Retomamos nuestra serie de notas en que le pedimos a algún columnista extranjero que vive en la Argentina, que aporte una mirada externa acerca de este país. Antes fueron un mexicano y una yanki. Ahora, un estudiante ecuatoriano describe su paso por Buenos Aires. Si bien elogia la ciudad y a sus habitantes, se queja de los abusos con los turistas y la soberbia porteña.

Buenos Aires es una ciudad en donde el pasado y el presente se dan la mano. Eso le da un toque que la diferencia del resto de las ciudades de América del Sur. Tiene lugares lindos, mujeres hermosas, una pasión por la lectura, la música, el teatro y demás actividades culturales. Es una urbe atractiva para visitar en vacaciones, pero para vivir es complicada. ¿Por qué? Hay cosas que chocan como el aumento de precios de una semana a otra, la falta de amabilidad, el irrespeto por las personas y los contratos, la inseguridad y otras actitudes de alguna gente, que hacen que Buenos Aires no sea tan maravillosa como lo es su arquitectura y muchos de sus habitantes. Enfatizo que estas actitudes se concentran en la capital, pues en la ciudades del interior del país la situación es distinta, de hecho, pareciera otro.

Buenos Aires me causa particular asombro en lo gastronómico. Creo que no hay variedad. Todo se concentra en quesos, carne, vino, puré de zapallo o papa y pan duro. Las frutas, el pescado fresco son placeres un tanto complicados de conseguir por los altos costos. Y me impacta el tamaño de las tazas de café y los vasos de jugo, que son demasiado pequeños. Pero eso sí, me encanta el asado y el choripán, son una delicia. Aunque también hay que tener suerte, puesto que en algunos lugares te lanzan la comida y eso es indignante puesto que se está pagando por un servicio. Creo que falta amabilidad y una cultura turística, necesitan capacitación y controles para que cobren lo justo a los turistas.

Los alquileres son otro dolor de cabeza. La mayoría de los departamentos que se ofrecen son muy pequeños y hay que tener suerte para evitar a las inmobiliarias que cobran garantías excesivas (5000 pesos) y a algunos propietarios que te cobran demasiado y en dólares, una ilegalidad en un país donde la moneda es el peso. Ante todas las arbitrariedades, una alternativa es irse a vivir a hostels (hoteles pequeños), pero tampoco son muy recomendables por la falta de limpieza y la inseguridad. En fin, son las reglas del juego en la ciudad de Buenos Aires que tiene alta demanda inmobiliaria.

Y la gente, excepto algunas personas educadas y mis compañeros de la maestría, se abusa de los extranjeros con los precios y el trato, que no es nada amable. En fin, vivir en esta bella ciudad tiene cosas que te chocan, pero después de varios meses te adaptas y puedes descubrir también, cosas bellas. Aunque las actitudes te sigan molestando o te enerve que te tiren las cosas o te cobren demás.

¿Que descubrí aquí? Gente con visión, mujeres hermosas, especialmente del interior del país y en particular de Santa Fe, La Plata, Mar del Plata, Mendoza. Me di cuenta de que los argentinos, salvo los de ojos claros y rubios (hijos o familiares de migrantes), son tan parecidos a los peruanos y los bolivianos. Que conociendo a la gente puedes volverla amable y ampliar su visión de América. Que hay villas de miseria como en cualquier lado, que la pobreza se nota más que en otras ciudades, pues a la gente pobre se la ve en parques, plazas, edificios, casas tomadas. Que excepto por el sol que no quema, son igual que cualquier habitante de Latinoámerica, excepto por su ego. Que viven del pasado idolatrando a Maradona, Charly García y al peronismo.

Y que son personas con las que se puede convivir, con las que se puede ser buenos amigos, con las que hablar de fútbol es una experiencia constructiva, con las que puedes disfrutar en un baile, jugando play station o cualquier actividad, en fin hasta adaptarse, puesto que muchos porteños son gente de confianza. Tal vez si fuesen más amables seria una ciudad hermosa para quedarse para siempre, pero a las personas que venimos de fuera a estudiar nos cuesta adaptarnos a las groserías y a la displicencia de algunos. Y esos pocos son lo que hacen que la gente piense que Buenos Aires es una ciudad diferente. Pero viviendo aquí, con el paso del tiempo, vas conociendo más y mejor a las personas. Y claro, no puedo ser injusto y rescato de esta ciudad las maravillas para conocer como la ribera del río Tigre, el tren, el subte, los edificios de corte europeo, la 9 de Julio, gente “buenísima” (especialmente mujeres) que te ayudan y gente de la que aprendes y te llevas muy buenas experiencias para recordarlas siempre. En definitiva Buenos Aires, tiene su lado B.

+Info

Te mostramos algunas fotos de Buenos Aires y hacemos un recorridopor la ciudad.