Son fiestas en las que todo es raro. Puede aparecer Astroboy, He-Man, un tipo repartiendo bondiola, cantantes pasados de moda, gente gritando “viva Perón” -sin causa política alguna- un cronista con bigotes con ansias de escribir para Opinión Sur Joven, o incluso la abuela del autor, que nada tiene que ver con esta nota.

¿Qué tienen en común Astroboy, Pocho la Pantera, Robocop, el hipopótamo de Pumper Nic, Roberto Galán, un tal Pibe Mondiola, Sergio Denis, un gordo stripper, Alcides y los Titanes en el Ring? Absolutamente nada si no existiese la Bizarren Miusik Parti, una fiesta que reivindica todo lo anti-cool-nostálgico que aparece en su camino.

Son casi las 2 am y esto recién está empezando. En la entrada se anuncia a Nicky Jones, el legendario cantante del Club del Clan, para las 2 y a Machito Ponce para las 3. Muchos ya decidieron plantarse frente al escenario a pedir a su primer bizarro de la noche: “Olé, olé, olé, Nicky, Nicky”. Y a las 2 en punto aparece el mismísimo Nicky Jones. Por supuesto, que ya no es ese joven pseudo-rebelde-semi-guapo de los ’60, sino un tipo de 65 años que casi ni se mueve cuando canta. Una chica saca el celular y filma excitadísima todo lo que pasa; unas decenas de veinteñeros siguen coreando a Nicky, que entre freak y estrella de rock, no se inmuta con nada.

-¿Sabés quién es el que canta?- le pregunto a la chica que filma.
-No, ni idea. Sé que se llama Nicky, y que está podrido y viejo. Es la primera vez que vengo, así que voy a filmar todo lo bizarro que aparezca.

María (21 años) me sonríe y sigue con lo suyo. Ahora está un poco más excitada que antes, tratando de bailar con sus amigas y filmar al mismo tiempo, sin mover la mano con la que sostiene el celular. Arriba del escenario, Nicky termina su lista con un popurrí de época. Canta La bamba, Corre González, temas de Elvis, de Palito, de Donald, de Sandro; y en cuestión de segundos, se despide y desaparece del escenario.

“La vez pasada hubo un gordo en bolas con un inodoro. Se le caía la panza, era horrible”, me cuenta Paula (23), cuando le pregunto qué fue lo más bizarro que vio en estas fiestas. “Otra vez –sigue-, vino un flaco vestido de pene que peleó contra otro disfrazado de ‘La caja vengadora’. Me encanta que cada uno pueda venir vestido de lo que quiera”. A mi alrededor, en este momento, están Hijitus, Batman y Robin, la Mujer Maravilla, Gatúbela, el Manosanta de Olmedo y D’Artagnan.

Una réplica de Mario Baracus, o Elías (28), me cuenta: “Me disfracé porque ya lo venimos haciendo con mis amigos desde hacía varias fiestas. Además, en el ambiente ya muchos nos conocemos. Una vez, arreglamos y vinimos 120 personas en un trencito de la alegría. Fue increíble”. Es que, para Mario, estas fiestas son como pequeños viajes de egresados.

He-Man, o Ariel (24), me ayuda a entender el concepto: desde que llegué, si no me equivoco, lo vi chapar con unas tres o cuatro chicas. No es que lo haya estado siguiendo, pero me parecía importante para la nota y siempre que lo buscaba para entrevistarlo estaba ocupado. “Se gana minas sin hablar”, fue lo que finalmente me dijo cuando lo encontré libre. “Y claro, eso ya lo vi”, le contesté. Su amigo Batman, que acepta que lo llame Bruno Díaz, y después de un poco de apriete Roberto (27), agrega: “Con el disfraz las minas se acercan a vos, no vos a las minas. Además, en esta fiesta está Gatúbela, así que hoy gano seguro”.

La charla con los justicieros termina cuando la gente empieza a juntarse de nuevo frente al escenario. Ya son las 3 am, hora de Machito Ponce, el gran protagonista de la noche. El cantito cambia de nombre: “Machito, Machito…”, se escucha corear a lo que ahora sí se transformó en una multitud. Hacía 10 años que no se escuchaba noticia de este falso caribeño, pero hoy es el más aclamado.

