En su tradicional campaña de La Hora del Planeta, la ONG World Wildlife Fund demostró la fuerza que puede alcanzar una estrategia intercontinental, horizontal y multisectorial. Cómo las bases se pueden movilizar para cambiar el mundo, sin eufemismos.

“Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza y tenga dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves de los cielos, y sobre las bestias, y sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra. (…) Y los bendijo Dios y les dijo: Fructificadmultiplicaos; henchid la tierra y sojuzgadla; y tened dominio sobre todas las bestias que se mueven sobre la tierra”, Génesis 1:26, 1:28

Desde el origen de los tiempos –al menos de la cultura occidental- rige en el inconciente colectivo una noción de dominación para con la naturaleza. Sea por un chip judeocristiano o por la ambición desatada en las tres revoluciones industriales sucedidas desde el siglo XVIII, el ser humano viene avanzando sobre la naturaleza a paso despiadado.

Pero este siglo XXI empieza a dar augurios de otro tipo de concientización, todavía incipientes, de la relación entre la civilización y su hábitat. La violencia inusitada de algunos fenómenos climáticos es un recordatorio doloroso de que tenemos que coexistir con y no destruir al medio ambiente.

Ese germen está llevando a algunas novedosas estrategias internacionales que dan resultado y sorprenden por su globalidad. Una de ellas, tal vez la más contundente, fue el mes pasado con La Hora del Planeta, una campaña organizada por la ONG World Wildlife Fund (WWF) y todas sus sedes en más de 150 países, que comenzó en 2007 pero se mundializó en 2009 y continúa convocando desde entonces a luchar contra el calentamiento global.

El sábado 26 de marzo, los 60 minutos en los que se debe apagar la luz como señal de reclamos diversos (cada país se enfoca en una temática particular que sea relevante para su región) comenzaron en las islas Samoa y siguieron con el apagón de la Opera de Sydney. Siguieron la Torre de Tokio, las Petronas de Kuala Lumpur, el estadio Nido de Beijing, el Kremlin de Moscú, la Puerta de Brandenburgo berlinesa, la Basílica de San Pedro en Roma, la neoyorquina Times Square y el Planetario Galileo Galilei en Buenos Aires.

No sólo millones de personas en todo el mundo se concentraron esa noche para apoyar la iniciativa, sea con calor tropical o bajo frío polar, sino que la estrategia implicó, una vez más, una repercusión mediática sin precedentes para un hecho medioambiental no gubernamental. Un alcance que tal vez sólo puedan superar las COP (las conferencias sobre el cambio climático auspiciadas por la ONU que se celebran cada diciembre). Y esa amplificación no es nada desdeñable: en el tercer milenio el principal campo de la batalla cultural son los medios de comunicación.

De Australia para el mundo

“La campaña surgió como una iniciativa en Sydney en 2007 y fue muy exitosa. Generó entonces que muchos países comenzaran a plegarse. En 2009 la idea se comenzó a trabajar en Argentina, y ese año fue el gran salto que dio la campaña porque se convirtió realmente en global”, explica en diálogo con Opinión Sur Joven el director general de la Fundación Vida Silvestre Argentina (capítulo local de la WWF), Diego Moreno.

Moreno hace alusión al primer evento de la campaña, creado por la WWF y el publicista Leo Burnett, que tuvo lugar en Australia el 31 de marzo de hace seis años y movilizó en un hecho inédito a más de 2,2 millones de personas, generando un ahorro energético estimado en 10,2% aquella jornada.

“WWF tiene presencia en casi cien países y es una organización horizontal, funciona más como una red que como algo verticalista”, responde Moreno al preguntarle la forma en que se coordina la campaña cada año. “Al ser una red (la oficina central está en Suiza), las iniciativas globales las lidera una oficina, en este caso es la australiana la que lo hace en honor a que fue donde se originó la idea. Este año se decidió esa fecha porque el último sábado de marzo caía en Semana Santa”, agrega.

También comparte con orgullo las cifras: “El año pasado fueron 6.700 ciudades las que se adhirieron formalmente y hubo más de 135 países. Este año los números aún se están procesando pero se habrían superado las 7.000 ciudades y los 150 países y se habla de cientos de millones de personas en cantidad de gente que tomó alguna acción, sea ir a las plazas o apagar la luz en la casa”.

A la larga lista de países participantes a la campaña este año se sumaron Palestina, Túnez (la convocatoria se hizo en la avenida Habib Bourguiba, donde en 2011 comenzaron las protestas que desataron la Primavera Árabe), Galápagos, Surinam, la Guyana Francesa, Isla Santa Elena y Ruanda.

