalida al razonamiento ya que al no poder justificar las conclusiones a las que llega, no hay manera de saber si una intuición es válida o no, como lo es en el caso de un razonamiento. No es un modo de conocer “seguro”, nada nos garantiza su verdad, aunque no por eso deja de ser una herramienta usada en diferentes ámbitos de la vida.

Muchas veces es utilizada para conocer a las personas, saber si mienten o si son confiables. Tener desarrollado este “sexto sentido” es importante por ejemplo a la hora de cerrar un trato, creerle a un vendedor cuando compramos un producto o elegir a alguien para un puesto de trabajo.

Algunos dicen que son las mujeres quienes tienen más desarrollada esta habilidad y por eso se le suele llamar “intuición femenina”. Pero, más allá de la división entre géneros, se caracteriza por ser una especie de sensibilidad que hace que uno pueda comprender mejor las cosas. Intuir es creer en algo aún cuando no pueden darse razones apropiadas.

Origen de la intuición

En una investigación realizada por la psicóloga chilena Pilar Sordo, desarrollada en su libro “Viva la diferencia”, se distingue que si bien lo femenino se relaciona más con el proceder de la mujer y lo masculino con el hombre, no quiere decir que ambos puedan usar o apropiarse de aspectos del otro y viceversa: “Yo, por ser mujer, debiera tener más facilidad para adquirir los aprendizajes femeninos, pero no necesariamente la vida que he tenido me ha permitido encauzar esos aprendizajes”, escribe Sordo.

En su libro, la psicóloga plasma una investigación de tres años sobre aspectos femeninos y masculinos señalando sus características propias con el fin de “descubrir qué aspectos masculinos y femeninos tiene cada uno desarrollados y cómo dentro nuestro podemos equilibrar y complementar ambos aspectos para poder hacer más fluida, más íntegra nuestra estabilidad psicológica y, por ende, lograr la armonía necesaria para poder desarrollarnos en plenitud tanto respecto a uno misma como con los seres que más queremos”, expresa la psicóloga.

Si se parte del análisis sobre los aspectos biológicos propios de la mujer y del hombre como es el óvulo y el esperma, se llega a la conclusión de que la gente asocia lo femenino, entre otras cosas, con la capacidad de retener, y lo masculino, con la capacidad de soltar. Mientras la mujer genera vida dentro de ella, el hombre no puede generar vida si los espermas no salen de él.

Esta diferencia, “dos funciones al parecer tan estrictamente biológicas pueden traslaparse y extrapolarse hacia ámbitos que van aún más allá de la biología misma”, dice Sordo, por ejemplo, “por el hecho de retener dentro de sí muchos elementos, las mujeres tienen o aparentan tener mejor memoria para sus procesos afectivos que los hombres.”

Cuando la psicóloga enumera las distinciones encuentra que “los hombres tienen la capacidad de concentrarse con mayor facilidad en una sola cosa; en cambio, las mujeres tenemos lo que se entiende como una capacidad multifocal […] el poder de concentrarse en distintas cosas a la vez”. Esto podría justificar la habilidad de las mujeres a estar atentas hasta el más mínimo detalle y, por lo tanto, a sacar conclusiones más acertadas.

Además, la autora de “Viva la diferencia” afirma que “biólogos, estudiosos de la forma de adquisición de la información y especialistas en programación neurolingüística coinciden en responder a esta cuestión aludiendo al hecho de que pareciera ser que las mujeres, por no tener acceso visual a su genitalidad u otros funcionamientos corporales, internalizan los procesos como ‘procesos (de) sentido’; por ejemplo, la mujer cuando va al baño, no ve cuando orina, ella sólo escucha y siente que orina [también] la excitación sexual de la mujer no proporciona reportes visuales”. A partir de esto Sordo puede dar razones y justificar la intuición como propia de la mujer: “todo lo escrito en el párrafo anterior explicaría el que las mujeres tengamos más y mejor desarrollada nuestra capacidad intuitiva, ya que nuestras sensaciones o nuestra forma de conocer el mundo se realiza principalmente a través de sensaciones”.

Alcances de la intuición

En la literatura se encuentra un ejemplo en el cuento “Intuición femenina” que el famoso escritor Isacc Asimov hizo para la revista “The Magazine of Fantasy and Science Fiction” en 1969. La obra narra la historia de un científico que construye el primer robot mujer con el fin de que, valiéndose de la intuición (en teoría propia de las mujeres) y no sólo de razonamientos (propio de los hombres), pueda encontrar un planeta habitable para las personas. La robot dará con la solución pero, antes de que pudiera comunicar su logro, el avión en que viajaban el creador y la robot explota y ambos mueren.

La mirada femenina sobre la realidad y su capacidad para extender su conocimiento es puesta en duda en el cuento ya que al final, uno de los doctores, una mujer, logra descubrir cuáles eran los planetas que habían descubierto la robot y el científico, pero sin querer evidenciar cómo lo dedujo, llamó a su justificación: “intuición femenina”. Pareciera que Asimov nos da las dos caras de la intuición: su asociación a lo femenino pero también la incertidumbre acerca de su existencia.

Poderosa herramienta

Sobre la intuición, estamos de acuerdo en que es una forma de conocer directa y propia del hombre, que sus características revelan una inmediatez y que no pasa por la razón. Sobre su existencia, es evidente que muchas veces hay respuestas acertadas sin justificación, lo cual demostraría que es posible. Y finalmente, sobre la intuición femenina, tal vez es cierto que se relacione más con un género pero es indistinto al hombre y a la mujer.

Podemos decir, entonces, que este “sexto sentido” es una forma de conocer que se presenta alternativa al razonamiento y que, si bien no es certera, no vendría mal desarrollarla en la vida cotidiana, familiar o laboral. Quién sabe cuán útil podría sernos tan poderosa herramienta.

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