La Argentina es un país que se quedó sin partidos políticos. Su ausencia confunde a la ciudadanía que no sabe a quien votar. Pocas personas conocen incluso cómo funciona el sistema electoral y qué se vota exactamente. ¿Quién es el responsable de esto?

En la Argentina están pasando cosas raras. Aunque no se trata ni más ni menos que del obvio desenlace de algo que había comenzado en 2001, cuando la gente salía a las calles a reclamar “que se vayan todos”.

Una breve descripción del problema. Las democracias más avanzadas, cuando eligen a los políticos que los representarán en el Parlamento o en el Gobierno, se inclinan por votar espacios e ideas políticas. Por ejemplo, en noviembre de 2008 en los Estados Unidos se elegía si el país quería profundizar su modelo neoconservador o se iba a inclinar por un modelo más liberal (en el sentido yanki). El partido republicano representaba lo primero; los demócratas, lo segundo. En el caso demócrata, donde se vivió la interna más dura entre Hillary Clinton y el actual presidente Barack Obama también se optó entre dos modelos: uno más moderado y otro más progresista. Es decir, se dio a los ciudadanos que estaban dispuestos a votar a los demócratas la posibilidad de elegir cuán profundo querían que sea el cambio respecto al modelo neoconservador de George W. Bush.

Sería ingenuo pensar que en los Estados Unidos todo se dirimió de acuerdo a disputas ideológicas. Hubo innumerables factores extras que incidieron en que Barack Obama se coronara presidente: que es un candidato con onda, que conquistó a muchos jóvenes por su uso de la tecnología, que a muchos no les caía bien Hillary con su perfil de “trepadora”, que McCain estaba viejo, que la crisis, que la sonrisa de Obama, que sus pectorales, que su blackberry, que era negro pero no tanto… en síntesis, la personalidad del candidato ayudó a consolidar su proyecto político, le dio los votos de diferencia que necesitaba para llegar a ser presidente, pero de ninguna manera –de ser otro el candidato- la diferencia hubiera sido abrumadora. Tal vez, en lugar de conseguir el 52,9% de los votos como alcanzó Obama, hubiera obtenido 48.3% como Kerry en 2004 y habría perdido la elección. Pero su caudal de votos, de todos modos, habría sido importante. En síntesis, menos de cinco puntos separan a un excelente (y ganador) candidato demócrata de uno mediocre y perdedor.

En la Argentina no existen los partidos ni los proyectos políticos. Sólo existen los candidatos. El PRO es un espacio de centro derecha que logró alzarse con la gobernación de la Ciudad de Buenos Aires, distrito capital de la Argentina. Llegó a obtener 45% de los votos en la elección a Jefe de Gobierno de 2007 y 60% en el ballotage. Su líder, Mauricio Macri, tiene buena imagen entre los ciudadanos locales y la mayoría respalda su gestión.

Sin embargo, no están dispuestos a votar a su espacio político en la próxima elección de mitad de año. Sólo lo harían, según las encuestas, si la que encabeza la lista es su vicejefe de gobierno, Gabriela Michetti. Si ella renuncia a la responsabilidad que asumió en 2007 y se presenta como candidata a primera diputada nacional de la lista, el 40% de los porteños la votarían. Si ella no se presenta, su espacio podría obtener menos del 14%, tal como ocurrió en las legislativas de 2007. Michetti renunció a su cargo el 20 de abril de 2009 para poder postularse.

Algo similar sucede con otro de los frentes opositores al gobierno nacional que existe en la Ciudad de Buenos Aires. El espacio liderado por Elisa Carrió arrancó con una intención de voto del 8% en la lista encabezada por un economista prestigioso pero casi desconocido llamado Alfonso Prat Gay. En cambio, si se presentara Elisa Carrió como cabeza de lista, habría arrancado con una intención de voto del 25%. Ahora tuvieron que agregarla a ella como tercera para levantar un poco en las encuestas.

En la provincia de Buenos Aires sucede algo similar. El partido de gobierno, el peronismo kirchnerista, sólo logra posicionarse en las encuestas si ponen como cabeza de lista al ex presidente Néstor Kirchner (quien no pertenece a esa provincia) o al actual gobernador, Daniel Scioli, quien nunca asumirá como diputado porque justamente es gobernador. Las encuestas indican que la gente estaría dispuesta a votar a alguien que nunca asumiría. A este fenómeno de presentarse y no asumir se le llamó “candidaturas testimoniales”.

¿Por qué en la Argentina pasa esto? Por varios motivos. Primero porque hace ya ocho años que se destruyó el sistema de partidos. Antes estaban el PJ y la UCR que ordenaban el sistema. Y aunque ambos tenían sus corrientes internas, en las elecciones se mostraban relativamente unidos de cara a la sociedad. La elección de un mal candidato podía sumar o restar unos puntos, pero no pasar de un 40% de intención de voto a un 13%; las oscilaciones eran menores.

Estamos en un país con dirigentes que dan bien en cámara y eso los hace candidateables. No son los representantes de espacios y proyectos políticos sino de microemprendimientos personales. Cada político arma su propio partido y configura alianzas sólo para una elección.

