Por Silvina Fainberg.

 

Mitos y verdades acerca del acceso a la justicia.

Para Susana Holand, quién me enseñó todo aquello del “justicia, justicia perseguirás”

La justicia parecería tener muy buena prensa. Alcanza con leer un diario  donde familiares de las víctimas de un delito “piden justicia”, escuchar a un consumidor indignado que vocifera “ir a juicio” o simplemente al filosofar respecto de lo “justa o injusta” que puede resultar la vida. Seguramente un porcentaje muy alto de la población quiere un mundo “más justo”, colabora donando para “causas justas” y establece a “La Justicia” como un valor supremo y fundamental para vivir en sociedad.

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 En estos  años de abogada pude observar que el mejor funcionamiento que podía tener la  justicia era el de “la garantía. La “justicia” es en este caso, es la mera posibilidad-  expectativa de lograr que un conjunto de funcionarios –denominados jueces- resuelvan  un pedido, tomen medidas frente a una determinada denuncia, investiguen un  acontecimiento y demás. Algo así como “no dejar que las cosas simplemente pasen sin  que pase nada”.

Sin embargo, como la vida no suele ser como vemos en las películas, este “acceso a la  justicia” no opera mágicamente ni nos garantiza “justicia” frente a un evento  aparentemente injusto.

 

¿Qué hay que tener en cuenta al momento de litigar?  Estas son algunas consideraciones que hay que tener en cuenta para que un reclamo justo no se convierta en una “aventura judicial”.

  • Los juicios se ganan y se pierden: esto significa que nadie puede prometernos un resultado ni un monto. Son todas expectativas.

 

  • Se puede arreglar antes: en la C.A.B.A. en la mayoría de los reclamos hay una etapa de mediación prejudicial obligatoria. Hay que considerar este aspecto porque muchas veces se puede llegar a un acuerdo en mediación y evitar tener que pleitear.

 

  • El pago: tener en cuenta que salvo los procesos gratuitos “per se”, la mayoría de los procesos judiciales exigen el pago de una tasa de justicia del 3% del monto reclamado y tienen un conjunto de gastos futuros (honorarios de profesionales intervinientes y demás gastos ocasionados en el proceso). Uno puede exceptuarse del pago de estas costas tramitando el denominado beneficio de litigar sin gastos que tiene un carácter sumamente restrictivo. Conviene asesorarse al respecto

 

  • El jardín del vecino siempre es más lindo: “Mi amiga se compró la casa con lo que sacó del juicio”: en la República Argentina el control de constitucionalidad es difuso, esto significa que –salvo excepciones- los jueces no están obligados a fallar de un modo similar al de otros magistrados. Asimismo, un juicio puede tener un resultado favorable o no por muchas variables que hay que analizar en el momento concreto con el profesional interviniente.

 

  • Quién se enoja, pierde: las pasiones no siempre conviene llevarlas a juicio: demandar por enojo, venganza o malestar emocional no es aconsejable. Siempre conviene analizar los elementos probatorios con los que se cuenta así como también el respaldo jurídico del caso que pretendemos llevar a la justicia.

 

  • El debate para el café: “Porque es justo es derecho o porque es derecho es justo”: sacando los interesantes debates del ius-naturalismo y positivismo jurídico, la cruda realidad nos marca (y enseña) que muchas veces “lo injusto” que acontece en la vida real no tiene sustento fáctico y jurídico para poder litigar. ¿Qué significa esto? Qué pude haber padecido una injusticia muy grande pero que ésta no siempre puede ser llevada a los Tribunales. El mundo (y los jueces) no fallan únicamente considerando “ el dolor-sufrimiento” o las tragedias vividas por las personas. Pude haber vivido algo muy injusto y no obtener una sentencia favorable.

 

  • La primera vez: siempre hay un caso que abre la puerta al resto de los casos. Las realidades (y necesidades) sociales surgen antes que los procesos judiciales. Por eso siempre hay casos que abren (aunque sea lentamente) la puerta y empiezan a marcar tendencia para los que siguen. Si por temor a perder y demás nadie intentase nada, nunca se gestarían nuevos fallos judiciales. El ciudadano tiene en ese sentido un poder mucho más grande de lo que supone.

 

  • Casi una militancia: el acceso a la justicia es un modo de defender la vigencia de la Constitución y la democracia. Recuerdo en la época del corralito cuando iniciamos los primeros amparos para defender el derecho a la propiedad entre otras cuestiones había algo vital, casi heroico en los ciudadanos que hacían largas filas con sus escritos para presentar en los tribunales tratando de obtener una verdadera protección y garantía judicial.

La vida no es justa pero…

Cambiar la duda por pregunta

Cambiar la protesta por propuesta

Cambiar el reproche por reclamo

(Dichos del saber popular)

 

Tal vez como abogada debería sostener que “la vida es justa” y llevar la bandera utópica de la justicia. Prefiero ser honesta y decirlo con absoluta tranquilidad: “la vida no es justa”. Sin embargo, considero que frente a esto uno tiene infinitas posibilidades, puede aceptarlo y no hacer nada al respecto o enarbolar una bandera ciudadana y de dignidad personal para entablar una pelea –ardua- tal vez, con sin sabores, con luchas contra un sistema de trabas, documentaciones y burocracias. Pero con la esperanza silenciosa de encontrar otras voces, la de los magistrados, que puedan finalmente proveer de conformidad y que sea justicia. Lo demás, es comentario…