Recién a las 3.30, y después de una imitación de Charly García que dejó mucho que desear pero que la gente festejó igual –“acá se festeja todo, es regla”, me cuenta Martín (25)-, aparece en el escenario Nicolás Cors, el presentador de la noche y creador de las fiestas Bizarren. Lanza al público una sola línea que cae como granada: “¿No se dieron cuenta de que Machito Ponce no existe más desde hace 10 años?”. Pero el “Machito, Machito” crece, y ahora también levantan banderas alusivas.

Un primer “no wanna short dick men”, y la presencia de un Machito Ponce de jeans y camisa brillante de algún tipo de imitación de cocodrilo, se convierte en un imán de gritos desaforados. Termina el primer tema y la gente estira la mano para obtener cualquier tipo de marca. Machito corre el micrófono y firma autógrafos a todo aquel que le alcance un papel y birome.

El “Machito, Machito” se hace imparable y la euforia que reina, inentendible. Una explicación podría ser: Machito está en el escenario; la gente grita. Otra: estamos en una fiesta Bizarren; y punto. Por eso, las banderas de “Machito, gracias por volver” o “Gracias por la magia”. Por eso, la gente gritando. Por eso, la euforia. Por eso, parar el show para firmar autógrafos. Por eso, todo esto. “Hacía 10 años que no estaba en un escenario”, repitía Machito Ponce en cuanto podía. “Fue Nico y la gente de la Bizarren los que realmente me convencieron de volver”.

“¡Sigue hablando!”, escucho decir a una chica atrás mío. “¿Y qué querés que haga, si tiene sólo tres temas conocidos?”, le contesta la amiga. Pero el furor aumenta. Machito le da las manos a los de la primera fila y amaga con tirarse al público. Suena “Samantha” y después otro tema que no puedo reconocer. Al final, vuelve a Short dick men; la amarga tenía razón, eran tres temas. Pero eso parece no importarle a nadie. Machito sigue siendo el gran héroe de la noche y así se despide, con el “Machito, Machito” más fuerte que nunca.

El Pibe Mondiola, una especie de antihéroe, vestido de rojo y amarillo, con capa y una M gigante en el pecho, toma la posta y reparte sándwiches de bondiola a todos los presentes. “Ya soy un clásico de las Bizarren –me dice-, a esta hora salgo a repartir para que todo el mundo coma algo”. Mientras, unos tres o cuatro viejos disfrazados se suben al escenario. Nicolás Cors anuncia a los Titanes en el Ring: “Estos son los originales, eh, no son copias”, aclara. La gente ahora grita “Perón, Perón”. Yo me acomodo los bigotes, especialmente dejados para la ocasión, y me doy definitivamente por vencido: ni siendo Freud y Sherlock Holmes a la vez podría unir conceptualmente al Pibe Mondiola con los Titanes en el Ring, Perón, Machito Ponce y Nicky Jones.

A las 6.15 llega el momento de elegir el mejor disfraz. El batidúo –Batman y Robin- se lleva el primer puesto. La votación marca el fin de la fiesta. En la puerta de salida, reaparece el Pibe Mondiola refuncionalizado; ahora reparte vasos de leche chocolatada. Agarro uno mientras salgo y el Pibe me grita sin dejar de repartir vasos: “Espero que esta nota no sea como las demás, y que alguien sepa, por fin, retratar lo que es una fiesta Bizarren”. Hago todas las promesas que puedo antes de desaparecer de su vista, pero sé que lo que me está pidiendo es casi tan imposible como explicar qué es lo que hacía mi abuela cuando no tenía nada en qué pensar.

+Info

La fiesta se hizo el viernes 4 de julio en City Hall (Mosconi 2883). La entrada anticipada salía $15; en puerta, $20. Acá está la entrada con todos los datos

El blog de la Bizarren

Además te mostramos todas las fotos de la fiesta