Por otro lado, el fenómeno se complementa con la apatía generalizada de la ciudadanía que ni siquiera entiende qué se vota. En la elección de este año se elegirá a la mitad de la Cámara de Diputados y a un tercio del Senado. Todas las provincias y la ciudad de Buenos Aires seleccionaran diputados, en cambio sólo algunas votarán a sus senadores. Además se renuevan las legislaturas locales. En el caso de los diputados no tiene ninguna importancia quién encabeza la lista, especialmente en distritos grandes, porque existe un sistema de elección proporcional. Por ejemplo en la Ciudad de Buenos Aires se eligen 13 diputados: cada 7% de votos se obtiene un legislador, con lo cual las principales figuras tienen garantizado su cargo. [1]. Lo que se decide, en definitiva, dependiendo de la cantidad de votos, es cuántos de los candidatos que están abajo (en los últimos puestos de la lista) ingresarán al Congreso. Quienes creen que están votando a Carrió, a Michetti o a Ibarra se equivocan. En realidad no los están votando a ellos, sino al espacio político que representan. Ellos serán diputados de todas formas. Hasta que la ciudadanía no entienda eso, será casi imposible que recuperemos un sistema sólido y confiable en que se termine con los personalismos y podamos construir un proyecto de Nación sustentable en el tiempo.

Matías es profundamente anti-kirchnerista. Está en desacuerdo con la mayoría de los postulados del actual gobierno argentino. Aunque reconoce la importancia de ciertas banderas como el juicio y castigo a los represores de la última dictadura, no soporta el uso político que se le da a ese tema.

Por otro lado, tiene una cierta simpatía hacia el ex jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra. Siempre le pareció que su gestión fue buena y le molestó mucho la forma en que fue expulsado del gobierno de la Ciudad: un juicio político por una tragedia de la cual –según Matías- Ibarra no era responsable. (Más info: clickeá acá). Ibarra es hoy candidato a diputado nacional por un frente progresista propio.

Hablando de las elecciones, Matías me pregunta si me parecía correcto que él votara por Ibarra. Le dije que no. Ibarra no puede ser su candidato. Aclaración: No tengo nada en contra de ese candidato ni de su proyecto político y le recomendé a muchas otras personas que lo voten. Pero a Matías no. Ibarra (o el espacio que integra) no es el voto correcto para él.

Ibarra pudo haber sido un buen jefe de gobierno; o al menos lo fue en la óptica de Matías. Sin embargo, ese político fue hasta hace unos meses un oficialista crítico a nivel nacional. Su hermana Vilma, principal aliada política, votó en el Congreso casi siempre en consonancia con el Gobierno Nacional, incluso en las leyes más polémicas. Por lo tanto, los diputados que ingresen en la lista de Ibarra serán potenciales aliados para este gobierno. Y no es eso lo que Matías quiere.

Ibarra sería para él un excelente candidato a Jefe de Gobierno porteño pero hoy se define una elección nacional y la mirada que debe prevalecer es la de los problemas a nivel país. Porque en definitiva quienes ganen deberán tomar posiciones en el Congreso respecto a la política del Gobierno Nacional.

Este es un buen ejemplo que refleja algunos criterios a la hora de votar. Si un ciudadano está a favor de las políticas del Gobierno argentino, debe votar por sus listas independientemente de que les guste o no la cara, los gestos, el pensamiento de quien encabece la lista. Si por el contrario la mirada es negativa, se debe buscar un espacio que coincida con las ideas de ese ciudadano; una vez que se encuentra, se debería votar por él, independientemente de la cara de quien encabeza la lista.

El problema es que los políticos están más pendientes de su propia imagen que de la construcción de espacios o grandes proyectos colectivos. En la Argentina nos acostumbramos a hablar de peronismo, menemismo, kirchnerismo, macrismo… son muy pocos los políticos que buscan la construcción de espacios que los trasciendan. Es responsabilidad de ellos terminar con estas confusiones. No es posible ni serio en una democracia moderna, que para ganar una elección se deba apelar siempre a los mismos candidatos. No es serio que todos sepamos de antemano que los candidatos no van a asumir; no es serio que un vicepresidente o vice gobernador no termine su mandato y se presente para otro cargo…

Y si bien tampoco es serio que la mayoría de los ciudadanos no entienda bien qué es lo que se está votando, la mayor responsabilidad en todo esto es de la dirigencia política. Son ellos los encargados de construir partidos políticos sólidos que clarifiquen el panorama al electorado. Son ellos los encargados de construir espacios que trasciendan los hombres y los nombres.

Es la hora de reconstruir los partidos políticos. Sólo así podremos tener una democracia más sólida y duradera en que verdaderamente se debatan propuestas; en la que la cara y el carisma del candidato sólo sea un accesorio y no el principal tema de debate.

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+Info

Links de interés:

Michetti renunció a su cargo para candidata a diputada nacional por Pro

Elisa Carrio será tercera en la lista porteña

Candidaturas Testimoniales, un link sobre el tema

Sobre el sistema D’Hondt

Una reseña de lo sucedido en Cromañón

[1] Esto es aproximado y dependiendo de muchos factores. Para definirlo se utiliza el sistema proporcional D’Hont