Más importante aún son los anuncios de medidas que en varios países se realizaron en oportunidad de la convocatoria. Por ejemplo, en Botswana el gobierno se comprometió a plantar un millón de árboles nativos a lo largo de cuatro años, y en Uganda se forestarán unas 2.700 hectáreas de tierras degradadas con medio millón de árboles nativos.

“La temática varía de país en país. Al comienzo se hizo campaña por la cumbre de Copenhague para llevar un mensaje allí. Este año en Argentina se eligió el tema de áreas marinas protegidas, porque actualmente se está analizando la creación de un área protegida, ya tiene media sanción el proyecto en Diputados y se espera el aval del Senado. En Brasil por ejemplo se trabajó el tema de la deforestación, y así sucesivamente cada país”, consigna Moreno.

Lamentablemente el clima porteño saboteó desde la mañana del sábado el evento en el Planetario Galileo Galilei y se debió cancelar el show del cual iban a participar Elena Roger (ya fue de la partida en 2011), Diego Reinhold, Alejandra Radano, Gaia Rosviar y la banda Lleva Enero. Igualmente, unas 600 personas se congregaron en el barrio de Palermo para vivenciar el apagón (también se dejó sin luz el Obelisco y el Teatro Colón), que tuvo réplica en otras 24 ciudades argentinas.

“Los artistas se suman voluntariamente. La campaña es bastante abierta y se invitan a empresas, gobiernos y ONGs a participar siempre. Como el tema era áreas marinas, se plegaron agrupaciones involucradas, como el Instituto de Conservación de Ballenas”, señala.

Un mensaje inesperado

Para Moreno, “la campaña viene creciendo año a año y es una oportunidad interesante para hablar de temas ambientales y lograr darle trascendencia en los medios, ya que pocas veces se obserba en torno a la ecología una movilización como se ve en esta iniciativa. En ese sentido, es exitosa y Vida Silvestre está satisfecha con el impacto”.

“Nuestra mirada es que los temas ambientales son bastante transversales, no hay una única manera de lograr los cambios que buscamos, las metas son tan grandes que no  alcanza una sola forma o sólo con el gobierno. Este año en particular no fue una campaña de protesta ni para generar acciones por fuera del Estado sino que con lo de la creación de áreas marinas tuvimos un evento dentro del Congreso convocado por legisladores donde hicimos una muestra de apoyo a la iniciativa”, remarca.

El director de Vida Silvestre Argentina destaca la sinergia positiva que depara este tipo de campañas: “Todos tenemos algo para hacer y para aportar. El foco tiene que estar puesto en ver cómo articulamos acciones entre distintos sectores para empujar en conjunto una mejora en el medio ambiente”.

En tanto, y a tono con los últimos sucesos, vale resaltar un hecho que también puede marcar el giro histórico que comienza a entreverse. Un nuevo signo de los tiempos, ojala.

Durante su homilía en la misa de asunción de su pontificado, el Papa Francisco tal vez se haya convertido en el primer jefe del Estado Vaticano en hacer una referencia contundente al fenómeno del calentamiento global y al drama ambiental que vive nuestro planeta.

Pronunciado en italiano, el ex arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio describió en su discurso el rol de la Iglesia como “el respeto a cada una de las criaturas de Dios y al entorno en el que vivimos” y alertó “a todos los que tienen cargos de responsabilidad en la vida económica, política y social”, pidiéndoles que sean “protectores de la creación, protectores del plan de Dios en la naturaleza, protectores unos de los otros y del medio ambiente”.

“No dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro”, advirtió en seguida, para no dejar duda a lo que se refería.

El papa Benedicto XVI también había dado muestras de interés en el tema: solicitó durante su reinado la reducción en el consumo de energía e invirtió 1,5 millones de dólares en paneles solares con el objetivo de transformar al Vaticano en el primer estado neutral de carbono.

La cita bíblica que es prólogo de este artículo es del Antiguo Testamento y fue utilizada políticamente durante mucho tiempo por los Papas y el poder católico para fundamentar y justificar sin miramientos el dominio de los hombres sobre la naturaleza y sus riquezas.

Si bien es incipiente, el actual jefe de la Iglesia Católica podría estar entonces ante un giro copernicano, al menos simbólico, en la relación que su religión asigna entre la naturaleza y el hombre.  Cinco días antes de La Hora del Planeta, Francisco hizo ese llamamiento sin precedentes para lo que es una protocolar homilía de asunción. Casualidad o causalidad, otra muestra de que llegó la hora de una sinergia de todos y entre todos para no dejar pasar de este siglo la resolución del problema del cambio climático.

Daniel Galvalizi

*Se agradece la colaboración del periodista Lucas González Monte para este artículo.